Capítulo 12: Últimos días de un recluta.

Diario de un recluta

Entrada #256

Una vez hubo un gato en nuestra familia.

Perteneció a mi hermano. Él ama a los animales. Su nombre era Señor Bigotes. Que en paz descanse el maldito desgraciado.

Lo único que hacía ese maldito gato era comer (era un jodido gato obeso que apenas podía con su propio peso) dormir en mi regazo o sobre mi pecho cuando estoy en mi cama y acercarse a mí para que lo acaricie por unos minutos y luego irse sin más.

En ese sentido, Annie es bastante similar.

Mi relación con ella era bastante curiosa. Nos reuníamos por las mañanas para entrenar juntos y cuando nos tomábamos un descanso, a ella le gustaba recostarse por mi hombro o por mi espalda. Y a veces, cuando me encontraba solo en algún lugar, como pelando patatas en la cocina o de guardia en la torre de vigilancia, ella se acercaba para besarme y luego irse sin decir ninguna palabra.

Algunas veces me sentaba con ella durante las cenas, lo cual no era extraño. Incluso antes de que comenzáramos a salir hacíamos eso, e incluso teníamos una leve charla donde lograba sacarle alguna que otra sonrisa. Y en extrañas ocasiones nos acompañaban Sasha, Ymir y Krista. Por la leve sonrisa en los labios de Annie, era obvio que ella lo encontraba agradable.

Todos catalogaban a Annie como alguien fría. Alguien que no demostraba cariño, amor o algún otro sentimiento que no fuera apatía o una fría indiferencia. Pero solo hacía falta conocerla para saber lo equivocados que estaban.

Ella tenía fuerza, poder y determinación en sus manos cuando entrenaba su estilo de pelea. Un fuego único que ardía fuertemente en sus ojos azules. Y encanto en sus labios.

Annie Leonhart no me robó el corazón, yo se lo regalé. Y no me arrepiento de ello en lo más mínimo.

El entrenamiento estaba llegando a su fin. Y yo solo podía pensar en que finalmente volvería a reunirme con mi hermano luego de tres años. Esta vez, como un camarada.

Y cuando cumpla mi objetivo de retomar Wall Maria, quiero que Annie sea parte de mi futuro.

Y para que eso ocurra, tengo que quedar entre los diez mejores reclutas.


La lluvia caía de manera constante del cielo, convirtiendo la tierra en barro y tornando el aire húmedo y frío. Pero eso no les impidió a los reclutas de la tropa 104 avanzar por el dificultoso camino, cargando pesadas mochilas sobre sus espaldas.

Era el año 850, había pasado más dos años desde que los reclutas se habían enlistado para convertirse en soldados y estaban cerca de finalmente culminarlo. Solo quedaba unos pocos meses para su graduación, por lo que todos sabían que cada ejercicio que les impartía Shadis tenía un impacto sobre sus calificaciones finales, siendo este uno de los principales. Un ejercicio que Shadis llegó a llamar ¨El ejercicio del recluta muerto¨

Una prueba de resistencia donde los instructores dividían a los reclutas en equipos de 15 integrantes y consistía en que los reclutas debían de correr durante horas cargando pesados equipos sobre sus espaldas bajo la fría lluvia, lo que lo volvía aún más difícil debido a que tenían que correr sobre el barro, haciendo que cada paso pesara más que el anterior. Y lo peor de todo era que no dejarían de correr hasta que 3 de los 15 reclutas renunciaran y abandonaran el entrenamiento militar.

Era el tipo de ejercicios que a Shadis más le gustaba. Un ejercicio físico y mental donde ponías a prueba no solo tu cuerpo sino también tu mente y voluntad. Probaba tus límites y te obligaba a superarlos, o a renunciar al hecho de ser un soldado.

— ¡Van demasiado lentos! —bramó el instructor Shadis desde la cima de su caballo—. ¡Corran, malditos desgraciados!

Entre los reclutas que iban al final de la fila se encontraba Armin, quien jadeaba fuertemente intentando recuperar el aliento. Él sentía los pulmones arder y los músculos gritar debido al dolor de llevarlos más allá de sus límites.

— ¡¿Qué sucede, recluta Arlert?! —preguntó Shadis—. ¡Te estás quedando atrás! ¡¿El equipo es demasiado pesado para ti?! ¡¿Acaso quieres ser el único que vaya sin equipo?!¡¿Quieres renunciar?!

—No… ¡No lo haré, señor! —respondió Armin, obstinadamente.

— ¡Si esto fuese una misión real, ya habrías sido devorado por los titanes! —reprendió Shadis antes de adelantarse montando a su caballo.

—Maldición…

— ¡Dame eso!

El equipo que llevaba Armin sobre su espalda le fue arrebatado por Reiner, quien lo colocó en su espalda y lo llevó.

— ¡A este paso, no podrás resistir y renunciarás! —dijo Reiner— ¡Recuerda que en este ejercicio nos están evaluando!

—Pero si cargas mi equipo… ¡te penalizarán! —protestó Armin entre jadeos.

— ¡Entonces procura que no se den cuenta! ¡Mi opinión no cambiará!

Desde la montura de su caballo varios metros delante, Shadis observaba la interacción de ambos reclutas.

¨Reiner Braun¨ pensó Shadis ¨ Posee una gran fortaleza física y mental. Sus compañeros confían profundamente en él y se ha destacado en todos los ejercicios. Un soldado ejemplar¨

—Armin.

El chico rubio volteó para observar a Victor, quien lo miraba con seriedad. El chico con lentes era el único que no llevaba puesto la capucha sobre su cabeza para cubrirse de la lluvia, causando que su cabello negro se adhiriera su frente, pero eso no pareció molestarle debido a que llevaba sus lentes de entrenamiento para cubrir y proteger sus ojos.

—Victor…—dijo Armin entre jadeos—. No te preocupes… Puedo… Puedo hacerlo…

—Sé que puedes hacerlo—asintió Victor, para sorpresa de Armin—. Puedes ser el más débil físicamente entre nosotros, pero tu voluntad es más fuerte que cualquiera. ¡¿Quieres demostrar que no eres una carga?! ¡Entonces ahora es el momento! ¡Así que levanta la cabeza y avanza!

Con eso dicho, Victor aumentó el paso y fue posicionarse frente a todos los reclutas.

Armin observó la espalda de Victor. Él tenía razón. Se negaba a ser una carga para sus compañeros. No abandonaría.

—Tiene razón—dijo Armin, frunciendo fuertemente el ceño—. ¡No seré una carga!... ¡Prefiero morir a serlo!

Con un renovado fuego en sus ojos, Armin aumentó el paso y le arrebató su equipo a Reiner para posicionarse junto a Victor, incluso si parecía a punto de desmayarse.

Victor sonrió levemente al ver la resolución en los ojos de Armin.

¨Armin Arlert¨ pensó Shadis, al observar al chico rubio ¨Su carencia de fuerza física lo compensa con su gran capacidad intelectual. Y una fuerte voluntad de no rendirse¨

La fija mirada del instructor luego se posó en la espalda del único recluta que no tenía una capucha puesta y entrecerró los ojos.


Al día siguiente, la lluvia había parado, pero los reclutas seguían con su intenso entrenamiento.

Esta vez, podrían a prueba sus habilidades a la hora de utilizar el EDM3D para cortar las bolsas de goma en las nucas de los titanes. Un ejercicio diferente a lo normal debido a que esta vez era una evaluación de habilidades individuales y no en trabajo en equipo como lo era normalmente.

El sonido de gases siendo liberado y de los cables siendo retraídos llenó el bosque cuando los reclutas buscaron constantemente sus objetivos; los maniquíes de titanes.

Cuando uno de los maniquíes fue alzado por algunos instructores, los reclutas arremetieron con el objetivo de cortarlo.

De esos reclutas, tres se destacaron al cortar eficazmente la bolsa de goma. Al menos, dos de ellos lo hicieron al hacer un corte profundo hasta la base, mientras que uno de ellos solo pudo hacerlo hasta la mitad.

¨Annie Leonhart¨ pensó Shadis, observando desde una plataforma elevada el ejercicio ¨Se destaca en el combate cuerpo a cuerpo y maneja el EDM3D con precisión a la hora de ataque. Pero no trabaja bien en equipo, a excepción de un solo recluta. Ella es un lobo solitario¨

Su mirada se posó en el alto chico, quien había hecho un corte profundo al igual que Annie.

