Hyoga estaba vivo. Volver a verlo, entero, vital, sin un rasguño en su piel, no pensó que sucedería. Kohaku tampoco podía creer que había sobrevivido ella misma, así como Tsukasa, que por suerte también estaba allí de pie. Sus últimos recuerdos antes de sentir que estaba siendo petrificada, algo que ya había experimentado en la isla del tesoro, habían sido muy sangrientos. Estaban luchando ferozmente contra los guerreros estadounidenses, incluso podía considerarse que estaban ganando, ninguno de los tres había sido lastimado en el proceso. Al menos hasta que Tsukasa la salvó de un enorme árbol que una brutal mujer le tiró encima, quien fue derrotada unos segundos después por un poderoso golpe del luchador, y luego el corazón de Kohaku se comprimió cuando vio cómo su amigo era disparado, cayendo en el acto.

Lo que sucedió después, fue que ella puso su atención en Tsukasa, la preocupación por la vida de su compañero pudo más, y bastó ese segundo para exponerse y bajar la guardia. Sólo ese segundo bastó para que el letal capitán del equipo enemigo, Stanley, del cual ya había presenciado su eficacia e inteligencia estratégica, apareciera a su lado, dispuesto a matarla. Y por culpa de su debilidad, lo próximo que vio fue a Hyoga adelantarse y ponerse en medio de ella y su atacante, recibiendo en su lugar una ráfaga de disparos. La sangre, y cómo el lancero caía también, no sin antes amonestarla por quedarse mirando, era una imagen que no podría olvidar nunca. A pesar de haber cumplido su objetivo, y de que ya se habían hecho a la idea de que morirían en aquella batalla tan desigual, no pudo evitar sentir que había acelerado la muerte de un gran guerrero como era Hyoga, todo por permitirse un momento de humanidad y de dolor.

Pero ya estaban bien, y todos vivos, al menos tenía la oportunidad de agradecerle y disculparse, así como con Tsukasa. En cuanto pasó el júbilo general de festejar cómo despertaban todos del sueño de piedra, Kohaku buscó el momento para acercarse a ambos. No tenía tanta confianza como para abrazarlos cálidamente, además de que ellos todavía estaban cubiertos con hojas y podía ser un poco incómoda tanta cercanía, por lo que dudó cómo hacerlo, pero quería que fuera a solas con ambos, juntos o separados, pero más significativo, no que pasara como un agradecimiento más. Justo cuando encontró el momento, tanto Hyoga como Tsukasa fueron juntos a cazar, y no volvieron hasta dentro de unas horas. Al menos cuando lo hicieron, ya se habían cubierto con cueros animales similares a los que tenían antes, pero nuevamente su atención fue captada por los demás, que agradecieron profusamente el abundante alimento y se dispusieron a coser las ropas de todos los que todavía no estaban vestidos apropiadamente.

Si seguía esperando "el momento ideal", iba a ser demasiado tarde, por lo que en cuanto los vio medianamente solos, dispuestos a ayudar a asar la carne animal que habían cazado, se acercó a hablarles.

- Hyoga, Tsukasa... –los dos se voltearon a mirarla– ¿Puedo hablar con ustedes un momento?

- Sí –Accedió el pelilargo, y el otro asintió también. La siguieron unos pasos hasta que se encontraron alejados de los demás.

- Me alegro de verlos bien a ambos, aunque por poco y no podíamos contarlo –sonrió un poco tensa– Y quiero agradecerles a ambos por su apoyo durante la pelea, realmente fuimos un buen equipo de lucha, y por cómo me protegieron, sin ustedes no podía haberlo lograd

- Lo hiciste bien –Contestó Hyoga, con su voz grave y monótona, más suave que otras veces.

- No esperaba menos de ti, Kohaku, ni de Hyoga –Agregó Tsukasa, sonriéndole con confianza– Sí, cumplimos el objetivo.

- ¡Ja! Sí que lo hicimos –le devolvió la sonrisa– Pero también quería disculparme. Los dos me salvaron de la muerte, dos veces en menos de un minuto, y Hyoga, tú hiciste de escudo humano por mí, por mi culpa al bajar la guardia, estuviste al borde de la muerte y recibiste más disparos que Tsukasa y que yo. Casi mueres, sólo por defenderme, ya que venías luchando muy bien.

Tsukasa apretó la mandíbula, nadie salvo él sabía todavía que Hyoga sí había muerto en la batalla, solamente que como había perdido el conocimiento, ni siquiera él se había enterado de aquello. Y no era una información que tuviera pensada compartir con nadie, salvo con Senku, cuando se asegurara de que nadie más podría oírlo.

- Tú eras la más rápida, y la que tenía la mayor oportunidad de cumplir el objetivo –se justificó Hyoga.

- Pero si hubiera estado más atenta, no te hubiera obligado a sacrificarte por mí.

- No me obligaste. Quise hacerlo –replicó él.

Kohaku se quedó un poco sorprendida con esas palabras. No quiso insistir, y pensó que ya se había sacado de adentro lo que quería decirles a ambos, en especial a Hyoga. Sonrió y asintió, y le pareció que el peliblanco también le había devuelto la sonrisa, aunque no podía verlo por culpa de la capa que siempre le tapaba la mitad de la cara. Concluida la conversación, les ofreció ayudarlos a llevar los animales cazados hasta François.

Por la noche, el grupo de jóvenes hizo una gran celebración, no sólo habían ganado por muy poco la casi imposible batalla contra el poder armamentístico superior, sino que estaban todos vivos y bien, listos para continuar su larga misión de fundar la ciudad de las superaleaciones y las demás. Se llenaron la barriga de la carne asada, bebieron el alcohol que habían producido Senku y Suika para hacer el fluido despetrificador, y varios de ellos bailaron totalmente felices y borrachos. Kohaku estaba muy animada, pero había preferido quedarse sentada sobre la tierra junto a Suika, bebiendo calmada. Sus ojos recorrieron la ronda de sus compañeros, hasta que se posaron en Hyoga, que era el más enigmático en cuanto a su estado anímico. No hablaba con nadie, a menos que se dirigieran primero a él, y al parecer bebía muy poco, no lo había visto rellenar su vaso de vino. Era otro observador, tranquilo, reservado, ya que la rubia también notó que él recorría el círculo con sus finos ojos.

