UN POCO ILEGAL

Por Cris Snape


Disclaimer: Kono Oto Tomare! Es una serie escrita e ilustrada por Amyū y publicada en la revista Jump Square.


¿Qué estás haciendo, Tetsuki Takaoka?

Principalmente dos cosas.

En primer lugar, se está repitiendo esas palabras una y otra vez. Son su mantra personal. Desde que diera comienzo esa locura, no deja de preguntárselo. Cada vez que mueve sus caderas hacia delante, el cerebro le recrimina esa actitud.

En segundo lugar, se está tirando a Isaki Kudō, la tía de su mejor amigo.

Eres un jodido traidor, Tetsuki. ¿Qué crees que dirá Chika?

No, joder. No. No debe pensar en él mientras se hunde en el cuerpo femenino. No puede hacerlo. Las sensaciones son demasiado embriagadoras. Su calidez, los gemidos, lo húmedo que se siente todo. Mientras está dentro de ella, por unos segundos es incapaz de reprocharse nada. Se entrega al placer y, cuando alcanza el orgasmo, se derrumba hacia delante y junta su frente con la de ella. Se queda quieto unos segundos, respirando hondo.

¡Qué cabrón eres!

Pues sí. Tiene toda la razón. Aquello no debería estar pasando. Se promete a sí mismo que será la última vez, aunque siempre es consciente de que volverá a sucumbir a la tentación. Isaki es irresistible. Cuando abre los ojos y la mira, ella respira con la boca abierta y tiene el pelo empapado en sudor. Es preciosa. La mujer más cautivadora que ha conocido en su puñetera vida.

La tía de Chika.

No quiere pensar en Chika.

Si bien es cierto que en los últimos tiempos su vida personal ha adquirido cierto equilibrio, tiene la certeza de que todo ese asunto le afectará demasiado. Su mejor amigo y su tía. Es demencial y, sin embargo, está pasando.

Se recuesta boca arriba. Isaki agarra su mano y aprieta, cariñosa y despreocupada. Tetuski la observa, intentando recordar en qué momento se quedó prendado de ella.

Está claro que no fue en su coche, cuando fueron a ver la actuación de Chika. Isaki es la peor conductora del mundo. En esa ocasión tuvo demasiado miedo como para experimentar cualquier otro sentimiento. Cabe la posibilidad de que ocurriera aquel mismo día, sólo que un poco más tarde. Isaki abrazó a Chika y le dijo que era un buen chico. A Tetsuki le dio un vuelco el corazón cuando la escuchó. Hasta entonces había pensado que ella sólo era una mujer atolondrada, alguien que dejaba que Chika se quedara a su lado porque se lo prometió a su anciano padre. Descubrir que sentía un afecto sincero por su sobrino, que era capaz de pronunciar las palabras justas en el momento apropiado, dejó a Tetsuki sobrecogido y con la curiosidad palpitando en su interior.

Fue después de aquello cuando empezó a fijarse en la verdadera Isaki Kudō. Que era atractiva ya lo sabía de antes. Que no tenía ningún reparo a la hora de pasearse medio desnuda por su casa tampoco le sorprendió. Chika a menudo se quejaba de sus escuetos pijamas y sus camisetas interiores, pero Tetsuki no tuvo ocasión de verla así hasta aquella tarde, cuando fue a visitar a su amigo para ayudarle con las tareas de matemáticas y fue recibido por una Isaki que se preparaba para salir a tomar algo de sake. Se empalmó al instante. Agradeció que Chika fuese tan tonto como para no darse cuenta de nada.

Fue entonces cuando comenzó a experimentar cierto sentimiento de culpa. A menudo recordaba aquella imagen de Isaki y se consolaba en el cuarto de baño. No estaba bien. De ninguna manera. Chika le hablaba sobre la nueva pieza que tocarían en el campeonato nacional y Tetsuki pensaba en Isaki. Chika se quedaba embelesado mirando a Hōzuki y Tetsuki no podía evitar hacer comparaciones.

Que Chika está loco por Satowa Hōzuki es más que evidente. Que no sea capaz de asumir y comprender sus propios sentimientos es más que probable. Tetsuki está bastante convencido de que no piensa sobre ella lo mismo que él piensa de Isaki. Es demasiado crío aún. No ha tenido una vida normal. No sabe lo que es que el deseo te corroa por dentro y, si lo sabe, lo disimula muy bien. Las emociones que refleja su mirada son puras, como de cuento de hadas. Lo que Tetuski piensa, siente y hace cuando mira a Isaki no tiene nada que ver con eso.

