Domingo 18.19 pm 02.05.2021
El sol comienza a ponerse y con eso viene la suave brisa del anochecer. Hay muy pocas nubes y el color ocaso tiñe el cielo. Las cenizas del aire dispersan los rayos color rojizo. El viento fresco entra por los ventanales abiertos de par en par, como si la casa les estuviese dando la bienvenida. Un aroma de césped recién cortado se mezcla con el pan horneado y el té de limón con jengibre. La habitación es cálida y está rodeada por una biblioteca. Los estantes no están sumamente prolijos y tienen otro tipo de decoraciones además de libros, como estampitas de célebres hechiceras historiadoras, o suvenires de visitas que el matrimonio Granger-Weasley trajo como recuerdo de sus viajes familiares a los pueblos mágicos de otros países. Los libros en su gran mayoría son de tamaño enciclopédico y juntan mucho polvo. Con los lomos gastados conforman una gama de colores castaño-amarillento. De fondo suena un tocadiscos antiguo. Originalmente era una tocadiscos común y corriente pero ahora está encantado gracias Hermione. La caja se abre junto a la púa como arte de magia, mientras un vinilo se acerca girando con gracia por el aire para apoyarse con precisión y reproducir música. El almacenamiento analógico y la magia de Hermione hace que los sonidos vibren en una frecuencia exquisita, emitiendo señales sonoras únicas para los oídos. Mientras una dulce melodía paseaba por los tímpanos del trío, Harry usaba una cucharita de madera para tomar yerba mate de un recipiente y colocarla en el vaso de calabaza. Tapó el vaso con la palma de su mano y lo sacudió para sacarle el polvillo restante. (Ron siempre se queja del polvo de la yerba porque le produce acidez) Lo dejó de nuevo descansando en la mesa ratonera circular, cubierta por un mental de puntilla color crema. En el centro había una planta suculenta con una flor crecida en el medio.
Hermione entró a la habitación tomando una tetera tipo caldero metálico desde la manecilla, usaba un repasador de lana bordado en crochet para no quemarse la mano. Sostenía de abajo la tetera con un pequeño pallet de madera. Del pico de la tetera salía un remolino de humo en forma de espiral, indicando que el agua aún seguía hirviendo. La apoyó con cuidado junto al pan recién horneado que continuaba en la bandeja de acero y desprendía un humo que subía de forma recta desde arriba y los costados. Se palmeó las manos y miró alrededor de la mesa por si faltaba algo. Había unos recipientes de vidrio esparcidos con distintas mermeladas, una de frutos rojos, otra de ciruela y una última de almíbar.
—Creo que el pan ya listo para cortar —dijo Harry.
—Yo busco un cuchillo Hermione, no te preocupes —se ofreció Ginny sentada en suelo mirando sus pies descalzos. Con su varita direccionaba un pequeño pincel que pintaba sus uñas de un color bordó de manera prolija. Dejó su varita en la baldosa rústica y se sopló los dedos para secar el esmalte. Harry la ayudó agitando la mano para generar más viento. Ginny se paró a si misma empujándose con las manos en sus rodillas y caminó con por la habitación. Harry observó embobado como su largo cabello se balanceaba detrás de ella para luego desaparecer por la puerta.
—No voy a ir mañana a Sortilegios —dijo Ron mientras pasaba distraídamente las páginas de El Profeta. –No entienden lo agotado que me dejó el trabajo este último mes.
—Me imagino —concedió Hermione mientras mullía un cojín de funda escocesa contra el suelo. —. Abril siempre es una época muy redituable para las tiendas de chascos —se sentó en el cojín acomodándose con las piernas cruzadas.
—¡No entiendo por qué! —exclamó Ron indignado mientras cerraba el periódico —. El día de las bromas es el primero. ¿Cómo les dura el entusiasmo todo el mes?
—Pero mejor para ti ¿no? —preguntó Harry.
—Ya me da vergüenza seguir dejando a Rose y Hugo en la madriguera —se apresuró a responder Hermione —. Se supone que Ron aceptó ese trabajo para tener tiempo de cuidar a los niños.
—Ese no es el problema —discutió Ron —. Sabes que Molly es encantada de recibirlos.
—Sí, lo sé. Pero me da un poco de lástima —apoyó el codo en la mesa para sostener su barbilla, pensativa. –Me recibió en su hogar por tantos años, teniendo espacio y alimento limitado... No es justo que una vez que nos vayamos de casa la sigamos atareando con nuestros propios hijos. —Ron bufó en desacuerdo.
—¿Cuál es problema, entonces? —Harry le preguntó a Ron mientras acomodaba la yerba contra un extremo del vaso y vertía el agua caliente en el otro.
—El problema es que ya tengo dos niños que me vuelven loco en mi casa —respondió ron estirando sus brazos y su cuello hacia atrás —. Me gustaría tener un poco de paz en mi trabajo, y no criaturas excitadas corriendo de aquí para allá. ¡Esta semana, un travieso caradura intentó robar unos bombones desmayo! Suerte que tenemos hechizos de protección antirrobo.
—Bla, bla, bla... Deja de quejarte un poco, Ron. Tu esposa es Ministra de Magia y la escucho refunfuñar menos que tú —Ginny volvió con un cuchillo de pan en la mano sosteniéndolo de forma correcta (con el filo para adentro y el agarre para afuera) y unos frascos de hierbas que flotaban detrás de su cabeza — ¿Eso ya está listo? —le preguntó a Harry.
—¡Si! Digo, no. –respondió Harry arrastrando el vaso hacia ella —. Falta la bombilla.
—Perfecto —dijo Ginny mientras los frascos reutilizados se apoyaban con magia en la mesa ratona —. Esto es cedrón —explicó tomando un frasco con hojas verdes —. Y esto es manzanilla. —apuntó el frasco con florcitas amarillas —. Podemos ponerle algunos de estos, si quieren.
—Déjame cortar el pan —Ron tomó el agarre del cuchillo de la mano de su hermana y comenzó a bordear el pan para separarlo del molde. Ginny se sentó en el regazo de Harry y se deslizó para abrazarlo con un brazo. Su cabello naranja rozó el rostro de Harry, dejando el mítico aroma floreal zumbando en su cerebro. Tomó su cintura con una mano, acarició el interior de sus muslos con la otra y plantó un beso en su mejilla. Hermione abrió el frasco de cedrón y este desprendió un olor que evidenciaba que recién lo habían cosechado. Se estiró sobre la mesa para tomar el vaso de madera y arrojó un poco de la hierba. Tomó la bombilla, apretó el extremo con un pulgar para que no se tape de agua, y finalmente la colocó en el vaso entre las distintas especias. Ron estaba cortando el pan en rodajas y repartiéndolo. Ginny comenzó a untar mermelada en su pan mientras tarareaba la canción que sonaba y Hermione acercó la infusión hacia Harry. Éste bebió un poco, sintiendo como el cálido líquido recorría su esófago y calmaba su ser.
Observó alrededor mientras su corazón se inundaba de paz. Estas situaciones, rodeado de quienes más aprecia, son un recordatorio de que todo el trauma ocurrido tuvo su propósito. Momentos como éstos resguardan su salud mental. Sonrió para sí mismo. Evidentemente el amor había triunfado por sobre todas las cosas.
