Encantador rechazo.

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Diecinueve no es un número tan grande como se piensa, pero si en contexto se dijera que son rechazos consecutivos entonces sí, si que era un número grande y por alguna razón Sano Shinichiro consideraba aquello todo un logro.

Y para añadir uno más a la colección –por que el chico ya se había resignado a no encontrar el amor de su vida– aquella hermosa chica, rubia de bellos y encantadores ojos esmeralda apareció frente a él.

—Inui-san te ves maravillosa —le cortejó, con una sonrisa en su rostro.

—Ya lo sé, es la segunda vez en el día que me lo dices y la tercera vez en la semana que haces esto —Akane no borra su sonrisa, ella siempre le ha mirado desde que lo conoció con esa amable y suave mirada.

Es miércoles y Akane está de regreso del instituto. Cada día, en la mañana y cuando está de regreso Shinichiro tiene la loca costumbre de saludarla de esa manera cuando se encontraban.

Y a ella no le molestaba para nada.

—¿Seishu no viene contigo hoy?

—No, él y su amigo han decidido quedarse en el parque jugando un rato más —le respondió, recordando como Kokonoi insistió en acompañarla hasta casa pero ella se rehusó de manera cortés para que Seishu no estuviese solo.

—Entonces parece que hoy es mi día de suerte —Akane observa como Shinichiro le sonríe, mientras saca una linda flor –y de inmediato quiere saber de donde la sacó–, ella puede ver el futuro en ese momento, lo que está a punto de acontecer— Estaba esperando justamente que Seishu no estuviera contigo para decirte esto.

—¿En serio?

El corazón de Shinichiro adquiere un ritmo más acelerado cuando la ve sonreír tan encantadoramente. Akane era una de las chicas más lindas que había visto en su vida y vaya que ya había visto muchas chicas lindas.

Pero ninguna de ellas tenía el encanto de Akane.

—Akane-san —ella se siente nerviosa cuando su nombre sale de aquellos labios, ya estaba acostumbrada a ser Inui para él que aquello la había tomado por sorpresa— ¿Te gustaría salir conmigo?

La expresión de Akane se suaviza, le dedica una sonrisa y mientras lleva sus manos hacia atrás de su espalda moja sus labios para responderle. Dos letras, una sílaba, algo que Shinichiro ya sabía que diría.

—No.

Pero la manera en que lo dijo ¿quizás era por su tono suave y cortés? Shinichiro no pudo evitar sonreír ante la respuesta de la rubia.

—Veinte.

Ella solo parpadea como respuesta, no entiende a qué vino eso.

—¿Disculpa?

—Eres mi rechazo número veinte. Pero, si te soy sincero ya sabía que lo harías. No me arrepiento.

—¿En serio?

—No todos los días te rechazan de una manera encantadora. Los anteriores siempre venían acompañados de una mirada incrédula o una pequeña mueca de burla.

—Bueno, creo que si puedo ser amable mientras rechazo a alguien lo haré.

Shinichiro se echó a reír y aún así, le entregó la flor. Akane no dudó en tomar aquello como un gesto amistoso.

—¿No quieres saber porqué te rechacé? —preguntó curiosa, su cabeza se inclinó un poco hacia a un lado mientras analizaba el rostro despreocupado del mayor.

—En realidad ya sabía que me rechazarías por ser mayor.

Akane le miró sorprendida, no pensó que en realidad él ya sabría la razón. La verdad era que le gustaba Shinichiro, no sabía mucho acerca de él solo sabía que aún seguía en busca de un local que estuviese en renta para montar su negocio. Eso y que le llevaba cuatro años de diferencia.

—Sí, aún sigo siendo una estudiante de instituto —ella juega con un mechón de su rubio cabello mientras dice aquello.

—¿Quieres que espere por ti?

—¿Cómo? —esta vez Shinichiro es capaz de apreciar una vista impresionante al ver las mejillas de Akane tomar otro color al asimilar su propuesta.

—Lo que has oído Akane-san, quiero esperar por ti ¿me dejarías? —podría tener el carisma de un don Juan en esos momentos, pero de alguna forma ese chico frente a ella hablaba de manera sincera.

—Puedes hacerlo si quieres, pero no puedo asegurar que mi respuesta cambie para ese entonces —mentira, en realidad su corazón, sus pensamientos todo en su interior era un caos mientras las palabras de Shinichiro seguían repitiéndose como un disco rayado.

—Esperaré ansioso a que me rechaces, una vez más. Sólo si eres tú —dicho aquello, Shinichiro posó una mano sobre la cabeza de la más bajita, desordenando su cabello— Me tengo que ir, nos vemos.

La calidez de aquel momento se esparce por todo el pecho de Akane de manera fugaz, ella no puede evitar suspirar y emocionarse ante el hecho de que, alguien la quería de tal manera que estaba dispuesta a esperar por ella.

Y desde entonces ella y Shinichiro se volvieron más cercanos, hablaban de cosas triviales, sobre sus hermanos menores, sobre las clases de Akane, sobre el negocio de motocicletas que recientemente había iniciado Shinichiro.

Cada vez más, cada día, cada sonrisa, cada mirada. Shinichiro se enamoraba cada vez más de Akane y encantadora manera de ser.

Pero un día, ella simplemente dejó de serlo.

No pudo explicar el sentimiento que lo envolvió de pies a cabeza cuando se enteró de ese incidente. Tampoco podía explicar como se sentía cuando la miraba vendada y con ese respirador a través del cristal de la ventana del cuarto de cuidados intensivos.

Necesitaba una fortuna para salvar a Akane, una fortuna que él no tenía y aunque trabajó, trabajó y trabajó no pudo conseguirla. Porque cuidaba de sus hermanos menores y al mismo tiempo trataba de ayudar a Akane y Seishu.

Un día llegó al hospital a visitarla y la maquina a la que Akane estaba conectada dejó de emitir sonido alguno.

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La tumba de la familia Inui tenía maleza, él la limpió.

Shinichiro llevaba consigo un par de flores, un cigarrillo y veinte yenes en el bolsillo. El clima ese día era encantador, el cielo despejado y la concurrida Tokyo que no paraba de ser ruidosa.

—Hola Akane-san, hoy te ves maravillosa —le saludó como siempre. Y esperó que ella le respondiera como siempre.

Shinichiro lo sabía, que ella ya no estaba ahí. Que ya no tendría que esperar por ella, que era libre de declararse a la siguiente chica bonita que le hiciera sentir cosquillas para tener su rechazo número veintiuno.

Pero no lo haría porque no sería Akane quien lo rechazaría de manera encantadora de nuevo. Y no estaba dispuesto a darle su siguiente rechazo a nadie más.