Dos años después de la destrucción del portal oscuro
Paramos rojos de Draenor
Teron Sanguino
—¡Ner'zhul!
Sanguino, Gaz Desgarra Almas y Rash Sombra de demonios se adentraron en el campamento improvisado de líder chamánico. Pisando firmemente el terreno, decididos a cambiar el destino de su pueblo. Su presencia no pasó desapercibida, los orcos guerreros y chamanes sacaban la cabeza de sus chozas, murmullando maldiciones y amenazas. Muchos culpaban a todos los brujos del Consejo de las Sombras debido a la arrogancia y traición de Gul'dan, ellos no eran queridos entre las tribus leales a Ner'zhul.
—¡Ner'zhul! —Sanguino gritó de nuevo con una voz que era autoritaria y gélida al mismo tiempo—. ¡Necesito hablar contigo!
—No sé quién eres —refunfuñó alguien a sus espaldas— y me da igual. Estás allanando territorio Sombraluna. Lárgate o morirás.
Sanguino se resistió de drenar el alma del idiota. Un derramamiento de sangre frente a una Horda de guerreros y chamanes que los despreciaban no era buena idea.
—Debo hablar con Ner'zhul —insistió el Caballero de la Muerte, quien se giró para enfrentarse con el poderoso orco guerrero que se había aproximado amenazadoramente a él por sus espaldas—. Dile que Teron Sanguino está aquí. El nerviosismo pareció dominar el rostro de aquel orco en cuanto escuchó ese nombre.
—¿Eres Sanguino? —vaciló—. ¿El Caballero de la Muerte?
—Así es —Sanguino sonrió, confiado en haber convencido al guerrero.
—Bah —gruñó, transformando su cara con un disgusto con el que mostró sus colmillos. Acto seguido, sin apartar la mirada de Sanguino y su acompañante, hizo acopio de valor y agregó—. No pareces tan peligroso. Lárgate brujo, la mitad de este campamento ya te quiere muerto, sería fácil convencerlos para atacarte a ti y a tus lacayos de demonios.
Sanguino ardió en furia, todo eso era culpa de Gul'dan. El Consejo de Sombras había logrado dominar a la Horda, pero eso era antes del fracaso del brujo traidor. Desde la destrucción del portal oscuro, ellos habían sido marginados y tratados como escoria.
—Oh, pero somos bastante peligrosos —replicó Desgarra Almas, quien se giró y asintió hacia Rash Sombra de demonios. De repente, ambos brujos iluminaros sus ojos con un tono verdoso, la magia vil comenzaba a fluir sobre el terreno.
—Ahora ve a por tu maestro —Sanguino sonrió—, a menos que quieras sufrir una muerte rápida por culpa de tu extremada arrogancia.
—La magia demoniaca podrá haberles dado mucho poder —el orco miró a los alrededores—, pero no inteligencia.
De repente, los orcos que antes les habían maldecido comenzaron a salir de sus hogares. Decenas de guerreros y chamanes rodearon al orco que les enfrentó, listos para atacarlos ante una señal. Sanguino y su sequito tragaron saliva, las cosas no habían salido como esperaban.
—Si no atacan, ustedes no saldrán indemnes —Sanguino dijo amenazadoramente—. Antes de caer muertos, cada uno de nosotros mataría a cinco o diez de ustedes.
—Un sacrificio que estamos dispuestos a pagar para liberar a la verdadera Horda de los sucios demonios —uno de los chamanes enemigos aseveró desde la turba.
—Si todos están deseosos de morir, ¡que así sea! ¡Hablaré con Ner'zhul sea como sea!
Su afirmación era desesperada, pero necesitaba algo para convencer a los orcos. Esta vez, extendió ambas manos y las tinieblas cobraron forma en la punta de sus dedos. Rash y Gaz hicieron lo mismo. Su magia vil combinada había transformado el ambiente, todo el lugar resplandecía ahora en un verde brillante.
—¡Bata ya del espectáculo! —un viejo orco gritó con la voz llena de autoridad—. ¡Ya ha habido demasiadas muertes!
—Ah, ahí estás, Ner'zhul —afirmó Sanguino, desvaneciendo su magia vil—. Veo que mi amenaza ha funcionado, por fin has salido de tu escondite.
Sanguino miró detalladamente al orco. Ner'zhul se había teñido el rostro de blanco, haciendo que sus rasgos decadentes parecieran los de un cadáver andante, transformando la decadencia aparente en un signo de autoridad. Ner'zhul abrió los ojos, parpadeando dos veces al verle.
—Tú —dijo con rencor—. ¿Has venido a regodearte de la destrucción causada por vuestro Consejo de las Sombras y su líder traidor?
Sanguino se irritó ante la mención de Gul'dan y su traición. La sombra del tonto ambicioso siempre perseguiría a los restos del Consejo de las Sombras.
—Todo lo contrario. He venido para salvarnos a todos, pero para eso te necesito a ti. Necesito que lideres de nuevo a la Horda
Ner'zhul sacudió su rostro con confusión, después negó con la cabeza.
—¿Qué la lidere? ¿Para despedazarla aún más? ¿Acaso no he hecho ya bastante? —preguntó el anciano chamán, cuya mirada transmitía un gran sentimiento de pena y dolor.
"Viejo idiota y sus sentimentalismos", pensó Sanguino.
