Disclaimer I: todo de Fullmetal Alchemist pertenece a Hiromu Arakawa (y a Square Enix, creo, no sé muy bien qué porcentaje de derechos tiene cada uno).

Disclaimer II: gracias a iwouldratherbereading por autorizar esta traducción. Toda la creatividad es suya :')


Astronomía

(Stargazing)


Por:

iwouldratherbereading



Despertar con un grito atrapado tras sus labios y las piernas enredadas en sábanas sudorosas no era poco común para Ed a estas alturas.

Al comienzo, fue diferente. Después de ese día… en retrospectiva, la mayoría de sus recuerdos eran solo una neblina de dolor y rehabilitación agotadora, pero aparentemente sus terrores nocturnos mantuvieron despierta a la casa entera sin parar durante semanas. Aprendió a volverse más callado al mudarse a los dormitorios de la milicia, aunque sea para evitarse la humillación de recibir quejas por el ruido. Ahora lidiar con pesadillas era solo otra parte de la vida. Solo otra cruz más que cargar por sus pecados, así que lo menos que podía hacer era cargarla en silencio.

Pero de alguna forma, Alphonse siempre sabía.

― ¿Hermano? ―trinó la voz de Alphonse desde el otro lado de la habitación―. ¿Tuviste otra pesadilla?

La armadura de Al, completamente destrozada, el sello de sangre roto y la luz de esos ojos producida por el fuego de su alma extinguiéndose

―No es nada ―dijo Edward. Porque no tenía importancia. Solo un sueño. Una horrible alucinación. No era nada. Nunca permitiría (nunca podía dejar) que eso pasara.

Se sentó en la cama, dejando que sus ojos se acostumbraran lo suficiente a la oscuridad para permitirle distinguir la silueta de una enorme armadura: y dos orbes, cálidos y rojos, mirándolo. El miedo que recorría sus venas disminuyó tenuemente. Solo un sueño. Nada más. No tendría que importar. Había visto a Alphonse muriendo en sus sueños tantas veces que ya no se molestaba en llevar la cuenta. ¿Qué importaba un sueño más? (Era cierto que era malo para mentir, ni siquiera era capaz de convencerse a sí mismo. Con razón Alphonse podía leerlo con tanta facilidad.)

Al solo suspiró, una combinación de preocupación y exasperación con el que era dolorosamente familiar.

―Ya es la cuarta vez esta semana. Me empiezo a preocupar, hermano. No has estado durmiendo bien últimamente.

Tú no has dormido en lo absoluto. No lo has hecho en años.

―Estoy bien ―Edward intentó fingir que sus manos no temblaban―. Puedo dormir luego.

―Hermano…

Y Ed… Ed no podía lidiar con esto. No ahora. No con los recuerdos (el sello roto le falta una pierna Al no está no está no está y la Verdad sonríe) todavía tan frescos en su mente.

― ¡Disculpa, Al! ―dijo con una sonrisa amplia, intentando recordar cómo lucían la relajación y la felicidad mientras alzaba los brazos sobre su cabeza, estirándose exageradamente. Su automail chirrió en respuesta. Ed lo ignoró―. Ya estoy bien. No quise interrumpir lo que sea que estabas haciendo.

El tono de su voz era lo suficientemente contundente para dar a entender el mensaje: fin de la discusión. Vuelve a lo que hacías.

Por favor.

Ed creyó que Al volvería a suspirar, esta vez con resignación, pero que dejaría al asunto y a Ed en paz. Alphonse lo conocía lo suficiente como para reconocer cuándo necesitaba espacio y cuándo había que obligarlo a hablar: en su lugar, Alphonse se puso tenso, un ligero jadeo emanando de la armadura como si lo hubiesen atrapado con la mano en el frasco de galletas.

― ¡No te preocupes! No estaba haciendo nada de todas formas ―se jactó Al, pero agitaba sus manos frenéticamente del modo en que lo hacía cuando intentaba mentir. Pensarlo casi era capaz de hacer sonreír de verdad a Ed. Pero en este momento seguía en un estado de nervios, repleto de adrenalina y lo único en lo que podía pensar era que algo estaba mal.

Cálmate, Elric. No es momento de un colapso. La respiración se le atoró en la garganta un segundo y (con los nervios hormigueándole con una paranoia sin sentido) tuvo que esforzarse en poner los ojos en blancos y sonreír con suficiencia (a pesar de que Alphonse no podía verlo en la oscuridad. Ed era tan patético).

―Obviamente hacías algo. ¿Qué, ahora le ocultas cosas a tu hermano?

― ¡N-No! ¡No es eso! ―Al estaba casi gritando ahora, inusualmente frenético. Ed sintió pavor enturbiando sus entrañas a medida que la armadura recuperó el control y agachó la cabeza―. Es que… bueno…

― ¿Qué? ―incitó Ed, con el corazón martilleando―. ¿Qué sucede?

