Mi primera -y muy retrasada- entrada al Flufftober.
Prompt 1. Eye contact
Disclaimer: Ni los personajes, ni el prompt inicial, ni nada del universo de Fairy Tail me pertenece, solo la historia que escribo con ello.
Miradas
Septiembre
Levy aun recordaba la primera vez que lo vio. Había comenzado a tomar esa línea del metro para ahorrar tiempo, aunque significara caminar un poco más desde su apartamento. Y una semana después, en un día de julio particularmente caluroso, alcanzó a vislumbrar una larga melena de cabello azabache.
Le extrañó de inmediato, ¿quién rayos decidía llevar su cabello así de largo y suelto en un día como ese? Las puertas se abrieron al llegar a la siguiente estación y gracias a los pasajeros que vaciaron el vagón, lo vio, un hombre alto e imponente, con una musculosa que revelaba su bien trabajado cuerpo y piel morena; extendiendo sus brazos para atar su largo cabello en una coleta.
En ese momento culpó completamente al calor del día cuando su rostro se coloreó al ver los músculos de sus brazos y espalda en movimiento, y sin poder evitarlo había pasado el resto del camino mirando al desconocido.
Cuando este bajo unas pocas estaciones antes que la suya Levy se reprendió a si misma por haberlo mirado, acordando que había sido algo de una sola vez, un desliz provocado por la curiosidad.
Esa fue la primera vez que lo vio, creyó que sería la única, pero con el paso de los días se dio cuenta de que, así como ella tomaba esa línea diaria, él también.
Así fue como sin poder evitarlo, Levy se vio envuelta en la desafortunada situación de tener un crush por un desconocido al que veía casi todos los días en el metro. Enserio había querido creer que sería algo temporal, pero ahora que estaba en los primeros días de septiembre y después de poco más de dos meses admirándolo de lejos con tanto disimulo como podía, Levy comenzaba a preocuparse seriamente por sus facultades mentales.
En cada ocasión se recordaba que no debía hacerlo, "es indebido ¿qué harás si un día te descubre?" se repetía en su cabeza, y, aun así, su mirada siempre recorría instintivamente el vagón en cuanto entraba, esperando encontrarlo.
Había ocasiones en que este iba tan lleno de pasajeros -y ella se veía sepultada por la estatura de los demás- que con trabajo podía ver cuando llegaba a su parada; pero otras veces, sin importar que hubiera muchos o pocos pasajeros, podía verlo y con cada una de esas veces sentía que averiguaba un poco más de él.
Toda la situación la hacía sentir absurda, era ridículo que a sus veintitrés años tuviera un crush por un completo desconocido que -y esto le dolía más de lo que le gustaría admitir- de seguro ni reparaba en su existencia. Tan solo no había podido evitarlo, le intrigaba todo de él tanto como que, incluso después de casi dos meses de compartir transporte diario, no habían llegado a coincidir con el otro.
Y en ese día en particular, donde el metro estaba repleto de personas regresando de sus trabajos como ella, Levy se sintió afortunada cuando alcanzó a ver un asiento vacío apenas entrar.
Valiéndose de ser bajita y ágil sorteó a los pasajeros, casi abalanzándose sobre el asiento antes de que alguien más lo ganará. Fue así como se salvo de ir de pie en ese vagón donde no cabía ni un alma más.
Levy iba todo lo cómodamente que podía en una situación como esa, sentada y resguardando su mochila entre sus brazos, con la vista hacia esta, enfrascada en sus pensamientos.
Así había sido hasta que el metro se detuvo y ella giró hacia la ventana detrás de ella, esperando ver que estación era y que tan cerca de su parada estaba. Sin alguna razón en particular estiró sus piernas, con su mirada perdida en la ventana, las puertas se cerraron y antes de que pudiera regresar a su posición usual escuchó una voz grave y masculina.
—¿Puedes moverte?
—¿Ehh? —reaccionó, volteando hacia el frente solo para ser sorprendida por unos intensos ojos rojizos.
Era él, su eterno crush del metro estaba frente a ella.
No pudo apartar su mirada de él, sus ojos castaños clavados en aquellos de peculiar color rojizo, en su intensa mirada que la mantenía clavada en su lugar, sin brindarle un solo momento para recuperarse de la impresión. Él dejó que su mirada la recorriera rápidamente de arriba abajo, haciéndola muy consciente de si misma, para después verla con extrañeza haciéndola reparar en todo el tiempo que llevaba abstraída mirándolo, y en las personas en el vagón que lo presionaban para que se acomodara.
—¡Lo siento! —Levy se disculpó de inmediato, con mucho más ímpetu del que quería, reacomodándose en su asiento y bajando su rostro de inmediato, esperando ocultar el sonrojó en sus mejillas.
Lo escuchó dar dos pasos hacia adelante y asomándose solo un poco pudo ver como se sujetaba de una de las agarraderas, afianzándose en ese lugar, justo frente a ella.