Sus miradas se encontraron, conectándolas por varios segundos, ninguno bajando ni corriendo la mirada, ni haciendo ningún otro gesto o expresión. Hasta que Kohaku sintió un cosquilleo, y fue la que rompió el contacto visual. Miró a Suika en su lugar, y le sonrió, hasta que unos segundos después se animó a volver a dirigir sus ojos al misterioso hombre. Pero tuvo que volver a bajarla rápidamente, atrapada, cuando notó que él la seguía observando igual que antes. Se sonrojó involuntariamente, preguntándose con nerviosismo por qué Hyoga la miraba tan intensamente de pronto, y una vez más le molestó no poder ver su expresión, no sabía si él estaba serio, sonriéndole, o qué. Estaban en lugares opuestos del círculo, por lo cual, si querían entablar una conversación, uno de los dos tendría que levantarse e ir hasta donde estaba el otro, y no veía que Hyoga tuviese esa intención. Tampoco sabía de qué hablar, entre que él era bastante taciturno y sombrío, y que ella no sentía que podía decir algo interesante en ese momento, menos en medio del efusivo griterío de festejo.

Eso le llevó a pensar que no sabía nada de la vida de Hyoga, más allá de que había entrenado en su estilo de lanza desde que era pequeño, que valoraba mucho las habilidades y la "justicia", y que no era tan benevolente como Senku con la idea de revivir a todas las personas, sino que él quería revivir solamente a los que eran superiores en sus conocimientos o destrezas. Y aunque justo antes de esa fatal batalla él había sopesado la idea de sacrificar a otros compañeros por el bien de la misión y la supervivencia de la mayoría, la realidad era que él mismo se había sacrificado también, no se había considerado exento de dicha valoración. Para lo parco que era en su vínculo con los demás, desde que había aceptado aliarse con todos ellos, siempre había sido muy voluntarioso en ayudar, incluso a pesar de no estar de acuerdo con más de una cosa.

Todo eso le daba a pensar a Kohaku que Hyoga no era realmente del tipo egoísta, y que era consecuente con sus ideales, además de honesto e imparcial. Claro que habían empezado como feroces enemigos, él la había tratado de asesinar dos veces, y no era la única que dudaba de su renovada lealtad al reino científico. Lo que la llevó a pensar cuando él la salvó por primera vez, en ese tenso momento en que ella había rescatado a Suika justo a tiempo de caer en el precipicio durante el viaje en el "teleférico". Mientras que pensaba que Hyoga quería deshacerse de ella, jamás podría olvidar el alivio que sintió cuando él extendió su fuerte mano para ayudarla a subir, fue hasta gentil ese toque, a pesar de la firmeza del agarre. Hasta podría decir que sintió su calidez, a pesar de que el contacto con el guante de cuero se lo impidiera, al menos físicamente.

Así como no podía ver bien su rostro, tampoco podía ver o sentir sus manos, y de pronto le pareció una curiosidad que quería resolver eventualmente. ¿Serían frías, como su apariencia y actitud? ¿O serían cálidas, reflejo de su determinación y firme voluntad? De pronto le pareció relevante saberlo, comprobarlo. Pero no era como si pudiera hacerlo en ese momento, Hyoga tampoco parecía tan accesible, y no quería que la mire raro, una vez que empezaban a llevarse bien. Se preguntó si el lancero la seguiría mirando, o no. Levantó su vista hacia la figura de él, mínimamente, y hubiera pensado que sí lo estaba haciendo, hasta que se dio cuenta que tenía los ojos bien cerrados... se había quedado dormido allí mismo, entre tanto bullicio.

Kohaku sonrió, pensando que debía de estar bastante cómodo y en confianza como para hacerlo. Incluso valoró el detalle de que Hyoga podía haberse alejado de todos ellos, buscado un rincón alejado para descansar tranquilo, pero no lo hizo. En su lugar, a pesar de no ser hablador ni desinhibido como otros, se había quedado compartiendo el festejo grupal, a su forma. Pequeños gestos, de un silencioso hombre que pensaba que podía seguir sorprendiéndola.

Al día siguiente revivieron a Xeno, y con eso organizaron todo el trabajo que tendrían por delante, fundando la ciudad de las superaleaciones, recolectando montones de metales y minerales, y preparándose para nuevos viajes. Mientras los científicos diseñaban los mapas del cohete y determinaban todo lo que necesitarían para construirlo, Chelsea se encargó de dar las indicaciones de las distintas localizaciones cercanas para encontrar las valiosas piedras que Senku le había mencionado. Fueron todos juntos, con picos, y grandes canastas, sí que iba a ser un trabajo duro, pero se percibía el ambiente pacífico ya que sabían que no esperaban más amenazas, ni enemigos, al menos no en ese lugar. Vio a Hyoga caminar en el medio de la fila, mientras que Tsukasa se había quedado al final, ambos atentos y vigilantes a los animales salvajes. La rubia caminó rápido hasta llegar cerca de él, pero no le habló.

- Kohaku, ve adelante con Ukyo –le dijo Hyoga.

- ¿Por qué? ¿Te molesta que esté aquí?

- No –La miró fijo unos segundos– Solamente que tienes la mejor vista de todos, buenos reflejos e instintos, y junto con Ukyo que tiene un gran oído, serían los primeros en alertar al grupo si detectan algo.

- Ah, entiendo. De acuerdo

Kohaku se arrepintió de que su primer pensamiento sobre Hyoga fuese que a él le irritara su presencia, cuando más bien lo había hecho por protección al grupo, y valorando las habilidades de ella de una forma tan directa y honesta. La discreción con la que el peliblanco últimamente le expresaba su respeto hacia ella, sin halagos innecesarios, le estaba resultando algo nuevo, y más bien estaba acostumbrada –aunque no le gustara– a que Chrome y Senku se burlen de su fuerza, o tal vez sí halaguen sus habilidades, pero siempre acompañado con esos apodos animales brutos, por lo cual nunca se había sentido completamente satisfecha con las palabras de apoyo. Eso la animó, por lo que se despidió con una sonrisa mientras corría hacia el frente para acompañar a Ukyo.

