La dama del lago
Hacia mediados del siglo dieciséis, vivía en Norfolk un caballero viuda. Su nombre era Alexander Greengrass, un nombre con peso propio y altamente respetado.
Quedo viudo después de seis años de matrimonio y se había dedicado al cuidado de sus hijas, dos hijas nacidas con una diferencia de cinco años entre ellas. La mayor, Daphne y la menor, Astoria, en honor a una pequeña nacida entre ambas que solo vivió unas semanas.
Una noche el respetado mago y amado padre, falleció. En su testamento dejaba todo a sus amadas hijas, su herencia y la mansión.
Marius Greengrass
1721-1782
Con su padre fallecido, las hermanas se vieron en la urgente necesidad de casarse, al ser ambas mujeres y no haber ningún varón, perderían el control sobre las finanzas del señor Greengrass y de la mansión Greengrass, su hogar de toda la vida.
Las mujeres en esa época no tenían nada, ni presente, ni futuro, si no estaban atadas a un hombre, así que eran niñas otra vez. Pero ahora, no tenían nada en el mundo, más que una a la otra.
Las dos hermanas estaban en la plenitud de su juventud. Astoria con su dulzura y Daphne con su astucia, y Daphne por supuesto con sus más finos vestidos, siempre. Las hermanas eran muy diferentes en su apariencia y carácter. La mayor era alta, con tranquilos ojos azules y cabello rubio oscuro, aireada y esbelta, con emociones reservadas, suave y en forma, sus finos brazos y su suave expresión no estaban hechas para grandes aventuras. Astoria por otro lado podría haber cambiado la melancolía de su nombre por algo más parecido a su aspecto y disposición, era positiva y alegre, con un andar de bailarina, tenía el cabello negro, brillantes ojos castaños y baja en estatura, desde pequeña fue una creatura llena de sonrisas y alegría, siempre dispuesta a aventurarse por los jardines y bosques que rodeaban su hogar.
Entre los hombres jóvenes amigos y vecinos, había muchos excelentes candidatos, algunos, admiradores devotos, y otros, dos otres, que disfrutaban de su reputación de galanes, o conquistadores universales. Pero Daphne los conocía en profundidad, glotones, oportunistas, buitres ansiosos por picar la carcasa de su padre, saquear su riqueza mediante sus hijas. No la mansión Greengrass debía permanecer en la familia, las hermanas debían conservar el control. No iban a perder más en una misma tumba.
Esto llevo a Daphne a invitar a un primo lejano, un tal Henry Potter. Daphne sabía que era el último heredero de la dinastía Potter y era consciente que su padre siempre quiso unir a las dos familias puesto que él y Lord James Potter también fallecido, habían sido muy buenos amigos.
Henry un hombre sin comparación, por cierto. Un joven honesto, decidió, inteligente, rico en libras esterlinas, en salud y en prometedoras esperanzas. Aunque su capital en afectos era escaso.
Daphne se había asegurado de estar ausente cuando Henry llegara, dejando a Astoria la responsabilidad de entretener al primo viajero. Mientras Daphne esperaba por el momento oportuno. Astoria descubrió a un perfecto caballero.
Tenía facciones atractivas, había estudiado y viajado, hablaba francés, tocaba el piano y leía versos en voz alta con una gracia inusual. A medida que Astoria comenzaba a sentir las primeras señales de interés del joven, Daphne regreso, ambos estuvieron en el vestíbulo para verla atravesar con elegancia la puerta principal de la mansión,
Daphne explico que llegaba tarde por disputas con unos arrendatarios evasivos. Tras la muerte de su padre muchos pensaron que ella no sabría sobre finanzas. La historia era cierta, pero también era una puesta en escena. De hecho, cada detalle de la entrada de Daphne estaba planeado, el sudor en sus ojos, la desprolijidad de su cabello, los negocios los libros, las botas de montar en el vestíbulo, hasta el retrato que contaba en lo alto del vestíbulo, encargado por la propia Daphne como parte de su mensaje a Henry, él podía casarse con ella o con su hermana, pero no debía haber errores sobre quien era la verdadera autoridad en la mansión Greengrass, no sobre como debían hacerse las cosas.
