Nuevo México estaba marcado en rojo en el mapa que Carol guardaba en el bolsillo trasero de su pantalón.
Habían tomado la decisión de huir juntos la mañana siguiente del incendio, cuando Carol se acercó a Daryl y le preguntó si iba en serio lo de Nuevo México. La noche anterior, Carol no había dejado de pensar en las palabras de Daryl: "Necesito que te quedes". Pero también había meditado la propuesta de huir a Nuevo México.
Daryl le miró atentamente y asintió levemente. "Nos vamos". Prepararon provisiones para una larga estancia fuera de las comunidades. Preguntaron a Lydia si se quería unir a ellos, pero tras meditarlo, la adolescente prefirió quedarse en Alexandria. A ambos les sorprendió su respuesta, pero la respetaron y Daryl le pidió a Michonne que cuidara a la adolescente. De mientras, Dog se quedó a su cuidado.
Tres días después, Carol y Daryl partieron de Alexandria sin saber si algún día iban a regresar. Ni siquiera sabían si llegarían a Nuevo México, pero allí estaban, subidos en la motocicleta de Daryl hacía un lugar desconocido para ambos con algunas provisiones en sus respetivas mochilas.
Carol, sentada en la parte trasera de la moto, disfrutaba de esa sensación de libertad, la velocidad y poder contemplar los paisajes a su alrededor. Era una sensación maravillosa. La mujer cerró los ojos y disfrutó de esas sensaciones. Dejó la mente en blanco y simplemente se dedicó a sentir. Ella se echó para adelante, dejándose caer contra él.
Era la persona más feliz del mundo.
Daryl notó su cuerpo contra el suyo, y miró un momento por encima del hombro, pudo ver sus ojos cerrados y una sonrisa amplia en su rostro. Él seguía concentrado en la carretera, pendiente de que ningún caminante se cruzara en su camino, pero no podía evitar sentir el calor de la mujer a su espalda. Cuando ella se adelantó y reposó la cabeza contra su cuerpo, él sintió un pequeño escalofrío.
A medida que se alejaban, encontraron que los paisajes estaban devastados, carreteras cortadas, y caminantes por todos lados. Era la tercera vez que cambiaban de ruta debido a la imposibilidad de seguir la ruta establecida, y Carol se empezaba a preocupar de que hubiera sido una buena idea. Era un viaje largo, más de mil millas les separaban de Nuevo México, y entre medio, miles de peligros que les podían acechar.
–Deberíamos parar–, escuchó decir a Daryl entre el aire.
A Daryl le daba igual cuanto tiempo tardaran en llegar, la cuestión era empezar una nueva vida lejos de las comunidades, y olvidarse de los susurradores. Apenas llevaban unas horas de viaje, pero necesitaba parar, descansar las piernas, comer y hacer sus necesidades. Ya retomarían el camino al día siguiente. Además, empezaba anochecer y debían encontrar un lugar en el que refugiarse aquella noche.
Ella asintió mientras veía el cartel de la entrada a un pueblo llamado Villa Rica. Aun se encontraban en el estado de Georgia, pero en pocos kilómetros pasarían a otro estado.
Carol admiró las calles de ese pueblecito que ahora se encontraba desolado y destrozado, pero estaba segura que hubiera sido un bonito sitio para pasar un fin de semana. No había caminantes a la vista, a excepción de uno o dos que podían evitar con facilidad. Daryl se adentró en la ciudad evitando algunos coches que estaban estacionados en mitad de la carretera impidiendo el paso.
Se habían adentrado en una zona residencial, repletas de casas pequeñas, y Daryl frenó la moto y aparcó.
Aprovecharon la tenue luz del atardecer para entrar en varias casas, hasta que finalmente encontraron una que además de abandonada, tenía unas buenas cerraduras. No había presencia de caminantes en el interior, ni siquiera parecía que hubiese sido saqueada. Cuando ya tenían el lugar, escondieron la moto en el garaje y ambos salieron a cazar. Entre los dos tuvieron la suerte de cazar algunas ardillas, lo suficiente para saciar el apetito de ambos.
Una vez en la casa, cocinaron las ardillas gracias a la pequeña chimenea. Sentados alrededor de la mesa de madera y alumbrados por las velas, Carol y Daryl comieron su cena. Carol se llevó un trozo de carne a la boca, pensativa.
–¿Crees que hemos hecho bien en irnos? –Preguntó Carol, rompiendo el silencio de la casa. Daryl levantó la mirada para ver el rostro preocupado de la mujer iluminado por la luz de las velas.
–¿Por qué no? No más peleas, no más susurradores, no más guerras… –Carol negó con la cabeza, pues no era eso lo que estaba queriendo decir –¿Te estás arrepintiendo?
