Semana LeviHan
Día 1: En el Bosque
Hange se encontraba sentada junto a una pequeña fogata. Intentaba calentar sus manos que habían estado esforzándose juntando materiales típicos de un bosque para reparar una carreta que podría transportar a Levi. Por suerte el hombre se recuperaba increíblemente rápido, una característica de los Ackerman. Su fuerza física era superior a cualquier otra persona común. Estaba agradecida por eso.
Cuando lo había encontrado a la orilla de ese río, todo ensangrentado y cubierto de heridas graves, temió lo peor. Su corazón casi cesó de latir en su pecho al descubrir que seguía con vida. El alivio la había inundado por completo. Si no fuera porque estaba rodeada de enemigos, hubiera gritado de felicidad. Levi era la persona más fuerte que había conocido en su vida, no tenía duda ni preocupación sobre su recuperación. Aunque le faltaran algunos dedos y sus heridas dejaran marca por siempre, el hombre se pondría de pie nuevamente y lucharía por sus ideales. Era admirable.
Ella en cambio se sentía desanimada, su corazón dolía, la culpa la acechaba, le hacía ruido en su mente. Eren los había traicionado, sus soldados la habían traicionado. Habían elegido el camino de la violencia y la muerte sin decidirlo juntos. Su cabeza daba vueltas tratando de encontrar una razón, un motivo por las acciones desconcertantes de sus subordinados, pero no podía pensar con claridad. Tenía demasiadas preocupaciones, la carreta, asegurar el perímetro, hacer guardia mientras velaba por Levi que aún estaba inconsciente. Su prioridad era Levi.
Se acercó al Ackerman, se sentó junto a él y lo tapó bien. Suspiró y dejó caer la cabeza en sus manos. Estaba cansada, triste, no quería tener que luchar más. Le dolía pensar en tener que volver a pelear, a ver gente cercana morir, en enfrentarse a Eren, Zeke y sus seguidores. No quería que Levi se lastimara aún más porque temía perderlo a él más que a nada en el mundo.
Comenzó a divagar en pensamientos y posibles teorías, planes. Pero Levi no parecía demostrar ninguna señal de despertar pronto. No podía oír su voz, pensó Hange.
- Preferiría que los dos viviéramos aquí. ¿Cierto Levi? – la mujer suspiró. Había sido sincera con su deseo, pero sentía que decirlo en voz alta, lo volvía aún más imposible. Un deseo egoísta sobre un futuro inaccesible, con un hombre herido e inconsciente que quizás no correspondiera a sus sentimientos románticos.
Hange se recostó a su lado y lo abrazó suavemente y con cuidado de no tocar sus heridas. Su respiración de pronto se unió al compás de la respiración de Levi. Levi movió levemente su cabeza para apoyar su barbilla en la coronilla de Hange.
- Ojalá pudiéramos Cuatro- ojos… - susurró el hombre en respuesta a la proposición de la mujer. Ella se paralizó y el rubor pronto tiñó su rostro. – Pero… qué queda si nos escondemos? No hay modo en que puedas ser dócil mientras te escondes…
- Sí, es cierto. No puedo. Le- Levi, escuchaste mi soliloquio… - Hange se sentó y lo miró avergonzada. No sabía qué significaba el que él deseara lo mismo o que la conociera tan bien como para asegurar que ella sería incapaz de quedarse inmóvil. Su corazón latía fuerte en su pecho.
- Mi objetivo es matar a Zeke. Te agradezco tus cuidados, y tus palabras. Si estoy vivo es gracias a ti Hange. Y me gustaría retribuirte, desearía poder quedarme contigo aquí, sin que nos importe el resto del mundo, pero ambos sabemos que no somos así. – Levi tomó la mano de la mujer y ésta se sonrojó. Sus palabras tan honestas, la habían conmovido.
- Levi, no me confundas. Acepto tus agradecimientos, y te doy la razón en lo que dices, pero no me confundas con tus amables palabras. Es raro en ti y no sé qué pensar. Oíste mi confesión, y dices que desearías que fuera posible, pero a la vez rechazas la idea porque no va con nuestros valores. Y tienes razón, lo admito. Pero no me dices eso solo para rechazarme suavemente, ¿no? – Hange estaba nerviosa y no podía detener su parloteo, a la vez que se negaba a soltar la mano del hombre. Éste rió y se sentó, estrechando la mano de la mujer.
- No estoy rechazándote idiota. Todo lo contrario. – Hange abrió grandes su ojo sano y su boca. No podía creer que aun cuando el mundo estaba llegando a su fin, ella se sentía como una adolescente enamorada.