La boda fue un tema menor, lo importante eran los acuerdos económicos, un resultado favorable para Daphne que había logrado mantener el control sobre la herencia de su padre, y un resultado igual de favorable para Astoria quien podría seguir disfrutando de la comodidad de su casa natal.
Acepto y me entrego desde este día, en la alegría, en la pena, en la riqueza y pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y adorarte hasta que la muerte nos separe, aquí te juro a ti mi lealtad – recito Henry
Yo Daphne te acepto a ti Henry, como mi legitimo esposo, y me entrego a ti desde este día, en la alegría, en la pena, en la riqueza, pobreza, salud y enfermedad, para amarte y adorarte hasta que la muerte nos separe.
Y obedecer – corrigió el vicario – para amar, adorar y obedecer
Pero Daphne solo sonrió con dulce inocencia
El vicario y muchos de los invitados pensaron que se trató de una inocente omisión, un error, no lo fue. No fue una sorpresa para Astoria que conocía a su hermana mejor que nadie, ni para dios pensó, después de todo la estratégica unión de su hermana estaba bendecida, en la había hecho así después de todo.
Con la transacción hecha, los negocios cerrados y la mansión salvada, Daphne dirigió su mirada a su interior, ahora ya podía dormir.
Y despertaba.
Talvez era el cuarto, pensó, era el cuarto de su madre, la cama de sus padres, y ahora también la suya.
Invadida por una inquietud nueva para su corazón, salió a caminar.
Dormía, despertaba, caminaba.
Talvez no era el cuarto después de todo, talvez era otra cosa, al final Daphne descubrió que más allá de su objetivo, su matrimonio tenía mucho amor después de todo.
Un año después de la boda Daphne dio a luz a una hermosa hija, su mayor orgullo y tesoro.
No tengo palabras dulces para ti – le dijo a su hija – es feroz el mundo, pero tú eres más feroz, la mansión Greengrass te pertenece, y trataran de quitártela como hicieron conmigo, pero no los dejare, para evitarlo moveré montañas mi amor. Eres tú, soy yo, las dos.
Vinieron tiempos felices luego del nacimiento de Lilian, pero nada es eterno, todas las cosas cambian con el tiempo. Los cambios, no suelen llegar anunciados, no suenan trompetas a su llegada. No, los cambios surgen, para cuando uno se da cuenta, ya llegaron, ya clavaron sus garra, ya enterraron sus dientes.
En cuanto a Daphne, sus sospechas comenzaron siendo pequeñas, tan intrascendentes como el cosquilleo en sus pulmones.
Daphne tenía un especial amor por los vestidos y el mejor gusto del mundo, un gusto que su esposo consentía, interminables metros de lustrosa seda y satén, de muselina, terciopelo y encaje de todas partes del mundo, telas tan inusuales y sofisticadas como formadas por hilos de oro y joyas. Todas pasaban por sus delicadas manos, sin que una palabra de admiración saliera de sus labios, no, de sus labios solo enfermedad, algo imposible finalmente de ignorar.
No es la peste – anuncio el medico después de revisarla
Gracias a dios – dijo Astoria suspirando con alivio al igual que Henry, ambos esperaban fuera de la habitación
Pero no tengo buenas noticias – continuo el médico – es influenza
¿Y eso que es? – dijo Astoria
¿Cuánto tiempo? – dijo Henry
¿Qué es, de que habla? – repitió Astoria
¿Cuánto tiempo, doctor? – repitió Henry
Meses, meses como máximo – dijo el médico – y hay que mantenerla separada del resto de ustedes
Nuestra hija, ¿no puede dormir con su madre?