El resto del día fue agobiante para todos, como decía Gen, "un trabajo infernal", picar esas duras paredes de piedra era agotado. Incluso el siempre enérgico Taiju se estaba cansando, además de que no podían evitar recibir el sol directo del día. Luego de unas largas horas, en que Kohaku sentía las manos hinchadas y arder, soltó un siseo de dolor. Soltó el pico, y se las miró. Sí, las tenía rojas y llenas de ampollas. A pesar de estar acostumbrada al mango de las espadas y cuchillos, esa herramienta y la fuerza que tenía que hacer para romper la pared de piedra eran cosas muy distintas. Y salvo que rompiera su vestido, o fuera a buscar algún cuero que la ayude a suavizar el agarre, no tenía mucho que hacer.

- Ten.

Levantó la vista hacia la suave voz que se dirigió a ella, y se encontró con Hyoga, que había estado trabajando a su lado. Se había quitado sus guantes, y se los estaba ofreciendo. Abrió los ojos con sorpresa, ante el considerado gesto, nunca lo había visto hacer algo así. De hecho, nunca lo había visto sin sus guantes puestos, tal como había pensado la noche anterior.

- Pero, ¿y tú?

- Estaré bien. Te quedarán grandes, pero te protegerán y aliviarán.

- Gracias, Hyoga.

El lancero asintió, y volvió a su trabajo inmediatamente. Kohaku se puso los guantes, que estaban muy calientes y un poco sudados, y sí le quedaban enormes. Aunque el dolor sordo de las ampollas seguía, al menos era mucho menos perceptible, por lo que la joven se esforzó por continuar un poco más. Finalmente decidieron terminar por el día, tampoco servía de nada agotarse completamente, si los próximos días tendrían que volver a hacer lo mismo. Juntaron todas las piedras en las canastas, y recién entonces Kohaku se acercó a Hyoga para devolverle los guantes.

- Muchas gracias, de verdad, me ayudaron bastante.

- De nada, mejor así.

- ¿Tú estás bien?

- Sí. Mis manos no son tan delicadas.

- ¡No tengo las manos delicadas! –replicó, cuando algo de esa frase le resonó como "débil"

- No, pero no están tan curtidas tampoco. Eres fuerte, pero las manos de los lanceros dedicados tienen callos ya formados, sólo eso.

- Hmm... –concedió ante esa explicación, no podía contradecirla.

Dejó el tema atrás, tampoco quería quedar como desconsiderada o de llevarle la contra cuando él había tenido esa gentileza por voluntad propia. Lo observó ponerse los guantes, con un poco de esa curiosidad que todavía guardaba sobre cómo serían las manos de él, pero no era momento ni lugar de resolverla. Volvieron al fuerte, donde Suika y Luna esperaban, ya que se habían quedado a ayudar a los científicos. La estudiante de medicina se acercó al grupo, con unas largas hojas gruesas en forma triangular, que tenían una pulpa consistente y viscosa. Les explicó que era de una planta llamaba sábila, un milagro verde de curación, ideal para cicatrizaciones, infecciones, quemaduras, irritaciones, y más. Para repartirlo entre todos, las cortaron en trozos y se frotaron la viscosa pulpa por las manos, la sensación fresca al menos fue instantánea.

Hyoga fue el único que no lo hizo, dijo que estaba bien, y en parte era cierto que él había sido el más protegido con sus guantes. Se fue caminando solo en dirección al río, apenas murmurando sus intenciones antes para que los demás supieran a dónde iba. Kohaku vio allí su oportunidad, además de que no estaba de más que use esa medicina, también había estado trabajando poco más de una hora con la mano desnuda. Cuando terminó de aplicarse ella, y esperó a que se absorba y se seque un poco, tomó otro trozo de la planta, y fue detrás de él. Lo encontró en la orilla, vistiéndose, seguro se había metido al agua para refrescarse. Él se percató de su presencia inmediatamente, pero no dijo nada.

- ¿Puedes sacarte los guantes, Hyoga?

El lancero la miró, preguntándose para qué querría que él hiciera eso, hasta que vio el pedazo de planta en sus manos. Sabía que Kohaku podía ser insistente y determinada, y evidentemente había ido hasta ahí para llevarle eso, por lo que no se negó. La rubia se sorprendió lo fácil que había accedido al pedido, ya que sin demora había procedido a hacerlo, y los guardó, colocándolos entre su cadera y el cuero que le hacía de falda. Luego extendió una mano hacia ella, para recibir la planta. Todo, como siempre, sin decir una palabra, a menos que lo necesitara hacer. Pero en lugar de dársela, Kohaku ubicó su mano debajo de la de él, sosteniéndosela, y lo miró a los ojos, mientras subía la otra mano para mostrarle que iba frotarle la sábila. Como no se quejó ni dijo nada, supuso que le estaba dando el permiso para que lo hiciera.

Primero miró la mano del lancero, detenidamente. Era grande, fuerte, por lo menos cada dedo era más largo por la diferencia de medio dedo, de los de él. Sí, se notaba que debía ser áspera con sólo verla, y tenía unos pequeños y oscuros callos ya viejos y formados. Justo antes de apoyar la refrescante y viscosa pulpa, rozó con las yemas de sus dedos en la palma de él. Se sentía dura, áspera y fuerte. Esperaba que estuviese fría, ya que se había metido en el río, pero se encontró con que era más bien cálida, para su sorpresa. De pronto fue consciente que se había perdido en eso, y podía sentir la perforante mirada de él en su cabeza. Procedió a frotar la carne vegetal contra la piel, donde sí se la veía un poco rojiza, aunque sin nuevas ampollas como las de ella. Cuando terminó le soltó la mano, mirándolo con una media sonrisa.