¨Bertolt Hoover. Posee un gran potencial, pero carece de iniciativa. Siempre está un paso detrás de sus compañeros. Debido a eso, sus habilidades no sobresalen como debería¨

Por último, su mirada se posó en el recluta que solo había cortado hasta la mitad del saco de goma.

¨Jean Kirstein. Su habilidad en el manejo del 3DM3D se encuentra entre los mejores de los reclutas, pero su actitud desafiante provoca conflictos durante el trabajo en equipo¨

— ¡Si estoy junto a esos dos no puedo lucirme! —gruñó Jean con molestia al observar que solo había cortado hasta la mitad del saco de goma—. ¡No tengo más opción que buscar un maniquí de titán por mí mismo!

Y eso hizo. Con su destacada habilidad en el EDM3D, Jean buscó un nuevo maniquí con el objetivo de lucirse para tener una buena evaluación.

¨ Quien ingresará a la Policía Militar… ¡seré yo! ¨ pensó el con determinación.

No tardó mucho en encontrar un nuevo maniquí, causando que sonriera con orgullo y anticipación. Pero su momento de felicidad duró poco.

— ¡Gracias, Jean!

Jean volteó para observar con asombro y molestia cuando Connie apareció de entre los árboles con el objetivo de cortar el maniquí que Jean había encontrado.

— ¡Seguirte fue la elección correcta! —se regodeó él—. ¡El maniquí es mío!

Pero su declaración fue errónea cuando un nuevo recluta pasó rápidamente a su lado y cortó la bolsa de goma que había en el maniquí del titán.

— ¡¿Qué…?!

— ¡Lo hice!

Ambos voltearon para ver a Sasha celebrar su victoria, balanceándose con su 3DM3D con los brazos en alto.

¨Sasha Blouse. Tiene una gran facilidad al manejar el equipo de manera poco ortodoxa, pero eficaz. Eso, sumando a su excentricidad, la hace poco apta para operaciones en grupo¨

¨Connie Springer. Es un experto en realizar movimientos bruscos y giros precisos con el equipo, pero su mente no es lo suficientemente precisa¨

Shadis anotó sus evaluaciones de los reclutas para luego usar su equipo y posicionarse en otra plataforma para observar a los demás reclutas.

Cuando cinco maniquíes más se elevaron del piso, rápidamente fue notado por varios reclutas, quienes aceleraron con la intención de cortarlos.

De entre esos reclutas, dos fueron los primeros en llegar.

El primer recluta fue Mikasa, quien con velocidad y precisión impresionantes pudo cortar hasta la base de los sacos de goma de dos titanes.

El segundo fue Eren, quien, a pesar de sus intentos, solo pudo hacer un corte hasta la mitad del saco de goma.

¨ ¡Mierda, no fue tan profundo como el de Mikasa! ¨ maldijo Eren en sus pensamientos.

¨Mikasa Ackerman ¨ anotó Shadis en su portapapeles ¨ Su conducta es sobresaliente en cada uno de los ejercicios. Posee un talento sin precedentes y es considerada uno de los mejores alumnos en nuestra historia¨

¨Eren Jaeger. No posee ningún talento excepcional, pero ha mejorado sus habilidades a través de una gran perseverancia. Además, es impulsado por un gran sentido de determinación¨

—No importa—dijo Eren, mirando a los tres maniquíes que aún estaban intactos—. Yo aún puedo…

Sus palabras se detuvieron cuando observó un borrón pasar junto a él e ir directamente hacia los maniquíes. En tan solo segundos, dos de los tres sacos de los maniquíes no solo fueron cortados, sino que fueron totalmente destrozados.

— ¡¿Pero qué…? —Eren exclamó. Abrió los ojos con sorpresa al reconocer a la figura que se adelantó—. ¡Victor!

A diferencia de los otros reclutas que cortaban los sacos de goma y aún quedaba espacio para hacer otro corte, la forma en la cual Victor cortó los sacos de goma fue diferente. Lo hizo de una manera tan brutal que no quedó nada atrás.

¨Victor¨ anotó Shadis ¨Sus habilidades son, a falta de un mejor uso de palabras; aterradoras. A pesar de comenzar siendo uno de los reclutas más débiles, luego de un año, ha sobresalido de una manera inigualable en cada uno de los ejercicios. Pero sin lugar a duda lo más destacable de él…¨

Victor miró sobre su hombro y guiñó el ojo detrás de sus lentes de entrenamiento a la vez que daba una pequeña sonrisa cuando fue hacia el último maniquí y, para total sorpresa de Eren, pasó de largo sin dañarlo.

Por un segundo, Eren pensó que Victor le dio el camino libre para cortar al maniquí. Pero eso fue refutado cuando dos nuevos borrones pasaron a su lado y cortaron el cuello del maniquí.

La primera fue Krista, quien había hecho un corte hasta la mitad del saco.

Y la segunda fue Ymir, pero ella solo había cortado un tercio del saco.

Esa acción fue notada por Shadis, quien terminó de escribir su evaluación sobre Victor.

¨… Es su liderazgo y su sentido del compañerismo¨


Durante el ejercicio de combate cuerpo a cuerpo, Armin intentaba convencer a Eren de que desistiera a lo que intentaba hacer.

— ¿Estás seguro de esto, Eren? —preguntó él, por lo que fue la tercera vez—. Él se ha vuelto muy fuerte en el combare cuerpo a cuerpo. Tal vez incluso más fuerte que Mikasa.

Mikasa entrecerró los ojos ante eso, pero no dijo nada. Porque ella pensaba que tal vez Armin tenía razón.

A pesar de las palabras de su mejor amigo, Eren no renunció a sus deseos de pelear mientras seguía estirando sus músculos, preparándose para el inminente combate.

—No lo sabré hasta que lo intente—dijo Eren—. Además, necesito saber que tan lejos he llegado desde que Annie me entrenó.

Con eso dicho, Eren caminó hacia donde esperaba su oponente, pero se detuvo al escuchar que lo llamaban.

—Eren…

Él volteó para ver a Mikasa, quien lo observaba con preocupación. Eso lo molestó, ya que pensó que Mikasa intentaría detenerlo diciendo que era peligroso y que no debía hacerlo.

Pero se sorprendió gratamente cuando ella dijo:

—Haz tu mejor esfuerzo.

Eren y Armin abrieron los ojos con sorpresa. Era la primera vez que Mikasa decía algo como eso. La primera vez que Mikasa apoyaba a Eren y lo incentivaba a hacer algo en lugar de querer protegerlo. Y, aunque Mikasa aún se veía algo preocupada, se veía sincera en su deseo de apoyarlo.

—Sí. Eso haré—asintió Eren con una sonrisa y se paró frente a su oponente, quien estaba estirando sus músculos—. ¿Estás listo, Victor? Porque no pienso contenerme.

—Bien. Porque sería imprudente y estúpido de tu parte hacerlo, Eren—dijo Victor, alzando sus gafas de entrenamiento sobre su frente—. Especialmente si te enfrentas a mí.

—Ya no soy el mismo chico de antes que peleaba como si fuera un matón. Ahora soy más fuerte.

—Puedo ver que Annie te ha entrenado bien. Es una buena maestra—asintió Victor con un tono apreciativo en su voz—. Pero yo juzgaré si te has vuelto más fuerte. La fuerza no solo radica en tus habilidades físicas.

—Es un poco arrogante de tu parte pensar que puedes juzgarme cuando al principio del entrenamiento ni siquiera podías dar un golpe—replicó Eren.

—Como tú dijiste; ya no soy el mismo de antes. He aprendido de mis errores y he mejorado. Ahora, la cuestión es; ¿tú lo has hecho?

Eren frunció el ceño ante eso.

—Por supuesto que lo he hecho. Y te lo demostraré—él declaró, adoptando una pose similar a la de Annie—. ¡Te mostraré lo fuerte que me he vuelto!

Victor estudió la pose de Eren. A pesar de poder ver algunos huecos en ella, era una postura sólida. Él asintió en señal de reconocimiento.

Crujió los huesos de su cuello y adoptó su propia pose de pelea. Las piernas separadas, una delante de la otra y los brazos alzados a la altura de los hombros. Era la hora de probar que tal lejos había llegado con su nuevo estilo.

Los reclutas no tardaron en aglomerarse a su alrededor formando un círculo. Todos miraban de manera expectante la pelea de quienes reconocían que eran los mejores reclutas de la tropa N.º 104.

