FASE I

.

.

.

NEGACIÓN

.

.

.

El primer día que te fuiste, no lo asimilé.

Te fuiste de mi casa luego de romper conmigo. Dijiste que era lo mejor para ambas, y yo fingí creerte, fingí entenderte; te dije sí a todo sin chistar, sin realmente asimilar lo que eso significaba para ti, para mí... para ambas. Antes de que salieras de mi habitación y mirases por última vez de frente a mi familia, llegamos al acuerdo de seguir siendo amigas y, conforme pasaban los minutos, seguí hablándote con normalidad por lo que restaba de la noche hasta qué, una hora después de llegar a tu casa dejaste de contestar mis mensajes. No sin antes disculparte porque, por el momento no podías hablarme sin comenzar a tener ganas de llorar.

Te dolía. Pero por algún motivo que no entendí en ese momento, el dolor no había llegado mí aún. Al contrario, me sentía aliviada, feliz; libre.

Por primera vez en casi dos años me sentí libre de tu tristeza e indecisión, tus problemas interiores, tu indiferencia y desapego hacia todo y todos; libre de nuestras peleas antes de dormir, libre de nuestros desacuerdos, libre de permitirme sentir lo que en realidad pensaba. Libre de ti.

Aquella agradable sensación me duró todo el fin de semana. Las chicas parecían estar preocupadas de que en cualquier momento me quebrara en llanto, como pasó con Perla cuando Rose y ella rompieron. Pero eso no pasó en esos días. Todas me ofrecieron su apoyo y consuelo. Perla me preguntó casi a cada hora cómo me sentía; Amatista intentó sacarme a dar una vuelta, pero por el momento sólo quería concentrarme en el libro que llevaba incompleto en mi estante casi tanto tiempo como llevábamos conociéndonos; Garnet trató de darme pequeñas charlas de ánimo, ciclos de vida y tiempos, ignoré casi todos ellos; incluso Steven me visitó un par de veces sólo para abrazarme. Yo agradecí su preocupación, aunque para el domingo en la tarde ya me estaba fastidiando un poco.

¡Sólo había sido una ruptura! ¡Por todas las estrellas! Era algo que todo el mundo pasaba de vez en cuando.

Todo estaba bien dentro de mí, hasta que ese domingo cerca de la media noche, en la soledad de mi cama, sin las voces de mi familia rondando alrededor caí en cuenta. Me golpeó como un balde de agua fría con todo y cubo; lo que nuestro acuerdo de aquel viernes en la tarde significaba y, ¿Sabes? No quería eso. Sólo quería un pequeño descanso, no deshacerme de ti.

Quería pensar un poco más en mí, como llevaba meses sin hacerlo y, cuando me dijiste aquello, por un momento pareció buena idea. Pero ahora...

Te extrañaba.

Comencé a extrañar todo aquello que en algún punto comenzó a cosquillear con fastidio hace un tiempo. Extrañé tus mensajes espontáneos, tus llamadas inoportunas y tus buenas noches discutiéramos o no. Extrañé el como querías sacarme de mi caverna llamada habitación y como rompías mi zona de confort sin llegar a incomodarme en lo absoluto.

¿Sabes por qué extrañamos? Porque sabemos que son cosas que no volverán.

No volverás. No de esta forma a la que ya me estaba acostumbrando.

No volveré a poder besarte, o abrazarte, o hablarte como hasta ahora. Nuestra relación sentimental se había roto, y lo que quedaba de ella no era lo mismo.

Mi mente se llenó de tantos pensamientos que comencé a confundirme. Las lágrimas comenzaron a aparecer y no pude evitar comenzar a llorar como un puto mocoso tras perderse en el supermercado.

Te extrañaba. Y ahora no podría ir a buscarte para dejar de hacerlo.

Te extrañaba. He iba a hacerlo por tanto tiempo, y el sólo pensar en ello lo hacía más doloroso.

Poco a poco, lo que pareció un bello y tranquilo fin de semana, comenzó a sentirse vacío y sin sentido. ¿Dónde estaba tu presencia en mis días? ¿Tu hermosa voz en las llamadas? ¿Tu risa con aquel maravilloso sonido nasal al que ya me había acostumbrado? ¿Tus planes espontáneos? ¿Tus fotos para compartir aunque me negara? ¿Tus besos? ¿Tus abrazos? ¿Tus caricias a mi cabello? ¿Mis caricias a tu rostro? ¿Tus ojos en los que me perdía sin importar el tiempo que llevaba viéndolos?

Lloré por tanto que comencé a estresarme de no poder parar, ni siquiera cuando Garnet entró tras dos golpes a la puerta.

-Peridot, ¿Estás bien?- la pregunta que todas llevaban haciéndome durante más de 48 horas y a la que siempre contesté con fastidio, ahora era lo que más necesitaba responder.

-Garnet... Lapis terminó conmigo- la garganta se me raspó y ardió. Garnet entró a abrazarme y me trepé a ella como un Koala. La escuché suspirar mientras me estrujaba en sus brazos.

-Lo sé, es bueno que tú lo sepas ahora- quería que el abrazo de Garnet fuese suficiente. Quería que con su calor dejara de dolerme el pecho, que la mente dejara de darme vueltas. Quería dejar de sentir el dolor que estuve conteniendo por tantos días.

Pero Garnet no podía hacer nada por ayudarme aunque quisiera. Toda esta abrumadora ola de sentimientos que me desbordaba ahora, era así de gigante por haberme negado a reconocerla desde el primer día.

Lapis Lazuli ya no era mi novia.


Corto fanfic para sacar sentimientos de forma sana :) creo...