Samurai X no me pertenece, escribo por que es mi pasatiempo favorito y me gusta imaginar a mis personajes favoritos en universos alternos...

Gracias al género musical Nordic folk, Pagan/orchestra y entre otros nació esta idea medio loca, la historia la llevo trabajando desde el año pasado, la verdad la tenía planeada para otro fandom pero sentía que debía explorar más allá. Al final no me sentí del todo satisfecha por que la idea original fue concebida para Samurai X

Wardruna, Dzivia y Skáld fueron las principales bandas que motivaron mi inspiración. Espero que disfruten de la trama tanto como yo disfrutaba imaginándola. No olviden dejarme su opinión. Besos.


Flashback

El pacto

Asustada corría en medio de la tormenta, su precioso kimono estaba cubierto de lodo y había perdido sus sandalias al tratar de huir. Entre sus brazos llevaba a su pequeña hija e intentaba internarse en el espeso bosque noruego, quería ponerla a salvo de las garras del monstruo que arrebato la vida del hombre al cual había amado con toda su alma. Aun podía escuchar como lo guerreros invasores destruían todo a su paso.

El cabello suelto se pegaba a su rostro mojado, ni siquiera era capaz de sentir el viento helado, a lo lejos vio lo que parecía una vieja cabaña justo en el borde del acantilado y no solo eso, a través de una pequeña ventana se podía ver la luz del fuego alumbrando el interior de la choza. Camino lentamente en dirección al lugar protegiendo a su bebe, volteo hacia atrás para asegurarse de que nadie la seguía.

No había avanzado mucho cuando la puerta se abrió haciendo un extraño rechinar, un agradable calor abrazo su cuerpo, temerosa entro; observo lo pequeño que era, un viejo tapete colgaba de la pared y en la esquina derecha había un montón de paja

¿A qué has venido? aquella voz grave pertenecía al hombre que estaba sentado frente a la fogata que estaba de su lado izquierdo, era curioso pues no había notado su presencia hasta que este comenzó a hablar.

Busco refugio señor sus ojos mantenían una mirada suplicante

Aquel hombre alto y fornido volvió sus ojos ambarinos hacia la mujerTodo tiene un precio Él se levanto

La expresión de Yumi fue de la súplica a la sorpresa, hasta ese momento noto lo enorme que era, supo inmediatamente que no era humano y de pronto la puerta se cerró fuertemente de golpe. Afuera se escuchaba el eco de las voces varoniles.

Ambos se miraron fijamente sin decir palabra alguna

Deseo lo que tú más amas – la voz estaba en su cabeza Yumi vio que el extraño ser había posado los ojos escarlatas en la pequeña bebe

¡No! – Dijo en voz alta y abrazo a su pequeña con más fuerza –No me pidas eso, es… es lo único que me queda– aquello ultimo salió en un débil susurro y las lágrimas empezaron a salir de sus preciosos ojos.

Entonces lárgate de aquí– el enorme sujeto se dejó caer nuevamente en un gran almohadón cerca del fuego

La puerta de madera se abrió sola, Yumi veía como la lluvia caía con furia, el viento soplaba violentamente haciendo que los arboles chocaran entre sí de manera salvaje, por un momento su mirada se perdió en la nada, escuchaba la agitada tempestad contra las rocas del peñasco, sentía claramente el latir de su corazón, estrechó con fuerza entre sus brazos a su hija y con lágrimas en los ojos beso la frente de su niña, la deposito en el suelo y con un sollozo desgarrador salió de la cabaña.

A lo lejos los hombres vieron la frágil silueta de Yumi, con forme avanzaban los cuervos graznaban incesantemente, el ambiente era pesado; algo no andaba bien y podían sentirlo.

El jefe se abrió paso entre los guerreros mostrando una sonrisa sádica y una mirada enloquecida, ahí frente a él estaba la razón de su locura. La consideraba como un amuleto de la suerte, heredera de una gran parte del territorio, famosa por su belleza e inteligencia.

No tienes a donde ir dulzura, por más que huyas no podrás escapar de mi

Ella lo miraba con desprecio, una voz brutal salió de la boca de Yumi –Tu nunca tendrás lo que tanto intentaste arrebatar– ante dicho acontecimiento todos incluido el jefe quedaron perplejos y asustados.

