Serie de drabbles, one-shots y viñetas de headcanons diversos. Sin orden ni continuidad. Créditos correspondientes al artista de la imagen. El mundo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.


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Draco no se consideraba a sí mismo alguien paciente, ni demasiado tolerante o permisivo. Podía admitírselo a sí mismo sin demasiado remordimiento. Vamos, que ya no iba por ahí con una antorcha y un trinche buscando sangre muggle para ofrecerle a su padre, (por suerte, el sentido común había regresado a él luego de una larga y marcada ausencia), pero tampoco es como si fuera una perita en dulce.

No es que no fuera razonable, en cualquier caso. Simplemente tenía mecha corta. No le gustaban los perros porque eran demasiado ruidosos y tendían a oler mal. La primavera hacía que sus alergias se volvieran un dolor de muelas. Los números impares no eran lo suyo. No soportaba las largas colas de las cajas registradoras en el supermercado muggle al que iba. Y el naranja era un insulto a la moda, sin más argumentos, gracias.

Y coronando la modesta lista cosas que lo sacaban de sus casillas estaba el que su prometido metiera su torpe mano en medio de sus minuciosos preparativos para la cena. Como justo ahora. Intolerable.

Era una tibia y despejada noche de sábado. Había terminado su turno en San Mungo temprano, la RMI* estaba ofreciendo una notable variedad de música jazz y había abierto una botella de cerveza especiada que solo se ofrecía en época otoñal. Todo era perfecto para probar la receta que Molly Weasley le había pasado en la última cena familiar. El olor a ajo, jengibre y romero se combinaba con el delicioso aroma de ternera que crepitaba en el sartén. El sonido del agua hirviendo en la olla de las patatas era casi relajante.

Draco de verdad amaba cocinar, le recordaba a la preparación de pociones, aunque con resultado mucho más deliciosos.

Dejó su cerveza sobre la encimera y se dispuso a picar diligente las nueces moscadas que le servirían para agregar a la salsa con que bañaría la carne. Antes de todo ello fue hasta el frutero y seleccionó una de sus codiciadas manzanas verdes, la que sin duda estaría más jugosa. Para que después no se quejará que no lo quería.

Sin demasiado esfuerzo y con una puntería que le hizo lamentar no haber sido cazador en vez de buscador, lanzó la fruta en dirección a la isla, justo frente a la tarta de melaza que se enfriaba en un soporte elevado.

La manzana golpeó la nada y un satisfactorio quejido lo hizo sonreír con malicia.

—Harry James Potter aleja tus sucios dedos de mi tarta —ordenó poniendo los brazos en jarras.

—¡Pero soy invisible! —chilló lamentablemente el moreno descubriendo su cabaza con gesto quejumbroso.

—Podría ser el mismismo Merlín en tanga, para lo que me vale —cortó apuntándole con el cuchillo que aún sostenía en la mano—. Fuera de aquí hasta que termine.

—No seas cruel —dijo deshaciéndose completamente de la capa y dejándola en una de las sillas de la isla—, me estoy muriendo del hambre.

Darco soltó bufido mitad indignación mitad incredulidad.

—Hace ni una hora de terminaste una soda familiar, una bolsa de palomitas de maíz y el kebab que sobró de ayer —recordó girándose para seguir con su tarea.

Solo Merlín sabía como Harry podía mantenerse en forma con ese apetito de hipogrifo. Draco tenía la teoría de era porque ambos tenían el cerebro del tamaño de un pollo, seguro el esfuerzo de pensar demasiado consumía todas sus calorías.

—No puedo evitarlo, Ron volvió mi estómago un pozo sin fondo —argumentó rodeando su cintura con un abrazo flojo y enterrando su rostro en el hueco entre su cuello y hombro. Para total descontento de Draco, Harry había crecido hasta sacarle un par de centímetros— Por favor, moriré de hambre y tu terminarás viudo antes de casarte —señaló con tono caprichoso.

Draco resopló.

—No estoy seguro si supone que esa perspectiva deba desalentarme o convencerme —replicó con burla. Debía terminar la guarnición antes de que la ternera se sobre cociera y quedará seca.