Separadas – repitió
Tiene que tratarla, curarla – dijo Astoria
No hay nada que se pueda hacer
Lo hará, que dios lo ayude, pero lo hará
Ese mismo día Daphne fue llevada a la habitación que había usado toda su vida hasta el momento de su matrimonio. Ahí estaría cómoda y tranquila.
No – dijo removiéndose entre los brazos de su esposo – no, quiero nuestra cama
No se puede amor
Quiero… nuestra cama – suplico - ¡Henry!
Lilly, piensa en Lilly
Daphne asistió con tristeza mientras su marido la dejaba sobre la cama
Daphne paso por una gran cantidad de tratamientos, pero nada funciono, el problema solo empeoraba. Al final, con todas las opciones agotadas, el vicario regreso a la mansión, pero para realizar un rito mucho más melancólico que la tierna canción de matrimonio que había cantado antes.
Voy a preparar un lugar, y cuando me vaya y les haya preparado un lugar, volveré otra vez y los llevare conmigo – recito el vicario de pie junto a la cama – para que donde yo este, estén todos ustedes
Daphne lo ignoro permaneciendo en silencio
Hermana, debes repetir el rito – dijo el vicario con paciencia – repite después de mi
Pero Daphne siguió en terco y orgulloso silencio
Hermana, inténtalo otra vez
No – dijo Daphne
¿Qué dijiste?
No, no voy a ir – dijo Daphne – dígale a su dios, que yo… no… iré
Daphne, debes repetir los ritos, ya no se trata de tu cuerpo, ya no mi amor, es tu alma la que debes tratar ahora – dijo Henry de pie a los pies de la cama
¡No! – dijo Astoria yendo junto a su hermana
¡Astoria!
¡díselos hermana! – dijo Astoria – diles al pastor y al dios que tanto adora, diles que no
Dios quiere que su alma sea pura, para poder recibirla en sus brazos
¡Dios debería conocerla mejor! – dijo Astoria – es como el la hizo, y si dice que no ira, no lo hará
El tiempo hizo caso omiso y la ignoro. Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses, los meses en años. Una y otra vez giraban los diferentes planetas alrededor del sol.
Lilly…
Seis vueltas alrededor del sol, y entonces todo cambio.
¡Lilian!
Un minuto más por favor – dijo la pequeña de cinco años sentada frente al fuego de la chimenea en el salón de la mansión
No puedes ni leer ese libro
Veo lo suficiente
A la cama – dijo Astoria – ya te lo dije tres veces
La pequeña se puso de pie y se acercó a su tía haciendo una pequeña inclinación
No
Una danza corta – pidió la pequeña
No
Solo una – dijo Henry acercándose
Pero ya es hora de que vaya a la cama
Estará bien, solo es una
¿Buen señor? – dijo la pequeña extendiendo su mano
Señorita
Así padre e hija hicieron un pequeño baile
Oh vaya, estas mejorando mucho, creo que ya casi estas lista
Falta la música – pidió
Oh no lo creo – dijo poniéndose a su altura – para aprender a bailar, al principio solo necesitas números
Tía, falta música, ¿no es cierto? – insistió
Hay que dormir – dijo Astoria
Oh, eres tan aburrida
¿Eso crees?
¿Acaso sabes bailar?