El cuerpo de ella empezó a desvanecerse ante los ojos de todos…

Fin Flashback


I

El Amor

Yumi era hija del jefe, era preciosa y bien educada gracias a su madre, no sabía mucho sobre armas pero se las ingeniaba para ayudar a su pueblo. Su matrimonio había sido arreglado con el heredero del otro clan, se decía que era un joven hábil con las armas y muy ingenioso a la hora de estar en batalla; también que era atractivo y valiente, con un alto sentido del honor. Por esas razones Saito no había dudado en concederle la mano de su hermosa hija.

En su primer encuentro Shishio quedo deslumbrado por la belleza de la heredera de Saito y ella había sido atrapada por el magnetismo que este desprendía, Saito noto esa fuerte atracción entre ambos algo que no siempre se veía en los matrimonios arreglados. Ambos jefes de los clanes estaban satisfechos con el resultad.

Los dos jóvenes comenzaron a verse a escondidas buscando cualquier pretexto para escabullirse y reunirse en las profundidades del bosque, Shishio siempre le llevaba un presente a su futura esposa y ella con gusto lo recibía. Durante sus reuniones ella le había pedido que le enseñara a usar la espada puesto que su padre no permitía que ningún hombre se le acercara y él siempre estaba ocupado, él aceptó gustoso, le agradaba la idea de que su futura esposa pudiese defenderse sin su ayuda ante cualquier eventualidad.

Yumi empezó a llevar bocadillos que ella misma preparaba con mucho cariño para su prometido y que el agradecía infinitamente con cumplidos y dulces besos. Se profesaban un amor sincero y abrasador. Saito se encontraba orgulloso de la futura alianza y veía que su querida hija se encontraba feliz, también sabía que se reunía a escondidas con Shishio y lejos de molestarle había sido un factor para apresurar los preparativos para la unión entre ambos jóvenes.

La boda se celebró entre arreglos florales y un banquete esplendido, la novia lucia más bella que nunca dejando al novio completamente asombrado. Vestida con un bonito kimono de seda color marfil, aquella prenda era un obsequio de sus antepasados evidenciando así su origen. Shishio se sentía muy afortunado y pronto deseo que todo eso terminara para llevarla a su nuevo hogar.

Meses después Yumi le daba la noticia de que sería padre y él había explotado en felicidad, todos se sorprendían de lo amoroso que era con su esposa cosa que nadie jamás había imaginado pues solía ser un joven frio.

Con el nacimiento de su primogénita Shishio se regocijaba de felicidad, había deseado tanto que aquel momento llegara que casi se volvía loco ahora que lo estaba viviendo. Al contrario de lo que muchos en el pueblo pensaban él estaba orgulloso de su querida Kaoru, le enseñaría todo lo que sabía para hacerla una mujer fuerte y determinada, una verdadera reina que protegería a su gente.

Yumi miraba enternecida aquella imagen, Shishio cargaba entre sus brazos a su pequeña mirándola con dulzura y hablándole de todo lo que harían juntos.

El pueblo agradecía aquellos momentos de felicidad y prosperidad, nada faltaba y gracias a la alianza entre ambos clanes podían disfrutar de una gran variedad en alimentos, bebidas, materiales textiles y de más cosas gracias al intercambio mercantil. Sin embargo no en todas las regiones era lo mismo pues aquellas estaban siendo gobernadas por un hombre sin escrúpulos.

El odiaba a Shishio desde hacía mucho tiempo atrás, pues le había arrebatado una gran parte del territorio la cual había mejorado mucho con su reinado a lado de la mujer que una vez había pretendido. Así es, él le había quitado su tierra y a la mujer con la que quería sentar cabeza. Izuka siempre había cortejado a la bella Yumi con obsequios costosos pero Saito siempre intervenía para que estos nunca llegaran a las manos de su hija, teniendo el pleno conocimiento de que ese gusano era miserable y rastrero, Yumi y su pueblo merecían lo mejor.


II

El presente

En el cielo los truenos retumbaban y la fuerza del viento era tal que los arboles chocaban entre si haciendo que algunas aves salieran alborotadas de entre las frondosas ramas buscando un refugio seguro. Un grupo de hombres se encontraban sentados alrededor de una fogata de gran tamaño. El más viejo de ellos tenía una larga barba y tocaba un tambor, su voz profunda pronunciaba una canción en una legua diferente y en un tono melancólico, poco a poco y suavemente un coro de hombres empezaba a seguirle, el ritmo fue aumentando gradualmente y de un momento a otro se detuvieron en seco, el sonido del tambor empezó nuevamente de manera lenta y de entre los hombres una dulce pero potente voz rompió el silencio, un eco agradable le acompañaba.