Se resistió, claro que sí. Intentó evitarla, pero a veces ella se asemeja a una bruja. Aquel primer día, Isaki se había percatado de su excitación y, de alguna manera, resultó que la lujuria de Tetuski era correspondida. Se lo ha repetido mil veces y mil veces ha caído en la trampa. Y lo peor no es eso. ¡Qué va! Porque si se tratara de algo meramente físico, tendría fácil solución. La pasión no dura para siempre. Entregarse al deseo es una buena solución cuando tienes un calentón, pero hay mucho más. A Tetsuki no le atrae solo la parte física. Resulta que Isaki Kudō es una mujer maravillosa.

A lo mejor empezó a enamorarse de verdad cuando le pidió ayuda para arreglar la nueva habitación de Chika.

—No puede seguir durmiendo en un futón detrás de un biombo.

Pronunció esas palabras con determinación. Quería que su sobrino tuviera su propio espacio. Deseaba sorprenderlo, hacerle feliz. Y Tetsuki se encontró a sí mismo visitando aquella casa tarde tras tarde. Sacando ropa, zapatos, libros y trastos varios. Pintando paredes y colgando cortinas. Siguiendo las instrucciones para montar una cama. Chika siempre estaba tan ocupado con el koto que no se dio cuenta de todos los cambios que se estaban produciendo en su propia casa. Y Tetsuki tampoco fue consciente de lo genial que era Isaki hasta que comenzó a soñar con sus sonrisas, con el roce suave de sus dedos al tocarse sin querer, con sus historias de la universidad o de cuando era niña y quiso aprender a tocar el koto.

Si Chika supiera que se besaron por primera vez sobre su cama. Si supiera que estuvieron a punto de hacerlo allí mismo.

Suspira.

Maldita sea. ¡Joder!

Isaki extiende un brazo. Sobre la mesita descansan un mechero y una cajetilla de tabaco. Se enciende un cigarro. A Tetsuki no le agrada del todo el olor, pero desea compartir algo más con ella. No sabe por qué.

No seas mentiroso. Lo sabes muy bien.

—¿Me das una calada?

Ella sonríe, juguetona.

—¿Ni hablar?

—¿Por qué?

—Eres demasiado joven para fumar.

Tiene gracia que diga eso. Tetsuki se incorpora en la cama y echa un vistazo a su alrededor en busca de los calzoncillos. Allí están, tirados al lado de la puerta. ¡Qué puto desastre!

—¿Te vas?

—Chika no tardará en llegar.

—Aún es pronto. Debe estar ensayando. A veces pienso que se esfuerza demasiado.

Tetsuki también. Y es verdad que Isaki tiene razón, pero necesita salir de allí. Ahora mismo le apetece abrazarse a esa mujer, dejar la mente en blanco y disfrutar del momento. No quiere ser tan sentimental. No puede permitírselo, así que debe huir.

—Es mejor prevenir. Además, no deberíamos hacer esto en tu casa.

—¿Te da miedo que nos pille?

Da un respingo. ¿Cómo puede ser tan inconsciente?

—¡Por supuesto!

Isaki se ríe. Le acaricia el brazo con la yema de los dedos. Hace que se estremezca entero.

—Entonces podríamos hacerlo en tu casa.

Bufa, un poco exasperado.

—Eso es aún peor. Vivo con mis padres.

Ambos se quedan callados. Tetsuki va en busca de la ropa interior. Tiene la firme intención de vestirse. Se pone los calzoncillos y recoge los calcetines. Comete el error de sentarse otra vez en la cama. Isaki le abraza desde atrás y comienza a acariciarle el pecho mientras le mordisquea la oreja. Es diabólica. Sabe bien que eso le vuelve loco.

—Quédate un poco más.

Desliza su mano con suavidad y la deja quieta en el vientre, bajo el ombligo. Tetsuki tiembla de anticipación.

—Chika.

—¿Tan malo sería que se enterara? ¿Qué crees que diría?

¡Ah! Ahí está otra vez. Se muerde el labio inferior y echa la cabeza hacia atrás. La escucha reír, maliciosa.

—¡Ah! Juventud, divino tesoro.

—Isaki, por favor.

Pero no obtendrá piedad alguna. Nunca la ha tenido. Isaki se coloca enfrente, le empuja con suavidad contra el colchón y se sienta a horcajadas sobre él. Está desnuda y es gloriosa. A Tetsuki se le quitan las ganas de escapar cuando acaricia su piel. Cierra los ojos mientras ella le besa el cuello y desciende por su cuerpo, hasta los muslos. Sabe lo que viene a continuación y quiere hacerlo. ¡Demonios!