— ¿Quién creen que ganará? —preguntó Marco, incluso él se veía emocionado.

—Victor—declaró Jean, cruzándose de brazos—. Sin duda alguna.

— ¿Eso piensas? Pues… yo creo que Eren es muy bueno—comentó Connie—. Puede darle muchos problemas a Victor.

—Sí, pero Victor es…—Sasha dejó la declaración inconclusa, sin saber cómo terminarla. Todos sabían lo mucho que Victor había cambiado. Lo fuerte que se había vuelto.

—Será inútil—sentenció Ymir—. La Oveja acabará con Eren.

— ¿Cómo estás tan segura? —cuestionó Connie.

Ymir entrecerró los ojos en dirección a Victor.

—Llámalo instinto. El mismo instinto que advierte a una presa de que está en presencia de un depredador.

— ¿Tú quién crees que ganará, Annie? —preguntó Krista a la chica que se mantuvo apartada.

Annie no respondió, pero aun así veía con intriga la inminente pelea. Sus ojos no se apartaban de Victor, y de su extraña pose de pelea que le resultaba familiar. La misma pose de pelea que solo había utilizado una vez contra ella.

Supo el resultado del enfrentamiento solo al ver eso.

Los murmullos de excitación de los reclutas resonaron por el campo, pero eso no distrajo a Victor y Eren, quienes se estudiaban con la mirada fijamente. Eren se mantuvo firme en su posición mientras que Victor, extrañamente, rebotaba de un pie a otro.

Al ver que Victor no atacaría, Eren fue el primero en hacer su movimiento.

Atacó con ferocidad y rapidez con un golpe a nivel de la cara que Victor esquivó haciéndose a un lado y realizando una patada giratoria a nivel del abdomen que Eren evitó justo a tiempo dando un paso atrás, pero no terminó allí. Victor volvió a arremeter con una patada vertical que casi golpeó a Eren en la mandíbula de no ser porque retrocedió nuevamente, pero no contó con que Victor volviera a bajar el pie brutalmente en una patada de hacha y lo golpeara con el talón. Eren llegó a cubrirse justo a tiempo con el antebrazo, pero el golpe causó una mueca de dolor en él.

Se sacudió el brazo con la intención de atenuar un poco el dolor y volvió a atacar con una serie de jabs a nivel de la cabeza que Victor esquivó torciendo el cuerpo de un lado a otro. Eren intentó realizar un rodillazo al abdomen, pero Victor lo bloqueó con sus manos.

Sintiéndose cada vez más frustrado por sus ataques fallidos o bloqueados, Eren volvió a arremeter con una serie de patadas y golpes, los cuales fueron evadidos o bloqueados por Victor, causando que su frustración aumentara aún más.

Eren dio una patada lateral a nivel del muslo de Victor, quien levantó la rodilla para protegerse. Sin ceder el ritmo de ataque, él volvió a intentar patearlo, pero Victor giró hasta darle la espalda y le dio una fuerte patada con la planta del pie a Eren en el abdomen como si fuera una mula, el golpe causó que Eren diera un paso atrás debido al intenso dolor, pero Victor no terminó allí. Volvió a golpear a Eren con una patada giratoria a nivel del costado del abdomen, luego a nivel del hombro y por último a nivel de la cabeza, todo con la misma pierna, causando que Eren caiga al piso debido al último golpe que lo aturdió levemente.

—Maldita… sea…—gruñó Eren desde el piso.

— ¿Sabes cuál es la cosa más importante en una pelea, Eren? —preguntó Victor.

— ¿Buscar una apertura en tu oponente y atacarlo sin piedad? —inquirió él, mientras se erguía del piso.

—Ja. Eso es algo que Annie diría—se rio Victor—. Y no se equivoca. Pero hay algo mucho más importante.

— ¿Y cuál es?

Victor hizo un gesto con los dedos para que Eren se acercara, incitándolo a volver a atacar.

—Tal vez si conectes un golpe te lo diga.

Frunciendo el ceño con irritación, Eren gruñó y volvió a atacar con una serie de jabs al rostro, quien Victor esquivó haciéndose a un lado una y otra vez o desviando los golpes con sus manos. Eren se acercó y agarró a Victor por la nuca con ambas manos y lo golpeó con la rodilla derecha y luego con la izquierda a nivel del abdomen, pero Victor los detuvo con los brazos y luego empujó a Eren en el pecho, causando que él retrocediera.

Victor no desaprovechó ese momento cuando volvió a golpear con una patada giratoria a nivel del abdomen. Eren esquivó el golpe torciendo su cuerpo hacia atrás, pero con lo que no contó fue que Victor giraba 360 grados y volviera a patear a nivel de la cabeza con la misma pierna. A pesar de que Eren alcanzó a cubrirse justo a tiempo, la fuerza que había detrás de la patada rompió su defensa y causó que se tambaleara hacia atrás y casi cayera al piso.

Apretando los dientes con molestia y frustración, Eren atacó, pero Victor giró levemente y pateó a Eren en el abdomen con la planta del pie, causando que él se encorvara y jadeara debido al dolor. Victor flexionó su pierna aún levantada y le dio a Eren una patada lateral directo al rostro, tumbándolo en el piso.

Todos los reclutas hicieron una mueca de dolor al ver el golpe que tiró a Eren al piso. La patada fue tan fuerte que causó que su nariz comenzara a sangrar al igual que su boca.

—Carajo, eso tuvo que doler—comentó Ymir, haciendo una mueca de dolor debido al último golpe—. La Oveja no se está conteniendo.

—Eren…—susurró Armin con preocupación por su amigo.

Mikasa no dijo nada, pero era obvio que estaba preocupada por Eren. Ella quería intervenir, pero una sola mirada de Victor bastó para detenerla. A esto se refería Victor con dejar que Eren peleara sus propias batallas. De confiar en él. Ella no podría estar siempre allí para él y que la mejor manera de saber que Eren estará a salvo es saber que él puede defenderse por sí mismo. Y para eso, él necesitaba estos entrenamientos.

Tragándose el sentimiento amargo que sentía en su garganta, Mikasa retrocedió.

Victor estudió a Eren por unos segundos mientras que él hacia un esfuerzo por intentar levantarse y orientarse debido al último golpe que recibió.

—La cosa más importante en una pelea, Eren, es saber mantener la calma—dijo Victor, ganándose la atención de Eren—. Mantener la cabeza fría en todo momento. Incluso si tu oponente se burla de ti como yo lo hice. Incluso si la rabia y frustración inundan tu cuerpo, debes de mantener la mente fría. Porque si no lo haces, si dejas que la rabia dicte tus acciones, tus movimientos se volverán erráticos y predecibles. Lo que acaba de ocurrir en un claro ejemplo.

Victor se acercó y le tendió una mano al desorientado Eren.

—Si eres capaz de mantener la mente fría, sin importar la situación, serás un soldado sobresaliente. Después de todo, ya tienes las cualidades físicas para serlo.

Eren quedó sorprendido por sus palabras, pero sonrió y aceptó la mano de Victor.

—No perderé la próxima vez—dijo Eren con seguridad.

Victor asintió ante eso. Reconociendo que Eren no se rendiría por una simple derrota. Es más, eso lo impulsaría a esforzarse aún más.

— ¡Wow, Victor, eso fue increíble! —exclamó Connie, saltando sobre sus hombros—. ¡Derrotaste a Eren de una manera genial!

—Solo hacía honor a mi nombre—dijo Victor, encogiéndose de hombros.

— ¡No sé qué clase de movimientos fueron esos, pero fueron absolutamente geniales! ¡Tienes que enseñármelos!

—Eh… no lo sé—él arrastró las palabras—. ¿Qué ganaría yo con eso?

— ¿Mi agradecimiento?

—Pff. Eso no vale nada.

— ¡Oye!

Victor solo se rio entre dientes.

—Pero fue realmente increíble—elogió Marco—. ¿Quién diría que realmente sabías pelear de esa manera?

—Sí, el bastardo suicida ni siquiera fue capaz de conectar un solo golpe—dijo Jean.

— ¡¿Qué demonios dijiste, Jean?! —gruñó Eren con molestia.

—Oye, no te enojes si no tienes talento—se burló Jean.

— ¡No necesito talento para patearte el trasero, cara de caballo!

Marco tuvo que interponerse entre ellos para evitar una confrontación.

