La luna salió y un hada durmió al instante. Nadeshiko luchaba contra el sueño y perdía de manera irremediable. Contra la mesa del comedor, con las piernas siendo cobijadas por el kotatsu[1], manteniendo su esperanza tibia y sus ansias moderadas esperando su llegada.
Fujitaka tenía su primera investigación. Todavía era un profesor novato, sin embargo, había conseguido esa primera oportunidad. Si todo salía bien, iba a viajar a Hokkaido con su equipo; y quién sabe, podría ser el inicio de su prospera carrera también.
Y llegaba tarde a casa. La luna se colaba por la ventana de la sala y le hacía compañía hasta que lo veía y se escondía detrás de una nube, tímida.
—Mi reina estelar —le decía al entrar y verla esperando con la comida fría. Un bento del combini de la esquina o un intento de cocina de su esposa.
Insistió en que si demoraba demasiado, fuera a dormir a la cama. Pero ella se negaba.
—Siempre te esperaré —y había un poco de futuro en cada uno de sus promesas. Y él confiaba en sus palabras, aunque era un poco duro saber que ella no descansaba por esperar su llegada. Él no era alguien que destacara ni que fuera digno de alabanza, contrario a ella. Era como un hada o un ángel que un día extendería sus alas y saltaría al basto mundo y sabía que sería imposible alcanzarla. La atesoraba por eso mismo. Era una mujer maravillosa que se había fijado en un hombre simple y sin grandes planes ni hazañas. Y en un deseo de pintar el camino hacia sus brazos, se terminó enamorando.
La cargó en sus brazos y la llevó a la habitación donde la dejó en la cama. Corrió las cortinas así la luz no la molestara mientras él iba a cambiarse.
Él salió con el pijama puesto y la vio despertarle y sonreírle.
—Fuji…. —su voz dulce como una canción lo invitó a su lado. Tanta devoción, tantísimo amor tan sólo en sus labios. Él se acercó y los delineó con sus labios en un beso tierno y apasionado. Moría por llegar y sentir sus besos antes de dormir.
Ella enredó sus brazos en su cuello mientras la cubría con la sábana y la dejaba encima suyo.
La luna no se colaría por la ventana y el amanecer suspiraría por saber qué había pasado entre las sábanas.
[1] Es un método de calefacción tradicional japonés. Consiste en una estufa que se coloca debajo de una mesa ratona y se cubre con un futon o una manta pesada para mantener el calor dentro.
¡Hola, mis amores! ¿Cómo están? Tuve unos días que no subí nada, pero no iba a detenerme con el fictober. Hoy toca día con música y elegí un tema que me enloquece de Saurom: El hada y la luna. El piano, la letra y la maravillosa voz de Miguel Ángel Franco son una caricia a los oídos. SI no la conocen, tiene que ir a buscarla ahora mismo.
El prompt era: Escribe una historia que incluya (al menos) tres líneas de tu canción favorita.
Quería escribir algo sobre ellos, no fue tan largo como me lo esperaba, pero conté todo lo que quería en este pequeño one-shot, que espero hayan disfrutado.
¡Un abrazo!