Va a admitir que te odia: siempre lo has sabido, que te resiente por lo que hiciste

―… Solo estaba… observando las estrellas, supongo.

Edward parpadeó.

Se esperaba… muchas cosas, pero esa no era una de ellas.

― ¿Mirando estrellas? ―Ed repitió incrédulo, ojos moviéndose hacia la ventana situada en la pared, abismalmente pequeña y rectangular: la única en el dormitorio que habían logrado obtener esta noche. El cielo solo se avistaba en porciones en medio de los árboles y edificios distantes―. La vista desde acá no es exactamente de primera, Al. Ni siquiera sabía que te gustaban esas cosas.

―Me encontré con un libro de astronomía en mi último viaje a la biblioteca ―confesó su hermano, retorciéndose las manos―. Pensé que… bueno, que podía intentar identificar las estrellas yo mismo. Pensé que tal vez…

Entonces su voz se apagó de nuevo y, aunque su rostro ya no era capaz de mostrar expresividad, Edward había vivido bajo su sombra el tiempo suficiente para permitirle reconocer qué emoción estaba sintiendo ahora.

Culpa.

―Pensé que sería agradable ―fue lo que Alphonse por fin susurró―. Aprender sus nombres y sus historias. Como si al hacerlo nos volviéramos amigos. Y en la noche, me harían compañía cuando… cuando nadie más podía.

Oh.

Edward… no debería estar tan sorprendido. No en realidad. Era lo natural que Al quisiera cualquier tipo de compañía durante esas noches solitarias. Alguna cosa. Cualquier cosa. Era lo que Al se merecía: una presencia constante que le hiciera compañía. Que estuviera a su lado cuando nadie era capaz. Cuando Edward era incapaz. Cuando Edward dejaba a su pequeño hermano (su familia, maldita sea) completamente solo.

Era mi deber protegerlo… Todo es mi culpa

Vergüenza le escaló por la garganta como alquitrán nocivo, acre y sofocante y por un instante no pudo respirar. Maldita sea. Sentía que La Puerta de la Verdad lo succionaba de nuevo. Se dijo que la volvería a atravesar miles de veces más si con ello podía cambiar esta situación. Si el mundo fuera un lugar justo, Al estaría en casa ahora; Al debería tener un hogar al que poder regresar, con Winry y la abuela Pinako y Den, a salvo y feliz en el campo y todo lo lejos posible de las frías calles de Central y las asfixiantes correas del ejército.

Pero no lo estaba. Esa no era su vida desde hace años. Probablemente no lo sería en todos los que estaban por venir. Porque Edward, cegado por su arrogancia, se los arrebató a su hermano.

Maldito fuera todo.

Y lo peor de todo era que Alphonse había tenido miedo de decírselo. Culpa y miedo porque sabía que Ed se culparía a sí mismo y por alguna razón, maravillosa e inexplicable, Alphonse no quería lastimarlo. Ed ni siquiera había sido lo suficientemente fuerte para que su hermanito dependiera de él.

― ¿Hermano? ―preguntó Al suavemente. Con vacilación. Como si le asustara lo que Ed tuviera por decir. Como si Ed tuviera algún derecho o razón para estar enojado.

Incluso ahora, pensó, incluso ahora, todo lo que hago es causarle dolor.

Pero esto…

Esto era algo que le daba alegría a Alphonse.

Y si las estrellas eran lo que libraba temporalmente a Alphonse de la soledad que Ed le había impuesto, entonces aquello era (no suficiente, nada podría ser suficiente, pero) era un triunfo ante algo en lo que Edward había fallado. Le daba algo que Edward no era capaz de darle.

Edward nunca permitiría que se supiera cuánto le dolía eso.

Y entonces tomó esos pensamientos egoístas y se los guardó, porque esto no era lo que Alphonse necesitaba: no este desastre emocional que siente lástima por sí mismo y ciertamente no un niño. Alphonse necesitaba a su hermano mayor. Y Edward ya estaba harto de decepcionarlo.

Respiró profundo. Se obligó a exhalar a través del tenso agarre que sentía en el pecho. Luego se levantó de la cama y caminó hacia donde Alphonse estaba. La armadura, muchísimo más grande que la joven alma que contenía, estaba mortíferamente quieta.

Sin decir una palabra, Ed se sentó al lado de Al.

― ¿Me contarías sobre ellas?

Los guanteletes de Alphonse temblaron en su regazo. Irradiaba incredulidad.

―Yo… Hermano, ¿qué estás…?

Con suavidad, Ed chocó su automail contra un costado de su hombro, el sonido producido resonando dolorosamente hueco. Cuando sonrió, el gesto le salió más débil y exhausto y cargado de tristeza de lo que jamás iba a admitir, pero era completamente genuino.

