Este pequeño fragmento es posible por el divino prompts de Lynette Vongola Di Hibari (FF) en el grupo "El Lado Oscuro de la Fama (Harrymort/Tomarry)". A mí no me miren, esto es gracias a ella y su creativa mente.
Dedicado a mi hermosísima Arwen, a quien le gustó el prompt y por ella lo adopté. I love u.
Yo sé que leíste la nota cuando revisaste el capítulo, Arwen, yo lo sé... pero te sigo amando de igual forma.
Beteado por: La hermosa de Arwen.
Harry había decidido tomarse un día para él mismo, al final, si su novio no iba a poder estar con él, ¿qué le impedía que disfrutara del día? Más cuando podrías sumarle una deliciosa hamburguesa en McDonald's.
Su novio se lo perdía, claramente. Bien pudo ser Harry quien pagara la comida, pero Zacharias tenía una salida con su prima, la cual iba a tener una fiesta de cumpleaños y necesitaba comprar algo para ésta.
Pidió su hamburguesa y una malteada de chocolate, una de sus favoritas. Amaba ese restaurante, ahí solía ir cuando tenía hambre y poco tiempo, en esos momentos no era el caso, claro, pero igual el antojo era una buena excusa.
Se sentó en uno de los sillones de las orillas del local y esperó su comida. Tal parecía era una tarde normal, ni muy lleno ni muy vacío, eso le gustaba en cierta parte. Miró a su alrededor, deteniéndose un poco en el área para niños antes de notar algo peculiar en una de las esquinas.
Melena rubia y ojos castaños. Frunció el ceño. Se parecía mucho a su novio... Casi saltó al ver la chaqueta que le había regalado a Zacharias en navidad, a su chico le había gustado tanto que la llevaba para todos lados.
Una chica llegó con su comida, quitándole su ficha de paso. Harry ignoró todo lo que le decía (algo de catsup y chiles se colaba por las frases) para observar al joven.
Sí, ése era Zacharias.
La joven dejó unos cuantos sobres antes de alejarse, tal vez pensando que el ojiverde era un maleducado, pero Harry no podía importarle menos. Ahí, a unos metros de él, su novio estaba viendo con ojitos de enamorado a la chica con la que compartía mesa.
Bueno, puede que esté exagerando y que ella fuera su...
Se estaban besando.
Zacharias se inclinó y besó a su prima.
Su supuesta prima.
Todo cobró sentido en la mente de Harry. Las desapariciones del rubio, que ya no le dejara ni jugar en su cel, las constantes vistas a su alrededor cuando salían... los momentos en los que lo alejaba en medio de la calle cuando Harry lo quería besar.
Fue tan ingenuo. Todo este tiempo el maldito niño engreído le estaba engañando.
Tomó su malteada y le dio un fuerte sorbo mientras veía a su chico comerse a su prima. Al contrario de lo que la gente creería, Harry no era una persona dramática, así que se esperaría hasta que estuvieran solos y... ¿Le estaba metiendo la lengua?
Se levantó para ver mejor.
Sí, le estaba metiendo la lengua.
Eso fue todo para Harry. Caminó molesto hacia la feliz pareja y, cuando Zacharias se estaba separando de la chica, el ojiverde destapó su malteada y se la echó sin ningún remordimiento.
La chaqueta de mezclilla quedaría con una fea mancha gracias a eso.
Harry 1 - Traidor 0.
—No sabía que los primos se besaban —comentó Harry cruzando sus brazos. Para ese momento, el rubio se había quedado pálido al verlo.
—Harry...
—Mírala, ¡es jodidamente hermosa! —chilló indignado. La joven, que parecía desubicada, se sonrojó ante el halago del azabache, pero Harry sólo pudo ver que su belleza aumentaba con eso— Créeme, mereces algo mejor que este pedazo de mierda.
Zacharias se levantó furioso cuando vio a su noviecita asentir aún sin comprender del todo la escena.
—¡¿Quién te crees que eres?! —gritó molesto, empujando al azabache.
Pero, al contrario de lo que su delgada figura aparentaba, Harry mantuvo con fuerza su posición, ahora cruzando los brazos para mirar al joven frente a él que, aún estando más alto, parecía no causarle ningún tipo de intimidación al ojiverde.
