Alexander era eso que nunca podrías comprender, pero a la vez pudo serlo todo, me niego a pesar que el murió, cuando la llama de su rebeldía siempre fue tan alta.
El quería aquél amor con tantas fuerzas, que no le importaría alzar la voz ante un demandante, siempre tan insolente, tan arriesgado y maravilloso.
Era tan impresionante que por un momento podrías olvidar que sólo se trataba de un niño enamorado, que anhelaba que su amado fuera por el, para pedirle huir y ser felices.
Por qué en aquellos tiempos, lo único en lo que podrías entretenerte, era en amar de verdad.
Duele haberlo perdido, dejarse llevar por indulgentes palabras del que no sabe que tan extraordinario puedes ser.
Moriste con el corazón roto y hecho mil trizas, por una equivocación que no permitiste que te aclararán.
El te amo y tú a él, siempre me pregunto qué pasaba por tu cabeza cuando lo hiciste, ¿Estabas triste? Me imagino que sí.
Pero más que eso pudiste sentirte traicionado, estar dispuesto a todo por el y que el no esté dispuesto a todo por tí debió lastimar como mil mordidas de cocodrilo.
No te culpo, las emociones te dejan ciego, y por un momento olvidas, que fue lo que te enamoró.
Sus palabras en cada carta, su honestidad y profundo amor hacia tí.
Amar es dejar ir.
Pero me haces creer que prefieres a tener que vivir una eternidad sin el.
Me asusta la frialdad con la que acabaste con tu vida, en que si arrepentiste, ¿Pero que digo? Tú nunca viviste del arrepentimiento, por tu Alexander, fuiste extraudinario hasta el último momento.
Y ahora compartirás tu alma con quién juró amarte, que lucho por ti y quiso ser feliz, pero lo silenciaron y ambos no notaron que en realidad tenían poco tiempo.
Por eso, siempre hubo un Georges para un Francis y un Francis para un Georges.
Por qué si tus palabras fueran caricias, mis miradas serían besos.
No se que es ésto, tal vez lo que sentí después de ver la película, "Amistades particulares"
