En esta historia es Charlie quien murió durante la guerra y no Fred (nunca debió morir, para empezar). Lo siento. Me gusta el domador de dragones, pero no lo necesitaba vivo.
EWE, algo de OoC, Fluff, Drama.
Los primeros capítulos son algo lentos.
Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling y Warner Bros.
No acepto adaptaciones ni plagios. Respeta el trabajo ajeno y no hagas pdf.
Capítulo 1 — Conociendo a un slytherin
El primero de septiembre un montón de magos se amontonaban en el andén 9 ¾. La mayoría eran padres que acompañaban a sus hijos para despedirlos tras su regreso a Hogwarts. Otros acudían a observar de primera mano la ilusión en los rostros de sus hijos, los cuales miraban todo maravillados y gritaban de emoción al ver por primera vez el expreso que los llevaría a la gran escuela de magia.
Draco Malfoy le sonrió divertido a su hijo, al ver como intentaba reprimir todas las emociones que le provocaba el estar por fin en ese lugar, listo para iniciar su primer año en Hogwarts.
—Puedes gritar de emoción como los otros niños —ofreció en voz baja mientras permanecía de pie tras su hijo.
—No, el abuelo dijo que no debo dejar que los demás sepan lo que pienso —dijo el pequeño Scorpius volteando hacia su padre.
—El abuelo me dijo lo mismo cuando era pequeño ¿y qué crees?
—¿Qué? —preguntó el pequeño con curiosidad.
—Más tarde me arrepentí de no haber disfrutado mi primer viaje en el expreso. Pude haberme emocionado con mis amigos, pero no lo hice por obedecer a mi padre. El abuelo no siempre tiene la razón ¿sabes? —contó Draco.
—Siempre me dices lo mismo —se quejó el pequeño Malfoy—. El abuelo dice que no debo hacer caso a algunas cosas que tú me dices.
—Bueno, yo soy tu padre. Él me educó a mí y yo te educaré a ti. Así que sube a ese tren, busca un lugar donde te sientas a gusto y hazte amigo del primer niño que veas. Siempre es importante tener amistades en todas las casas de Hogwarts —dijo Draco mientras acomodaba el cuello de la camisa de su hijo.
—¿Qué tal si quedo en hufflepuff? —preguntó Scorpius con una sonrisa por el gesto de su padre.
Draco se carcajeó y luego contestó —Si quedas en hufflepuff, me burlaré en la cara de tu abuelo.
—Que malo eres papá, el abuelo podría morir de un infarto —se quejó el niño.
—Bueno, eso no sucederá pronto. El abuelo tiene más vida que Nicolas Flamel; creo que seguirá vivo cuando tu bisnieto vaya a Hogwarts —bromeó Draco, logrando que su hijo riera por fin.
En ese momento, apareció Pansy al lado de su esposo, Graham Montague. Su hijo, Edwin, se acercó corriendo a Draco, arrastrando su carrito de equipaje.
—Hola padrino —saludó alegre.
—Hola Ed. ¿Nervioso por tu primer día en Hogwarts? —preguntó Draco.
—No estoy nervioso, sé que voy a quedar en slytherin, no hay otra opción para mí —declaró el niño.
—Claro que quedarás en slytherin —dijo Pansy—. Estas rodeado por el influjo slytherin. El sombrero ni siquiera dudará.
Todos rieron ante la veracidad de las palabras de la chica.
—Además —agregó Draco—, todas esas travesuras que haces cuando vas a la mansión no pueden ser hechas por alguien que no sea slytherin.
—Y eso también va para Scorpius —dijo Montague—. Ambos serán slytherin sin dudarlo. Espero que en su segundo año queden en el equipo de quidditch y ganen la copa para nuestra casa.
Ambos niños asintieron con alegría.
De pronto Pansy se quejó —Ahí están Potter y su séquito de pelirrojos.