Claro que se bailar jovencita, por supuesto
Jamás te he visto bailar
Eso es cierto – dijo Henry
Se bailar muy bien – afirmo Astoria
¿Puedo? – pidió Henry
Oh no, no, no, es inapropiado
Solo una, no le hará daño a nadie, mostrémosle a la niña como se hace – dijo Henry
Bueno, pero luego a la cama princesa – dijo Astoria tomando la mano de Henry
Aun sin música hicieron un corto baile que la pequeña aplaudió, ninguno noto que alguien además de Lilly los veía
Débil, demacrada y cansada. Daphne había superado las predicciones de sus médicos y el vicario. La mantenía viva – algunos murmuraban – solo su tozudes
¡Mami despertaste! – dijo Lilly al verla, normalmente solo se veían de lejos, eran contadas las veces que Lilly había podido escabullirse y pasar tiempo con su madre o abrazarla
Lilly, sabes que no debes acercarte a mami – dijo Henry sosteniéndola
¡Daphne! ¿Qué haces levantada? Hace frio – dijo Astoria acercándose
No quería perderme el baile – dijo con voz ronca
Ven, te ayudo a volver a tu habitación, preparare un te
No quiero tomar te, quiero hablar con mi hija
Pero la enfermedad hizo acto de presencia y cayo de rodillas entre toses, jadeos y un poco de vomito, Astoria alcanzó a darle un bote para que vomitara mientras la sostenía. Cuando pudo respirar Daphne miro a su hermana e hizo lo que nunca había hecho antes, la abofeteo reprendiéndola por su comportamiento con su esposo.
Llévame a la cama – ordeno
Claro – dijo Astoria, sabía que se lo merecía por su inapropiado comportamiento
Lilian miraba a su madre con tristeza mientras se iba
Lo lamento – dijo Daphne una vez de vuelta en su cama
No hace falta – dijo Astoria
Sabes que puedo bailar con el
Lo se
Puedo bailar con mi esposo, no necesito ningún reemplazo, ni en eso, ni en nada
Jamás lo haría – dijo Astoria – descansa hermana
En el pueblo decían que la muerte venia por Daphne, todas las noches durante los primeros años, un carruaje oscuro guiado por caballo negros con ojos rojos, tuvo prohibida la entrada a la mansión, ese carruaje y su chofer fueron rechazados tantas veces, que ya no se atrevieron a volver.
Por las noche, Daphne vagaba sola por los pasillos de su casa, caminaba lentamente desde su habitación, hasta la habitación principal y se quedaba mirando a su esposo e hija mientras dormían, deseando poder unirse a ellos, y cantaba, una triste melodía
Tumbada con mi amor najo el sauce llorón. Tumbada solo hoy estoy y bajo el sauce llorar… oh sauce que llora… llora el auto junto a mi
Quiero dormir con ella – decía frecuentemente mientras su hermana la ayudaba a limpiarse
No puedes Daphne
Pero hoy me siento mejor, más fuerte
Lo dices todos los días, pero estas cada vez peor y peor – dijo Astoria
La señora de Greengrass Manor – dijo Daphne mirando a su hermana
No es mi ambición – dijo Astoria
Mientes
Daphne, no
Mentirosa
Si el me mira de vez en cuando, es porque se siente solo y es humano, y no es tu culpa, pero la realidad es que en los últimos seis años la única necesidad que ha visto satisfecha, es la de sufrir junto a ti – dijo Astoria
Daphne trato de abofetearla, pero Astoria la detuvo
No voy a permitirlo – dijo Daphne soltándose
Lo sé, lo note, pero tienes que pensar en ella, piensa en Lilly, ¿con que se va a quedar? ¿Qué recuerdos de ti va a cargar? ¿va a ser esta versión de ti? – cuestiono Astoria – te lo digo con amor, cualquier cosa menos esto
Esta vez Daphne si la abofeteo
El tiempo siguió su curso. Justo antes del sexto aniversario de esa muerte en vida, Daphne ordeno que llevaran a su cuarto todas las joyas y vestidos que había acumulado antes de la enfermedad, un baúl y una vasija con pétalos de rosas. Henry la encontraría horas después acomodando todo en el baúl, entre gasas y pétalos.
No van a sepultarme con mis joyas, mis anillos, mis encajes y mis sedas – dijo Daphne poniéndose de pie con ayuda de su esposo – puedo decir ahora… que me canse de ellos, pero van a ser una gran herencia para nuestra hija
Henry la miraba en silencio
Tu guárdalo, cuídalo, para ella, hasta que crezca y los use, están rodeados por pétalos de rosas, mantendrán sus colores, en una dulce y perfumada oscuridad – dijo mirando del baúl a su esposo – ¿me lo prometes Henry?