- Listo, al menos fue una forma de agradecerte.

- Gracias a ti, supongo –contestó, mirándose la mano.

Kohaku bajó la mirada, y se quedaron los dos callados luego, uno por su personalidad serena e introvertida, la otra porque no sabía de qué más hablar con él. Se sentó sobre el pasto cercano, no quería irse tan rápido, tal vez sí había algo de lo que pudieran hablar. Para su sorpresa, Hyoga también se sentó a su lado, aunque no dijo nada, era un hombre muy contemplativo. Unos minutos después, Kohaku se sentía observada. Levantó la vista, y Hyoga continuó mirándola, era un poco incómodo, y podía tener mil suposiciones al respecto, por lo que decidió preguntarle.

- ¿Qué piensas, Hyoga?

- Que siempre lo haces todo tan bien.

- ¿Eh? –Soltó, sorprendida– ¿A qué viene eso?

- Eres una de las más confiables aliadas de Senku, y de todos –Cuando la vio esperar que continúe, se explayó– Peleas bien, eres muy rápida y fuerte, no muestras miedo, cazas, vigilas, reaccionas correctamente ante situaciones límites, haces todo lo que te piden, no te quejas, y eres atenta con tus compañeros. Te respeto mucho, eres realmente eficiente.

- Oh... gracias –murmuró, sonrojándose. Por más que era una objetiva valoración de habilidades, también era un evidente halago, algo que no estaba acostumbrada a aceptar– Sabes, si bien ya sabía que eras muy fuerte y hábil, no por nada Tsukasa te había elegido como su mano derecha... últimamente cambié mi forma de pensar de ti. Lo reconozco, no confiaba en ti, pensé que nos ibas a volver a traicionar.

- No le juré mi lealtad a nadie, así que no podría hablar de traición, correctamente.

- Hmm, pero eras aliado de Tsukasa, hasta que lo "mataste".

- Accedí a actuar a favor de la realización de la visión que compartíamos, éramos aliados, pero él no era mi líder. En cuanto dejamos de compartirla, elegí continuar con la mía, aunque me detuvieron. Luego tuve otra vez en mi poder la elección, valoro mucho las habilidades cultivadas y la eficiencia, por lo que decidí aliarme con Senku y los demás.

- ¿Quieres decir que en cuanto haya otra propuesta que se adecúe más a tu visión, volverías a considerar tu alianza?

- Claro. Es lo justo.

Kohaku se sintió contrariada al oír eso, no lo esperaba, ni quería creerlo.

- Pero... tuviste la oportunidad de cambiar de aliados con el Dr. Xeno, ponerte de su lado. Y aquella vez que me salvaste, podías haberme dejado caer al vacío, y tú escapar con él.

- Sí. Pero lo que el Dr. Xeno quería, no me pareció tampoco la opción más justa para el mundo. Como dije, valoro mucho las habilidades, y Senku y todos ustedes son muy eficientes, y bastante correctos.

- ¿Sólo por eso?

- Y compañeros, eso está muy bien también, es agradable –Hizo una pausa– ¿Qué cambió? Dijiste que cambiaste de parecer conmigo.

- Sí. Ahora pienso que eres bastante considerado a pesar de que no lo expreses mucho, y a más allá de lo que dijiste recién, no creo que vuelvas a cambiar de bando.

- No, no lo haría –concedió– La confianza con algunas personas también lleva tiempo lograrla, y no se obtiene de intereses y alianzas temporales.

Cuando le dijo eso, Kohaku percibió que los ojos color cobalto de Hyoga habían brillado un poco más. Y hubo algo más en su rostro, se habían entrecerrado ligeramente.

- ¿Acabas de sonreír?

- Un poco, sí.

- No puedo verte con esa máscara. ¿Puedes bajártela?

- ¿Por qué?

- Porque quiero verte. Creo que, desde que te conozco, que no sé cómo es realmente tu rostro.

- ¿Y en qué te cambia eso?

- En nada, Hyoga. Sólo quiero verte la cara. ¿Puedo?

El lancero lo consideró unos segundos, y luego se la bajó, mirándola. Kohaku tuvo que contener su cara de sorpresa, no consideraba educado reaccionar ante los rasgos faciales de otro, más allá de sonreírle en agradecimiento. Hyoga era... lindo. Tenía una nariz recta y fina, y no podía creer lo voluptuosos y cincelados que tenía los labios, nunca había visto de cerca que otro hombre los tuviera así. No sabía cuántos años tenía Hyoga, pero lucía joven, más de lo que pensaba, y sin embargo su quijada tenía una agradable definición angular, masculina y a la vez delicada. En conjunto con los ojos azules y su peinado blanco-platinado, tenía verdaderamente un rostro muy apuesto. Sus ojos volvieron otra vez a los labios de él, incluso pensó que eran hasta más definidos y delineados que los de ella. Pero si seguía mirándolos sería incómodo, así que volvió a los ojos de él, y sonrió un poco.

- Mucho mejor, gracias. Si no fuera porque la despetrificación cura hasta las cicatrices, hubiera pensado que habías sufrido alguna herida, y que no querías mostrar tu rostro por eso.

- Sería la explicación más lógica, sí. No estabas tan alejada.

- ¿Por qué? ¿Qué sucedió?

- Por mi marca de despetrificación, que era muy grande y notoria. Me cansé de que me miraran tanto.

- ¿Y no pensaste que era porque también tienes una linda boca?

Kohaku se dio cuenta lo que había dicho, antes de pensarlo bien. Demasiado tarde para arrepentirse, y pudo notar que Hyoga había alzado las cejas y la miraba un poco sorprendido.

- Ah, perdón... quiero decir... –Había dicho lo que quería decir, exactamente, no había excusa posible. Se puso colorada y continuó– Bueno, sí, para qué negarlo, tienes lindos labios para ser hombre, yo también lo noté. Sólo eso.

