Rui Akikaze era un joven samurai de Kioto, que producto de la caída de su señor había caído en la total miseria, ya había formulado un plan para poder salir adelante pero no involucraba a su esposa Tamao una mujer muy bella que se desvivía por él.

Rui: No soporto mas esta pobreza inmunda. -dijo en voz alta con su poco equipaje ya en sus manos- iré a ponerme a disposición del gobernador.

Tamao: No, por favor amado mío! Te lo suplico- se puso de rodillas y se abrazó a sus piernas mientras hablaba con lagrimas en los ojos- no me dejes… trabajare todo lo que sea necesario… tejeré las 24 hs pero por favor… no me dejes sola!- Rui sin mucho esfuerzo se saco de encima a la que en algún momento fue el amor de su vida.

Rui: Te ruego que me disculpes… pero nada cambiara mi resolución..

El samurai abandono su casa y decidió desposarse con la hija de una familia adinerada que lo acompañaría a su nuevo destino. La inconciencia de la juventud y su grave necesidad no le ayudo a comprender el valor del afecto que había descartado. Shiori Yumeoji La mujer con la que se desposo no supo hacerlo feliz, su carácter cruel y egoísta le dio motivos suficientes para anhelar con gran nostalgia su vida en Kioto. Entonces se dio cuenta que amaba a su primera mujer mucho mas de lo que podría querer a la segunda.

Poco a poco este sentimiento le robo la paz del espíritu. Le perseguían sin cesar los recuerdos de Tamao, su dulce forma de hablar, sus sonrisas, su delicadeza, su firme paciencia. A veces la veía en sueños usando el telar, como cuando tejía día y noche para ayudarle en sus años de pobreza, otras veces, simplemente a ella sola… sentada en el suelo de la pequeña y humilde habitación donde la dejo, secando sus lagrimas con de un kimono harapiento. Incluso pensaba en ella durante el trabajo, se preguntaba ¿cómo vivía? ¿Qué hacía? Algo dentro de él le decía que nunca aceptaría casarse de nuevo y que jamás lo perdonaría. Decidió que apenas se le diera la oportunidad iría a Kioto a verla. Pedirle disculpas, volver a vivir con ella y hacer todo lo posible para compensar todo el daño que había provocado su avaricia.

Pasaron varios años y habiendo terminado el mandato del gobernador Rui Akikaze fue liberada de sus funciones de guardián y por fín pudo partir hacia el hogar al cual pertenecia.

Rui: Ahora volveré con Tamao! Que estúpido fui al dejarla! Solo puedo ser feliz a su lado!

Decidió devolver a Shiori a su familia y partir hacia Kioto con la misma armadura con la que trabajaba.. sin cambiarse por el camino, no podía esperar, no quería retrasar mas el reencuentro que tanto anhelo durante años.

Cuando por fin llego a la ciudad donde vivía ya era tarde en la noche, la décima noche del noveno mes, la ciudad estaba tan silenciosa como un cementerio. Pero la luna clara iluminaba lo suficiente como para que encontrara la casa sin dificultad, tenia un aspecto de abandono y las hierbas creían en el techo. Llamo a la puerta corrediza pero nadie respondió, así que se decidió a entrar. Daba una impresión de total abandono.

Akikaze decidió revisar la pequeña habitación del fondo, la favorita de su esposa, le gustaba descansar allí. Al llegar abrió las puertas y con un gran jubilo grito al verla, se encontraba tejiendo a la luz de una linterna de papel. Sus ojos se encontraron y ella lo saludo con una sonrisa, la mas bella que hubiera visto nunca.

Tamao: ¿Cuando volviste a Kioto? ¿ como me encontraste entre tanta oscuridad?

El samurai se sentó a su lado y le dijo muchas cosas: como se arrepintió de su egoísmo, cuanto la echo de menos, la constante pena que lo acompaño durante años, y sus prolongadas esperanzas de que resarcirla por todo, mientras la acariciaba y le pedía disculpas una y otra vez. Ella le respondió con ternura, que tantas disculpas eran innecesarias. Ella siempre se creyó indigna de él. Por supuesto sabia que fue la pobreza lo que le llevo a dejarle sola, ya que mientras estuvieron juntos él siempre fue muy bondadoso. Tamao jamás dejo de rezar por su felicidad y ahora que ya se encontraba con ella ¿Qué mayor dicha había que verle? Aunque fuera solo por un instante.

Rui: no vengo solo por un instante -se acerco a su rostro para darle un tierno beso en los labios- ¡quiero que me permitas acompañarte por las siguientes siete existencias! Tamao! Amada mia, solo si no te opones, estoy dispuesto a volver contigo y pasar el resto de mi vida contigo! Nada nos separara de nuevo. ¡Ahora tengo medios y amigos! Ya no debemos temerle a la pobreza! ¡Mañana mismo traeré a mis sirvientes! Arreglaremos la casa te lo prometo!

Tamao pareció muy feliz con estas palabras y a su vez le conto todo lo que aconteció en Kioto desde que se marcho, excepto sus propias penurias de las que se negó a hablar con delicadeza. Conversaron hasta muy tarde. Después Tamao lo condujo a una habitación mas caliente, hacia el sur, en la que él recordaba pasaron su noche de bodas.

Rui: no tenias a nadie que te ayude con la casa?

Tamao: No, no he podido tener una sirvienta, por lo que he vivido sola hasta ahora.

Rui: desde mañana tendrás muchos sirvientes… tendrás todo lo que desees.

Se acostaron para descansar, pero no pudieron dormir, tenían demasiadas cosas de las cuales hablar, hablaron del pasado, del presente y del anhelado futuro que prometía Rui. Entonces al samurai se le cerraron los ojos y quedo profundamente dormido.

Al despetar se dio cuenta que la luz se filtraba por las grietas de los postigos y ante su sorpresa se encontró acostado sobre unas tablas desnudas en un suelo mohoso.

Rui: ¿Fue solo un sueño? -no, ella estaba ahí, durmiendo- Amada mia!- se inclino para mirarla pero lo que vio lo hizo gritar- AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

Tamao.. la mujer mas bella del mundo ya no tenia rostro. Junto a él envuelto en una mortaja, yacía su cadáver, tan deteriorado que solo quedaban los huesos y su largo cabello que ahora estaba enmarañado. Rui cayo al suelo estremeciéndose, abrazandose a si mismo fruto del pánico volviéndose casi loco por el dolor… decidió partir hacia el vecindario y fingiendo calma pregunto la casa en la que habitaba su esposa.

Ichie: No, allí ya no vive nadie, pertenecia a la esposa de un samurai que dejo la ciudad años atrás, antes de irse el hombre se divorcio de ella para casarse con otra mujer, ella sufrió tanto que cayó enferma y como no había nadie quien la cuidara, murió en otoño de ese mismo año, en el decimo día del noveno mes.