¿prometerte qué?
¿me prometes que lo guardaras para ella, que guardaras la llave y no vas a dársela a nadie excepto a nuestra hija?
Si… te lo prometo – dijo Henry abrazándola
Con el tiempo el dinero comenzó a agotarse, y Henry debía viajar cada vez más por negocios y cruzar océanos cada vez más lejanos hacia lugares exóticos y ricos
Sin Henry en la casa todos los pretextos quedaron de lado.
¿Talvez era la hora? Talvez era el hecho de que todo en este mundo tiene ese punto más allá del cual no puede soportar más peso.
Y una noche, mientras Astoria sostenía a su hermana, un pensamiento vino a su mente. La palabra que la había invadido un año antes, como el cosquilleo en los pulmones de Daphne. Había crecido en rincones secretos. Había eclipsado sus pensamientos de noche y despertaban con el día.
La palabra surgió en su pecho como la enfermedad de Daphne. Se repetía insistente como un susurro en su odio, en su mente entera. Y ahora la palabra se arrastraba por su hombro, por su codo y cobro vida en su mano.
La palabra era piedad.
Pero la palabra era un engaño. Porque no había piedad en su mente ni en su corazón mientras movía su mano.
Era cada bofetada, cada insulto, cada día que había pasado, cada momento después de los últimos ritos.
Era una palabra diferente a la de piedad, y la había infectado todo este tiempo. La palabra no era piedad, descubrió finalmente mientras asfixiaba a su hermana, no, la palabra siempre fue… suficiente.
Y así, Daphne conoció a la muerte a manos de su hermana.
Daphne Potter
1760-1792
Henry soporto su perdida sobria y valientemente. Cerro el baúl y guardo las llaves en su despacho. Lo que no sabía, lo que nadie podía imaginar, era que cuando Henry había cerrado el baúl seis años antes, había encerrado algo más que el armario de su esposa. Algo peligroso y aterrador.
Sobre el viudo, ahora el señor de Greengrass Manor, se sospechaba que muy pronto volvería a casarse, y había al menos una docena de jóvenes mujeres a quienes no se las podía culpar de que a seis meses del regreso de Henry y la muerte de Daphne, la predicción no se cumpliera.
A los ojos de Astoria, el escuchaba el eco de Daphne cada vez más fuerte, eco que le impedía escuchar el canto de otros.
Un año después de la muerte de Daphne, Henry y Astoria se casaron como correspondía, casi en secreto, con la esperanza de que como se comentaba burlonamente, la difunta Daphne no se enterara.
En la noche de bodas, mientras Astoria tomaba su lugar en la cama que había pertenecido a su hermana, cada uno obtuvo lo que tanto deseaba. Para Henry, una hermosa mujer conocida ya por el en virtud de su linaje. Pero los deseos de Astoria, continuaban siendo un misterio.
Durante los primeros tres años de matrimonio, la nueva señora Potter no consiguió convertirse en madre por derecho propio, y su hija adoptiva se negaba constantemente a verla como madre. Por si fuera poco, una parte de su conciencia no la dejaba ni un momento, recordándole a su hermana.
Henry por su parte sufría considerables perdidas de dinero. Esta última circunstancia forzó un recorte en sus gastos, y Astoria se vio forzada a ser mucho menos dama de lo que había sido su hermana.
Paso un tiempo hasta que Astoria confirmo que el inmenso guardarropa de su hermana, había sido confiscado y guardado en beneficio de su hija. Y que dormía lánguidamente en una tristeza innata en el ático polvoriento. Le resultaba repugnante que esas exquisitas telas debían esperar por las ordenes, de una pequeña niña.