- Hmm

- Como sea, ya no tienes esa marca, no recuerdo si te pintaste las falsas tú también, porque nadie podía verlas ¿Por qué te sigues tapando entonces?

- La costumbre, y es parte de la confección de mi ropa, que no cambió. Y a menos que la corte, no tiene tanta importancia que siga ahí, no me molesta.

- A mí sí me molesta un poco –confesó– porque no se pueden ver bien tus expresiones. O si sonríes.

- No sonrío mucho, tampoco se lo pierden.

- ¡Ja! Deberías –retrucó ella con una pequeña sonrisa– Ahora que lo pienso, no sé cómo se ve tu sonrisa.

- ¿Por qué debería ser relevante cómo luce mi sonrisa?

- No lo es, solamente es... agradable ver a alguien sonreír, ver a alguien feliz, también. ¿Puedes sonreír?

- No sé a qué debería sonreírle en este momento.

- Piensa en algo bonito, o algo que te guste. Antes dijiste que sonreíste. ¿En qué pensaste?

- En ti.

Kohaku alzó las cejas, y sintió la cara arder. Hyoga no lucía ni un poco incómodo, y su cara no reflejaba turbación o haber confesado algo. Quizás se lo había tomado muy personal, cuando él lo había dicho casualmente, sin un significado especial.

- ¿Por qué te pones colorada? –Preguntó.

- Eh... nada –Maldición, para colmo no podía evitarlo, así que volvió al tema, tratando de hablar normalmente– ¿Y qué de mi te hizo sonreír?

- Que eres confiable. Antes pensaba que eras impulsiva y temeraria. Lo eres, en realidad. Pero creo que al menos lo haces con buen juicio.

- Ah, ya veo –Así que esas cosas le hacían sonreír a Hyoga. Más de satisfacción que de felicidad, pero estaba bien. Ella misma sonrió antes eso.

- Tú sonríes mucho.

- Sí, puede ser –Al reconocerlo, sonrió aún más.

- Tienes una bonita sonrisa –dijo, devolviéndole el comentario que ella había hecho sobre su boca.

Una vez más, su cara ardía. Superando su vergüenza y esperando que otra vez le pregunte por qué se había puesto aún más colorada, lo miró. La que quedó boquiabierta, en su lugar, fue ella: Hyoga le estaba sonriendo, y no era una pequeña sonrisa de compromiso, sino que hasta le había marcado unas pequeñas arrugas en sus ojos, que le brillaban mucho y destellaban ese hermoso color cobalto que tenían. Podía ver incluso sus dientes, rectos, blancos, haciendo su boca aún más agradable de ver. Cuando su voz halló la forma de volver a salir por su garganta, mientras que por algún motivo sus ojos se negaban a mirar hacia otro lado, atraídos como un imán a los de él, habló.

- Tú también...vaya. Deberías sonreír más seguido, Hyoga –y agregó, con un dejo de broma– Creo que hasta confiarían más en ti, después de verla.

- Entonces mejor me la reservo, excepto para ti. Así no tengo que dar menos explicaciones si luego cambio de aliados –le contestó, redoblando la broma, y ampliando un poco más su sonrisa.

- ¿Así que también haces chistes? Me siento especial y afortunada. En una misma tarde, sólo yo pude ver tus manos, su sonrisa, y oírte bromear. Ah, y hablar, estás hablando más que nunca.

- Es que tú hablas mucho, yo contesto.

- Oh, qué caballero, gracias por eso –contestó indignada, frunciendo el ceño– No puedo evitarlo, es la primera vez que te estoy conociendo un poco más. Pero mejor cierra la boca si vas a decir algo así, era más bonita cuando la tenías cerrada.

- Sólo dije una realidad, no fue una crítica.

- Ya... pero hay formas más agradables en que puedes usarla.

- ¿Si no es para hablar, para qué? –Preguntó con un dejo de burla, pensando en lo temperamental y ambigua que se ponía Kohaku tan rápidamente. Para todo lo que sonreía, no sabía tomar bien las bromas, aunque no había sido tampoco su intención. Había algo repentinamente entretenido en provocarla, quería oír algo astuto de su parte, que se supere aún más– Demuéstrame entonces.

Kohaku tomó su provocación en otro sentido, quedándose con la pregunta de en qué otra cosa podía usar la boca además de hablar. Ciertamente no tenía muchas opciones para ese "desafío", y no le gustó nada el dejo de burla que sintió en la voz de él, además de que sentía que la estaba poniendo a prueba. Sabía que Hyoga era más intelectual y astuto que ella, por lo cual dudaba que pudiera retrucarle con algo interesante que lo descolocara. Y no, si no era hablar o comer, no había otra cosa "más agradable" que hacer, a menos que... No debía detenerse a pensarlo mucho, y aunque reconocía que Hyoga era más atractivo de lo que pensaba, y ya le podía agregar que lo tenía en buena consideración como persona, tampoco le molestaba la idea, ni creía que se iba a arrepentir. No le gustaba de esa forma ni tenía sentimientos románticos por él, o no todavía, pero no podía descartarlo, y ya le picaba la curiosidad de cómo respondería él.

Lo agarró del cuello peludo de la capa, y tiró de él para acercarlo al mismo tiempo que ella se impulsaba hacia adelante, tomándolo por sorpresa. Los ojos cobalto de él se abrieron más que nunca, cuando los labios de ambos se presionaron. Kohaku nunca había besado a alguien antes, lo más cerca había sido ese beso falso con Senku casi en la comisura de la boca, forzados por el plan de Gen. Encontró agradable y "eléctrica" la cercanía de sus rostros, la calidez y suavidad del contacto de los labios, así como la intencional succión que aplicó. Mientras que el único beso duró apenas uno o dos segundos, pareció mucho más largo en su interior. Cuando se alejó, sonrió maliciosamente, ya que la expresión de Hyoga seguía siendo de pura incredulidad.

- ¡JA! ¡Ahí lo tienes! ¡A ver si puedes hacerlo mejor, señor eficiente!