Draco, Graham y los niños voltearon hacia el lugar que Pansy miraba y, efectivamente, Potter y los Weasley ingresaban al andén armando el alboroto que siempre hacían a su llegada.
Draco suspiró —Ya hablamos de eso Pansy. Ignóralos y que ellos nos ignoren —le dijo.
—El problema es que ellos no nos ignoran Draco. Cuando llevé a Edwin al callejón para comprar sus libros me encontré con la Weasley. Debiste ver la mirada que nos dio. No me molesta que me mire mal a mí, pero Ed no ha hecho nada.
Draco frunció el ceño con preocupación, luego recordó —Yo me he encontrado con los Weasley en otras ocasiones y solo me ignoran. Se me hace extraño que te traten así. Incluso Theo y Blaise se los han topado en el ministerio y no han tenido ningún problema.
—Pues eso significa que la Weasley tiene algo contra mi familia y contra mí —declaró Pansy, cruzándose de brazos.
Graham colocó una mano en su hombro para tranquilizarla.
—¿Esos Weasley son malos? —preguntó Edwin mirando a sus padres con curiosidad.
Pansy abrió la boca para decir algo, pero Draco se le adelantó —Claro que no Edwin. No son malos, solo son personas con las que no nos relacionamos demasiado. Pero eso no significa que los odiemos, ¿verdad Pansy?
La chica lo miró mal, pero aun así respondió forzadamente —Claro, no los odiamos.
El expreso emitió su pitido para avisar que estaba a punto de salir.
Scorpius se volteó hacia su padre con expresión ansiosa.
Draco se agachó al lado de su hijo con una sonrisa triste —Estaré bien, los abuelos estarán conmigo en la mansión. Nos veremos durante las vacaciones de invierno —dijo tranquilizadoramente.
Scorpius lo abrazó enterrando el rostro en su cuello —Es la primera vez que voy a pasar tanto tiempo sin verte —se quejó—. Mándame cartas.
—Y tu mándame cartas también —pidió Draco—. Esperaré la carta donde me digas que quedaste en hufflepuff.
—¡Papá! —se quejó nuevamente Scorpius con diversión.
Draco le sonrió y ayudó a Scorpius a subir su baúl.
El expreso comenzó a avanzar dejando a los padres atrás mientras se alejaba cada vez más deprisa. Las manos de muchos niños se asomaban por las ventanas mientras se despedían de sus familiares.
Scorpius no pudo evitar sentir un poco de tristeza a pesar de que iba hacia el lugar que había anhelado. Su padre se iba a quedar solo. Era la primera vez que se separaban tanto tiempo y eso le causaba preocupación. Decidió que mandaría cartas a su padre todos los días para que no se sintiera tan solo.
—Scorpius, vamos a buscar un lugar donde sentarnos —apuró Edwin.
Scorpius se volteó y observó con emoción el interior del expreso. Nunca se había subido a uno y viajar en él por primera vez era una gran experiencia. Había montones de niños por todas partes, tantos que era difícil caminar por los pasillos.
Pero, sobre todo, había un grupo más grande que se amontonaba en la puerta de uno de los compartimientos. Decidió que no necesitaba toda esa atención y pasó de largo, con Edwin tras él. Después de mucho buscar, encontraron un compartimiento vacío y se quedaron en él hasta que llegaron al castillo.
Cuando bajaron, junto con los demás estudiantes, se encontraron a un enorme hombre llamando con voz alta: —¡Los de primero, vengan conmigo!
Scorpius y Edwin caminaron tras el hombre, quien los llevó a unos pequeños botes, los cuales usaron para viajar hasta el enorme edificio. Mientras navegaban, Scorpius pudo ver a su alrededor a los demás niños que también miraban emocionados el castillo. Era la primera vez de todos en ese lugar, por lo que también era la primera vez que veían Hogwarts. Era una imagen que seguramente recordarían siempre.
El interior del castillo también era impresionante. Scorpius observó con atención a todos los chicos mayores que los miraban fijamente.
