Mafuyu recuerda en sus días de niñez cálida y alegre, los días que convivió con su prima Tomo y con su tío, Yuudai. Quienes más que tío y prima, fueron para ella una hermana a la cual proteger y un padre al cual podía correr a sus brazos y sentirse protegida.

No recuerda su vida antes de su tío y Tomo, pero no siente tampoco la necesidad de indagar en un posible –e inexistente– pasado; porque ellos eran su familia, lo más preciado para ella.

(Pero entonces, las cosas comienzan a decaer).

Pero un día, su amada familia se desbarata. Su tío desaparece, dejándolas solas contra el mundo. Es entonces que Mafuyu decide convertirse en la guardiana de su hermana (prima), ser su caballero.

Para ya no sentir tanto la ausencia de un padre (tío), y poder tomar fuerzas y coraje para poder hacer frente a las adversidades.

(Aunque en verdad, todo este tiempo, le han temblado las piernas del miedo).

Pero entonces, la vida le trae un nuevo integrante a su familia: Alexander Nikolaevich Hell. Que aunque en un comienzo fueron como agua y aceite, perros y gatos, paulatinamente, logran compenetrar y llevarse bien.

Pero como si la vida hubiese dado algo a cambio de otra cosa, como quien te hace un favor a cambio de que tú le devuelvas ese mismo favor, Athos –Furu– se lleva a Tomo; y la familia de Mafuyu se desgarra como tela.

No obstante, no está ya más sola. Hay alguien dispuesto a estar con ella y ser su apoyo, su familia. Porque Sasha también lo ha perdido todo, a su familia, su hermana Olja.

Y porque inconscientemente, él había encontrado esa familia que tanto añoraba. En Tomo y Mafuyu, personas que se volvieron importantes para él.

(Y que teme perder).

Por ello, ambos se hacen más fuertes. Tienen tantos enfrentamientos con distintos enemigos –incluso con sus demonios internos–, con tal de recuperar a Tomo, y ser nuevamente ellos tres.

Aunque en el camino, su familia se expandió más de lo que alguna vez creyeron.

(Y esa soledad, tan dolorosa como una herida, se fue).