—He dejado atrás esa vida. Ya lideré una vez… he guiado a nuestra raza directamente a la destrucción, a la muerte bajo la magia demoniaca de Gul'dan. Busquen un líder en otra parte.
Sanguino frunció el ceño ante la nueva mención a Gul'dan, su maestro idiota estropeaba sus planes incluso después de la muerte. Aquello no estaba yendo como había esperado y no podía buscar a otro orco para liderar. Todos odiaban al Consejo de las Sombras y a lo que quedaba de los ex seguidores de Gul'dan (incluyéndole a él). Ner'zhul era el único que al menos tenía suficiente cerebro como para escucharlos.
—La Horda te necesita —casi suplicó—. ¡Su raza morirá si no lideras!
—¡Nuestra raza está condenada! —Ner'zhul gritó—. ¡Pactar con demonios nos ha condenado! ¡La mitad de nuestro pueblo ha sucumbido en ese extraño mundo!
—Eso no es del todo cierto… —Sanguino hizo una pausa—. Gul'dan os mintió, el portal puede dirigirnos a otros mundos, no solo a donde fuimos derrotados.
—¿Qué? —Ner'zhul pareció pensarlo, pero después sacudió la cabeza—. ¿De que serviría? ¡El portal ha sido destruido!
La debilidad de la que hacía gala el chamán repugnaba a Sanguino. Resultaba muy difícil creer que aquel viejo decrepito obsesionado con la muerte y la condenación, la muerte de toda su raza, hubiera sido tan respetado en su día, o incluso ahora. Desgraciadamente el chamán seguía siendo indispensable.
—La muerte y el olvido no es nuestra única opción —Refutó Sanguino—. Ni siquiera hace falta reconstruir totalmente el portal oscuro, al menos de momento.
—¿De que hablas?
—Reconstruir el portal requiere mucha magia vil… con la muerte de Gul'dan y muchos de sus seguidores, eso no será posible con nuestras fuerzas actuales —Sanguino reflexionó—. Pero aprendí mucho del brujo traidor, si una pequeña escaramuza logra recuperar su cuerpo… entonces podríamos reconstruir el portal y dirigirnos a otro mundo.
—¿Cómo irían a recuperar el cadáver de Gul'dan sin el portal?
—Yo y mis brujos podemos crear una pequeña grieta —Sanguino sonrió maquiavélicamente—. Será menos estable y solo podrán pasar los necesarios para recuperar el cuerpo, pero eso es suficiente para nuestro propósito.
—¡Gul'dan y sus retorcidas artimañas han afectado demasiado! —replicó a Sanguino, mirándolo con el ceño fruncido—. ¡Tú y tus planes! ¿Cómo puedo saber lo que harás con el cuerpo del brujo? ¡A los bastardos del Consejo de la Sombra sólo les interesa el poder!
La serenidad de Sanguino, que ya había sido afectada por el orco anterior, ya había terminado de agotarse. En un movimiento abrupto, cogió al anciano chamán de ambos brazos y lo sacudió furiosamente.
—Han pasado años desde que Gul'dan traicionó a vuestro pueblo, dos años desde que el portal fue destruido, ¡Dos años desde que te has estado escondiendo! ¡Lo único que te estoy pidiendo es que tomes el trono de huesos, que lideres una vez más! Ahora que Martillo Maldito ha muerto o ha sido hecho prisionero en Azeroth, eres el único que puede liderarlos, solo te respetan a ti. He estado examinando el portal, evaluando los daños, he logrado que los brujos restantes mantengan la grieta. ¡Podemos salvar a tu pueblo!
—¿De qué sirve esa "solución"? —Ner'zhul golpeo sus manos y se liberó del agarre, poniéndose firme frente a Sanguino. El viejo erguido distaba mucho de la imagen decadente que tenía hace pocos instantes, era fuerte, hecho de pura masa de musculo.
—¡Mátalo! ¡Mata a esos seguidores de demonios! —las voces de los orcos en el campamento comenzaron a pedir su muerte. Sanguino maldijo.
—Confía en mí anciano, solo te pido eso —Sanguino dio un pequeño paso atrás ante la firmeza de Ner'zhul—. No necesitamos ganar ninguna batalla en ese mundo. Solo debemos recuperar el cadáver de Gul'dan.
Ner'zhul se detuvo y acarició su barbilla, reflexionando.
—Draenor se muere —suspiró el chamán—. Dentro de poco no será más que un cadáver incapaz de suministrarnos alimento.
—Ya no dependeremos de Draenor, pero tampoco de ese mundo infernal al que Gul'dan quería enviarnos —Sanguino volvió a sonreír—. Buscaremos otro mundo, con suerte más débil que Azeroth.
Ner'zhul no le había matado (como parecía que haría hace unos momentos), así que eso era una muy buena señal. Por un momento muy largo, Sanguino observó como Ner'zhul dudaba entre hacerle caso, matarlo o simplemente irse a refugiar en su choza.
—Solo una pequeña escaramuza, nada más —Ner'zhul advirtió.
—No me atrevería a traicionarte.
—Bien, me gustaría escuchar ese plan tuyo —dijo Ner'zhul, quien se giró y regresó a su choza. Pero esta vez Teron Sanguino y su grupo de acólitos le acompañaron.