Cuando la selección inició, todos los de primero se pusieron nerviosos, incluso él, quien no sabía en que casa lo pondría el sombrero seleccionador.
Un diminuto profesor era quien nombraba a los de primero para que pasaran a sentarse en el taburete.
—Malfoy, Scorpius.
Dijo el profesor por fin.
Scorpius caminó lentamente y se sentó en el pequeño banquillo. El sombrero fue puesto en su cabeza y comenzó la selección.
Ravenclaw, le dijo el sombrero, pero slytherin también era una opción. Scorpius quería pertenecer a la casa de su padre, así que lo pidió con todas sus fuerzas, y de pronto el sombrero gritó en voz alta:
—¡Slytherin!
El sombrero fue quitado de su cabeza y entonces Scorpius abrió los ojos con emoción. Se bajó del banquillo y corrió hacia su mesa mientras los chicos que ya estaban en esa casa aplaudían tranquilamente. Cuando se sentó, volteó hacia su amigo Edwin, quien aún esperaba en la fila, y este le sonrió también, prometiendo silenciosamente que pronto lo alcanzaría.
El siguiente en ser nombrado fue Edwin y no tardó nada en ser mandado a slytherin.
—Está en mi sangre —dijo su amigo con orgullo cuando se sentó frente a él.
Un par de niños más fueron seleccionados y, de pronto, cuando el profesor mencionó al siguiente niño, todos comenzaron a murmurar y miraron con atención hacia el frente. Los chicos de gryffindor parecieron alegrarse.
Scorpius volteó a ver con curiosidad, sin entender que sucedía.
—Otro gryffindor.
Mencionó un chico en su mesa y fue secundado por varios asentimientos de cabeza.
Scorpius no comprendía como podían saber dónde iba a quedar ese niño, así que lo observó con atención para ver si él también podía averiguarlo.
El sombrero fue puesto en la cabeza del niño durante solo un par de segundos y entonces el sombrero gritó:
—¡Slytherin!
El gran comedor se quedó en silencio de repente.
Cuando el sombrero fue quitado de la cabeza del niño, este se levantó con decisión, caminó hacia su mesa y se sentó a un lado de Scorpius. De pronto todo estalló en comentarios.
Los chicos de slytherin se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir y silbar.
Los gryffindor miraban sorprendidos hacia su mesa mientras Scorpius se preguntaba que estaba sucediendo.
—Calma chicos —ordenó la directora, logrando que los slytherin se sentaran por fin—. Por favor Filius, continua con la selección.
Los niños comenzaron a ser llamados nuevamente, pero los chicos de su mesa ya no prestaban atención.
—Este año tenemos un Potter —se burló uno de los chicos.
—Ya veremos si Potter se sigue burlando de nosotros ahora que también hay un Potter aquí —dijo otro.
Scorpius volteó con curiosidad hacia el niño del que todos hablaban, no entendía que lo hacía tan especial.
El niño volteó a verlo con molestia —Si, soy hijo de Harry Potter. ¿También quieres un autógrafo? —espetó.
Scorpius frunció el ceño hacia él —Ni siquiera sé quién eres. No te creas tan especial —gruñó en respuesta, luego le dio la espalda y decidió no pensar más en ese niño molesto, que no tenía nada de interesante como los demás hacían parecer.
Cuando la cena en el gran comedor terminó todos los de primero fueron llevados a sus salas comunes por los prefectos de sus respectivas casas.
Scorpius observó el lugar donde su padre había pasado la mayor parte de su infancia. Era un lugar elegante y algo oscuro, le recordaba al estilo de algunas habitaciones de la mansión en las que su abuelo pasaba demasiado tiempo. No era mucho de su agrado, pero creía que podría acostumbrarse a estar allí.
El prefecto les dijo que las habitaciones eran para dos personas y Scorpius deseó que le tocara con Edwin. Pero, cuando lo llevaron a su habitación, fue otro niño quien estaba con él, y era precisamente ese niño molesto al que todos sobrevaloraban.