–No, es solo que… ¿estamos siendo egoístas? –Preguntó mostrando finalmente sus verdaderos pensamientos. Cada vez que se iba en barco, ella sabía que acabaría volviendo, solo se trataba de un pequeño escape, pero ahora, este viaje era permanente. Ambos sabían que no iban a volver.
Daryl centró su mirada en sus ojos cristalinos, entendiendo la pregunta y sus dudas.
–Has pasado mucho… Te mereces pasar una vida lejos de todo eso. Igual que hizo Maggie.
–Hemos pasado por mucho… –Corrigió Carol incluyéndole a él. El arquero bajó la mirada ante sus palabras. Su cuerpo estaba lleno de cicatrices y, él también deseaba olvidar todo ese dolor y esas guerras.
Por una parte entendía a Carol, dejaban atrás a la que era su familia durante muchos años, casi abandonándoles a su suerte, pero ellos no podían más. De hecho entendía que Carol se fuese en barco, pero no soportaba tenerla lejos de él. Y Daryl no iba a dejarla partir sola de nuevo.
Eran egoístas, es posible, pero ellos merecían una vida mejor.
–Siempre podemos volver, –sugirió Daryl. –En cuanto nos cansemos de ver a gente hacer pulseritas, nos volvemos. –Carol entrecerró los ojos ante su comentario, y cuando sus miradas coincidieron ambos sonrieron.
–¿Has estado en Nuevo México antes? –Preguntó Carol con suavidad. Inconscientemente, llevó su mano a su pulsera, que días atrás él le había obsequiado.
–No… Había escuchado hablar por mi hermano. –Él bajó la mirada con un toque de dolor en ella.–Creo que había ido alguna vez allí, por algún asunto de drogas, o a saber qué mierdas…
Se mantuvieron en silencio, hasta acabar la cena y entonces, Daryl se encargó de asegurarse que nadie pudiera entrar en la casa. Empotró un mueble contra la puerta principal, evitando la intrusión de cualquier intruso, aunque estaba seguro que nadie residía en ese pueblo desde el brote.
Por su parte, Carol aseguró las ventanas, mientras admiraba la decoración de la casa. Estaba segura que la casa había sido residida por una pareja joven sin hijos, debido a la decoración, aunque daba la sensación que estaba a medio arreglar. La casa era pequeña, una sola habitación y un baño.
Carol se adentró en la habitación principal y empezó a quitarse los zapatos para tomar un merecido sueño. Desde esa posición vio como Daryl hacia lo mismo desde el sofá.
–Daryl, –le llamó y en cuanto el arquero levantó el rostro, ella prosiguió–. Estarás más cómodo aquí, la cama es enorme y ni siquiera es la primera vez que la compartimos. –Le recordó la etapa antes de la prisión dónde viajaron de casa en casa y habían compartido las camas en múltiples ocasiones.
–Ehm… No–o, no importa. –Tartamudeó sin poder evitarlo.
–No muerdo… –dijo Carol con una media sonrisa–, a menos que tú quieras, claro. –A pesar de la tenue luz, Carol pudo ver como se puso rojo hasta las orejas y ella se rió en voz alta.
–Para. –Masculló con un tono nervioso aun con la risa de Carol de fondo. Pero finalmente, él se dirigió a la cama, estirándose en el lado vacío.
La oscuridad le envuelve, sin saber dónde se encuentra. El bosque tenebroso se aparece de repente. Siente que alguien la mira y su vello se eriza y un escalofrío envuelve su cuerpo. Se siente atrapada no puede moverse. Un murmullo suena en la inmensidad de la oscuridad. Vuelve a escuchar una y otra vez el mismo susurro.
Mamá.
Ella se gira hacia su derecha buscando la procedencia de su voz. Las lágrimas aparecen en sus ojos ante esa imagen. Es él. Su cabeza flotando entre los árboles. Quiere ir hacia él pero algo le impide. No puede moverse del sitio.
Mamá.
Intenta moverse de nuevo, quiere ir con él. Mira hacia abajo, viendo como unas manos putrefactas la agarran fuertemente a sus tobillos manteniéndola en el suelo. Vuelve a escuchar su voz, desesperada.
Y…
Carol se despertó temblorosa y empapada de sudor, intentando averiguar dónde se encuentra. Entonces recuerda, en alguna parte de Villa Rica de camino a Nuevo México. Ya no está en el barco o en Alexandria u Oceanside.
Daryl seguía a su lado, profundamente dormido.
Tardó unos segundos en moverse, poner los pies descalzos en el suelo sintiendo el frío que emanaba del piso. A pasos lentos se dirigió al baño, mientras hace un esfuerzo para olvidar lo que ha visto. Se adentra en el baño y abre el oxidado grifo del agua olvidándose que en esa casa no hay suministro de agua.
