Nota: Tienen sus 17-18 años, así que es legal... Y pues, si ven a Emma tan atrevida, es que así le nació ser.


Ser discreto era una de las cualidades de Ray.

No por nada llevó a cabo su plan de escape durante 6 años, y de no ser por Norman, estuvo a punto de salirse con la suya al intentar suicidarse. Usándose como sacrificio, en venganza también por la vida que le tocó.

Y pudo haber salido bien... Pero Norman y Emma le dijeron «No» -además de arruinar sus planes– y al final no logró su cometido. Pero bueno, detalles.

El punto es que, Ray era discreto cuando no quería que ciertas cosas salieran a relucir o se supieran. Como por ejemplo, su relación con Emma.

Que era "secreta" de alguna manera, aunque tenía el presentimiento de que esto algunos de sus amigos y hermanos, ya se lo veían venir. Y no le apenaba a decir verdad el demostrarle a Emma (que ya no es Emma) que la amaba, pero prefería que su relación quedase sólo entre ellos dos.

No le gustaba llamar la atención y mucho menos, que su relación fuese tema de cotilleo. Era incómodo e invasivo pero…

Tal vez debió recordar que, Emma, pese a ya no poseer sus memorias, seguía siendo indiscreta. Porque esa mañana…

– Emma, ¿Qué te pasó en el cuello?

Gilda vio las marcas que le había hecho a su queridísima novia –nótese el sarcasmo–, quien se tensó ligeramente y como si dudara de su palabra, se llevó una mano a donde dichas marcas descansaban en la unión entre su hombro y cuello.

Ray tuvo que tragar duro y discreto el café que se estaba bebiendo en la sala de estar. No sabiendo si sentirse aliviado de que fuese Gilda y no alguien más o temer que fuese Gilda quien descubriera las marcas que Emma no logró ocultar.

Vaya, hace tiempo no sentía tanto terror como ahora.

La pelirroja sonrió de manera forzada, tratando a duras pena de maquinar alguna excusa creíble o mínimo, desviar el tema.

Y, ¿Qué mejor manera de señalarle también las marcas que se asomaban ligeramente en la misma zona que en la de ella?

– Lo mismo podría preguntarte yo, Gilda.

Gilda se ruborizó, cubriendo aquella zona rápidamente, maldiciendo mentalmente a Don y de paso reprochándose por no haber sido más cuidadosa esta mañana.

– Tranquila, guardaré tu secreto mientras tú guardes el mío, ¿De acuerdo? – le sonrió con fingida inocencia ante el chantaje que estaba haciéndole. Pero que beneficiaría a ambas.

Ray al mirarlas de reojo vio cómo Gilda volvía lo más "calma" posible a su habitación, y en ese mismo instante Emma se dirigió hacia él con una sonrisa entre culpable y divertida.

– Eso estuvo cerca…

El pelinegro bufó.

– Deberías aprender a ser más discreta. ¿O quieres que sepan sobre nuestra vida sexual?

– Tal vez… Pero no me molestaría que supieran que ya tienes dueña – sonrió con algo de posesividad, acercándose a su novio y bajando levemente el cuello de aquella camisa de manga larga. Revelando así, unas cuantas marcas de mordidas y hematomas que anteriormente se trataban de chupetones.

Y antes de que Ray pudiese replicarle, Emma acercó su rostro a su cuello, mordiendo sobre aquellos dígitos que decían 81194, remarcando las marcas. Sonriendo para sí al sentirlo tensarse y escuchar como un pequeño y casi inaudible quejido salía de sus labios así como también, no le apartaba.

Sólo cuando se sintió satisfecha se apartó, sonriéndole al rostro fruncido y ruborizado de Ray, quien con una mano cubría su boca de paso.

(Eran pequeños detalles que le alegraban la vida).

Y sólo por ese momento, Emma satisfizo sus ganas de Ray.