Cuando ambos se miraron Scorpius gruñó; pensó que iba a ser difícil ignorarlo durante siete años enteros. Decidió que podía comenzar acostumbrándose desde ese momento, así que se dirigió a su baúl sin dedicarle una segunda mirada y comenzó a sacar pergamino y tinta para escribir la primera carta a su padre.
—Lamento haberte contestado de esa manera —escuchó que decía el otro niño, pero Scorpius siguió ignorándolo—. Tu no me conoces ¿verdad? —continuó.
—Claro que no te conozco. ¿Por qué habría de hacerlo? No eres nadie que me interese.
—¿No conoces a Harry Potter?
—Claro que sé quién es. ¿Y qué? —respondió Scorpius cada vez más molesto.
—¿Solo, "y qué"?
—Si, no es como si fuera su fan ni nada parecido —se quejó Scorpius.
De pronto escuchó unos pasos acercándose y, cuando levantó la vista, encontró al niño de pie a su lado. El niño estiró la mano hacia él.
—Mi nombre es Albus Severus Potter —se presentó—. Quiero que seamos amigos.
—¿Severus? —preguntó Scorpius sorprendido, luego se puso de pie para encarar al otro niño—. El padrino de mi papá también se llamaba Severus.
—¿De verdad? —preguntó Albus también sorprendido—. Mi papá me dijo que este nombre lo llevo por un director de Hogwarts que fue slytherin y fue muy valiente.
Albus y Scorpius se miraron con curiosidad.
—¿Por qué quieres que seamos amigos? —preguntó Scorpius.
Albus se encogió de hombros —Eres alguien a quien le asombra más mi nombre que mi apellido. Para ti soy alguien común y simple. Eso me agrada; por eso quiero que seas mi amigo.
Scorpius lo miró con extrañeza —¿Eso es importante para ti? —preguntó.
Albus asintió.
—De acuerdo —dijo Scorpius, luego estiró la mano y tomó la de Albus, agitando ambas después.
Ambos se sonrieron.
Albus se había hecho amigo de Scorpius y de Edwin sin demasiada dificultad. Los tres eran slytherin, y comprendían a la perfección la personalidad de los otros.
Pronto, habían unido a su grupo a un chico más. Andrey Semiónov era compañero de habitación de Edwin. Su personalidad era seria y, al mismo tiempo, tosca; venía de Rusia y conocía hechizos que ninguno de ellos conocía. Debido a su forma de hablar brusca, los demás niños no querían juntarse con él, pero Edwin se había acostumbrado y había terminado llevándolo con ellos. Albus y Scorpius lo habían recibido y, ahora, todos eran un buen grupo que se apoyaban cuando lo necesitaban y que cubrían las habilidades que los demás no tenían. Los cuatro se complementaban.
Scorpius se despertó tranquilamente después de haber dormido muy bien. Se levantó de la cama, notando que, como siempre, Albus seguía dormido profundamente al otro lado de la habitación.
Con el paso de los días, habían formado una rutina diaria en la que Scorpius se despertaba temprano, se arreglaba, y después despertaba a Albus para que se arreglara también; de esa manera, ninguno le estorbaba al otro y ambos tenían tiempo para usar el baño.
Scorpius se dirigió al baño y se desvistió para darse una refrescante ducha. Cuando terminó de bañarse, se cubrió con una toalla y se paró frente al espejo para aplicarse su loción para la piel. Cuando se dio la vuelta, notó en su espalda baja, una extraña mancha rosada; no era muy grande y no parecía algo grave, además, se parecía a las que tenía en las plantas de sus pies desde que era un bebé. Scorpius la presionó con sus dedos, pero no sintió ningún dolor, así que se olvidó de ella y continuó con su arreglo mañanero.