—Eren, ¿estás bien? —preguntó Armin, acercándose junto con Mikasa.

—Sí, estoy bien—dijo Eren, limpiándose un poco la sangre que caía por su nariz y barbilla—. Aunque ese último golpe realmente me dolió.

—Eren, usa esto—Mikasa le ofreció un pañuelo limpio a Eren para limpiarse la sangre de su rostro.

Eren aceptó el pañuelo, agradecido.

—Gracias, Mikasa.

Ella solo asintió con una sonrisa, contenta.

Armin sonrió al verlos. Los cambios eran pequeños, pero estaban allí. Mikasa había comenzado a darle a Eren su propio espacio y Eren había comenzado a aceptar la preocupación de Mikasa hacia él de manera agradecida.

—Es lindo verlos, ¿no es así? —comentó Victor, colocándose a un lado de Armin—. Ah~. Mis polluelos crecen tan rápido. Dentro de poco estarán listos para abandonar el nido.

Armin se rio levemente de manera divertida.

—Sí. Y todo es gracias a ti.

Victor rechazó el cometario con un movimiento de mano.

—Me das demasiado crédito, Armando. Yo solo les di el pequeño empujón que ellos necesitaban. Tú habrías hecho lo mismo.

—Sí… pero no sabía cómo hacerlo sin que las cosas se volvieran tensas entre ellos. Pero, gracias a ti, eso ya no es necesario. Supongo que te escucharon porque eres similar a ellos.

Victor miró a Eren y Mikasa detenidamente, especialmente a Mikasa.

—No sabes cuánta razón tienes, Armin.

El chico rubio lo miró de manera confundida.

— ¿Eh? … ¿A qué te refieres con…?

—No es nada—interrumpió Victor y comenzó a abandonar el campo de entrenamiento—. Andando. El almuerzo será pronto.

Armin miró con detenimiento su espalda. En los últimos meses, Victor se había vuelto una intriga mayor a lo que era antes. Su destacado desempeño en cada una de las disciplinas militares, junto con la extraña actitud distante que ha comenzado a tener hacia Mikasa, solo causó que las preguntas que Armin tenía sobre Victor aumentara más. Los otros no pudieron verlo, pero Armin si pudo hacerlo. Desde hace un par de meses, Victor había mantenido su distancia de Mikasa. No hasta el punto de rechazarla, pero si actuaba de manera más reservada que antes.

¿Algo habrá pasado entre ellos dos? Mikasa no parecía actuar de manera diferente en presencia de Victor, así que él no estaba seguro.

— ¡Oye, Armin! —llamó Eren—. ¡¿Qué haces allí tan distraído?! ¡La campana del almuerzo ya sonó! ¡Andando!

— ¡S-sí! ¡Ahora voy!

Decidió dejar esos pensamientos para otro momento. Tal vez no era nada y él solo estaba siendo paranoico. Pero, aun así, le resultaba intrigante.


El siguiente ejercicio que Shadis ordenó hacer consistía en avanzar realizando estocadas. Es decir, dar un paso adelante y que la pierna trasera se flexione y la rodilla toque el piso antes de dar el siguiente paso. No era un ejercicio muy difícil de realizar, pero teniendo en cuenta que los reclutas debían de cargar una bolsa de arena de alrededor cincuenta kilos sobre sus hombros y realizar diez vueltas alrededor del campo de entrenamiento bajo el sol abrazador de la tarde con una temperatura de más de treinta grados, cabe decir que más de la mitad de los reclutas se habían desmayado.

Al llegar al final de su novena vuelta, y siendo el primero en hacerlo, Victor sudaba profusamente. Su camiseta se pegaba a su cuerpo debido al sudor, al igual que algunos mechones sueltos de su cabello sobre su frente. Más que el esfuerzo físico del ejercicio, a Victor le molestaba más su camiseta que se pegaba a su cuerpo.

— ¡Arg! ¡Maldición! —gruñó él, arrojando no solo una, sino dos bolsas de arena que tenía sobre sus hombros sobre el piso y levantando una nube de polvo al hacerlo.

—Victor… ¿estás bien? —preguntó Armin con fuertes jadeos.

El pobre chico a duras penas había terminado su quinta vuelta y parecía a punto de desmayarse. Victor sintió un poco de pena por él.

—Sí, estoy bien—respondió Victor, agitando su camiseta y despegándolo de su cuerpo—. Es solo que este calor hace que sude demasiado. Y usar una camiseta que se pega a tu cuerpo es realmente incómodo.

— ¿Por qué no te lo quitas? —sugirió Eren, vistiendo una camiseta de tirantes—. Quiero decir, Reiner lo ha hecho al igual que varios otros.

Él tenía razón. Varios reclutas se habían quitado la camiseta para hacer el ejercicio. Incluso hubo chicas que solamente vestían un sostén deportivo para hacer el ejercicio, junto con unos pantalones cortos. Tales como Mikasa, Annie, Sasha e incluso Krista.

Más de una vez Victor volteó para ver a Annie. Era la primera vez que la veía con tan poca ropa y causaba que se formara un nudo en su estómago. La imagen permanecería en su mente por mucho tiempo, especialmente ese firme trase…

Victor sacudió su cabeza para apartar esos pensamientos impuros.

— ¿Sabes qué? Eso suena bien—dijo él finalmente, agarrando su camiseta y sacándosela para luego atarla alrededor de su cintura por las mangas.

Su acción llamó la atención de varios reclutas, en especial del lado femenino cuando vieron el torso desnudo de Victor. No era ninguna novedad que, con la cantidad de ejercicio a la que se sometían los reclutas, sus cuerpos estuvieran en forma y con músculos desarrollados y tonificados.

Pero ver el torso desnudo de Victor, quien era reconocido por muchas de las reclutas femeninas como un chico atractivo desde su cambio desde hace casi ya dos años, causó un rubor masivo en muchas de ellas. Su torso brillaba a la luz del sol por el sudor, resaltando aún más sus ya tonificados músculos. No eran grandes y voluminosos como los de Reiner, los músculos de Victor eran compactos y perfectamente tonificados. Hechos para la velocidad y precisión. Alrededor de su cuello, colgaba el collar que su madre le había regalado, el cual reflejaba ligeramente la luz del sol.

—Woow, Victor tiene un buen cuerpo—comentó Sasha de manera distraída con un leve rubor en su rostro.

—Sí, no es broma—incluso Ymir se encontró mirándolo con interés—. Maldición, mira esos abdominales. Quien diría que la Oveja tenía un paquete de seis.

—Él se ha entrenado de manera muy intensa estos últimos dos años—añadió Krista, con un leve rubor al mirar el torso desnudo de su amigo—. Supongo… que era de esperarse que tuviera un cuerpo así.

En la distancia, Annie se encontró mirando de reojo el cuerpo de quien era su novio secreto por más tiempo del que le gustaría admitir. Sus manos hormiguearon levemente al pesar en cómo se sentiría pasar sus manos por aquellos abdominales.

Pero su mirada se detuvo en el collar que tenía Victor. No podía verlo muy bien desde la distancia y debido a que reflejaba ligeramente la luz del sol, pero le parecía extrañamente familiar.

Victor volvió a agarrar sus sacos de arena y los colocó sobre sus hombros para comenzar a hacer su última vuelta. Sus músculos se contraían con cada paso que daba y el sudor escurría por su espalda y por su pecho, pero a él no le molestaba. De hecho, lo encontraba más cómodo que en comparación con tener una camiseta que se adhería a su cuerpo como una segunda piel.

Cuando Victor estuvo a mitad de camino, se encontró con otro recluta que reconoció. Su cabello negro y piel clara era una indicación para él. Junto con el hecho de que, al igual que él, también cargaba dos bolsas de arena sobre sus hombros. Solo conocía a otro recluta capaz de tener una fuerza equiparable a la suya. Pero lo que le pareció curioso fue ver una venda envuelta alrededor de su muñeca derecha. ¿Acaso estaba lastimada?

—Vamos, Mikasa, estás disminuyendo el ritmo—dijo Victor cuando él se puso a su lado.

Mikasa volteó levemente para mirarlo y perdió ligeramente el equilibrio cuando vio el torso desnudo de Victor.

—V-Victor… —farfulló ella, con un leve rubor en sus mejillas—. ¿Por qué estás…?

