Donde Baji detesta como Chifuyu le hace sentir, hasta darse cuenta que en realidad lo que odia es no poder decírselo
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Baji lo detesta. Lo detesta a niveles abismales. El que Chifuyu sea así.
Ya sabe que es más que solo una cara bonita, seguramente el propio Chifuyu lo sabe también. Asimismo, está consciente de lo precioso que es. Y lo que Baji detesta más que nada es haberse dado cuenta de eso para empezar.
Baji no se fijaba en apariencias al momento de reconocer a una persona, se valía de la actitud y de las acciones. Reconocía que Chifuyu era valiente y tenaz, inteligente y decidido. Que era un buen tipo. Luego lo miró con otros ojos al darse cuenta que recibía mucha atención por parte del alumnado femenino de la escuela. Lo miró con otros ojos cuando escuchó por el pasillo el murmullo de voces recelosas, que decían Matsuno la tiene fácil porque es guapo.
Ahí fue cuando comenzó a fijarse en los detalles.
Los ojos brillantes y grandes tirando entre el azul y verde. La tez clara como la neblina y el vaho que salía de sus finos y rosados labios en los días de frío. La nariz rojiza y diminuta. Era más atractivo que el promedio y cuando Baji cayó en cuenta de eso comenzó a detestarlo.
Más que nada por lo que le causaba. El peso en el pecho, las manos calientes. Tener que tragar saliva cada vez que Chifuyu estaba cerca, cada vez que alcanzaba a oler su cabello.
Oh, su cabello. El cabello suave, brillante y dorado era la cereza del pastel. Era increíble la cantidad de veces que Baji se lo había revuelto con toda la confianza del mundo antes de darse cuenta de lo íntimo que parecía hacer eso.
Luego de darse cuenta que su cara era linda, se fijó más en su estilo y ciertamente eso fue su perdición, porque empezó a fijarse en su cuerpo más de lo que debía. Como un total depravado. Que los atuendos de Chifuyu se basaran en una sudadera o suéter al menos dos tallas más grandes, con cuellos anchos que les brindaba un total acceso a contemplar su nuca, su cuello entero y el nacimiento de sus clavículas, bajo la piel blanca como helado de vainilla. No lo veía con ropa ajustada de las caderas para arriba muy a menudo, pero cuando lo hacía, como con el uniforme de la ToMan por ejemplo, no es como si dejara de atentar con su estabilidad emocional. Estaba esa jodida cintura pronunciada, porque si bien Chifuyu tenía musculatura suficiente para mandar a volar a tres tipos de un golpe (en eso sí se fijaba) era bastante esbelto. Y para terminar, los conjuntos de Chifuyu también se complementaban con pantalones o leggins ajustados. Cuando fue consciente de los muslos que Chifuyu se cargaba pensó que iba a morir.
Baji detestaba haberse dado cuenta de todo, básicamente.
No tanto como el hecho de que, tras dos semanas de mirarlo como un estúpido, analizando cada una de sus características físicas y combinadas a los aspectos de su personalidad que Baji ya de por sí admiraba muchísimo, terminó dándose cuenta de que Chifuyu le gustaba. Que le atraía del mismo modo que las chicas de la escuela que se detenían a mirarlo, aunque sea solo un segundo.
Ya, aceptar que le gustaba era una cosa. Lo que no soporta era como le hacía sentir. Porque nunca podría decírselo de frente. No podría soltarlo al aire con naturalidad. Porque ambos eran chicos, y eso complicaba todo.
Sin embargo, la vida seguía.
Los siguientes meses decidió actuar con normalidad a su alrededor aun sabiendo que era precioso en todo sentido, para estar muriendo por dentro más tarde, en la soledad de su habitación. Podía vivir con ello, porque más que detestar el que su cerebro se descompusiera cada vez que miraba a Chifuyu y procesar que tenía un ángel al lado (como una forma de decir, que había días en los que Chifuyu era casi tan despiadado y diabólico como él), detestaba la idea de alejarlo.
Si se trataba de Chifuyu, podía ser capaz de sufrir unos minutos más todos los días.
O eso era lo que pensaba, hasta hoy.
—Baji-san, tú me gustas.
Lo detesta. Lo detesta tanto que podría morir.
El frío de la tarde había contrastado contra el calor de su pecho por andar con Chifuyu por las calles de Shibuya, y es que sentía un calor en el interior al verlo con un suéter gigante y acogedor cuyo cuello de lana color celeste le cubría media cara hasta la nariz. Tenía una capacidad inigualable de parecer adorable y atractivo en partes iguales todos los malditos días. Y Baji lo detestaba.
Porque Chifuyu no tiene idea del martirio que le ha hecho pasar hasta esa tarde, donde ahora que están solos, bajo unas escaleras de un edificio cerrado y vacío porque el personal se ha ido a casa.