El viejo Okita miraba a la preciosa nieta de su gran amigo; delicada como una flor pero fuerte como la tempestad, poseía la más hermosa y melodiosa voz que se había escuchado desde hacía muchos años y ahí estaba cantando rodeada de valientes y fuertes guerreros , que acompañaron con tambores y sus propias voces varoniles sin opacar la de ella.

Aquella vieja canción la solían cantar los guerreros después de una dura batalla en signo de agradecimiento por la victoria obtenida.

Las nubes cubrían el cielo, de entre ellas, aquel ser observaba a la hermosa joven que cantaba con fervor para él Kaoru pronunciaba lentamente las últimas frases de la canción cuando un gran trueno retumbo en el cielo y en seguida la lluvia empezó a caer; todos los que se encontraban alrededor de la fogata se levantaron, unos cuantos recogían sus pertenencias y otros se encargaban de apagar el fuego.

Kaoru se levantó y miro el cielo oscuro, escuchaba claramente la furia del viento

Será mejor que entres a tu tienda, no es bueno que mires la tormenta

Kaoru miro a su padrastro y una débil sonrisa se dibujó en sus labios. Se agacho para tomar su espada y sin decir palabra alguna se dio media vuelta y camino hacia sus aposentos provisionales

IIzuka no le quitaba la mirada de encima y así había sido siempre, la odiaba tanto como a su padre.

Luchar con espada en mano y defender su vida a costa de todo era lo que le habían enseñado desde pequeño convirtiéndose en el mejor y más sanguinario guerrero de todo el lugar. El jefe ansiaba arruinar la vida de la única con sangre noble y sabía que el pelirrojo era perfecto para su preciosa hijastra.

Pero las cosas no siempre salen como uno quiere, alguien más anhelaba tener el corazón de Kaoru y ese alguien no estaba dispuesto a cederlo.

Kenshin ya estaba dentro de su tienda, junto a él yacía una mujer de peculiar belleza. Ella se encontraba semidesnuda limpiando con un trapo húmedo el cuerpo de su hombre.

Tomoe y Kenshin se conocían desde pequeños y con el paso del tiempo la amistad dio paso al amor. Al padrastro de Kaoru eso lo tenía sin cuidado, sabía de antemano que ellos no habían podido tener descendencia en todo el tiempo que llevaban juntos así que tarde o temprano cuando él le concedería la mano de su amada hijastra él no la rechazaría; también sabía perfectamente que Kaoru no le era indiferente al guerrero, en más de una ocasión había notado como la miraba.

Izuka lo conocía muy bien, había visto su inteligencia y ambición en cada una de las asambleas y en batalla era un hábil y orgulloso guerrero, justo las características que le hacían digno para tomar su lugar.

Injusto, siempre había sido así, Kaoru conocía los planes de su padrastro y descubrió lo retorcida que era su mente. El pelirrojo era apuesto pero aterrador y además ya compartía su vida con alguien más, ella no estaba dispuesta a interferir en su matrimonio y mucho menos a obedecer solo porque se lo ordenaba el jefe.

La lluvia caía con mayor fuerza y por un momento Kaoru temió que su tienda se viniera abajo, le asustaba aquel clima desde que era una niña, siempre que había una tormenta se quedaba a lado de su abuela y esta le cantaba una dulce canción celta para que se calmara. Se había quitado sus ropas y ahora se encontraba solo con un camisón blanco, mientras cepillaba su cabello cantaba nuevamente aquel rezo.

Él sentía como su adorada Kaoru le entregaba aquel poderoso sentimiento, su voz femenina lo llamaba y no estaba dispuesto a ignorarla, bajaría solo por ella. Estaba parado frente a la entrada de su tienda percibiendo el embriagante olor a jazmín, podía ver a través de las pieles como ella se acomodaba para dormir.

Saco su mano de la capa y la acerco a sus labios después soplo como si en ella tuviera polvo.

Entre recuerdos y pesares Kaoru se quedó dormida, su subconsciente empezó a revelar imágenes que no lograba entender.