Si fuera antes, Victor habría hecho un comentario burlón y travieso sobre la reacción de Mikasa. Pero desde que había comenzado a salir con Annie desde hace unos meses, el trato que había tenido con Mikasa fue más amigable y cordial. Aún hacía bromas y comentarios burlones, pero atrás quedaron los comentarios sugerentes y pícaros. Ahora él solo hacía ese tipo de comentarios cuando estaba a solas con Annie.

—Es más cómodo de esta manera—dijo Victor—. De todos modos, ¿qué dices de una pequeña carrera para ver quien llega primero?

—No estoy interesada—respondió Mikasa, mientras aún avanzaba con las bolsas de arena sobre sus hombros.

—Mmm, ya veo. Tienes miedo de perder y quedar mal frente a Eren… —Victor sonrió con burla—; Otra vez.

Ese comentario irritó a Mikasa.

Estos últimos meses, Victor la había superado en todos los ejercicios; en el uso del EDM3D, combare cuerpo a cuerpo e incluso los ejercicios simples él los hacía con mayor velocidad e intensidad. Debido a eso, Eren comenzó a admirar a Victor y siempre le pedía consejos o ayuda durante el ejercicio cuando nunca le había pedido tal cosa a ella. E incluso se propuso algún día derrotarlo en combate.

Ella gruñó y comenzó a avanzar más rápido, rebasando a Victor. Pero el chico solo sonrió de manera desafiante y aumentó aún más la velocidad de su andar.

Cuando ambos reclutas completaron dos tercios del trayecto, Victor comenzó a rebasar a Mikasa y rápidamente ganó una gran ventaja, causando que él llegara primero a la meta.

Arrojó las bolsas de arena sobre el piso y soltó un gran suspiro a la vez que limpiaba el sudor de su frente. Miró sobre su hombro a Mikasa y sonrió de manera presumida, irritando aún más a la chica quien aún no había llegado a la meta.

—Señor, he terminado—informó Victor a Shadis.

El instructor asintió y lo registro rápidamente en su portapapeles.

—Bien, hecho, recluta. Puede descansar.

—Gracias, señor.

Victor se alejó con la intención de ir al baño para remojarse la cabeza cuando Connie apareció y le palmeó la espalda desnuda.

—Oye, capitán Oveja, bien hecho—felicitó él—. Otra vez terminaste primero el ejercicio. No está mal.

—A ese paso, no cabe duda de que quedarás entre los diez mejores—dijo Marco, ofreciéndole una toalla que Victor aceptó gustoso.

—Sí, incluso terminaste antes que Mikasa—comentó Jean—. A ella aún le queda una vuelta por dar.

—Sí que prestas mucha atención a Mikasa, Jeanboy—dijo Victor con una sonrisa burlona—. Cuidado, no querrás parecer un acosador.

— ¡E-eso no es cierto! —se defendió con un leve rubor—. Simplemente lo señalo porque ella es una de las mejores.

Victor solo se rio entre dientes antes de despedirse de ambos e ir a las regaderas para hombres.

El agua fría cayó sobre su cabeza cuando abrió el grifo. No se daría una ducha, solo quería remojar su cabeza para calmar el calor que sentía, lo cual estaba funcionando.

Cerró el grifo y usó la toalla que le dio Marco para secar su cabello, el cual quedó despeinado. Colgó la toalla por sus hombros y caminó hacia la salida de las duchas. Abrió la puerta para salir, pero se sorprendió al ver quién estaba afuera.

— ¿Annie? —inquirió él de manera confusa cuando vio a la chica parada afuera de las regaderas para hombres—. ¿Qué estás…?

No pudo terminar su pregunta cuando la chica rubia lo empujó dentro de las duchas y cerró la puerta.

Victor no pudo reaccionar cuando Annie nuevamente lo empujó hacia la pared y lo besó, causando que el chico abriera los ojos con sorpresa.

En los pocos meses que llevaban juntos, Annie comenzó a ser más asertiva y valiente, o tal vez ella siempre fue así. Aunque a Victor le gustaba los momentos donde ella actuaba con timidez cuando era él quien tomaba la iniciativa, tampoco le molestaba cuando Annie decidía comenzar el contacto con sus propios términos. Era como si ambos tuvieran una competencia para hacer someter al otro. Y en este momento, Annie claramente estaba ganando.

Nuevamente, ella lo sorprendió cuando Victor sintió a Annie comenzar a trazar sus manos por sus abdominales a la vez que intensificaba el beso. Él aún no se había puesto la camiseta debido a que estaba empapado de sudor. Así que decidió permanecer con el torso desnudo, cosa que Annie le gustó por la forma en la que ella trazaba sus tonificados músculos con ambas manos.

Finalmente, ella se retiró del beso y esbozó una leve sonrisa de triunfo al ver el lio desconcertado y sonrojado que dejó a su novio. Ella acaba de marcar un punto.

Annie estiró sus manos hacia la cabeza de Victor y peinó su cabello hacia atrás en su peinado habitual, exponiendo claramente su rostro.

—Así está mejor—dijo ella.

Con eso hecho, ella se volteó con la intención de irse, pero no sin antes dar una mirada al collar de Victor y causara que abriera los ojos con sorpresa por un segundo. Rápidamente se recompuso y comenzó a salir de las duchas de hombres.

Victor no pudo evitar observar con detenimiento su trasero perfectamente contorneado por aquellos pantalones cortos que ella vestía.

Cuando la puerta se cerró, Victor se deslizó por la pared hasta quedar sentado.

—Maldición…—suspiró él, llevándose una mano al rostro—. Esa mujer es bastante dominante cuando quiere serlo. Y eso realmente me gusta…

Volteó para mirar una de las regaderas y consideró seriamente darse una ducha fría para calmarse.


— ¿Qué opinas de este? —preguntó Krista, mostrándole a Victor un anillo con una pequeña piedra brillante incrustada, obviamente falsa, pero era bonito.

—Mmm… no lo creo—dijo Victor de manera dudosa—. No creo que ella sea de anillos. O de cualquier tipo joyería barata.

— ¡Oye, no es joyería barata! —se quejó el vendedor—. ¡Es una piedra preciosa auténtica!

Victor rodó los ojos con exasperación.

—Autentico mi trasero.

Observó los distintos anillos, collares, pulseras o joyería (barata) en general que adornaba la mesa del vendedor de Trost. Era uno de los últimos días libres de los reclutas y Victor había venido a la ciudad de Trost acompañado de Krista e Ymir.

—Entonces, ¿qué puedo elegir? —preguntó Krista, viéndose ligeramente decaída—. Me gustaría regalarle algo que le guste y que no lo acepte solo por obligación o amabilidad.

— ¿Amabilidad? Estamos hablando de la misma chica, ¿verdad? Alta, con pecas en el rostro y una expresión malhumorada como si estuviera permanentemente estreñida.

Krista hizo un mohín molesto mientras lo observaba, causando que él se riera entre dientes.

—De todos modos, ¿por qué quieres regalarle algo a Ymir? —inquirió Victor—. ¿Es su cumpleaños o algo así?

Krista apartó la mirada.

—Es… una ocasión especial—fue lo único que ella dijo.

Victor no dijo nada mientras arqueaba una ceja de manera confusa ante la falta de respuesta clara, pero lo dejó pasar.

Volteó para seguir mirando y buscar algo adecuado hasta que sus ojos se toparon con una pequeña tienda de ropa. No solo encontró algo que pudiera regalarle a Ymir, sino también a Annie.

—Oye, ¿qué opinas de eso? —él señaló a la tienda.

Krista volteó y se acercó a la tienda, tomando con las manos lo que Victor había señalado.

— ¿Un sujetador para el cabello? —inquirió ella con duda.

—Yo creo que es un buen regalo—dijo Victor—. Ymir se ha quejado de lo molesto que es tener el cabello suelto. Si le regalas ese sujetador, sé que ella lo usará. Es lo suficientemente discreto y no lo aceptará solo por amabilidad ya que será útil para ella.

— ¿Tú crees?

Victor asintió con confianza.

—Entonces… están bien. ¡Me lo llevo!

Mientras Krista estaba ocupada pagando por el sujetador para el cabello, Victor inspeccionó el otro objeto que había llamado su atención. Era una simple sudadera de color gris con capucha y bolsillos delanteros. Nada demasiado resaltante ni elegante, pero se veía práctico y cómodo. Además, se acercaba ese día. Sería un buen regalo.

¨Esto sería algo que Annie usaría¨ pensó él con apreciación.

—Eso es algo que Annie usaría.