El sudor frio recorre su frente y cierra los ojos mientras se apoya en la pica con ambas manos. Respiró hondo sin evitar que las lágrimas cayeran por las mejillas. Volvió a abrir los ojos y lo vio, otra vez a través del espejo. Henry, su niño.
El corazón le empezó a latir fuertemente, sus músculos se tensaron y se giró para verle. Pero no era él.
–Hey. –La voz preocupada de Daryl le despierta de su ensoñación. –¿Estás bien? –Preguntó Daryl adentrándose en el baño.
Carol no responde, está paralizada. Daryl se acercó a ella, y pasó sus manos por sus hombros y la acercó a él. Le abrazó sintiendo como ella tiembla entre sus brazos y llevó su mano a su cabeza llevando sus dedos entre los finos cabellos, en una suave caricia. Sin poder evitarlo, ella se deshace en lágrimas contra su camisa. Daryl no pregunta qué le sucede, intuye que ha tenido un mal sueño y deja que Carol llore, mientras él intenta calmarla.
Más tarde, cuando estuvo más calmada, volvieron a la cama. Daryl se mantuvo despierto y vigilante, hasta que ella se sumió en un profundo sueño.
Al despertar, Daryl se giró despacio para observar a la mujer que tiene al lado. Ella sigue durmiendo. Y a diferencia de la noche anterior, su rostro parece descansado. Él se había asustado al verla mirar tan fijamente el espejo, sabía que algo estaba pasando por su mente.
Daryl suspiró ante el recuerdo de la noche anterior, le lastimaba profundamente ver sufrir a Carol de esa manera. Solo quería evitarle todo el sufrimiento posible. Daryl se levantó dejando que la mujer descansara, había tenido una noche muy mala y hoy seguirían con un largo camino.
Llegó a la cocina, y rebuscó en los armarios por si podía encontrar algo que le fuese útil. Las tripas le sonaban, y estaba seguro que en cuanto Carol se despertara, ella también estaría hambrienta. Finalmente, encontró café envasado. Mientras calentaba el agua, Daryl sacó el mapa y se puso a idear la ruta de aquel día.
El olor a café la despertó. Se mantuvo unos minutos en la cama para despertarse del todo mientras pensaba en lo sucedido la noche anterior. No era la primera vez que veía a Henry, algunas veces en el barco le había pasado, pero esperaba que estas alucinaciones o lo que fueran desaparecieran pronto. Agradecía que en esta ocasión, Daryl estuviera con ella, a pesar de que odiaba mostrarse vulnerable, no podía negar que su abrazo y su compañía le habían hecho bien.
Iba a empezar una nueva vida, lejos de las comunidades y esperaba que todo ese dolor fuera desapareciendo. Se pasó las manos por su rostro y decidió que era el momento de levantarse.
Puso los pies descalzos en la madera del suelo y caminó descalza hacia su reencuentro con su compañero de viaje, mientras, se acomodaba su hermoso pelo plateado en un recogido. Se adentró en la sala justo cuando Daryl le miró y asintió con su cabeza en una especie de recibimiento. Supo por su mirada que él, la estaba observando detenidamente para ver en qué estado se encontraba.
Ella le sonrió en agradecimiento cuando él dejó la taza del humeante café delante de ella.
–¿Café? –Preguntó ella sorprendida y mostrando una sonrisa agradecida.
–Estaba en el armario, es lo único que se conserva bien. –Daryl vertió un poco del líquido en una taza para él, antes de seguir mirando el mapa.
–Hacia mucho que no probaba una buena taza, en el barco no suelen servir–, se llevó la taza a sus labios y saboreó el amargo sabor. No pudo evitar hacer un gesto de satisfacción–. Lo he echado de menos, esto y el chocolate eran mi perdición… –Daryl le mira con una sonrisa. –¿No hay nada que extrañes de la vida antes del brote?
El arquero le miró, meditando su respuesta y se encogió de hombros.
–Quizá la cerveza. Pero hace tanto tiempo que ni me acuerdo del sabor.
–¿Hacia dónde vamos hoy? –preguntó Carol mirando el mapa.
–Estamos casi en el límite del estado. Hoy estaría bien llegar hasta aquí, –señaló la parte del mapa en el estado del Mississippi y Carol leyó el pueblo "Grenada"–. Nos llevara unas cuantas horas. Haremos paradas para recolectar gasolina de los coches y pararemos aquí en Rio Coosa para recolectar agua. Andamos un poco escasos. –Carol asentía a las indicaciones de Daryl mientras miraba el mapa.
– Nunca he salido del estado de Georgia, jamás diría que lo haría en el apocalipsis. –Anunció Carol con una sonrisa tan sincera e ilusionada, que Daryl no pudo evitar sonreír en respuesta.
