—Oye ¿estás seguro de que este es el lugar?—Preguntó Mike.

—Sí mi padre me dijo que este es el lugar—Lauren.

—No sé no creo que sea buena idea estar aquí—dijo vacilante Ángela.

Los tres adolescentes estaban ante las puertas enrejadas y oxidadas con un letrero que rezaba: HOSPITAL PSIQUIÁTRICO FORKS. Abajo ponía un letrero de prohibido el paso, el lugar era lúgubre y lleno de enredaderas en medio del bosque.

—Vamos ¿no quieres ver el fantasma?—dijo Mike, forzó el candado con éxito—Pasen por favor a la atracción del terror—

Los chicos entraron junto a una Ángela aún no muy convencida, pasaron por un camino de gravilla bordeado de árboles cuyas ramas eran muy espesas debido a la falta de cuidado, a lo lejos se podía oír el ulular de la lechuza.

—Joder... Increíble—dijo Mike, los otros estaban de acuerdo.

El edificio era grande, su estructura se alzaba amenazante ante ellos, la naturaleza había empezado a apoderarse del edificio gris opaco y deprimente, algunas ventanas estaban rotas o tabladas y había escombros aquí y allá.

—Este sitio es espeluznante ¿por qué no lo derriban o rehabilitan?—preguntó Lauren, sentía escalofríos solo de verlo.

Mike negó con la cabeza.

—Lo intentaron antes pero cada vez que venía alguien ocurrían cosas inquietantes y horribles ¿recuerdas a mi tío John?—

Asintió—Era obrero ¿no?—

—Al principio rechazo el encargo pero como le ofrecieron a él y a los demás trabajadores una gran cantidad de dinero aceptaron. Así que fueron aquí y sucedieron cosas raras—

Ángela estaba asustada.

—No creo que sea buena idea estar aquí, deberíamos volver—tenía un mal presentimiento

Lauren se rio—Vamos Ángela no pasará nada es solo una leyenda urbana, lo que pasa es que el tío de Mike no tuvo las pelotas suficientes como para entrar siquiera—

—¡Oye no te metas con mi tío! Y te digo que es verdad, él no suele asustarse con muchas cosas créeme en una ocasión un lobo se coló en nuestro picnic y él se puso a perseguirlo con la escopeta—

—Si un bruto que es—se burló

—¿¡Que has dicho¡?—dijo Mike molesto.

—¡Vale ya! ¡callaos no es momento para que os peléis como niños!—Ángela ya había perdido la paciencia entre los dos discutiendo y esa extraña atmósfera lúgubre del lugar solo quería irse de allí—Mejor vamonos—

Los otros aún recuperándose del estallido inesperado de su amiga miraron hacia la puerta del lugar.

—Perdona Ángela pero ya que estamos aquí, solo es para entrar un momento por curiosidad y nos iremos—

La chica los miró exasperada pero siguió a los dos, por suerte no les costó forzar mucho la cerradura debido que por la falta de uso y cuidado. Cuando entraron vieron lo que sería un recibidor, los muebles viejos y polvorientos con telarañas, le daban un aspecto al lugar como de una película de terror. Una mesa con papeles viejos dispersos y una lámpara que debía ser de los años cuarenta.

Ángela se acercó y miró los papeles, la mayoría eran de facturas que databan de finales de los años treinta. En ese momento sintió un aire helado en la nuca, como si alguien respirara detrás de ella, asustada se volvió pero no encontró a nadie.

—Chicos deberíamos irnos—

—Ángela ¡mira lo que hemos encontrado!—

Tanto Mike como Lauren habían encontrado unas viejas batas de médico y se las habían puesto, Mike además llevaba un estetoscopio colgado en el cuello.

—Es increíble Ángela hay un montón de cosas aquí es como si las hubieran dejado así sin más con prisa—

—Y sería por una razón—dijo la chica asustada—Lauren, Mike quitaos eso y vayámonos hay algo que no va bien—

Lauren rio—¡Oh vamos Ángela no pasa nada!—pero se calló al ver la expresión de horror de Ángela y Mike—¿Qué ocurre?—notó un frío helado en su espalda y se volvió.

La estancia se llenó de gritos y ruidos desagradables, fuera de las instalaciones tres chicos salían como podían despavoridos mientras un coche que pasaba cerca los vio. Lo que le alarmó más fue que estaban cubiertos de sangre.

El hombre salió a socorrerles.

—¿Qué ocurre?—

—Por favor señor ayúdenos—dijo Ángela aterrada, su cara tenía heridas de garras.