Un rato después, cuando terminó de arreglarse, despertó a Albus. Este se levantó con el cabello completamente despeinado; tenía la costumbre de moverse mucho mientras dormía.
—¿Ya te arreglaste Scorpius? No te tardaste nada —se quejó Albus.
—Mi cabello no es tan desastroso como el tuyo.
Albus le sacó la lengua a Scorpius y luego se metió al baño.
Scorpius salió de la habitación dispuesto a esperar en la sala junto a Edwin y Andrey. Antes de llegar escuchó el alboroto de algunas personas hablando alto; la voz de Edwin se escuchaba más fuerte que las demás.
—¡No tienes ningún derecho de juzgar a mi madre! ¡Tu madre también fue una slytherin de su generación!
—¡Pero mi madre no estaba del lado del innombrable! ¡Y mucho menos intentó entregar a Potter! —replicó el otro niño.
—¡Mi madre no hizo eso! —contradijo Edwin; estaba demasiado molesto y no iba a aceptar que calumniaran a su madre.
Scorpius se paró al lado de Edwin —Ya es suficiente Bulstrode, lo que haya sucedido en el pasado no es culpa de nosotros.
Bulstrode frunció el ceño —Lo dice el chico cuya familia estuvo del lado del innombrable —escupió.
Scorpius apretó los labios. No solo Garret Bulstrode, muchos otros niños y jóvenes llevaban tiempo mencionando acerca de que los integrantes de su familia eran mortífagos, y él no sabía nada de eso. Hablaban sobre algo que su familia jamás había mencionado.
—Eres tú quien no tiene derecho a hablar de eso —dijo de pronto la voz de Albus.
Scorpius volteó a verlo con sorpresa. Albus se paró frente a Bulstrode y lo observó fijamente, después continuó:
—Jamás he escuchado mencionar a tu madre, así que no fue alguien que luchara activamente en la guerra. Si quiere creerse con el derecho de juzgar a los demás, entonces, por lo menos debió hacer algo para ayudar, pero no lo hizo. Estaba junto a los otros, huyendo para salvar sus vidas en vez de quedarse a luchar.
—¡Pero mi madre no estuvo del lado del innombrable! —interrumpió Garret.
—¡Pero tampoco estaba en su contra! Si yo no juzgo a los hijos de las personas que estuvieron a favor de Voldemort, ¿por qué tu sí?
La mayoría de los niños se sobresaltaron al escuchar a Albus mencionar el nombre del ser, que sus padres y los libros, les habían enseñado a temer. Pero Scorpius no había crecido temiendo a ese nombre; en su familia todos repudiaban a Voldemort. Su padre le decía que era un hombre simple, que había intentado gobernar el mundo mágico, pero había asesinado a muchas personas en el proceso y había intentado imponerles sus ideales malévolos. Su padre le había enseñado a no temer a esa clase de personas y alejarse de quienes tuvieran ese tipo de pensamientos.
Después de escuchar a Albus y darse cuenta de que tenía todas las de perder, Bulstrode decidió retirarse y sus amigos se fueron con él.
Albus volteó hacia sus amigos y les dijo con tranquilidad: —Solo es un hablador, no le hagan caso. Lo único que quiere es molestarlos.
Scorpius asintió, pero Edwin parecía reacio a dejarlo ir. Scorpius colocó una mano en su hombro y cuando Edwin volteó a verlo agitó la cabeza en negación.
—Está bien Edwin, ya nos vengaremos después —tranquilizó. Solo de esa manera logró que Edwin se tranquilizara.
Juntos salieron por fin de la sala común, dispuestos a dirigirse al gran salón para desayunar.
Mientras caminaban por los pasillos, Scorpius pensaba en lo que había sucedido antes. Él no sabía nada sobre la participación de su familia en la guerra y se le hacía extraño, porque su papá siempre le había contado todo, pero de eso jamás le hablaba; sus abuelos tampoco mencionaban nada sobre la guerra y, cuando el tema aparecía por parte de alguna visita, ellos rápidamente buscaban otra cosa de que hablar. Pero él sabía que su familia jamás apoyaría a alguien que pensara como Voldemort, jamás harían cosas que lastimaran a las demás personas. Sin embargo, necesitaba pruebas para poder defenderse ante los demás.