¿Qué estás haciendo, Tetsuki Takaoka?

Siempre que siente su boca alrededor de la polla, la mente se le queda en blanco. Deja de oír, de oler, de ver. Todo se reduce a esa ardiente sensación, a la suavidad de su lengua y la aspereza de los dientes. Se aferra a las sábanas y, casi de improviso, escucha la voz.

—¡Tía!

Se incorpora tan deprisa que Isaki no tiene tiempo de apartarse de su cuerpo. Ha sonado cerca. Muy cerca. Demasiado cerca. La puerta del dormitorio está abierta y…

¡Joder! ¡Mierda!

Chika.

No puede ser. No, no, no.

Está ahí plantado, con cara de tonto. ¿Cabe la posibilidad de que no se haya dado cuenta de lo que está pasando? Siempre ha sido un idiota. Es un completo negado para los asuntos emocionales. Tetsuki está bastante seguro de que lo único que ha hecho con una chica ha sido agarrarse de la mano. Si acaso. Pero no. Nadie es así de imbécil. Isaki está desnuda, sentada en el suelo del dormitorio. Y Tetsuki está en la cama, con la cara roja y la boca seca.

Mierda, mierda, mierda.

—Yo… Lo siento.

Chika es el primero en reaccionar. Se da media vuelta y desaparece de su campo visual. Tetsuki se levanta e intenta ir tras él, pero Isaki le bajó los calzoncillos hasta los tobillos y está a punto de caerse de boca. Se coloca la ropa interior, coge una camiseta y sale en busca de su amigo. No puede pensar con claridad. Sólo espera que no esté demasiado cabreado. Y que no le dé por hacer gilipolleces. Sobre todo, eso. Nunca podría perdonarse el ser el detonante de una recaída de su mejor amigo. Y no tendría que ponerse tan melodramático. Chika ya no es el mismo de antes. Ha cambiado gracias a su propio esfuerzo personal, joder.

Es rápido. Sale de casa antes de que Tetsuki pueda bajar la escalera. No tiene sentido perseguirle por la calle. Está descalzo y a medias de vestir. Y a Chika se le da bien el atletismo. Afirma odiar los deportes, pero siempre obtiene buenos tiempos cuando corre. Tetsuki se queda inmóvil justo donde está, rezando porque aquel no sea el fin. Le sorprende que Isaki parezca tan tranquila. Incluso se enfada con ella. Sólo un poco.

—Míralo por el lado bueno, Takaoka. Ahora tenemos una razón menos para preocuparnos.


Comienza a buscar en el instituto, pero el salón de club está cerrado y no encuentra a ninguno de sus compañeros. Piensa en ir donde Kurata, aunque le cuesta imaginar a Chika buscando consuelo en alguien como él. Corre hasta el solar en el que anteriormente estaba la casa de su abuelo y está a punto de ir al hogar de Hōzuki. Se permite el lujo de sonreír al imaginarse a Chika intentando conversar con la madre de Satowa. Casi puede escuchar sus balbuceos y se apiada de él. No. No ha ido allí. Se le ocurre que siempre encuentra la paz que busca tocando y camina hasta la tienda de música. Le recibe la dueña, una anciana a la que Chika llama abuela.

—Está ahí detrás. No hagáis mucho escándalo.

Tetsuki asiente. Chika dice a menudo que esa mujer siempre parece saberlo todo y, a tenor de cómo le ha mirado, está claro que tiene razón. Descubre que sus manos están temblando mientras va a reunirse con su amigo. Ojalá lo siga siendo. Escucha el sonido de su koto antes de llegar y deja de respirar. La melodía que llega hasta sus oídos es tranquila, hermosa. Estremecedora. No suena particularmente triste. Parece contar una historia de amor. O algo parecido. Tetsuki no es muy bueno con la música. Se queda quieto durante un par de minutos, hasta que la pieza culmina y todo queda en silencio. Entonces, recorre los últimos metros que le separan de Chika y traga saliva. ¿Cuándo fue la última vez que estuvo así de nervioso?

En su relación con Chika, Tetsuki siempre ha sentido que tiene el control. Fue el primero en establecer contacto, el que le ofreció su amistad, el que le guio a la hora de recorrer un camino desconocido para el niño solitario que Chika siempre fue. Fue él quien se mantuvo a su lado en los malos tiempos, el que le animó a dejar aquel mundo de violencia y devastación y le sostuvo después de la muerte de su abuelo. Es él quien cuida de Chika ahora, aunque en realidad no haga falta. El chico al que miran los profesores cuando quieren asegurarse de que todo está bien, el que vigila el club de koto desde la distancia. Es su mejor amigo y Tetsuki a veces se siente mucho más. Casi como un hermano mayor.