—¡Tu maldito novio! —alzó la voz de igual forma, molesto— No, olvídalo, también merezco algo mejor. Terminamos.
—Harry... —eso se escuchó más como amenaza, cosa que despertó al león dentro del nombrado.
—Y, cuando tu familia pregunte porqué terminamos, espero le digas que tú fuiste el inmaduro irresponsable que prefirió jugar con los sentimientos de las personas —gruñó mientras le apuntaba con su dedo índice el pecho.
Era una amenaza válida para los que conocían su relación con el rubio. La madre de su ex adoraba tanto a Harry que era como un hijo más, la señora Smith hasta parecía amarlo más que al propio Zacharias.
Si el rostro del contrario estaba pálido por la malteada, ahora estaba peor.
—No creo que sea necesario que lleguemos a tales puntos...
—Al diablo con lo que tú creas —escupió y se dio media vuelta. Sacándose rápido del agarre que su exnovio comenzaba a tener en su muñeca.
A lo lejos, viendo todo el espectáculo, divisó a un chico guapo observando todo con interés, sin quitarle ni un momento los ojos de encima... ¿Cuántas veces Harry había detenido algún tipo de avance con algún chico guapo tan sólo por pensar en Zacharias?
Más de las que podía contar con sus dedos si tomaba en cuenta que ya llevaban cuatro años de relación.
Cuatro.
Su interior rugió del coraje.
Se dirigió hacia el joven y, sin pensarlo, lo agarró de la gabardina negra y lo besó. A la mierda Zacharias, él ya disfrutó de una boca ajena, ahora le tocaba a él.
No esperó ningún momento para meter la lengua a la boca del joven y, casi como si éste estuviera disfrutando de la interacción, unos brazos se colaron por su cintura y lo acercaron de una forma casi obscena, claro, si tenían en cuenta el lugar.
Por primera vez Harry podría decir que se derritió y armó en un sólo beso. Se quedaron pegados lo suficiente hasta que su exnovio llegó y lo jaló, gritándole como si él fuera quien le hubiera engañado desde un inicio.
Molesto (porque, joder, le habían interrumpido de ese afrodisíaco beso), el ojiverde se liberó del agarre de su exnovio y salió furioso del establecimiento, dirigiéndose sólo una mirada asesina antes de voltear su cabeza e irse con toda dignidad.
—Maldita sea —gruñó tapándose los ojos con sus manos y acostándose en la mesa—, les juro que no sabía.
—Es normal que no lo hayas sabido, por lo que sé, la fiesta para celebrar la compra será en una seman...
—Oye, ¿qué se sintió besar a un dios griego magnate? —cuestionó Ginny sin poder resistirse. Ron soltó un quejido, como si no quisiera saber los detalles.
—Fue el mejor beso de mi vida. —Harry se compuso rápido para sonreírle a la pelirroja, compartiendo los dos una sonrisa cómplice antes de que el ojiverde volviera a soltar un quejido— Pero no fue porque supiera que era millonario, dios, ¿quién espera encontrarse a alguien así en un McDonald's?
—Si alguien viera las noticias, se daría cuenta que Tom Riddle acababa de comprar esa empresa y...
—¿Y es más guapo en persona? —volvió a interrumpir Ginny. El moreno volvió a sonreír, casi embobado.
—Su cara te hará decir "tómame y amárrame" —dijo casi en un gruñido. Ginny rió.
—Bien, me agrada, quédatelo.
—Alto, ¿quién dice que lo volveré a ver? —cuestionó Harry levantando una de sus cejas— No, en primera, ¿desde cuándo necesito tu permiso para salir con alguien?
—Desde que empezaste a salir con Zacharias y demostraste tu horrible sentido de supervivencia. Estar con él era como un suicido amoroso. —esta vez fue Ron quien se metió, chocando los puños con su hermana en forma de acuerdo mutuo.
Hermione solo rió por lo bajo después de eso, olvidando su enojo por haber sido interrumpida.
—Hey, pensé que estaban aquí para consolarme —se quejó el ojiverde justo cuando sus amigos comenzaron a fantasear con los sacos de bodas de él y Riddle. El timbre sonó, pero no interrumpió ninguna discusión—. Sí, no se preocupen, yo voy. Que amable de su parte el ofrecerse a ir a abrirla.
