... Por un momento se preguntó si había algún truco ¿Tal vez golpear ladrillos al azar con su varita abriría una puerta mágica? Le quedaban diez minutos para coger el tren, fue entonces que un grupo de gente pasó a su lado y captó algunas palabras

- ..lleno de muggles , por supuesto ...—

Harry se volvió para verlos. Eran un grupo de magos con la misma cabellera roja llameante…


—¡Weasley! - el grupo entero giro. Risitas pequeñas fueron escuchadas —Quiero hablar contigo— Un coro de ' oh' siguió la orden y con mucha vergüenza, un joven de cabellera roja salió de entre el grupo de jóvenes adolescentes que vestían túnicas negras con un escudo dorado y rojo con un león bordado en el pecho derecho

La muchacha llevaba un uniforme similar, solo reemplazando el pantalón por una falda tableada con unas medias igual de grises; ella levantó una ceja mirando al resto de muchachos tratando de dejar en claro que no los necesitaba cerca.

Soltando un suspiro, el joven que se adelantó miró a sus amigos y con un apagado "los veo en la torre" los hizo irse. Cuando el rastro de risas disminuyó lo suficiente, ella se aclaró la garganta y dio un par de pasos.

—Molly, ya te dije que- - el sonido del tacón contra el suelo silenció al joven. La muchacha escondió sus manos detrás de su espalda

—No vine a insistir, Weasley— el muchacho parpadeó un par de veces detrás de sus lentes de armazón negra

—¿Qué? - preguntó incrédulo ¿Molly Prewett por fin lo dejaría en paz?

—Lo que dije. Ya no te voy a insistir. Sé que nunca me vas a corresponder. Ya madure lo suficiente para saber que si no logre gustarte dando lo mejor de mí estos años, no saldrás conmigo ahora— Arthur Weasley no pudo evitar a tiempo la sonrisa de alivio ¡Por fin la pesadilla se terminaba! Ya no más cartas exageradamente cursis, no más chocolates rosas, no más regalos ñoños en el correo de la mañana, no más burlas de sus amigos. No más...

—Solo vine a pedirte disculpas— Molly continuó, apretando el regalo en sus manos —Y darte una ofrenda de paz— Arthur despertó de su ensoñación cuando le ofrecieron una pequeña cajita azul con un listón plateado, no retuvo la mueca de hastío

—Molly— la voz goteaba incomodidad, ella evitó que su brazo comenzará a temblar de ira

—Es el ultimo, solo una ofrenda de paz, si quieres puedes tirarlo— movió su mano para enfatizar el punto cuando apuntó a la ventana más cercana

-¡No! Está bien— intervino Arthur, mirando la caja azul y después a Molly, la chica que había estado detrás de él desde el tercer año y que había sido una constante molestia. Creyó que solo podría quitársela de encima cuando llegara la graduación en Julio pero al parecer no sería el caso. Estiró la mano con la palma hacia arriba —Lo tomaré—

Ella sonrió. Arthur abrió la caja y se sorprendió de ver un cupcake con glaseado verde y un "lo siento" escrito con rojo. Usualmente los regalos de Molly eran galletas

—Um, supongo que te perdono— exclamó mirando de nuevo a Molly con un poco de preocupación, no quería hacer a la joven llorar pero no había señales de que eso fuera a pasar pronto en los ojos castaños de su compañera

—Muchas gracias, Arthur, eres muy amable— el chico se sonrojó y Molly sonrió, pero giró de repente, se sacudió un poco por los hombros y después echó a correr, ignorando los llamados de Arthur. Dio un par de giros antes de entrar en un aula vacía y por fin lo dejo ir.

Comenzó a reírse

—Bastante amable— su risa hizo eco y Molly no pudo soportarlo, se sujeto de la mesa más cercana —e ingenuo—

Su plan no tenía fallas. Arthur era demasiado blando, en todos estos años, a pesar de avergonzarse de los regalos, nunca había sido capaz de tirarlos. Mucho menos los postres que constantemente le conseguía y regalaba.

Era obvio que el cupcake " de disculpa" no iba a ser el primero

—Eres mío, Arthur Weasley— sus ojos castaños estaban oscuros.

Molly Prewett conseguiría al hombre que quería por las buenas, o las malas.


—Pareces contenta— abrió los ojos y el reflejo que la recibió el quitó un poco el aliento, por un momento, dudó donde estaba y esperaba que mágicamente volviera a aquella aula vacía con su loca risa. Pero el reflejo del espejo no le mintió

—Lo estoy— contestó mientras miraba a su hermano Gideon que cerraba su reloj de bolsillo. Entonces volvió a ver el espejo.

Le quedaba bien el vestido de novia.