Volvió a bajar su mirada de inmediato, Dios sabía lo avergonzada que se sentiría si él volvía a encontrarla mirándolo, y una gran cantidad de dudas sobre que hacer o cómo reaccionar llenaron su cabeza.
Aquello que tanto temía y anhelaba a partes iguales finalmente había sucedido, pero si bien, ella deseaba que ambos coincidieran, esperando esperanzada una oportunidad en que se pudieran conocer; también era cierto que la razón por la que no había hecho nada para que eso sucediera, a pesar de verlo casi todos los días, era justo por lo que no hacía nada en ese momento, porque no tenía la más mínima idea de que hacer.
Volvió a levantar su rostro con cautela, encontrándolo, mirando abstraído por la ventana y entonces se permitió apreciar su rostro. Nunca había estado tan cerca de él y desde su posición podía distinguir perfectamente tanto el color único de sus ojos como la cantidad de piercings que tenía; en alguien más tanto metal le parecería excesivo, pero a él le quedaban bien, casi como si tuviese que ser de ese modo.
Él pareció reparar en su mirada, porque bajó su rostro y ella de inmediato hizo lo mismo, evitando ser descubierta.
"Demonios, Levy" pensó, regañándose internamente, "primero lo espías por meses y ahora que está frente a ti no puedes ni darle la cara", se sentía patética, pero ni juntando valor se sentía capaz de saludarlo, mucho menos de intentar comenzar una conversación.
Se hundió en su asiento en medio de sus lamentaciones, sin percatarse de la mirada curiosa que se cernía sobre ella.
Fue en medio de esto que el metro llegó a otra estación más y antes de que algunos pasajeros pudieran bajar, apenas abrirse las puertas una horda de personas entró, generando caos en todo el vagón, con personas intentando bajar, subir y empujando para hacer espacio. Uno de estos empujones terminó dándole a Gajeel, quien, al estar momentáneamente distraído, terminó por perder el equilibrio cayendo hacia adelante, reaccionando apenas lo suficiente para detenerse de caer por completo, apoyando sus manos en el cristal de la ventana, aprisionando sin proponérselo a la joven mujer de cabello azul entre su cuerpo y el asiento.
Las manos de él estaban apoyadas solo centímetros más arriba de su cabeza y el sobresaltó hizo que levantará su rostro, fue así como sus miradas se encontraron una vez más, esta vez con sus rostros frente a frente y cerca del otro.
—Lo siento —Se disculpó él, reacomodándose en cuanto pudo.
—E-e-está bien —Su voz había tartamudeado sin que se lo propusiera, pero es que había sido tenerlo de frente y cercano de un momento a otro, la pobrecilla no había podido evitar ponerse nerviosa.
—¿Está bien que casi te caiga encima? —Él preguntó, alzando una de sus cejas conformadas por sus piercings.
—Ehh, no, no, me refiero a que entiendo que no fue tu culpa —Aclaró de inmediato, moviendo sus manos para enfatizarlo.
Él permaneció mirándola por un momento antes de asentir y regresar su vista a la ventana, momento en el que Levy volvió a hundirse en su asiento, conteniendo las ganas de ocultar su rostro entre sus manos y morir de la vergüenza.
El metro continuó su recorrido y la cantidad de pasajeros no llegó a disminuir, el reducido espacio obligó a Gajeel a permanecer más cerca de Levy de lo necesario -y a afianzar su agarre para no volver a casi caer sobre ella-, sin embargo, sus miradas no volvieron a encontrarse.
Cuando llegó a su parada Gajeel se apartó, Levy levantó de inmediato su rostro sin poder enmascarar la decepción. Se sentía decepcionada de si misma, de no haberse atrevido a hacer o decir algo, reprochándose por si había perdido su única oportunidad.
La peli azul intentaba que sus sentimientos no fueran tan evidentes, pero cuando él le devolvió la mirada, con lo que parecía la misma decepción cubriendo sus rojizos ojos, Levy se preguntó si sería solo su imaginación o el reflejo de lo que había en los suyos. Se lo habría cuestionado sin fin de no ser porqué él levantó una de sus manos, en un gesto parecido a una despedida, y le dirigió una leve sonrisa ladeada antes de salir del vagón.
Y tal como cuando lo había visto repentinamente frente a ella, Levy se quedó estática en su asiento, preguntándose si tal vez, solo tal vez, ese primer encuentro no había sido tan desastroso después de todo.
Más vale tarde que nunca, y si bien voy a estar subiendo como de a dos o tres hasta que este al día, no podía dejar pasar la oportunidad de participar en esto. No cuando al preguntarme si podría escribir algo para el Flufftober estos dos aparecieron, así que espero que les guste esta historia porque yo estoy muy emocionada por que la conozcan.
Muchas gracias por leer, ¡nos vemos en un rato con el siguiente!
Mei.