Harry se levantó de su silla y se dirigió a su puerta. Seguro la pizza habría llegado y eso detendría la conversación de sus amigos.
Era hora de comer, agraciadamente. Harry adoraba la hora de comer. Puso en espera su equipo y se levantó de su asiento, viendo que la oficina ya comenzaba a vaciarse, sólo algunos quedándose para aventajar algún trabajo o comer el lonche que trajeron.
Se dirigió hacia el escritorio de Ginny y miró de reojo. La pelirroja no había notado la hora... como siempre.
—Puedes ponerlo a la derecha, así no se vería todo amontonado aquí —murmuró pensativo, señalando las letras de aquel anuncio que estaba haciendo la chica.
Ginny no tardó en acomodarlo y, sin analizar realmente todo, se levantó en un brinco para poder ir a comer. Harry suponía que después lo arreglaría con calma.
—¿A dónde iremos a comer? —cuestionó Harry bostezando.
—Podemos ir a McDonald's y...
—Me retracto.
—¿Sabes? No es como si sólo te pudieras encontrar a Riddle en ese lugar —dijo Ginny sonriendo con burla. Harry sólo puso los ojos en blanco, mirando a su amigo con el ceño fruncido.
—Prefiero evitarlo de igual forma.
—Harry, puedes encontrarlo en todos lados, es una ciudad chica —comentó la pelirroja con obviedad, Harry le abrió la puerta de trabajadores para que pudiera pasar ella primero—... Como, por ejemplo, en la puerta de tu trabajo.
—Como si eso fuera... Santo Dios —gimió viendo al estupendo hombre frente la puerta, recargado suavemente contra la pared mientras cruzaba los brazos en ese tonificado pecho que...
No, Harry.
Negó con la cabeza y dio un paso atrás. Las conversaciones de sus amigos y sus "no es posible" pasaron por su cabeza. Para él, era jodidamente imposible que un guapo millonario se hubiera enganchado con tan sólo un beso.
—Tengo que ir al... —no pudo terminar, Ginny lo había jalado y sacado del edificio.
Tras él, la puerta de trabajadores se cerró, su amiga le impediría entrar. Genial.
Si tenía suerte, Tom Riddle no estaría por él. Fingiendo loquera, Harry comenzó a caminar sin prestarle mucha atención e ignorando el espectáculo que le hizo hacer Ginny.
Pasó en frente del dios griego casi sin respirar, esperando que, lo que fuera que Riddle estuviera viendo en su móvil, fuera más interesante que su presencia.
—Joven Potter, buena tarde.
El saludo lo detuvo y el nombrado se tuvo que tragar su quejido. El bastardo guapo sabía hasta su nombre. Gracias, suerte Potter.
—Buenas tardes —saludó sin detener su caminata, pero una mano sujetando su brazo hizo que se detuviera por completo.
—Dejó esto el otro día en el McDonald's —comentó Riddle sacando una identificación suya.
Su credencial del trabajo, gracias a que no la tenía recibió una llamada de atención de su jefe. Su día siempre pintó de color rosa, si no había sido claro desde el inicio.
—Oh, gracias —murmuró avergonzado, tomando lo que le pertenecía. Quedándose frente al hombre que le había perseguido en cada sueño que había tenido.
Se quedaron callados unos momentos, Harry con la cabeza gacha mirando su credencial y Riddle mirándolo con una ceja levantada.
—Perdón por lo del otro día —logró balbucear, pero la mano que se había levantado para quedar frente a él hizo que cualquier intento por decir su excusa se detuviera.
—Comprendo el calor del asunto, su novio... —Harry soltó un bajo "ex" al escuchar esa palabra— le estaba engañando frente a sus ojos, es algo razonable.
Los músculos, que lo sabía que había tensado, se relajaron un poco tras eso, como si un peso se levantara de ellos.
—Gracias, realmente me sentí apenado cuando recapacité lo que había hecho y...
—Pero no quiere decir que le haya perdonado.
Las palabras habían muerto en su boca después de eso. Harry miró con los ojos abiertos a los ojos del contrario, los cuales lo miraban acompañados de una sonrisa juguetona.
—Entonces...
—Creo que es de mal gusto besar a alguien sin si quiera darle su número telefónico. —los colores en el rostro de Harry se encendieron después de escuchar esa implicación.