Cuando Baji lo escucha, se da cuenta de que lo ha arrastrado ahí a pie para soltarle una bomba como esa. Lo ve en sus ojos decididos, en sus puños apretados a los costados y en cómo se para frente a él. Suele ser distinto, estar ligeramente detrás suyo o, a veces, casi a su lado. Pero ahora lo mira directamente, siguiendo un plan que seguramente estuvo trazando durante quién sabe cuánto tiempo.
Pensaba que detestaba lo que le hacía sentir, cuando lo que odiaba en realidad era no poder hacérselo saber. Y ahora, Chifuyu se le ha adelantado. Increíblemente.
Debía ser una maldita broma del universo para él.
—No puedes hacerme esto —le dice, después de un pequeño momento de silencio que para ambos pareció durar una eternidad. Uno esperando una respuesta, y el otro decidiendo que decir.
Decidiendo que por los próximos minutos va a enojarse un poco.
—No puede ser —continúa diciendo, negando para sí mismo.
—¿Eh?
—No puede ser que yo haya estado durante meses queriendo actuar como si nada, detestando el hecho de que tal vez nunca podría llegar a nada contigo —le explica, soltando más palabras de las que realmente suele decir por minuto, porque tiene que ser rápido—. No puede ser que yo haya estado meses carcomiéndome por dentro pensando que estaba sintiendo algo incorrecto y que de repente tú… —levanta una mano para sujetar a Chifuyu por la nuca, entre los pliegues interminables del jodido cuello del suéter—… que tú, de repente, vengas a decirme eso tan fácilmente.
No está usando guantes, así que puede sentir, casi, como la piel de Chifuyu se va erizando contra sus dedos. Observa como su expresión cambia, entre el asombro y la incredulidad.
—No ha sido fácil —le dice, sin mover la cabeza, pero sus ojos miran a otra parte—. Todavía siento que podría morirme en cualquier momento.
—Pero lo has dicho —puntualiza Baji, acercando su rostro al de Chifuyu—. Lo has dicho y es tan injusto…
En lo que había estado ocupado detestando todo sobre sus sentimientos (aparentemente hasta ese día, unilaterales), una vez llegó a imaginar como sería romper la línea entre la amistad y el amor consumado y decirle a Chifuyu que lo quería. Como sería si su cara se iluminaba, y si se sonrojaba y terminaba sonriendo tan precioso como solo él podía hacer. Pero se frenaba ante el hecho de que fuera recibido con una mirada de espanto e incluso de asco.
Y ahora estaban ahí, con las narices a milímetros de distancia.
Entre el frío de la noche y la neblina tenue, todo parece un sueño. Pero no lo era.
—¿Injusto por qué? —cuestiona Chifuyu—. ¿Qué querías decir? —sus ojos se agrandan más esta vez—. ¿Acaso tú…?
No se lo va a decir directamente. No le va a dar ese gusto cuando ya lo hizo perder una carrera en la que ni siquiera sabía que estaba. Se pregunta quién lo habrá sospechado antes que cualquiera de ellos. Pero deja a incógnita aparte y se lanza para responder la pregunta de Chifuyu, no con palabras sino con acciones.
También se reconoce a sí mismo en base a eso, a su actitud y a sus acciones.
Interrumpe a Chifuyu en medio de su pregunta besándolo sin aviso, con unas ganas horribles, pero no en el mal sentido. No se había parado a pensar cuánto quería besarlo, porque sabía que si lo hacía no podría seguir viéndolo como siempre hacía.
Que bueno que puede darse el tiempo de imaginarlo ahora que tiene sus labios al alcance de la mano, o algo así. Y se toma su tiempo para saborear cada milímetro de esa boca ajena que lo ha enloquecido por meses. Se toma su tiempo para sujetar a Chifuyu por la cintura y sentir como su pequeño cuerpo (en comparación al suyo) tiembla.
Chifuyu hace lo propio y enreda sus manos en el cabello negro de Baji, con confianza, y él se pregunta si acaso había soñado con hacerlo alguna vez. Pasar sus dedos entre los cabellos oscuros mientras se besaban así.
Bueno, ambos estaban cumpliendo fantasías ahora.
—Wow… —Baji susurra contra su boca, para recuperar el aliento.
—¿Qué…? —la voz de Chifuyu suena ronca, y el escucharlo en ese tono hace que algo que se encienda en su interior.
Todavía detesta la sensación, pero no tanto como aceptar que adora como se siente el tener a Chifuyu entre sus brazos.
Baji de nuevo no responde. Solo lo besa, lo besa una y otra vez. Hasta cansarse.
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N/A: Creo que esta es la primera vez que abuso tanto del uso de palabras en cursiva y frases entre paréntesis (? Pero creo que ha quedado bien. 1500 palabras en una hora que ciertamente, aparecieron de la nada.
Espero les haya gustado! los comentarios son bien recibidos, gracias por leer hasta aquí 3 la última semana de octubre estaré subiendo dos one shots más uwu
Hasta entonces, Layla Redfox fuera! :3