—A veces me preguntó que estaba pensando cuando decidí que eras el amor de mi vida —farfulló el auror. Bajó perezosamente sus manos hasta la pretina del pantalón de Draco, enganchándose con sus pulgares.

—No lo estabas, cariño —mencionó con soltura—. Al menos no estabas usando la cabeza que, me gusta creer, razona —murmuró con una risita.

Con un accio no verbal alcanzó el tazón donde tenía su mezcla de especias y aceite reservándose. Mezcló todo disfrutando de las suaves caricias de Harry en sus costados, un gesto demasiado distraído y familiar.

—Tu eres la muerte del romanticismo —refunfuñó incorporándose para echar un vistazo sobre su hombro.

—Y tu la ruina de mi cena —contrajo poniendo los ojos en blanco—. Ahora largo, ve a ser empalagoso con el sofá.

—Eres una persona horrible — comentó sin sincera intención.

—¿Sabes? —dijo girándose aún en los brazos del moreno, con una sonrisa de medio lado—. Cuando mi día termina contigo diciéndome eso, sé que estoy haciendo algo bien y puedo irme a dormir tranquilo.

Harry lucía a medio camino de estar divertido y ofendido. Se inclinó una vez más sobre él, descansando su cabeza en el hombro del rubio.

—De verdad, de verdad, horrible —aseguró con voz ahogada por la tela de su camisa.

Cuando Draco rio, Harry le reprendió con una mordida juguetona en el cuello, haciéndole dar un respingo.

—Potter, suéltame o no habrá nada para cenar —regañó dándole un codazo cuando las mordidas se transformaron en besos.

El moreno se apartó sin demasiadas ganas.

—Bien, haz lo que quieras, pero que conste que moriré de inanición —amenazó haciendo su camino fuera de la cocina.

—Inanición —repitió alzando una ceja—, así que por fin le disté uso al diccionario que te regalé.

Recibió una mirada aireada a cambio. El moreno recogió la manzana del suelo y la capa de la silla antes de marcharse.

—¡Lava eso o te enfermaras! —reprendió al verlo darle un mordisco.

—Voy a morir de hambre, que mas da un dolor de estómago —dijo encogiéndose de hombros, desapareciendo finalmente por la puerta.

—Merlín se apiade de mí —bufó negando con la cabeza, volviendo a su combinación de especias.

Y así, Draco había instaurado la tranquilidad y el orden en su cocina. Una nueva canción inició de fondo, con un movimiento de varita apagó el agua y bajo la flama de la ternera.

Cuando escuchó el ruido de la televisión echó un vistazo sobre su hombro. Sacó un cuchillo limpio del cajón y encogiéndose de hombros cortó una rebanada de la tarta, que sin mayor ceremonia se llevó a la boca.

Después de todo, él estaba cocinando, debía asegurarse del sabor antes de servir sus platillos.

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* Red Mágica Inalámbrica: Era una estación inalámbrica mágica generalista popular. Cuenta con programas de música, tales como La Hora de las Brujas.

¡Buenas drarritardes!

Lo siento por lo de arriba, pero de verdad tenía que decirlo.

Volviendo a lo importante, es un placer saludar a todxs los lectores que se tomaron un momento leyendo esta tontada.

Esta no es una historia con continuación, solo pequeños escritos inspirados en headcanons de una publicación de Facebook de grupo Fans del Drarry (inserte emoji de serpiente y león), que de verdad me dieron ganas de escribir.

Advierto que esto solo será pelusa domestica con Harry y Draco conviviendo en una relación y todos los pequeños detalles que conlleva. Espero que al menos le sirva para aliviar sus corazones después de leer un buen angst desgarrador.

No hay una dinámica o continuidad, solo lo que en ese momento me inspire. Algunos podrán ser drabbles, otros one-shot, viñetas, otros darán para dos partes, etc.

Y también debo mencionar que este headcanon es de Valeria Castillo *sonido de aplausos* así que gracias por la bonita imagen mental que me diste.

Con todo esto claro, de nuevo gracias por pasarse a leer y pronto espero traerles un capítulo nuevo.

¡Besos!