Disclaimer: El universo de Rowling y sus personajes no me pertenecen. Solo tuve una idea y la quise desarrollar en un sitio en el cual, claramente, se puede publicar ficciones de fans.
Espero que les guste, ya que es mi primer Harco / Drarry .-.
A pesar de que la estrella más cercana se atreviera a esconderse tras las grises nubes que quedaban del día anterior, el día aparentaba que sería uno tranquilo, para nada atípico. A menos que fueran los años 90, época del famoso Harry Potter que apenas parecía comenzar. Puesto que faltaban unos cuatro años más para que se volviera un recuerdo.
En los dos años anteriores al actual habían ocurrido eventos en torno a Potter y su grupo de amigos, únicos ante ellos. Y en este preciso momento, Draco Malfoy, conocido rival del niño que vivió, vivía su tercer año en Hogwarts que para él solo era otro más.
La captura del afamado asesino Sirius Black era lo único que esperaba que ocurriera para el final de año, además de la renuncia o despedida del profesor Lupin y la entrega de la copa de la casa a Slytherin.
No obstante, el día de hoy el joven Malfoy se hallaba en un estado inusual.
Repentinamente había dado a conocer que se había recuperado de su accidente con el hipógrifo de la clase de Hagrid al olvidarse actuar como si fuera incapaz de sostener el tenedor. Y tenía sus cabellos rubios platinados despeinados ya que había pasado sus dedos por ellos como si el simple acto fuera capaz de distraerlo de sus pensamientos. Sin embargo, en realidad este ayudaba a que se sumergiera más en el mar de ellos.
No. Draco Malfoy definitivamente no estaba preocupado por Harry Potter.
Nadie cuestionaría lo incuestionable si no vieran al adolescente de sangre pura vagar por el castillo con la cabeza en otra parte. Era solo suerte sospechosamente similar a la de Potter que el Slytherin no hubiera caído por las escaleras móviles en su estado ensimismado.
Nadie cuestionaría lo incuestionable si él no fuera, inconscientemente, en dirección hacia la enfermería de Hogwarts, donde un adolescente cuyo nombre sabían todos, de cabellos incluso más desordenados que los suyos, se recuperaba de su último partido de Quidditch.
Abriendo la blanca puerta y adentrándose hacia la habitación llena de camillas, Draco se preguntaba si Potter no tendría una maldición o algo que lo mandara a la enfermería más veces que cualquier otro estudiante.
Quizá simplemente era la necesidad de llamar la atención aquello que lideraba todos los actos del Gryffindor.
—Si no estuvieras en la camilla, Potter, lamentándote por tu vieja escoba, te hechizaría por atreverte a morir.
Mientras Draco procedía a hablarle a un inconsciente Harry, este estaba teniendo uno de los más maravillosos sueños.
En un espacio amplio, con techos altísimos y paredes que no podía distinguir, la oscuridad lo envolvía como si de un caramelo se tratara. Aunque de vez en cuando una luciérnaga se colaba en su visión y la rompía descaradamente.
Harry siguió con los pies al insecto luminoso y alzó sus manos. Tomó otro par de intentos para que lograra atraparlo, momento en el cual la oscuridad pareció encogerse al igual que el cuarto y a abrirse y liberarse de manera que el blanco hiciera acto de presencia y tomara el protagonismo que le habían prohibido.
Le decepcionó que solo fuera en forma de puntos flotantes, similares a las luciérnagas. Se consolaba con que ya pudiera ver en dónde se encontraba. Incluso notó que de los puntos blancos flotaban hilos plateados.
Sintiéndose como un nene pequeño, ignorante de los peligros de lo desconocido, Harry los rozó con las yemas de sus dedos, las cuales deslizó hasta tocar los puntos, cuyo tacto provocó que retirara sus manos de manera instintiva: quemaba.
—¿Estrella? —murmuró. Acercó sus humeantes dedos otra vez, en esta ocasión buscando acariciar los puntos.
—¿Me ves cara de estrella, Potter? —Le respondió ella, titilando con cada palabra, para luego agregar en voz baja—: ¿Qué más puedo esperar de vos?
—Sos una estrella —Afirmó. Y sin temer quemarse, le dijo—. Deseo una.
Y en el siguiente segundo su cerebro se adaptaba a la supuesta realidad, ubicada en una habitación luminosa y blanquecina, con la compañía de un chico con túnicas verdes y cabellos platinados que parecía desconcertado ante los débiles intentos de Harry de rozar su rostro que terminaban en manos magulladas, debido al reciente partido de Quidditch, agarrando aire.
Antes de pensarlo dos veces, su corazón se abrió camino y habló.
—Si mi deseo fueras,
yo tu vida sería.
Una vez cumplido tu propósito,
en mi sombra te convertirías.
Vos en mi dicha, yo en tu razón de vivir.
Y con aquellas palabras, Harry sintió un cosquilleo recorrer el largo de su cuerpo e instarlo a incorporarse, rodear la cintura de Draco con sus brazos, y atraerlo hacia él en un abrazo a la vez que se dejaba caer en la camilla con el rubio, en estado de shock, obligado a caer sobre él.
—Emm... ¿¡Madame Pomfrey?!