Daryl quería preguntarle sobre lo sucedido anoche, pero intuía que no era el momento para hablar. Pero decidió dejar la conversación para más adelante. El arquero le miró y vio que ella tenía una mirada divertida. Y no supo si quería saber lo que estaba pensando, pero ella estaba dispuesta a hablar igualmente.
–En realidad, hay algo que extraño más que el chocolate. –Daryl elevó las cejas curioso y llevó la taza a sus labios–. Mi vibrador.
Daryl se atragantó con el café, y tosió un par de veces, hasta que pudo respirar bien. Por mucho que esperara una respuesta burlona de ella, no esperaba justo esa respuesta.
Carol le miraba entre la preocupación porque se ahogara y las ganas de romper a reír por la reacción tan cómica que había tenido. Y entonces, cuando Daryl parecía que no iba a morir de un atragantamiento, Carol empezó a reír.
–Madre mía. –Maldijo Daryl cerrando los ojos.
–¿Qué? Somos mejores amigos, ¿no? –dijo señalando su pulsera y haciendo alusión a la conversación de días atrás. –Los mejores amigos hablan de sexo.
–No vas a parar, ¿verdad?
–Nope. –Carol sonreía abiertamente divertida y alegre. –Creo que acabarás arrepintiéndote de haber elegido venir conmigo. –A pesar de que era en tono de broma, y él lo sabía, él negó con la cabeza.
–Puff, ni de coña. –Masculló él algo más serio. –En 10 minutos partimos, deberíamos aprovechar el sol.
Carol asintió al verlo pasar por su lado sin poder evitar una risa.
Habían parado en el rio Coosa para llenar sus cantimploras que estaban vacías. Tras esto, decidieron sentarse en el bosque mientras admiraban las vistas. De mientras, comieron la carne de ardilla que había sobrado del día anterior.
–Hey, –Daryl llamó la atención de Carol, quien estaba pensativa admirando el paisaje. –, ¿Qué pasó ayer? –Preguntó con suavidad.
Carol suspiró y miró de nuevo como en un punto del lago, salían algunas burbujas. Imaginaba que habitaban tortugas o peces en aquel lugar.
–Una pesadilla. Henry. –Contestó. Carol omitió que incluso cuando esta despierta, le ve. No quería que pensara que estaba loca.
–¿Suele pasarte a menudo? –Carol bajo la mirada a sus pies.
–Sí, -Asintió-. Pero cuando estaba en el barco, no tanto. Me mataba a trabajar, me mantenía ocupada, y no pensaba… pero cuando estoy en tierra… todo me recuerda a él.
Se mantuvieron en silencio y los pájaros revolotearon en uno de los árboles.
–Solía tener también. –confesó él con voz baja. Era algo que no había dicho a nadie antes y era raro admitirlo después de tanto tiempo–. Ya sabes…
Carol sintió la punzada de dolor al pensar en todo lo que él había pasado también, y llevó la mano a su brazo, dándole una suave caricia.
Un sentimiento conocido se apoderó de Daryl ante esa inocente caricia. Últimamente, éstos sentimientos le invadían cada vez que pensaba, hablaba o tenía un contacto físico con Carol. Siempre había sentido algo diferente ante su presencia, que ni siquiera sabía describir o poner nombre pero cada vez era más fuerte, tanto que ahora no estaba dispuesto a dejarle marchar en el barco.
La necesitaba a su lado y a cada día que pasaba más se percataba de ello. Daryl miró su mano que seguía encima de su brazo y pudo ver la pulsera que él le había hecho. Su pecho vibró con ese sentimiento hacía la mujer por la que sería capaz de dejar todo atrás.
Daryl miró a esos ojos cristalinos y por un momento pareció que el tiempo se detenía.
Carol no supo lo que estaba pasando, pero no podía dejar de mirar el rostro de Daryl quien la observaba atentamente. De repente, él apartó la mirada.
-Deberíamos irnos. – Masculló más hosco de lo habitual.
Daryl se levantó dejando a Carol totalmente desconcertada, preguntándose qué hubiera pasado sí él no se hubiera alejado.
¡Hola!
Aquí estoy de nuevo con un nuevo mini fic. Varias cosas que aclarar:
No pretendo que el fic sea largo.
Por otro lado, todo está basado en el 10x01, a excepción de que Carol ve a Alpha, en la última escena. Eso nunca ocurrió en mi fic, ya que sino Carol no se iría nunca.
En un principio, no quise abordar los traumas de Carol, pero creo que si no lo hacía, no quería realista. Ella necesita curarse de éstos. En parte se van por todo lo sucedido así que debía afrontarlos.
Por último, recalcar que todos los pueblos que iré mencionando existen (al menos según Maps).
Espero que les guste y gracias a quien lean.
San.