- Entonces… ¿estás diciendo que me quieres Levi? – el hombre carraspeó nervioso. – Sabes, ya que casi te pierdo y no sabemos que será de nosotros con todo este conflicto, lo diré claramente. Yo sí te quiero, hace mucho tiempo que lo hago. Eres la persona más importante en mi vida.
- Cuatro ojos… tú siempre diciendo todo lo que piensas sin contenerte. Me gusta eso de ti, aunque a veces resulta incómodo y molesto. – Levi acercó su rostro al de Hange con un poco de esfuerzo. Le dolían las heridas de sus piernas. Hange tembló de sorpresa, pero no se apartó. Levi sonrió levemente. – Si te quiero. Y no sé si sobreviviremos, pero te prometo que si lo logramos, te haré mía completamente y de todas las maneras posibles.
- Levi…
El hombre presionó sus labios sobre los de Hange, ésta gimió debido a la sorpresa y a la corriente que recibió su cuerpo entero por el leve roce de Levi. Hange llevó sus manos al rostro del hombre y acarició su mejilla sana. Levi trazó con su lengua los labios de la mujer, como pidiendo permiso para ingresar. Hange separó sus labios y lo recibió con su lengua predispuesta. Las sensaciones los envolvieron, el placer, el calor, la humedad de sus bocas… Estaban solos en ese bosque, rodeados de altos árboles, tierra, césped y un fuego que ardía tenuemente, iluminados por un cielo azul oscuro lleno de estrellas que se colaba por un claro entre los árboles. Y aunque estaban solos, se sentían en su propio mundo, tan en contacto con sus emociones compartidas, unidos por un amor profundo y por una promesa de un futuro inseguro, de un futuro que quizás no llegaría.
…
…
Un mes después
Las lágrimas caían silenciosamente por las mejillas de Levi Ackerman. Parado en ese mismo lugar, donde se habían besado por primera vez, solo, en silla de ruedas, los recuerdos lo golpeaban, su pecho dolía como ninguna herida que hubiera sufrido antes. Hange ya no estaba y él no pudo salvarla ni convencerla de quedarse a su lado. Había sido su decisión sacrificarse por todos. Le dolía, el vacío que sentía nunca iba a poder sanar. Lo presentía, estaba seguro de eso. Por años había cuidado de ella, la había amado en secreto, sin poder confesarse porque el mundo era cada vez más terrible. Siempre pensando en que tendría tiempo después porque ambos eran fuertes y sobrevivirían. Pero ahora ella ya no estaba y él había sobrevivido muy a su pesar. Hange querría que viviera y fuera feliz, pero sin ella, él no estaba seguro de poder lograrlo.
Le había tomado semanas volver al bosque, pero quería despedirse adecuadamente, aunque dolieran los recuerdos de las palabras que se dijeron allí. Quería decir en voz alta y llorarle libremente, en este bosque que siempre le recordará a ella, pero del que se despediría por un tiempo.
- Hange… recordaré por siempre cada palabra que nos dijimos en este lugar. Tendré grabado nuestro primer beso en mi memoria y en mi corazón hasta que finalmente muera y vuelva a verte. Seguramente te burlarías de mí, fui imprudente y suicida, me arriesgué, pensando que moriría luchando, pero no fue así. Sigo vivo, más herido que antes, pero vivo. Creo que es una maldición. Pero no pensaré en los motivos por los que estoy maldito y no puedo morir… pensaré solo en ti. Recorreré el mundo por ti. Sé que te hubiera encantado hacerlo. Lo haré por ti, aunque seré una carga para Onyankopon, pero qué más da, él se ofreció a llevarme. Sabes… me confesó que tú le gustabas. Y aunque ya no estés, me puse celoso. Pero es un buen hombre, a ti te caía bien. Quiero pensar en que siempre fuiste mía y no arrepentirme de nada. Si nos hubiéramos quedado en este bosque viviendo solos los dos, no hubiéramos sido del todo felices, porque siempre fuimos soldados, Cuatro- Ojos y éramos parte de la guerra. Tu locura, tu amabilidad, comprensión, siempre recordaré todo, te lo juro. Quizás en otra vida, podamos estar juntos, aquí en este bosque nuevamente. Vela por mí desde donde estés. Nos vemos Hange. Siempre te amaré…
Levi se limpió las lagrimas y llamó a Falco. El chico apareció corriendo desde lejos, realmente había respetado la privacidad del hombre. Levi sonrió, listo para emprender una nueva vida, una nueva aventura, siempre con Hange en su corazón. Viviría por ella hasta que llegara su hora de partir. Hasta que pueda reunirse con ella, donde sea que ella haya ido…
Se subieron al avión, dejando atrás el bosque… Su bosque.