—Chika.

No se mueve. Acaricia las cuerdas del instrumento sin hacerlas sonar. Tetsuki avanza con cierta inseguridad y termina sentándose frente a él. Chika le mira. Es difícil saber qué está pensando.

—Siento lo que ha pasado antes.

Entorna los ojos. Aleja las manos del koto y se cruza de brazos.

—¿Qué es lo que sientes?

A Tetsuki le sorprende la pregunta.

—¿Sientes lo que estabas haciendo con mi tía o que os haya descubierto?

Al principio no sabe qué responder. Mientras recorría media ciudad en su busca, no estableció ningún plan para cuando lo encontrara. No ensayó ningún discurso, no contempló ningún escenario ni se anticipó a las reacciones de Chika. En algún momento se imaginó que recibiría un puñetazo, eso sí. En cualquier caso, supone que lo mejor es ser honesto. Es algo que siempre ha funcionado entre ellos.

—Siento que te hayas enterado así.

Chika aprieta los dientes.

—¿Desde cuándo?

—Desde que arreglamos tu nuevo dormitorio.

Dos meses. A veces, Tetsuki tiene la sensación de que lleva toda su vida con Isaki.

—¿Lo habéis hecho allí? Porque eso sería muy asqueroso. No podría volver a dormir en esa habitación.

Eso suena bien. Se permite el lujo de relajarse. Sólo un poco.

—No. Es tu espacio personal. Queremos respetarlo.

Chika pone los ojos en blanco, bufa y apoya las manos en el suelo, inclinándose un poco hacia atrás.

—Pues menos mal que respetas algo, hijo de puta.

Tetsuki lo conoce lo suficiente como para saber que no está realmente enfadado. Conmocionado y confundido, sí. Y ansioso por comprender también. Se pasa la mano por el pelo mientras intenta buscar las palabras adecuadas.

—Yo… Chika. No estoy jugando, ¿sabes?

Le dirige una mirada interrogativa y no abre la boca. Debe seguir hablando.

—Isaki me gusta de verdad. La quiero.

Chika vuelve a poner esa cara de estúpido que es tan típica de él. Pobre. Tan bueno para algunas cosas y tan terrible para otras.

—¿Querer? Como si fuera tu novia, dices.

Tetsuki asiente, maravillado por la grandiosidad de sus propias emociones. Acaba de descubrir que está jodidamente enamorado de esa mujer. Es la primera vez que lo dice en voz alta. Lo ha convertirlo en algo real y tiene ganas de reír, de llorar y, sobre todo, de ir en busca de Isaki. La necesita. La quiere.

—¡Joder, Tetsuki! ¡Pero si es una vieja!

Eso sí que le pilla de improviso. Le sorprende tanto que le arranca una risita de incredulidad.

—¿Qué?

—Que mi tía tiene como treinta años. Es tan mayor…

Pone cara de estar sufriendo un tormento de proporciones cósmicas. Ahora sí, Tetsuki se carcajea. Se contiene para no poner en evidencia a su amante. Después de todo, la experiencia es un grado.

—La quiero, Chika.

Su amigo vuelve a quedarse callado, examinándolo con atención. Es como si pretendiera leerle el alma o algo así. Tetsuki se siente un poco incómodo ante esa intensidad y cambia de postura un par de veces.

—Mi tía es vieja y tú eres menor de edad. ¿Eso no es un poco ilegal?

Con todas las preocupaciones que ha tenido en mente, eso ni se le ha pasado por la cabeza. Chika chasquea la lengua.

—No me apetece nada que mi tía termine en la cárcel y tú en una academia militar o algún sitio parecido.

Tetsuki pestañea varias veces. Chika parece hablar para sí mismo. Se ha puesto una mano debajo de la barbilla y tiene la vista fija en los paneles de madera de la pared.

—Aunque podría quedarme con toda esa casa para mí solo. En cuanto a ti, te las apañarías bastante bien. Eres bastante listo y se te dan bien los deportes. Seguro que terminarías siendo capitán.

Tiene que reírse. Todo se está volviendo bastante absurdo.

—No voy a ir a una academia militar, Chika.

Otra vez le mira. Entorna los ojos, suspira hondo y estira los brazos por encima de la cabeza.

—Supongo que, si yo no terminé en un reformatorio, tú tampoco lo harás.

Agita la cabeza. Se siente aliviado. Muy aliviado. Aun así, debe asegurarse de que todo está bien. No quiere perder a Chika.