Victor chilló en voz baja como una niña y se tensó visiblemente cuando sintió un brazo envolverse alrededor de su cuello. Él volteó levemente para observar a Ymir, quien lo miraba con una sonrisa burlona plasmada en su rostro.

— ¡Ymir! ¿Cuándo llegaste? —preguntó él.

Krista dio un leve respingo y rápidamente escondió el sujetador para el cabello detrás de su espalda. Por suerte para ella, Ymir estaba demasiado enfrascada en burlarse de Victor para darse cuenta de su reacción.

—Pues cuando comenzaste a ver detenidamente esa sudadera—respondió ella sin borrar la sonrisa burlona de su rostro—. ¿Qué? ¿Acaso piensas regalársela a Annie con el objetivo meterte en sus pantalones?

— ¡¿Q-Qué?! —farfulló Victor con un fuerte rubor—. ¡P-Por supuesto que no! ¡Yo jamás haría eso!

— ¿Acostarte con una chica? ¿Acaso eres gay?

— ¡No!

— ¿Entonces te gusta Annie?

— ¡N-No! ¡Ella no me gusta!

Ymir se burló ante eso con un resoplido.

—Eres un mal mentiroso.

—No estoy mintiendo—replicó Victor, apartando la mirada.

Para su sorpresa, Ymir lo agarró de la mandíbula y lo obligó a mirarla. Sus rostros a escasos centímetros del otro. Extrañamente, Ymir tenía una expresión seria en su rostro. Atrás quedó la sonrisa traviesa o el brillo burlón en sus ojos.

—No te atrevas a mentirnos, Victor—dijo ella—. Sabemos que Annie te gusta y que ambos están saliendo juntos desde hace varios meses.

Victor abrió los ojos en total conmoción. Podía ver la verdad en los ojos de Ymir. Por el rabillo del ojo, también pudo ver a Krista dándole una mirada seria y un asentamiento, confirmando la declaración de Ymir. Ninguna de ellas estaba fanfarroneando. Ellas realmente sabían que él estaba saliendo con Annie.

— ¿C-Cómo es que ustedes…?

—Tú lo dijiste, Victor—dijo Krista de manera solemne con una sonrisa amorosa—. Somos tus mejores amigas…

—Habla por ti misma—intervino Ymir.

—… Sabemos que tú y Annie ha estado saliendo juntos desde hace un par de meses y lo mantienen en secreto. Pero las señales de que ustedes estaban juntos fueron obvias para nosotras.

— ¿Señales? —inquirió Victor, confundido y con un creciente temor—. ¿Qué señales?

—Oh, ya sabes—Krista se rio mientras tenía una mirada soñadora en su rostro—. Las miradas secretas y robadas, los roces inadvertidos debajo de la mesa cuando comen juntos…

—Eso, y el hecho de que Annie habla dormida—aportó Ymir.

Victor abrió la boca con incredulidad. ¿Annie hablaba mientras dormía? ¡¿Qué demonios dijo ella para exponer su relación de esa manera?!

—Alguien… ¿alguien más lo sabe? —preguntó Victor, bajando la cabeza y suspirando con resignación.

—Creo que Mina sospecha—dijo Krista en un tono pensativo—. Pero ella no dirá nada. Es una de las pocas chicas con las cuales Annie se lleva bien.

—Eso, o la tiene bajo una amenaza de muerte—dijo Ymir.

—Pueden… ¿no decírselo a nadie? —pidió Victor—. Nosotros… queremos mantener esta relación en secreto por más tiempo. Hemos llegado a sentirnos cómodos de esta manera.

Y era verdad. Extrañamente, Victor encontraba realmente cómodo y agradable que su relación permaneciera en secreto. Sabía que las cosas serían diferentes si los demás supieran y sin duda sería incómodo. Así que aceptó seguir manteniendo su relación en la oscuridad. De esa forma, sentía que era más especial. Algo que solo ellos dos compartían y sabían… hasta ahora.

—Está bien, Victor—asintió Krista—. Respetamos su decisión de mantener en secreto su relación. Es por eso por lo que no hemos dicho nada hasta ahora.

—Se los agradezco. En serio.

—Pero no pienses que te cubriré cuando ustedes dos, tortolitos, decidan tener su primera vez—dijo Ymir, causando que él se sonrojara levemente—. Aunque yo recomiendo el bosque durante la noche. Pueden ser tan ruidosos como quieran, pero tengan cuidado con los insectos cuando ustedes…

— ¡Ymir! —interrumpió Krista, con el rostro tan rojo como un tomate.

—Tranquila, solo estaba bromeando—se rio ella y luego miró a Victor con seriedad—. Ya, pero en serio. Usen protección.

Victor bajó la cabeza para ocultar el rubor de su rostro. Él supo que esa era la manera de Ymir de apoyar su relación, por muy extraña que fuera. Si algo había aprendido luego de ser amigo de Ymir desde hace más de dos años, es que tenías que saber leer entre líneas para poder comunicarte correctamente con ella.

Volvió a suspirar antes de voltear para mirar a Ymir.

—Por cierto, ¿cuánto más te quedarás colgada de mí? ¿Quieres un beso, o algo así? No puedo hacerlo, Ymir. Tengo novia. Tal vez si me lo hubieras pedido hace unos meses podría llegar a considerarlo.

Ymir frunció el ceño cuando agarró a Victor en una llave y comenzó a estrangularlo.

— ¡¿Crees que porque tienes novia puedes actuar tan arrogante, maldita Oveja?! —gruñó ella.

—No te pongas celosa, Ymir…—dijo Victor, con una sonrisa presumida, aunque algo temblorosa debido a que estaba siendo ahorcado—. Incluso si tengo una novia… siempre tendrás un lugar especial en mi corazón.

Victor no pudo verlo, pero Ymir se sonrojó levemente por sus palabras.

—Eres como un grano en el rostro al que le tomé cariño—añadió él.

El sonrojo de Ymir se desvaneció para ser reemplazado por un ceño fruncido. Ella apretó aún más el agarre que tenía sobre él.

Krista los observaba con una pequeña sonrisa divertida. Pero cuando sus ojos se encontraron con los de Ymir, hubo una conversación silenciosa entre ambas hasta que llegaron a un acuerdo tácito mientras asentían con la cabeza al mismo tiempo.

Era hora de que Victor lo supiera.


Para cuando el sol comenzó a ocultarse en el horizonte, o en este caso detrás de las murallas, Victor se encontraba sobre un pequeño puente de piedra, recostado en la barandilla mientras admiraba el paisaje.

Trost era diferente a Stohess. Había una vibra diferente en el distrito perteneciente a Wall Rose. Era más… acogedor. Las personas eran más amables y humildes. Una clara diferencia a la actitud arrogante y engreída que muchos ciudadanos de Stohess parecían tener.

Una vez más, agradeció a su padre por haberle enseñado tanto cuando era niño. Sus valores morales, su pensamiento libre y, sobre todo, su sentido del orgullo. De no bajar la cabeza ante nadie ni tampoco enseñarle a espalda a menos que sea una persona que había ganado su confianza. Una persona en la cual estaba seguro de que podía bajar la guardia y sentirse a gusto.

¨Bueno, padre. Creo que lo he encontrado¨ pensó Victor cuando volteó para ver a Krista e Ymir acercarse a él.

Su vista se posó en la pequeña chica rubia. Se veía tan frágil y delicada. En el tiempo que llevaban juntos su deseo de querer que ella estuviera a salvo solo había aumentado. Su deseo de proteger su sonrisa.

¨He conocido a la persona que quiero proteger¨

La chica que siempre había creído en él desde el principio. Incluso cuando era tan débil, ella nunca dudó de él. Siempre estuvo allí para él, ofreciéndole una mano amiga y palabras de consuelo y motivación.

Recordó la charla que tuvo con Ymir hace unos meses en uno de sus días libres. Una charla que tuvieron mientras ambos veían a Krista observar el horizonte. Aquella vez, ella volteó para sonreírles mientras los rayos del sol caían por su rostro, haciendo que su cabello rubio ondeara y brillara como el oro, junto con sus ojos azules que parecieran reflejar el azul de cielo.

Victor recordó la promesa que Ymir y él se hicieron. Una promesa que planeaba cumplir.

—Te vez bien, Ymir—comentó Victor, cuando ambas chicas llegaron junto a él.

—Cierra la boca…—musitó ella, apartando la mirada en una extraña muestra de timidez mientras se llevaba la mano hacia su nuevo sujetador de cabello.