Durante todo el día, Scorpius no pudo sacarse ese pensamiento de la cabeza, así que después de la última clase del día, mientras caminaban de regreso a su sala común, les contó a sus amigos la idea que se le había ocurrido.
—Quiero investigar sobre la guerra mágica —dijo con seriedad.
Sus amigos lo miraron con curiosidad.
—¿Por qué? —preguntó Edwin, sin comprender que le pasaba ahora a su amigo.
—No me gusta que hablen mal de nuestras familias, pero no puedo comprobar que se equivocan. Si encontramos información sobre eso y demostramos que nuestros padres no hicieron nada malo, podremos cerrarles la boca.
—Eso tiene sentido —aceptó Edwin por fin. Pero él no era de los que disfrutaban pasar tiempo en la biblioteca, así que no era algo que se le antojara hacer.
—Yo iré contigo —se ofreció Albus.
—Eso es genial, ¿no Scorp? Entonces, Andrey y yo nos adelantaremos a la sala común —dijo Edwin con rapidez, luego, tomó al otro chico del brazo y se alejó por el pasillo, mientras se despedía con un gesto de la mano.
Andrey siguió a Edwin sin protestar.
—Entonces, ¿vamos de una vez? —preguntó Albus.
Scorpius asintió, ignorando el notable escape de su amigo, y comenzó a caminar hacia la biblioteca con Albus a su lado.
Cuando llegaron, se dirigieron a la sección de historia. Encontraron un amplio volumen titulado: Segunda guerra mágica: Luz y oscuridad. Llevaron el libro hasta una de las mesas más alejadas de la señorita Pince y se sentaron lado a lado para leer juntos.
Scorpius pasó hojas y hojas de la historia sobre como Harry Potter —el papá de Albus— había vencido a Voldemort, hasta que llegó a la parte que le interesaba, justo donde la historia comenzaba a mencionar a Draco Malfoy. Con asombro, leyó sobre como Draco Malfoy —quien había sido rival de Harry Potter durante sus días de escuela— se había unido al lado de los mortífagos y los había dejado entrar a Hogwarts, resultando en la muerte del director en ese entonces, Albus Dumbledore, quien había sido asesinado por Severus Snape.
Scorpius volteó a ver a su amigo, quien lo miró también. Ninguno de los dos dijo nada, pero ambos sabían que el padre de Scorpius había causado la muerte del hombre, por el que el padre de Albus lo había nombrado de esa manera. Para llamar a su hijo con el mismo nombre significaba que había sido alguien importante para Harry Potter.
—También llevo el nombre de la persona que lo asesinó; eso debe significar algo —dijo Albus.
—Puede que sea otro Severus —respondió Scorpius con pesar.
Albus no supo contradecir eso, así que no dijo nada.
Luego, ambos siguieron leyendo.
Voldemort se había resguardado en la mansión Malfoy y había vivido en ese lugar durante la mitad de la segunda guerra. En ese lugar había asesinado a cientos de muggles y magos que apoyaban a Harry Potter; también fue en ese lugar donde estuvo cautivo el héroe de guerra y donde fue torturada Hermione Granger por Bellatrix Lesstrange —de soltera Black—.
Scorpius pensó con miedo que todo eso había pasado en el lugar donde él vivía. Dormía en una habitación donde era posible que hubiera dormido Voldemort o alguno de sus mortífagos, o donde pudieron haber asesinado a alguien. Scorpius tuvo miedo de todo lo que su familia le había ocultado. Había leído también que su abuelo había sido uno de los principales mortífagos al mando de Voldemort, y que había asesinado a muchas personas bajo el mandato de ese ser a quien consideraba su "amo". Si habían hecho todo eso, Scorpius se preguntó cómo es que estaban libres y vivían tranquilamente.