En el sueño estaba una mujer en medio de la tormenta vestida de forma extraña, el cabello lo llevaba suelto; algo tenía su mirada pero no sabía que era con exactitud, de pronto una sombra enorme apareció tras de ella, esta abrazo a la frágil mujer sumiéndola en una oscuridad total, unos ojos escarlatas aparecieron; la miraban fijamente

Me perteneces…

Al mismo tiempo en la tienda de Himura…

Admito que Kaoru tiene muchas cualidades y me siento un poco celosa de ella…– Kenshin ni siquiera la miro solo siguió sentado comiendo un trozo de pan

Tomoe miro tristemente aquella expresión, sabía perfectamente que su pelirrojo pensaba mucho en su futuro con la joven heredera. No dijo más y se acostó, cubriendo su cuerpo con algunas pieles y dándole la espalda al que una vez había sido el amor de su vida. Una cosa era clara, ella había pasado a ser solo una compañera de guerra y el titulo de esposa se había esfumado desde hacía más de un año. Intento restablecer el lazo que los unía pero él era tan indiferente que era imposible y además con cada rechazo quebraba su corazón.

Kenshin miro como Tomoe se encogía tratando de calentarse, claro que le había amado con locura en el pasado pero de alguna manera había empezado a sentirse tan atraído a la hija del difunto Shishio desde que entrenaba con ellos y las cosas habían empeorado desde que supo que el maldito IIzuka quería que el fuera el nuevo líder junto a Kaoru.

Escuchaba que el cielo rugía con furia pero eso no le importaba, se puso su camisa y un abrigo de piel, sin voltear atrás salió de la tienda. Camino con paso firme hacia donde estaba la carpa de Sanosuke pero algo llamo poderosamente su atención, a unos metros de él se podía ver el lugar donde dormía Kaoru y eso no era todo, un enorme bulto estaba justo en la entrada, la silueta no tenía forma, no podía ver más pues llevaba una capa color blanco

Su mirada mostraba una mezcla de amor y pasión, no importaba como pero Kaoru lo hipnotizaba y su espíritu lo enamoraba. Fue cuando noto la presencia de un intruso, el cual había roto con aquel mágico y especial momento.

¡¿QUIEN ERES?! –grito para hacer escuchar su voz en medio de la tormenta. Estaba dispuesto a caminar hacia el para encararlo cuando de pronto la gran cosa se volvió para mirarlo de una forma amenazante, la capucha le cubría la cabeza y extrañamente sus ojos color ámbar brillaban, en ese momento sintió un aura terriblemente poderosa

No podía moverse ni tampoco podía romper el contacto visual. La lluvia caía con más fuerza, se sentía sofocado y tenía un terrible dolor de cabeza, sin poder evitarlo cayó al suelo en lo que parecía un profundo sueño.


III

La Visita

Despertó aturdida y rápidamente se levantó, estaba teniendo una horrible pesadilla y justo en el momento clímax escucho como gritaban aquella pregunta, sin pensarlo salió creyendo que tal vez algo malo sucedía, lo que sus ojos vieron fue a un hombre tirado justo a un lado de donde habían hecho la fogata. Corrió descalza sin importarle la fuerza de la lluvia, resbalo por culpa del lodo cayendo de rodillas junto al pelirrojo

¡Despierta!– sostenía el rostro masculino entre sus delgadas manos, con una de ellas daba suaves golpes en su mejilla, justo donde estaba su cicatriz.

Kenshin despertó poco a poco, frente a él estaba la que sería su futura esposa. Se incorporó con pesadez y observo lo bonita que se veía. Por otro lado ella ni siquiera era consciente de la vista provocativa que le brindaba al pelirrojo.

¿Estás bien? –Kaoru observo la frente de él y acerco su mano, hizo a un lado los pequeños mechones rojos que se escapaban de su coleta

Sí, solo me duele la cabeza– la observaba profundamente

La herida no es muy profunda– mientras ella examinaba su frente él la examinaba a ella. Algunos mechones negros se le habían pegado en las mejillas gracias a la lluvia y no solo eso, la tela blanca que llevaba puesta estaba empapada, claramente podía notar los pezones endurecidos de la chica y lo redondo de sus pechos. No era capaz de sentir frio, más bien se sentía caliente y con la boca seca.

Deberías volver a tu tienda con Tomoe para que te cure– Esa frase lo hizo volver a la realidad, observo los ojos de Kaoru, que eran de un azul muy bonito, podía apreciar la franqueza en ellos.