— ¿Ves, Krista? —dijo él, mirándola—. Te dije que le gustaría.

—Gracias por ayudarme a elegirlo—dijo ella con una sonrisa agradecida.

—No fue nada. Ahora, será mejor que nos vayamos. No quiero ponerme del lado malo de Shadis… Otra vez. No creo que esta vez tenga tanta suerte.

Victor se dispuso a ir donde el carruaje aguardaba para llevarlos de vuelta al campamento, pero se detuvo cuando Krista lo llamó.

—Espera, Victor—dijo ella—. Hay algo que quiero… que queremos decirte.

Él volteó con extrañez para observar a Krista removiéndose un poco incómoda. Incluso Ymir se veía algo dubitativa mientras evitaba mirarlo. Era extraño ver a ambas chicas tan nerviosas. Una sospecha se deslizó por su mente al ver esa escena.

—Oh… Es… ¿Es en serio? —inquirió él, con un tono sorprendido—. ¿Ustedes también?

Krista bajó más la cabeza, no queriendo mirarlo a los ojos por la vergüenza que sentía.

—No queríamos decírtelo por temor a que las cosas se vuelvan incómodas entre nosotros tres—dijo ella—. Sabíamos que si lo hacíamos las cosas podrían no volver a ser como eran antes. Tú… nos verías de manera diferente.

—Buenos… ¡pues claro que lo haría! —estalló Victor—. ¡Es una sorpresa para mí! No esperaba que ustedes…

—Pues supéralo—dijo Ymir, cruzándose de brazos con una expresión agria en su rostro—. Además, tú tampoco nos dijiste que estabas saliendo con Annie. Pensábamos que estábamos bien sin decírtelo.

—Incluso si no nos hubiéramos enterado sobre tú y Annie, o incluso si tú nos lo hubieras dicho, nosotras aún queríamos decírtelo—dijo Krista—. Ya no queríamos ocultártelo.

—Krista… Ymir…—Victor bajó la mirada con pena—. Incluso si ustedes me dicen esto… Yo… no voy a dejar a Annie.

Ymir y Krista se vieron desconcertadas ante eso.

—Espera, ¿qué? —farfulló Ymir.

—Me siento feliz de que se sientan así. Realmente lo hago. Pero… yo… decidí que Annie sería la única chica para mí.

—Espera, Victor… creo que estás malinterpretando algo…—detuvo Krista, pero sus palabras cayeron en oídos sordos.

—Así que, aunque me siento realmente feliz de que ustedes se sientan de esa manera hacía a mí, no puedo corresponder los sentimientos de ninguna de las dos—dijo él, mirando a ambas con pena y tristeza—. Lo siento…

— ¡¿Quieres callarte por solo un puto minuto?! —gritó Ymir, exasperada.

Victor parpadeó un par de veces, desconcertado por su estallido.

—Victor, creo has malinterpretado algo—dijo Krista, con paciencia—. Nosotras no tenemos ese tipo de sentimientos por mí. Sí, realmente te aprecio mucho, pero no de la manera que crees.

Victor se vio aún más confundido.

—Si no estás confesando tus sentimientos por mí, ¿entonces de que están hablando?

Para responder a su pregunta, Krista estiró su mano y la envolvió con la de Ymir.

—Nosotras… estamos juntas.

Victor reflexionó sobre su declaración, viéndose primeramente confundido, pero luego abrió los ojos con sorpresa. Krista se veía avergonzada, con las mejillas teñidas de rojo. Ymir, en cambio, tenía una sonrisa arrogante y engreída en el rostro.

—Espera… ¿ustedes están juntas de esa manera? —inquirió él.

Krista asintió temblorosamente, aun con las mejillas sonrojadas.

Victor pareció desinflarse como un globo.

— ¿Qué? ¿Solo es eso? —dijo él, sonando casi decepcionado—. ¿Hice tanto drama por nada?

Él suspiro y recostó su espalda contra la barandilla de pierda del puente.

—Espera, ¿no estás sorprendido? —preguntó Krista, parpadeando un par de veces. Sorprendida ante la falta de reacción de Victor.

— ¿Y por qué lo estaría? —replicó él, mirando al cielo—. Quiero decir, lo raro sería que no estuvieran juntas. Solo hace falta que mires cómo se comporta Ymir a tu alrededor. No es exactamente sutil que digamos. Me sentía más preocupado que tú no correspondieras a sus sentimientos.

—Entonces… ¿no te molesta?

Victor se rio entre diente, levemente divertido.

—Claro que no. Es más, me siento feliz por ambas—él volteó para sonreírles—. Incluso si ustedes dos están saliendo, siguen siendo mis mejores amigas. Eso no cambiará por algo tan simple como el hecho de que ustedes sean lesbianas.

Krista e Ymir se sorprendieron por sus palabras, pero finalmente sonrieron. Krista tenía una gran sonrisa en su rostro, mientras que Ymir tenía una más pequeña, pero honesta.

Krista se sentía feliz de que Victor la apoyara y aceptara. Una parte de ella tenía miedo de que no le gustara y él se sintiera incómodo. Pero ya debería de saberlo. Victor nunca la juzgaría o la rechazaría. Él siempre había estado allí para ella desde que se conocieron. Era su amigo más cercano.

—Gracias, Victor—dijo ella, sinceramente—. Por aceptarnos.

Ymir bufó antes eso.

—No es como si necesitáramos tu aprobación o aceptación—dijo ella—. Pero no podía soportar ver a mi hermosa y adorable Krista tan preocupada y ansiosa por como reaccionarías.

Victor se rio entre dientes mientras rechazaba su declaración con un gesto de mano, sintiéndose algo conmovido que Krista se preocupara por él.

—Oye, no es la gran cosa—dijo él—. Además, no son las únicas homosexuales entre los reclutas. Tengo la sospecha de que tanto Eren como Reiner también lo son. Especialmente Reiner, ya que él voltea para mirarnos cuando los reclutas estamos orinando.

Krista se vio un poco perturbada ante eso.

—Espera… ¿en serio? —dijo ella.

—Oh, sí. No sé si lo hace porque le gusta lo que ve, o lo hace para comparar tamaños o algo así.

Un silencio incómodo se instaló entre las tres ante esa revelación ante de que Victor se irguiera e hiciera crujir los huesos de su espalda.

—En fin, dejando las bromas de lado, realmente me siento feliz por ustedes dos—dijo él, acercándose y colocando sus manos sobre los hombros de ambas con una sonrisa—. Las estaré apoyando. Espero que las cosas no cambien entre nosotros debido a esto.

—Por supuesto que no lo hará—asintió Krista, devolviendo la sonrisa.

Él asintió antes de volverse hacia Ymir con una expresión más seria.

—Por cierto, Ymir…—Victor apretó el agarre que tenía sobre el hombro de ella hasta el punto de que fue doloroso y causó una mueca de dolor en ella—. Puedo ver que tus sentimientos hacia Krista son auténticos y realmente te preocupas por ella, pero… —su mirada se volvió tan fría que causó un estremecimiento no solo en Ymir, sino también en Krista—. Si la lastimas de alguna manera, te aseguro que no saldrás ilesa. Incluso si te considero una querida amiga.

Ymir solo pudo asentir de manera temblorosa ante sus palabras y tragó saliva. Ella nunca lo admitiría, pero había momentos en los que Victor realmente la asustaba. Y este era de uno esos momentos. Sus ojos plateados podían volverse tan fríos como la luna en invierno y le provocaba un escalofrío que recorría por su columna. Su instinto le advertía de que él era peligroso.

—No voy a lastimarla—ella se las arregló para decir con el tono más seguro que pudo reunir bajo su mirada.

Victor la observó fijamente a los ojos por unos segundos. Estudiando si había algún indicio de mentira en sus ojos.

Cuando no encontró ninguno, él aflojó su agarre y sus ojos se ablandaron considerablemente, como si hubiera puesto el seguro de un arma.

—Te creo—dijo él con una sonrisa honesta para luego envolver a ambas chicas con un brazo a cada lado sobre sus hombros y comenzar a caminar—. Ahora, será mejor que nos pongamos en marcha. Hay que volver al campamento, el carruaje saldrá pronto. Y hay un regalo que quiero darle a mi aterradora, pero hermosa novia.

Los tres compartiendo una sonrisa.

Ymir parpadeó, como si acabara de recordar algo y sonrió de manera burlona.