Y entonces, en el sexto aniversario de la muerte de Daphne, Astoria… llego a su límite.
La casa se cae a pedazos – dijo Astoria una noche – nuestras finanzas son un desastre, tenemos la solución sobre nuestras cabezas. Ya no podemos pagar a la servidumbre y arriba bajo llave hay telas, joyas y linos. Si no es tanto para salvarnos al menos será una gran ayuda
No – dijo Henry
Ella querría eso, si ella hubiera sabido como serían las cosas, lo mal que manejarías todo
¿Yo?
Si, ¿o no eras tú el responsable de las finanzas querido esposo? ¿no fuiste tu quien dilapido la herencia familiar? – acuso Astoria – lo que mi hermana más quería era que Greengrass Manor floreciera, habría hecho lo que fuera, todo lo posible para salvar la mansión, y tú lo sabes.
Son para Lilly
La mansión es para Lilly, ¿y dejaremos que quede en ruinas antes de su mayoría de edad?
De una vez por todas Astoria, está fuera de discusión, y me sentiré verdaderamente molesto si retomas el tema.
Muy bien, veo que debo sacrificarme por un capricho, me alegra ver lo valiosa que me consideras.
No es… un capricho, mi tesoro, en una promesa, un juramento
Un juramento – repitió Astoria – un juramento a Daphne, por supuesto, no debemos romper un juramento a Daphne, ¿pero qué derecho tenía ella a disponer de nuestro futuro? ¿Qué derecho tenia a atarte a la mezquindad y a la crueldad?
No más discusiones – dijo Henry con un suspiro
Y una noche, aprovechando la ausencia de Henry, mientras Lilly dormía y amparada en la oscuridad. Astoria busco en el despacho las llaves que Henry tanto había protegido y luego se dirigió al ático
No sabía lo que le esperaba al momento de abrir el baúl de su hermana. No sabía la pesadilla que desataría sobre ella misma, y sobre la Mansión Greengrass
A la mañana siguiente al regresar, Henry busco a su esposa, busco por cada habitación, su hija aun dormía profundamente en su cuarto, los pocos sirvientes se ocupaban de sus labores, pero no había rastro de su esposa. Al final sus pies lo llevaron hasta el ático, no era un secreto lo que Astoria quería de ese lugar, así que ahí debía estar
¿Astoria? – llamo
Se adentro en el ático y ahí, iluminado por la luz que entraba por la polvorienta ventana, junto al baúl de Daphne, la vio.
El cuerpo sin vida de Astoria. Su mirada aun reflejaba el intenso horror que vivió y sufrió en sus últimos minutos de vida. Y en su cuello, se podía ver perfectamente la marca de diez delicados y perfectos dedos.
¡Astoria!
Regresemos queridos oyentes, a otra noche, la noche que Daphne, se durmió
Y despertó
Confundida se sentó de su cama, estaba en su habitación, o eso parecía, lo último que recordaba era… a su hermana. Se quito de encima lo que parecía un velo de seda, rápidamente vio que la cama y ella misma estaba cubierta por suaves pétalos de rosa.
Se puso de pie y recorrió la habitación en la que había tenido que aislarse, pero extrañamente no se sentía cansada y febril
Intento abrir la puerta, pero no pudo. Fue hacia la ventana, pero esta estaba sellada con madera, estaba encerrada.
Fue a su armario donde vio con asombro que estaba todos sus hermosos vestidos, y sobre un tocador estaban sus joyas.
Al levantar la mirada y verse al espejo noto con asombro que volvía a tener el aspecto hermoso y saludable que había perdido años atrás, aspecto que casi había olvidado
Dormía
Despertaba
Caminaba
Un ciclo que parecía no tener fin
Y el tiempo paso, ¿Cuánto tiempo? Era imposible de deducir
Durmiendo
Caminando
Despertando
Y con el tiempo, como todos, lo admitió. Admitió que estaba muerta, admitió que su esposo había continuado con su vida, admitió que su hija estaba creciendo sin ella. Y admitió que su cuarto… era un sueño, una construcción. Pero prefería era mentira, a la verdad, del baúl.