Pero, cuando Scorpius continuó leyendo, encontró la respuesta. Su abuela, Narcisa Malfoy, le había mentido a Voldemort cuando este creía que había asesinado a Harry Potter. Ella le había dicho que estaba muerto y Voldemort le había creído. Esa simple mentira había permitido que el héroe tuviera la oportunidad de triunfar, según lo que el padre de Albus había dicho.
—Nuestras familias están más enlazadas de lo que creíamos —mencionó Albus.
—Mi familia nunca me habló sobre esto —susurró Scorpius.
—Probablemente querían mantenerte fuera de todos los problemas que tuvieron en el pasado —sugirió Albus—. Mi papá me dijo que, durante la guerra, a menudo le ocultaban información importante porque creían que era muy joven para saberlo.
—Si, creo que eso es lo que pasa. Ellos creen que aún soy muy inmaduro para saberlo —dijo Scorpius con molestia.
Albus lo miró con pena, luego pensó un poco y una idea apareció en su mente —¿Qué tal si buscamos los periódicos de esa época? Seguramente haya información que no se mencionó en el libro. Mi papá también me dijo que los periódicos suelen contar las cosas de tal manera que él parezca siempre el héroe. Claro, solo cuando les conviene quedar bien con él.
—¿Qué más necesito saber? Ya sé lo suficiente. Mi familia formó parte de los mortífagos. Mi abuela se reivindicó, pero mi padre y mi abuelo hicieron cosas que no pueden ser perdonadas.
—Scorpius —llamó Albus, colocando una mano en el hombro de su amigo; cuando este volteó a verlo, Albus continuó—, busquemos esos periódicos. Verás que encontrarás información que resolverá tus dudas, y si no encuentras nada, siempre puedes preguntarle a tu familia. Estoy seguro que tu papá no se negará a hablar contigo.
Scorpius apretó los labios y asintió.
Albus se acercó con la señorita Pince y le pidió los periódicos donde se mencionara a los Malfoy durante la última batalla y después de esta. La encargada lo miró con sospecha, pero no dijo nada y, con un hechizo, trajo todos los periódicos a la mesa. Albus le sonrió con nerviosismo y se apresuró de regreso a su mesa con los periódicos flotando tras él.
Scorpius y Albus estuvieron leyendo. Encontraron la noticia de los Malfoy yendo a juicio. Harry Potter y Hermione Granger habían testificado a su favor, mencionando como Draco Malfoy se había negado a identificarlos frente a los mortífagos cuando fueron capturados. Harry Potter contó como Draco no había tenido intención de matar a Albus Dumbledore, y que, cuando este le había ofrecido la oportunidad de abandonar a Voldemort, este había estado a punto de aceptar, pero los mortífagos habían interrumpido. También habían contado como Draco les había rogado a sus compañeros —Crabbe y Goyle— que no mataran a Harry.
También decía como los Malfoy habían desertado de los mortífagos durante la batalla final y habían dejado de luchar. Scorpius se sintió orgulloso, porque al final, su familia se había dado cuenta de lo que era correcto.
—Mi papá me educó para respetar a los muggles, incluso me ha llevado a conocer su mundo —contó Scorpius—, por eso nunca pasó por mi mente que antes los odiara. Cuando mi abuelo habla mal de los muggles, mi papá lo regaña. Actualmente él no es nada prejuicioso.
Albus asintió —Mi papá me dijo que, después de la guerra, todos cambiaron. Todos pasaron por cosas horribles.
Scorpius le sonrió y decidió que no tenía por qué desconfiar de su familia. Cuando volviera, ellos le explicarían las cosas desde su punto de vista y él los escucharía, de esa manera podría comprenderlos.
—Volvamos —dijo por fin.
Con nuevo conocimiento y una nueva decisión, ambos se fueron de la biblioteca.