El lancero tardó unos segundos más en conectar su cerebro con su boca, y en volver a la realidad. Definitivamente no tenía nada de eso en mente, cuando la provocó y la desafió.

- No sé si podría, porque no lo había hecho antes–confesó en un murmullo, honesto.

- ¿De verdad? –Preguntó sorprendida, había asumido que los hombres del mundo moderno tenían más experiencia en esas cosas, al menos Gen y Ryusui habían dejado entrever que sí– ¿Tú tampoco?

- No.

- Ah... lo siento. ¿Te molestó? –Inquirió, sintiéndose un poco culpable.

- No realmente. Aunque no lo esperaba de ti. ¿Por qué lo hiciste?

- No lo sé, sólo pensé que tenía que sorprenderte. Creo que al menos eso lo logré.

- Sí, lo hiciste –admitió el albino, con una mueca que estaba más cerca de una sonrisa.

- No sé si puedo agregarlo a tu lista de cosas que hago bien –bromeó.

- Fue demasiado rápido para juzgarlo y no tengo punto de comparación.

- Respondes demasiado en serio, Hyoga. No sé si querría saber la respuesta, realmente. Tampoco sé cómo hacerlo mejor.

- No hay nada que no mejore con la práctica, aplica a todo en la vida.

Luego de decir esas palabras, que pretendían ser un consejo sincero basado en su metódica disciplina, Hyoga pareció darse cuenta por sí mismo de lo que había implicado también con eso. Miró a Kohaku a los ojos, que parecía estar haciéndose el mismo interrogante, de si le había pedido indirectamente que "practiquen más". Lo curioso fue cuando se dio cuenta que, aunque no había sido su intención, tampoco le molestaba la idea. A pesar de no gustarle particularmente socializar, siempre había sido un solitario y estaba bien con eso, no encontró cansador o aburrido la charla que estaba teniendo con Kohaku. Tampoco se había interesado en otras jóvenes, si no era muy hablador, mucho menos iba a andar de seductor. Y aunque encontraba en Homura una respetable compañera también, siempre le había molestado que lo mirara "desde abajo", sólo llena de admiración y buscando su aprobación constantemente, como un perro fiel. La consideraba muy eficiente y todo, pero no sabía de ninguna motivación u opinión personal que tuviera, sólo lo seguía a él y le decía a todo que sí. Por lo que tampoco era del tipo de mujer que le gustaría.

En cambio, Kohaku, aunque un poco primitiva e ignorante de los refinamientos de las habilidades e intelecto modernos, suplía aquellas "faltas" con una gran voluntad, una honestidad sin filtro, mucha valoración de su propio juicio y creencias, y una gran independencia. Era por lejos la más fuerte de todas las mujeres del reino científico, y había luchado a la par con él y Tsukasa en la batalla contra Stanley y sus militares, además de haberse jugado la vida por salvar a la niña de la aldea. Sí, era una joven mujer muy interesante, meritoria, y no iba a negarlo, incluso su belleza era destacable. La apariencia de las personas no le afectaba en lo más mínimo, ni definían su superioridad, pero aun siendo imparcial, tenía que reconocer que los rasgos faciales y la figura de Kohaku eran muy atractivos. Y a esa hora de la tarde, en aquel lugar, el sol se reflejaba de una forma muy poética en su rostro, su cabello rubio parecía oro, y sus grandes ojos aguamarina brillaban con una calidez que él no tenía. Él no buscaba una relación romántica, al parecer ella tampoco era de ese estilo por lo que conocía de su personalidad, o al menos no había indicios que le exigiera una por darse unos inocentes besos. Ya tenía más de veinte años, y calculaba que ella tenía una edad similar, así que... ¿por qué no?

- ¿Todavía te preguntas si puedo hacerlo mejor? –Le dijo, con una media sonrisa.

- Eeeh... –Ahora la que titubeaba era ella, que no se esperaba que Hyoga estuviera interesado en eso.

- No pretendo comparar, pero la superación siempre se alcanza con un rival digno.

En eso se parecían ambos, en relacionar todo con el entrenamiento y los desafíos. Kohaku le devolvió la misma sonrisa, y se inclinó levemente hacia adelante. Para ser justos, esa vez fue él el que recortó la distancia entre ambos, deslizando su mano entre las doradas hebras del cabello hasta llegar a su nuca, y tirando suavemente para acercarla y conectar sus labios. No estaba mal, empezaba a agradarle esa sensación, incluso le generaba un nuevo tipo de calor en el abdomen. Kohaku había terminado ahí mismo el beso anterior, pero ahora que ambos sabían que lo iban a hacer, podía ser un poco más largo y disfrutable. A pesar de la falta de experiencia y de no haberlo hecho antes, era como si su boca supiera qué hacer. No sabía si era por el respeto que le tenía, o si en alguna parte de él estaba la asociación de que tenía que ser más delicado con las mujeres, pero procuró hacerlo de esa forma, muy distinto del impulsivo beso de ella. Se separó lentamente, quedándose muy cerca, sus alientos mezclándose en el mínimo espacio que los separaba.

- Ahora es mi turno de contratacar –susurró Kohaku, y lo besó.

Le había gustado mucho la lentitud y serenidad del beso de Hyoga, la había transportado a otro lugar, y a la vez la había encendido. Quería hacerle entender que no tenía que contenerse, una vez más pensaba que no quería ser tomada por débil o frágil. Por lo que se tomó en serio lo del "contrataque", y cambió su apoyo al de sus rodillas para girarse y quedar más de frente a él, antes de apoyar sus labios con mucho ímpetu. Logró atrapar entre los suyos el inferior de Hyoga, era muy tentador lo carnosos que eran, y como estaba un poco entusiasmada, dejó que el filo de sus dientes lo roce cuando se estaba alejando. El lancero no habló, pero lo vio parpadear con sorpresa, hasta que sus ojos se estrecharon peligrosamente, había mordido el anzuelo, y parecía dispuesto a continuar el desafío.