—Entonces, ¿no estás molesto?

Tarda unos cuantos segundos en responderle. Otra vez centra su atención en el koto, como si el instrumento pudiera susurrarle las palabras adecuadas. Como si fuera su tabla de salvación.

—No es que me haga mucha gracia, ¿sabes? Es mi tía, Tetsuki. —Hace una breve pausa—. Y tú eres mi amigo. Siempre has estado ahí, sin importar lo cabrón que yo haya sido. Supongo que sería un poco injusto cabrearme contigo por esto. Y tampoco serviría de nada. Si te gusta Isaki y tú le gustas a ella, no hay nada que yo pueda hacer. Salvo acostumbrarme a la idea.

Tetsuki se queda sin palabras. Es un poco tonto que los ojos se le llenen de lágrimas. Chika le arrea un golpe en el hombro como si quisiera hacerle reaccionar.

—Pero debéis tener cuidado. Lo que he dicho antes es en serio. Mi tía no debería estar acostándose contigo. Si os pillan, podría meterse en un buen lío.

—Lo sé y no quiero que le pase nada, pero ella también es consciente y quiere arriesgarse.

—Debes merecer mucho la pena.

Sonríe. Chika vuelve a suspirar y se levanta con movimientos ágiles. Después, le tiende una mano para ayudarle a hacer lo propio. Es hora de volver a casa. Chika recoge el koto y salen juntos de la estancia. No hay ni rastro de la abuela por ninguna parte, aunque Tetsuki está convencido de que, de alguna manera, sabe que han logrado arreglar sus diferencias.

—¿Por qué no me lo contaste?

Ya están en el exterior, caminando el uno junto al otro.

—Porque me sentía culpable y estaba confundido. No quería hacerte daño.

Chika asiente. Se mete las manos en los bolsillos del pantalón.

—No hace falta que sigas haciendo esto, Tetsuki. Ya no soy como antes.

—Ya lo sé.

—Puedo cuidarme solo. No soy tan frágil como piensas.

No puede decir nada. Es extraño ver a Chika alcanzar ese nivel de madurez. Le mira de reojo. Tiene los ojos clavados en el cielo. Es una pena que no se puedan contemplar las estrellas.

—Es la costumbre.

Procura quitarle hierro al asunto. Sabe que lo ha conseguido cuando Chika se ríe.

—Eres un cabrón, Takaoka. ¡Mi propia tía! Voy a tener que pensar en algunas condiciones para poder convivir con vosotros.

—¿Condiciones?

—Para empezar, no quiero volver a encontrarme una escenita como la de antes. Todavía tengo ganas de vomitar.

No diría eso si hubiera estado en su lugar. Tetsuki sonríe y entiende lo que está diciendo.

—A lo mejor podrías enviar un mensaje antes de volver a casa.

—A lo mejor podríais hacer esas guarradas en otro sitio. Soy joven y me habéis traumatizado.

Tetsuki le empuja.

—Idiota.

—No pienso llamarte tío. Por nada del mundo.

—Puedo vivir con eso.

—Tendrás que hacerme la comida durante los próximos quince días. Será tu forma de compensarme por lo de hoy.

—Haz una lista y me esforzaré al máximo.

Chika se detiene de pronto. Se planta frente a él y le pone las manos en los hombros.

—Haz que mi tía sea feliz.

Tetsuki retiene el aire en los pulmones, conmovido.

—Claro que sí.

—Y si ella te hace daño, dímelo.

Asiente. Algo le arde en la garganta y le impide seguir hablando. Chika reanuda la marcha y vuelve a estirar los brazos. Mueve la cabeza de un lado para otro, haciendo crujir sus cervicales.

—¡Ay, Tetsuki! No me dais más que problemas.

—No te merecemos, Chika.

Bromean un rato más. De alguna manera, se ha visto en la obligación de acompañarlo hasta su casa. Chika se despide agitando la mano y Tetsuki no siente la necesidad de volver a ver a Isaki. No esa noche. Supone que tía y sobrino tienen mucho de qué hablar. Es mejor que les conceda su espacio. Al menos todo ha salido bien. Tal vez demasiado bien. ¿Se merece ese resultado? Mucha gente pierde más cosas de las que gana, pero él ha conservado la amistad de Chika y tiene a Isaki. Debió ser un tipo cojonudo en otra vida para que el karma le recompense de esa manera. En cualquier caso, dejará de atormentarse a sí mismo y se limitará a disfrutar de la felicidad. Suele ser algo efímero y no tiene tiempo que perder.