Pero allí la esperaba, al final de este purgatorio, una recompensa, sabía que día la puerta se abriría, un día las cerraduras verían sus llaves, y un día, Lilly abriría el baúl de su madre y reclamaría su recompensa. La recompensa de ambas.
Espero días y días, noches y noches, un océano de tiempo. Hasta que el momento finalmente llego.
Daphne sintió una gran emoción al escuchar como la puerta se abría. Finalmente vería a su hija después de todos esos años, su hija finalmente tomaría lo que por derecho le pertenecía.
Pero la emoción se convirtió en furia, y un veneno corrosivo recorrió su cuerpo al ver que no era su amada hija quien había abierto la puerta, que era su hermana quien había ocupado su lugar, quien ahora quería tomar lo que pertenecía a su hija. Abrumada por la furia ataco a su hermana, estrangulándola hasta matarla, dejando detrás la escena que Henry vería más tarde.
Cuando contemplo a su esposo, Daphne no vio los cambios forjados por el tiempo, solo tristeza y nada más.
Y entonces abrumada… se durmió
Sepultaron a Lady Astoria y comenzaron una nueva vida.
Astoria Potter
1762-1798
Los negocios arruinados, la mansión perdida, si bien no legalmente, en espíritu.
Decidieron mudarse lejos, vender la mansión y buscar una nueva vida, una más tranquila, una vida solo para los dos, para ellos dos. Y claro, para Daphne.
Al menos estaría con ellos, su esposo y su hija. No importaba que no pudieran verla, tocarla o escucharla. No importaba, estaría con ellos, eso era lo importante
Estaban dejando Greengrass Manor, dejando gran parte de sus pertenencias. La recompensa de Daphne por todos esos años de soledad, por todo el dolor de su cansado corazón.
Pero Henry, se había convertido en un hombre supersticioso, y había visto el horror en el rostro sin vida de Astoria. Su superstición desafiaba la razón, pero se sentía seguro de todas formas. Cualquiera que fuera la maldición que se había llevado a su segunda esposa, no permitiría que esos dedos helados se llevaran a su hija, ni a nadie más.
Antes de partir y solo con la ayuda de su hija, Henry arrojo el baúl de Daphne al lago que había en la propiedad, abandonando sin darse cuenta, a Daphne junto con él. Ese día se fueron sin mirar atrás.
Este insulto final de ser lanzada a las profundidades pantanosas mientras su hija se convertía en mujer, ese absoluto abandono. Destoso el corazón de Daphne.
La sensación de ser arrastrada a algún otro lugar, a un reino más allá, se había desvanecido en los años que siguieron a su muerte. Pero ahora, volvía, y la rechazaba por completo, con cada pizca de su inquebrantable voluntad, contra toda probabilidad, Daphne no se iría. N
A la mayor de las hijas Greengrass, una vez Lady Potter de Greengrass, la mantenía algunos murmuraban solo su tozudes.
Ignorando la fuerza de ese otro mundo, Daphne creo su propia gravedad, gravedad de voluntad, que cambiaría las tierras de la mansión Greengrass, para siempre.
Y una vez más, dormía.
Y despertaba…
Ignorando que su familia había abandonado la mansión para siempre, Daphne comenzó un nuevo ciclo, uno mucho más doloroso
Dormía…
Caminaba…
Como despertando de una pesadilla, regresaba caminando a su hogar, sintiendo todas las veces, que era un sueño.
Sitiando que, si caminaba hacia su cuarto, el cuarto que una vez compartió con su esposo, con su pequeña hija, la pesadilla… terminaría. Y podría deslizarse en la tibieza de sus sabanas y acurrucarse en el lecho familiar que la había esperado todo este tiempo.