Le agradezco su ayuda, ahora vaya adentro que debe estar muriendo de frio– miro sus piernas desnudas y llenas de suciedad

Ella enrojeció de vergüenza, tanto que sentía la cara caliente

En un acto atrevido acaricio con las yemas de sus dedos los labios de Kaoru –Si ya te anhelo al presentir tu marcha, blanca nube distante que será de mí…

Asustada puso distancia, lo miraba fríamente; sin ningún tipo de duda se levantó dándose media vuelta y se alejó de él sin ni siquiera decir adiós.

Kenshin ardía de deseo por ella, y sin pudor alguno había cruzado el límite. Una cosa era que su padre lo quisiera para líder y otra lo que el significaba para Kaoru, y eso había quedado claro cuando mencionó a Tomoe; no era más que un hombre cuya responsabilidad era hacer feliz a otra mujer pero aquello estaba resultando muy difícil.

Antes de entrar limpio sus piernas con el agua que caía, una vez que terminó entro y se quitó la prenda mojada quedando solo en calzoncillos, busco entre sus cosas ropa seca, se quitó su diminuta prenda y se puso un conjunto limpio.

Después de un rato ahí estaba, durmiendo tranquilamente…

A mitad de la madrugada escucho el graznido de un cuervo, abrió los ojos y noto que la lluvia ya había cesado, el animal seguía haciendo ruido de manera insistente. Se sentó y tallo sus ojos con sus manos, delante de ella estaba un hombre sentado en posición de mariposa mirándola fijamente, un particular brillo en sus ojos la alerto de que ese hombre no era humano.

Apenas se podían notar los finos rasgos de su rostro y aun así podía ver lo atractivo que era; su cabello era largo y lo llevaba amarrado en una coleta baja

Desde hace tiempo pienso en ti…- su voz era grave

Pestañeo varias veces, estaba completamente confundía

Siempre escucho tu voz…– se levantó lo suficiente para poder salir del pequeño lugar

Kaoru hizo a un lado las pieles, había algo dentro de ella que se sentía fuertemente atraído hacia ese hombre, no sabía que ni quien era pero fue tras él. En el cielo no había rastro de nubes, estaba despejado, tan limpio que podía ver millones de estrellas y en lo más alto la luna llena alumbraba el campamento. Observo a su alrededor y noto que todos seguían durmiendo, llevo la mirada nuevamente a su inesperado visitante y por fin supo que aspecto tenia.

Era un hombre muy alto y su complexión denotaba fuerza, llevaba aun la capa blanca encima que solo le permitía ver su pantalón oscuro. La curiosidad la arrastro hacia él

¿Quién eres? –no apartaba la vista de el

Tenía una sutil sonrisa en los labios – Tu sabes bien quien soy, siempre cantas para mí

Un parpadeo fue suficiente para acercarse, ella estaba a unos centímetros de él.

¡¿Que fue eso?! – el corazón le latía fuertemente, había sentido como una fuerza le oprimía y de la nada estaba ahí parada muy cerca de él, la cabeza le dolía y todo a su alrededor daba vueltas.

Con una de sus manos Tomo la de Kaoru y con la otra la sostuvo de la cintura atrayéndola hacia el.

Debes disculparme, olvide que eres frágil

Kaoru alzo su vista para verlo mejor, los ojos ya no le brillaban pero si seguían de color ámbar y con un aire peligroso, el flequillo le caía alborotado sobre su rostro, al seguir bajando se perdió en sus labios, el deseo de probarlos se apodero de ella.

Por favor dime quién eres– la mirada de Kaoru era suplicante

Sentía como la delicada mano que quedaba libre se posaba en su brazo y como la otra apretaba el agarre. El olor de la chica era una potente droga.

Acerco su nariz al cuello femenino, Kaoru se había ruborizado pero aun así disfrutaba del cosquilleo que el contacto le provocaba, poco a poco el hombre acerco los labios al oído de la joven.

Hiko y he venido por ti – lentamente rozo su nariz contra la mejilla de Kaoru hizo un breve recorrido y unió sus labios con los de ella en un beso inesperado.


Como verán este no es un Kenshin/Kaoru, el maestro Hiko es un personaje que me gusta mucho, leía hace unos meses los mangas de Samurai X y mi mente macabra empezó a trabajar. Como dije la idea original fue con estos estos dos personajes (Hiko y Kaoru), quería hacer un one shot pero es demasiado extenso que podría dar flojera leerlo en una sentada, así que lo dividí en dos partes… (aunque creo que la segunda será mucho más corta que esta).

Sigo trabajando en las demás historias, pero esta la tenía en el tintero y no podía sacármela de la cabeza.