―Quiero saber cómo son los amigos de mi hermanito.

De Al volvió a salir un jadeo que se asemejó más a un sollozo que se estremecía.

―Lo que conozco no es mucho ―dijo con voz temblorosa―. Y no sé si sería un buen maestro.

―Tenemos tiempo ―respondió Ed.

Todo lo que tenemos ahora es tiempo.

Los segundos pasaron. Al se hundió lentamente hasta tocar el suelo, su armadura rechinando todo el camino, como si un gran peso se hubiese removido de sus hombros incapaces de sentir. Levantó entonces un brazo y apuntó hacia un diminuto pedazo de cielo que era visible a través de la ventana.

― ¿Ves esa estrella? ―dijo su hermano en voz baja, repleta de un tierno tipo de asombro y emoción―. ¿La que es bastante brillante, por la derecha?

― ¿Esa? ―Ed siguió la dirección indicada por Al con su propio automail.

―No del todo ―entonces la otra mano de Alphonse tomó la de Edward, guiando su extremidad de automail con un cuidado infinito, hasta que el dedo de Ed señalaba un agujerillo de luz particularmente brillante―. Esa, justo ahí. Esa estrella se llama Polaris o Estrella del Norte. Se dice que los marineros la usaban para poder navegar hasta su hogar.

―Hogar, eh…

―Hogar ―repitió Alphonse en un susurro reverente―. Tal vez un día también la podremos usar para navegar a nuestro hogar.

Y Alphonse continuó hablando, en voz queda y feliz. Hechos, constelaciones, fechas de descubrimiento, cualquier cosa y todas las que sabía, todo endulzado en un flujo de sonido constante y tranquilizador. Alphonse señaló otra estrella, llevando consigo el automail de Edward, su voz un hipnótico retumbar dentro de los confines de la armadura; Ed se apoyó contra el frío metal, saboreando cada vibración. Permitió que sus ojos se cerraran. Era un acto egoísta, pero se sentía más en paz que en mucho tiempo. De alguna forma, presentía que era igual para Alphonse.

El color del cielo se volvió más y más claro, las estrellas perdieron poco a poco su brillo, hasta que los primeros rayos de luz solar emergieron en el horizonte. La vida siguió. Ed tenía un reporte que entregar y nuevas pistas que seguir. El día era joven, pero había mucho por hacer y nada de tiempo que perder.

Pero mientras los dos hermanos se adentraban en las calles de la ciudad bajo el nuevo amanecer, tan preparados como siempre para encarar al mundo, Ed creyó escuchar a Alphonse murmurar el más quedo de los «gracias».

Y eso…

Bueno.

Por una vez, realmente fue suficiente.



Publicado originalmente el 3 de julio, 2021.



» Nota de iwouldratherbereading: así que, esta idea se me vino a la cabeza y no me dejó en paz hasta que la escribí. Es que amo demasiado a estos hermanos y su relación. No tenía idea si agregar esto a la categoría de angst o hurt/comfort… probablemente lo segundo. Eso fue lo que escogí, al menos. Además, el final no es la gran cosa… Me atasqué un poco al decidir cómo terminarlo, así que a lo mejor se siente apresurado :(

¡De todas formas, espero que hayan disfrutado la historia tanto como yo disfruté escribirla! Los reviews y críticas constructivas se aprecian mucho. Gracias por leer y cuídense. Ustedes son increíbles, chicos ^^

...

» Nota del traductor: estaba checando mi perfil para cerciorarme de algo sin importancia y cuando, sin querer, descubrí que la última traducción que hice la subí *exactamente* la misma fecha en que ahora hago la última revisión de este fic, casi se me salen los ojos de las cuencas. Eso fue en el 2019, un año que se me antoja tan lejano que da miedo. Espero enmendar todos los meses de inactividad e inercia que me hicieron imposible traducir nada con una avalancha de historias publicadas: la cantidad de fanfics en los que quiero trabajar es abismal (¡son casi 30!) y me emociona mucho empezar. Lo que traduzco ha recibido una gran cantidad de apoyo y agradezco cada fav, follow y review de su parte desde que empecé en 2018. Desde que lo puedo recordar, me ha apasionado interpretar de un idioma a otro; me hace feliz saber que he logrado traer historias a este lado del fandom que han sido de su agrado. Espero esta historia que acaban de leer no sea la excepción. A mí me pareció más que encantadora =')

Como siempre, inmediatamente después de subir esta traducción actualizaré mi biografía con la información correspondiente de este fic (links que los llevarán a la historia en inglés y al perfil de iwouldratherbereading). Los animo a brindar el apoyo que gusten al fic original y su autor. ¡Gracias por leer!

(Esta será la última vez que la nota que yo dejo va a ser la más larga. Mucho tiempo sin decir nada terminan por parir mucha verborrea.)