Mantuvo un dejo de delicadeza, pero apoyó su mano en la espalda de Kohaku, y la deslizó hasta bajarla y rodear su cintura, mientras la otra seguía en la parte trasera de su cabeza. Su sutileza pareció estar destinada sólo a eso, ya que luego en un movimiento rápido y fuerte, la acercó hasta que sus cuerpos chocaron. La rubia soltó un jadeo, y sus ojos destellaron, y esa vez cuando Hyoga la besó, fue más enérgico y abierto, apasionado. No la soltó, y Kohaku posó sus manos en los fuertes pectorales, todavía en parte ocultos bajo la capa. En el segundo que sus labios se separaron, y la rubia estaba dispuesta a tomar su turno, no alcanzó a rozar los labios de él cuando sintió un suave tirón en su pelo. Controlándola con una sonrisa desafiante, la había jalado para no permitirle alcanzarlo.

- Eso no fue justo, a ti que tanto te gusta que sea así todo –protestó ella en voz baja, con una sonrisa provocadora.

- Mi sentido de la justicia no tiene por qué coincidir con el tuyo –le contestó, mirándola intensamente.

- ¿Vale todo? De acuerdo, me parece correcto, no te quejes después.

Rápida y ágil como era, se trepó al regazo de él, y fingiendo que iba a besarlo en los labios, a último momento cambió y se dirigió al cuello de él. O eso pretendió, pero parte de su boca chocó con el molesto cuero que era parte de la máscara. Lo oyó inspirar brusco, seguro lo había sorprendido, pero él había querido jugar ese juego. Molesta con no poder haber logrado lo que pretendía, le desató la capa, ya que a su vez esta estaba atada a la máscara y al pelaje animal que abrigaba su cuello, y también era bastante molesto que estuviera en el medio.

Hyoga titubeó, sabía que Kohaku era muy impulsiva y apasionaba, pero no se esperaba que se entusiasmara así tan rápido. De cualquier forma, él no consideraba que las cosas pasen a mayores, sólo iban a ser unos besos. Pero ella era rápida, y antes de poder protestar o decir algo, la joven ya lo había dejado con el torso expuesto, y había vuelto a atacar su cuello. No pudo evitar que un escalofrío lo recorra ante esa sensación nueva, era fuerte y más que agradable, aunque a la par del escalofrío sintió una ola de calor ascender por él. Ni siquiera en una feroz lucha había sentido su cuerpo y su mente tan caliente, él era todo control y medida, pero estaba encontrando que le estaba costando mantener la calma y el control. Pretendía ser más caballeroso, pero Kohaku parecía estar determinada a provocarlo y superarlo, así como aumentar el nivel de pasión. Si lo buscaba, lo iba a encontrar, y no estaba decidido si disfrutaba más la idea de dominarla y tenerla a su merced con su superior fuerza, o si "dejarse ganar". Podía probar un poco y un poco, empezando por provocarla y luego ceder, si ella respondía.

Kohaku apoyó sus manos en los firmes pectorales de Hyoga, la piel de él estaba muy caliente, y esa combinación de suavidad y firmeza de sus músculos era más que atractiva. Nunca había tocado a un hombre con esas intenciones, por lo cual la sensación era nueva. Siempre había admirado el cuerpo diligentemente trabajado del lancero, pero en ese momento lo estaba percibiendo de una forma que nunca había imaginado antes. Volvió a besarlo en los labios, imitando el contacto abierto y apasionado que le había gustado, y colgó uno de sus brazos en el cuello de él, al tiempo que deslizaba la otra mano, bajándola y sintiendo casa músculo a su paso, hasta tocar los marcados y duros abdominales de Hyoga. Lo sintió estremecerse una vez más, aunque más suave, y para su sorpresa, a eso le siguió que él colocó sus manos en las caderas de ella, y no conforme con eso las bajó un poco más para apretar su trasero.

La rubia jadeó ante el atrevimiento, no le molestó, pero no se lo esperaba, y en ese jadeo mientras se estaban besando, su lengua rozó la de él. Los dos se frenaron brevemente ante la sensación, mirándose a los ojos con un dejo de sorpresa, un nuevo descubrimiento. Kohaku no perdió el tiempo, y probó de jugar un poco más con eso, sintiendo una ola de calor que le estaba derritiendo las entrañas, y se apretó más contra Hyoga. El peliblanco encontró aquello muy placentero y excitante también, las sorpresas de lo agradable que podía llegar a ser besar a alguien no lo abandonaban, y pensó que tenía que agradecer que Kohaku fuese tan audaz y confiada. Ella primero hacía, luego pensaba, al revés de él, pero en esa ocasión estaba funcionando correctamente.

Recordando su determinación de probar los roles de poder aplicados a esa apasionada situación, la rodeó por la cintura nuevamente, agarrándola fuerte, mientras la giraba con él para empujarla contra la tierra y colocarse encima, agarrándola de las muñecas, inmovilizándola completamente. La rubia lo miró con un brillo tan desafiante como seductivo en los ojos, que él encontró muy estimulante, al comprobar que no tenía ganas de ser dominada, tal como pensaba. Kohaku intentó zafarse del agarre, con una sonrisa en los labios, y como no pudo hacer nada contra la superior fuerza de Hyoga, le rodeó la cadera con sus fuertes piernas. Al menos buscaría alguna forma de retenerlo y limitarlo también, no iba a salirse enteramente con la suya. Sin embargo, tener las manos limitadas la volvió más salvaje, y no le quedaba más que adelantar la cabeza para acercarse a él. Por supuesto que el lancero tenía buenos reflejos, y no dejó que ella lo "atrapara", y en su lugar bajó la cabeza para enterrarla en el cuello de la rubia, besándolo y rozándolo con sus dientes con cierta brusquedad. El gemido gutural que salió de la boca de ella no hizo más que hacerle querer oírlo más, preguntarse cuánto podría hacer para lograrlo.

