"Este fic participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras."
Disclaimer: DRRR no me pertenece.
Prompt: Nunca y Acantilado
Desde la cima del acantilado, Celty contempló el mar.
Tan azul e infinito, el que una vez había cruzado para buscar su sentido de existir y terminó encontrándolo, no de la forma que esperaba. Más allá, la caótica Ikebukuro. Habían pasado tantas cosas, buenas y malas, pero ni en su eterna existencia desearía haberlas evitado.
―Estamos de vuelta, Shooter. ―Se volvió hacía su caballo con los brazos en alto.
Él soltó un suave relinchó y se acercó para contemplar el mar. La atención de Celty se fijo en una de las cestas de su montura. En una estaba su cabeza, tuvo mucho cuidado de no tocarla durante su viaje. En la otra
―Te acompañare hasta Irlanda ―había dicho Shinra en los días que aun podía caminar.
Celty recordaba con cariño los días que siguieron, cuando comenzó a perder cabello y fuerza, pero sus bromas seguían igual de vivas que hace veinte años, cuarenta.
Por fin estaba de regreso.
Celty caminó hacia la izquierda, con cuidado abrió la cesta y sacó la pequeña urna crema. Pasó sus dedos suavemente por la superficie, que nada tenía de semejante al rostro que tantas veces había acariciado.
Shooter relinchó, el humo de su cuello salió con más espesura mientras se inclinaba sobre la urna.
«Yo también estoy triste, Shooter», pensó Celty.
Intentó calmarse y dio pasos firmes hasta el acantilado. Abrazó por ultima vez las cenizas de su esposo y al fin, con un hueco en el corazón, las arrojó al mar.
Se alejó deprisa, no queriendo escuchar la cerámica al hundirse. Ya no tenía ningún vínculo con esa tierra. Shooter se acercó a ella, colocando la cesta con su cabeza frente a ella. Celty sabía que no podía evitarlo, ya era hora de cumplir con su deber y volver a donde pertenecía.
Sin vacilar levantó la tapa, sorprendida notó que además del recipiente, había un grupo de cartas.
―¿Tú sabías esto? ―le preguntó a Shooter, quien movió una pata fingiendo indiferencia.
Con su mano lo más lejos posible de su cabeza, sujetó el paquete. El nombre en la primera carta la dejo confundida.
Shizuo Heiwajima.
Celty no podía creerlo, ya se habían despedido hace tres años, poco antes de su fallecimiento. Recordaba su mirada furiosa, morir sin saber si esa escoria estaba muerta también. Celty rio, cada carta llevaba un nombre conocido: Ruri Hijiribe, Mikado Ryugamine y Anri Sonohara.
Abrió la primera lentamente. La nostalgia creció en su ser, todavía tenía personas por las que podría quedarse, pero sabía que si retrasaba más el adiós nunca se iría.
La carta de Shizuo se sintió como saludar a un viejo amigo, revivía los momentos que vivieron juntos y esa amistad que Celty sabía que no podría olvidar. Ruri agradecía haberla conocido y ver que ser un monstruo no era malo después de todo. Anri y Mikado le decían lo importante que había sido en sus vidas.
Si había algo que Celty quería recordar una vez que se marchara era esto: saber que había personas que la querían.
Las aferró con fuerza en su mano mientras abría el envase de su cabeza. Bastó que le tocara el cabello para que las sombras la envolvieran. Celty mantuvo la imagen de sus amigos en su mente, decidida a no soltarla aunque el llamado la instaba a partir. Sí lo recordaría, grabaría esa débil imagen para siempre…