—Por cierto, Victor, ¿te gustaría saber lo que Annie murmura sobre ti mientras duerme? —preguntó ella.

Victor volteó a mirarla con sorpresa. Asintió de manera expectante antes de que Ymir se inclinara hacia su oído y le susurrara un par de cosas que causó que el rostro de Victor se pusiera tan rojo como una manzana madura.

Tanto Ymir como Krista se rieron de su reacción cuando los tres caminaron hacia el carruaje que los llevaría al campamento.


El bosque durante las noches tenía un encanto único. Y ese encanto aumentaba aún más en las noches despejadas donde la luna y las estrellas brillaban intensamente en el cielo.

En un pequeño claro del bosque, sentado a los pies del mismo árbol donde siempre se sentaba cuando entrenaba con Annie, Victor se encontraba admirando el cielo nocturno.

¿Por qué se encontraba en el bosque durante la noche? Pues no era cualquier noche. Era una noche especial. O al menos, estaba por volverse especial con la llegada de alguien.

— ¿Sabes que es espeluznante y sospechoso citar a una delicada chica como yo en medio del bosque a altas horas de la noche? —inquirió una voz a sus espaldas.

Victor se volteó para encontrar a Annie, quien se acercó a él vestida de civil con su clásica sudadera blanca con capucha, pantalones azul oscuro y botas marrones hasta las rodillas.

—Bueno, estoy seguro de que una chica delicada como tú es más que capaz de defenderse a sí misma—dijo Victor, sonriendo ante la llegada de su novia—. Creo que ese es una de las cosas más sexys sobre ti.

Annie rodó los ojos.

—Si intentas seducirme con tu burdo intento de coqueteo para llevarme a la cama, entonces no funcionará—dijo ella.

Victor se sonrojó, pero se recompuso rápidamente.

—No necesito coquetearte, te seduciré con mi torpeza.

Los labios de Annie se arquearon levemente hacia arriba en una sonrisa divertida.

—Necesitarás mas que eso para llevarme a la cama—dijo ella.

—Entonces es bueno que esa no fuera mi intención desde el principio.

— ¿No? ¿Y cuál fue?

—Esto.

Victor agarró una de las pequeñas bolsas de papel que trajo consigo y se lo tendió a Annie, para sorpresa de ella.

— ¿Qué es esto? —inquirió, agarrando la bolsa de manera dudosa.

—Tu regalo—explicó Victor—. Feliz cumpleaños, Annie.

Annie abrió los ojos con sorpresa, no esperando algo como esto.

— ¿Cómo es que tú…? Yo nunca te lo dije. Ni a nadie.

—Y no lo hiciste. Lo averigüé por mí mismo al colarme en la oficina de Shadis por la noche y ver tu expediente.

Annie entrecerró los ojos, viéndose sospecha ante la acción.

—Eso es algo espeluznante—dijo ella.

Victor solo se rio apenado mientras se rascaba la mejilla con un dedo.

—Bueno… considera que estoy dispuesto a que Shadis me castigue para poder darte un regalo en tu cumpleaños y hacer de este un día especial. Te prometo no que no miré nada más que tu fecha de nacimiento…

¨Y tal vez tus medidas…¨

Dándole una última mirada sospechosa, Annie se encogió de hombros. No tenía información comprometedora en su archivo militar. Se había asegurado de ello.

Abrió la bolsa de papel y dentro de ella pudo ver una sudadera gris con capucha, muy similar a la que llevaba puesta. Ella lo sacó y lo examinó con apreciación. El material se veía fresco y cómodo. Podría usarla tanto durante su entrenamiento o cuando estaba vestida de civil.

—Yo… gracias, Victor—dijo ella con una pequeña sonrisa honesta—. Me gusta.

Victor sonrió de manera triunfante.

—Todo para ver a mi hermosa novia feliz—dijo él, luego palmeó el lugar al lado de él, invitándola a sentarse—. Ahora, siéntate. Que aún queda una cosa más.

Annie arqueó una ceja en señal de confusión e intriga, pero no obstante se sentó a su lado.

Victor luego agarró la otra bolsa de papel, la abrió y sacó lo que parecía un pan circular con un hoyo en el medio.

—Ten—le ofreció él—. Se llaman donas. Son como el pan, pero es dulce. Son realmente deliciosos. Se supone que solo las personas de los muros interiores lo tienen, pero ha comenzado a filtrarse la receta hacia los distritos del Wall Rose. Es perfecto para celebrar un cumpleaños, ¿no crees?

Annie agarró la dona y le dio un bocado. Por unos segundos, ella no dijo nada, pero luego comenzó a comer la dona con más fervor hasta que no quedó nada. Victor se quedó observado con asombro como Annie agarró otra dona y siguió comiendo.

Ella, al percatarse de que estaba siendo observada, alzó la vista y se encontró con la mirada curiosa de Victor.

— ¿Qué? —dijo ella a la defensiva, con la boca ligeramente llena.

—Nada—dijo él—. Solo… no pensé que te gustaban tanto las cosas dulces.

—Pues demándame—dijo ella, volviendo a comer su dona.

Victor negó con la cabeza con diversión ante la actitud de su novia antes de acompañar a Annie y también agarrar una dona para comerlo.

—Oye, Victor…—llamó ella, ganando la atención del chico—. ¿Cuándo es tu cumpleaños?

Victor tragó un bocado antes de responder.

—5 de mayo.

Annie asintió, guardando la nueva información.

—Ya veo.

Ella no dijo nada después de eso y se dispuso a seguir comiendo.

Victor había hecho bien en traer seis donas ya que, antes de que él se diera cuenta, Annie ya había comido cuatro de ellos y solo quedaba uno.

Tratando de ser lo más discreta y sigilosa posible, Annie deslizó su mano para agarrar el último, pero se encontró con la mirada acusadora de su novio y se puso tensa por un segundo, como un niño que fue encontrado haciendo una travesura.

Con un suspiro resignado, Victor le cedió la última dona a Annie, quien la agarró y comenzó a comerla con los ojos cerrados, como si estuviera disfrutando cada bocado. Todo con una pequeña sonrisa triunfal en su rostro.

¨Las cosas que hago por amor…¨ pensó Victor, negando levemente con la cabeza.

Su corazón dio un vuelco cuando sintió la mano de Annie entrelazarse con la de él. Victor volteó solo para ser recibido por un sorpresivo e inesperado beso en los labios.

Se mantuvieron así por unos segundos, disfrutando de los labios del otro que tenían un ligero sabor dulce debido a las donas que estaban comiendo. Ambos disfrutaron del momento íntimo antes de que Annie se apartara suavemente y apoyara su cabeza en el hombro de Victor, causando que él sonriera levemente.

¨Supongo que esa es su manera de decir ˈgraciasˈ¨

Ambos permanecieron en un silencio cómodo mientras comían las donas. Ninguno necesitó decir ni una sola palabra. La presencia del otro parecía ser suficiente para ambos mientras miraban el cielo estrellado.

..

.


¡Y eso es todo por ahora, mis adorables lectores!

Ha sido un largo camino hasta llegar hasta aquí, ya que fueron capítulos originales hechos por mí, por lo tanto, tenía que pensar detenidamente en ellos. Me gustó tomarme mi tiempo para llegar hasta aquí, ya que pude desarrollar de la manera que quise a mi OC junto con su relación e impacto en los demás personajes.

Pero ahora ha llegado a su fin, el próximo capítulo será finalmente la graduación de la Tropa 104 y todos sabemos lo que eso significa. Ha llegado el momento de que las cosas se pongan serias.

En otra noticias, he hecho oficial el emparejamiento de tanto Annie y Victor, como la de Krista e Ymir en la descripcion de la historia. Siempre me gustó la interacción entre ambas, y se notaba a kilometros que iba más alla de la amistad. Así que profundizaré su relación en mi historia.

Me agrada informar de que, con este capítulo, he alcanzado el recuento de más de 100.000 palabras. Todo un logro en mi opinión, ya que no muchos llegan a este punto ya sea por la pérdida de interés, ideas o aceptación, lo cual es una verdadera lástima. Aunque conozco el sentimiento.

En fin, espero les haya gustado y dígamente que tal les pareció.

Esperen con ansias el próximo capítulo, el cual será el final del ¨Arco de la Tropa de Reclutas N° 104¨

Y sin nada más que decir… ¡Hasta la próxima, guapos y guapas!