Y miraba, su cama vacía. Y Daphne recordaba, y el recuerdo en sí, era una herida nueva. Y su corazón se rompía nuevamente, ardiendo en su pecho, un abrazador dolor que esperaba se aliviaría con las frías y lodosas aguas de su nueva mansión, su nuevo hogar.
Y así, dormía y olvidaba, después de olvidar, despertaba, y caminaba.
Cuantas noches, cuantas caminatas, ya no podía contarlas. Su atención solo puesta en avanzar, solo en su cama, su objetivo, y en su hija, quien ella pensaba cada vez que despertaba, estaba esperándola.
No se dio cuenta de que una década había pasado, ni siquiera noto un brote de peste en su pueblo, ni que la mansión era una zona de aislamiento debido a la tos mortal que arrasaba a su vieja comunidad.
¿Dónde está ella? – pregunto a un moribundo en la cama
Fue interrumpida por el médico de la peste, el mismo que la había diagnosticado muchos años antes.
¿Que estás haciendo aquí? – pregunto – no deberías estar en el ala este, no es seguro
Pero ella no escucho y lo tomo del cuello
¿donde? – pregunto antes de romper su cuello
Y después de morir, el médico de la peste quedo de inmediato olvidado y algo extraño ocurrió. Su gravedad, la gravedad inventada que la ataba a la propiedad, ahora alcanzaba a otros.
Ella dormía, y como suele pasar con los sueños, olvidaba. Y después de olvidar, despertaba, y caminaba.
Daphne apenas noto su propio intento de exorcismo, y así, el pobre vicario, se convirtió en la segunda persona que se interpuso en el camino de Daphne.
Solo dormía, y olvidaba, y olvidaba, y entre sus olvidos, un dolor completamente monstruoso.
Todas las cosas se disipan con el tiempo, carne, piedra, hasta las estrellas del cielo. El tiempo se lo lleva todo, así es el mundo, el pasado se borra, los recuerdos se desvanecen, y claro, el espíritu también, todo se rinde ante el tiempo, hasta el alma.
Despertar, caminar, olvidar aún mas
Su nombre, olvidado.
El nombre de su hermana, olvidado.
A medida que sus recuerdos la dejaban, lo mismo pasaba con su rostro, muy poco recordaba.
La noche que encontró a un niño en la vieja cama de su hija, ya no recordaba a quien esperaba ver, solo tenía la leve noción de que buscaba a alguien pequeño, y ahí había alguien pequeño, debía ser la persona que buscaba, debía serlo.
Dormía y se desvanecía, y se desvanecía, igual que los otros. Esas almas retenidas en su órbita. Los desafortunados atrapados en el pozo de gravedad en que había convertido la mansión. También se desvanecían.
La mayor de las hijas Greengrass, una vez Lady Potter, es ahora un pensamiento, una sensación. Ya no una mujer, ni siquiera una persona, ni un nombre, ni una cara. Solo necesidad, necesitad y soledad, e ira. Su destino, era una pesadilla.
Un destino que compartía con todos los atrapados en la mansión. Un destino que se repetía con quien fuera hermana de Daphne, ahora olvidada en el ático. Ignoraba que había tenido una hermana a la que asesinar, y quien la había asesinado. Un destino que se repetía con aquellos desafortunados que se cruzaban en su camino habitual.
Un destino que se repetía con aquellos que murieron de otras causas en la mansión, que se vieron envueltos en la gravedad de Daphne aun sin caer en sus heladas manos.
No hay esperanzas para quien tenga la triste desgracia de morir en Greengrass Manor. Ya sean víctimas del destino, de una enfermedad, de un vicio o una de la otra.
Nadie que muera en Greengrass Manor, puede escapar de la gravedad de Daphne, no hay escape, no hay salida.
Y ella duerme, camina y olvida, su destino, una pesadilla sin fin.