Su lado introvertido había quedado atrás completamente, pero no podía evitarlo, había algo instintivo y primitivo que había surgido en él, a pesar de sus primeras intenciones de ser más gentil, más correcto. Seguía firme con su decisión de que la situación no se les fuera de las manos, pero cada vez estaba siendo más difícil detenerse, y una parte de él se preocupó de que considerar que Kohaku no iba a dejarlo, así como así. Siendo ella, iba a buscar devolverle sus intenciones y acciones con la misma moneda, contratacarlo, no veía cómo aquello pudiera tener fin. Abandonó el fino cuello de la joven, y subió hasta alinear sus rostros, mirándose con los ojos refulgiendo de pasión, cobalto contra aguamarina. Ambos jadeaban y expulsaban su respiración caliente cerca de la boca del otro, no por cansancio, aunque sí tratando de recobrar un poco el aliento.

Kohaku no podía detenerse, no sabía qué le pasaba, pero no podía –ni quería– detenerse. ¿Cómo habían llegado a algo así? De cruzar un par de palabras, una acción considerada de parte de cada uno, una pequeña broma provocadora... y ahí estaban en ese momento, salvajemente entrelazados, buscando consumirse mutuamente. Tenía que admitir que le gustaba mucho más esa faceta de Hyoga, y de ver que podía ser apasionado en algo más que la lucha, ya que para lo demás era siempre tan sereno y taciturno. Y no dudaba que era un rápido y habilidoso aprendiz, aunque ella tampoco se quedaba atrás, más allá de que mayormente sus manos, su boca y su cuerpo parecían moverse solos por momentos.

Ya que Hyoga había aflojado mínimamente el férreo agarre de sus muñecas, ella trató de deslizarlas hacia abajo y soltarse, pero cuando estaba a punto de lograrlo, él la detuvo, con una peligrosa sonrisa en los labios. Entrelazó sus dedos con los de ella, para que no pudiera "escapar". Kohaku estaba enfuriada pero divertida, el maldito estaba atento a todo, no le dejaba un hueco para agarrarlo desprevenido, digno de él. Por lo que aprovechó para atrapar sus labios y volver a besarlo, siendo correspondida inmediatamente, para su alivio, ya que hasta podía decir que extrañaba saborear sus suaves y carnosos labios. No podía entender por qué era tan adictivo y hasta necesario, nunca había sido muy racional, pero en ese momento no tenía cabeza para otra cosa que no fuera querer más de esas sensaciones. Quería más, quería...

- ¡OH, HYOGA, BUEN CHICO! ¡LO SABÍA! ¡LO SABÍA!

Los dos se sobresaltaron ante el repentino grito agudo de emoción, en el que reconocieron la voz de Chelsea. Estaban en una posición muy comprometida, no había excusa alguna con la que disimular lo que estaba sucediendo. Sin ninguna pena, la joven geógrafa se acercó unos pasos, señalándolo.

- ¡Te hiciste bien el tonto antes, pero a mí no me engañaste! ¡No quisiste admitirlo! ¡Lo sabía! ¡Se aman en secreto! –Continuó, muy entusiasmada– ¡Ya me parecía que había algo entre ustedes, y cuando oí que sacrificaste tu vida por protegerla... ¡AAAH, EL REENCUENTRO! ¡JAJA CHICO MALO! No, no, espera, eres un buen chico...

Chelsea "la directa", siendo muy inoportuna y efervescente, su esencia en estado puro. Hyoga comenzó a alejarse de Kohaku lentamente, pero la geógrafa estiró las manos hacia él, deteniéndolo.

- ¡No, no, no! ¡Yo me voy, ustedes sigan con lo suyo! ¡No se preocupen, este será nuestro secreto de mejores amigos! –Exclamó, guiñando el ojo de una forma muy obvia, los ojos le brillaban de la emoción, mientras se alejaba.

Chelsea se fue dando saltitos, dejando a los otros dos solos allí, muy confundidos y avergonzados. Más allá de haber recuperado su privacidad, fue tan incómodo, que a ambos se les enfrió inmediatamente el impulso apasionado. Hyoga se puso de pie, y extendió su mano a Kohaku para ayudarla a levantarse, quien sonrojada se sacudió la tierra que tenía en la espalda de su vestido. El lancero recogió su máscara y la capa, vistiéndose nuevamente. Ninguno decía nada, pero ambos tenían en el rostro una pequeña sonrisa divertida. Una vez más, las expresiones de Hyoga quedaron ocultas bajo su máscara, y, o era un buen actor, o había recobrado la calma inmediatamente.

- ¿Y? ¿Cuál es el veredicto? ¿Esto también ya es parte de que "lo hago todo tan bien"? –Le preguntó Kohaku provocadoramente, con picardía.

- Tal vez –Le contestó serio, aunque los ojos azules tenían un brillo travieso– Pero nadie es tan bueno con tan poca práctica. Es un estudio diligente, mientras se sigue mejorando.

Hyoga pasó por su lado, ocultando su sonrisa mientras veía la ceja arqueada y la expresión divertida de Kohaku, que tomó esas palabras como una invitación para seguir "entrenando". Al menos en eso, podrían avanzar y mejorar sus habilidades a la par.

Buenaaaas! Inaugurando el Hyohaku, señoras y señores! xD Espero que lo hayan disfrutado, fue muy interesante escribirlo, e imaginarlo jaja. Mucho potencial tiene esta ship, había tantas posibilidades... pero me gustó imaginarlos así, y tratar de que fuera lo más canon posible en sus personalidades, al menos por cómo los veo yo a ambos.

Algún día podría haber otro, sisi... (aunque ya tengo pendientes en la lista, y se me junta el ganado con tantos fics activos para actualizarlos sin tanta demora), por lo que me encantaría saber sus opiniones, sugerencias, y demás, si gustan, yo encantada. Hmm... creo que me falta un Mozuhaku hot (la única que puede ser con Mozu), y ya estamos completos con el harem de la leona jajaja.

Gracias por leer y apoyar, dejando su huellita y desde las sombras xD. Mañana me pongo con el Stanhaku, no prometo llegar al domingo a actualizar, pero le voy a poner onda. Gracias al coloreo de Kaeraarts para la portada! Hasta la próxima!