Se quedaron en silencio unos momentos, antes de que Harry sacara su celular y se lo diera a Riddle sin perder su sonrojo. El hombre pareció entender la indirecta y, sin esperar más, comenzó a escribir su número en el celular del ojiverde. Cuando terminó, se lo regresó levantando una de sus perfectas cejas.
Sin perder tiempo, Harry marcó a ese número. El sonido de una vibración fue lo siguiente que llegó a sus oídos. Riddle sonrió victorioso.
—Supongo que todavía no va a comer y sería mi culpa si pierde su hora destinada a eso, permítame invitarlo. —Harry asintió, no confiando en su voz para aceptar esa invitación.
Poco después se encontraban en el McDonald's cerca de su trabajo, justo donde se habían besado por primera vez... Dios, como si se puedan a besar otra vez. Negó con la cabeza.
No esperó volver a ese lugar como tampoco esperó disfrutar de una plática con Tom... mucho menos se diga del pequeño beso que éste le robó cuando lo acompañó de regreso a su trabajo.
Si Ginny lo mirara desde su cubículo con una sonrisa sabionda, Harry lo ignoró completamente.
No sabía qué había pasado. De un momento a otro ya habían pasado seis meses en compañía de Tom Riddle y, al contrario de lo que pensó, fueron los mejores seis meses de todo.
Tom respetaba mucho su espacio, pero nunca lo dejaba solo al mismo tiempo. Estaba al tanto de él, de sus horarios y de sus amigos, siempre dispuesto a estar a su lado en cualquier momento. Al contrario de lo que la prensa decía, Tom Riddle era una persona muy amable.
Bueno, a veces.
Con las personas indicadas...
Bien, sólo con Harry y sus amigos.
Aunque sí era amable en cierta manera. Tenía una cara seria y podía decirte que no mil veces, pero, cuando realmente lo necesitabas, ahí estaba. Era, definitivamente, de las personas con un caparazón duro de roer.
Pero, si Harry debía decir qué era la mayor característica de Tom, ésa sería...
—Te viste con Zacharias —acusó el mayor cruzando sus brazos. Harry lo miró sin entender.
—Corrección: Zacharias vino a visitarme —comentó poniéndose de puntitas y dándole un beso en los labios—. Simplemente lo ignoré...
Tom había ido a recogerlo como todas las veces, habían quedado de ir a comer juntos. Lamentablemente, su exnovio había llegado más temprano.
—¿Por qué parecían tan amigables?
Miró fijamente el rostro de su... amigo. No tardó tanto en notar las diferencias de los pocos gestos que había cuando estaba molesto y cuando...
—¿Ése es un puchero? —cuestionó sonriendo. Sí, Tom siempre dejaba que Harry viera ese lado de él.
—No lo es. —pero una mano cubrió su boca. Rió con eso, Tom sabía muy bien la mueca que estaba haciendo.
—Oh, sí lo es —caturreó acercándose a él para mirarlo más de cerca—. No debes ponerte así, seguro viste cuando llamé a seguridad para que me ayudara.
Una sonrisa satisfactoria invadió los labios ajenos e hizo que un suspiro saliera de su boca al ver lo perfecto que era. No importaba qué hiciera, Tom Riddle nunca dejaría de ser hermoso.
—Ése es mi chico —susurró y lo jaló hacia él para darle un beso.
Puede que haya sido poco tiempo que llevaban conociéndose, pero, por alguna razón, Harry sentía que eso era lo correcto. Que Tom era el correcto. Su corazón lo decía, las pequeñas casualidades también lo hacían.
Estaban hechos el uno para el otro, hasta sus manos lo sabían cuando se encontraban entre ellas, era como encajar a la perfección.
Era... Era como si debiera ser así desde un inicio.
Por otro lado, Tom no creía en las casualidades. No. Tom era quien las hacía.
Abrió sus ojos y miró hacia un lugar de la calle sin despejar sus labios de los de Harry.
Ahí, mirándolos fijamente, se encontraba el exnovio de su pequeño chico de ojos verdes. Sonrió y profundizó el beso. Que se enterara de lo que había perdido. Que le doliera como le dolió a su chico... o peor.
Sí, definitivamente planeaba quedarse toda una vida con Harry Potter.
Y sí, esa vida se encargaría de hacer sufrir al estúpido rubio que le hizo daño a su ángel.
