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"Si la muerte tuviera rostro ese sería el de una mujer, tan galante y sádica, tan lista y sagaz, tan inteligente y hermosa, tan amada y odiaba, tan deseada y tan temida, el rostro perfecto."
"Lealtad, gran palabra que cubre con su manto el criterio de un Guerrero, define al noble del campesino y separa al asesino del Guerrero. Llena tu arrogancia con lealtad, que todo el mundo sepa que tu eres leal a la gloria misma".
Fuego ruina y muerte, era lo único que se podía ver y oír en el camino de lo que alguna ves fue el signo de poder de la magia en todo el multiverso, ahora solamente era un lugar desecho, obscuro y lúgubre. Grandes rocas caían desde los cielos cual lluvia torrencial matando a todo aquel que estuviera en su camino.
La soberana, la grande y poderosa reina de este lúgubre lugar, se la veía caminando a duras penas, con el brazo derecho lastimado, la armadura que cubría su cuerpo estaba rasgada y rota. Ella estaba con el arma más poderosa jamás concebida en el universo en su no tan lastimado brazo izquierdo, su vista solo se posaba hacia abajo sin atreverse a mirar al frente por la vergüenza que la consumía en el interior, vergüenza por ser la primera y última de su linaje en perder en batalla, o talvez porque no pudo defender el gran reino que fundaron sus ancestros, todo esto pasaba por su cabeza junto a un mar de sentimientos, la carcomían lentamente sentimientos de ira y la sensación de la impotencia combinados con la tristeza y sobretodo la vergüenza, hubiera seguido lamentándose de no ser que su tosco pero lento caminar al fin llegó a su destino, o mejor dicho a un montón de rocas, las cuales usó como si fueran una silla.
Recobró el valor suficiente para mantener la vista firme, pero muy pronto lo perdió. Vio con terror y pavor lo que pasaba a su alrededor en frente de ella, por fin veía con una gran claridad, vio cientos de los que alguna vez fueron los más fuertes guerreros que vestían las armaduras más fuertes y resistentes echas del mejor metal del reino, rotas, las espadas lanzas y escudos tapizaban el suelo junto con los cadáveres de sus portadores muertos antes sus pies. La tierra se cubría con el color rojo sangre de cientos de muertos y la gran cantidad de rocas ya caídas hacían que aquel lugar pareciera más una cantera que un baluarte, solo por milagro una de esas pesadas rocas en forma de muros no le cayó encima, y por mero milagro duradero aún no le caían.
Bajó la vista, ya no quería ni podía ver tal escena, no debía pensar más, debía actuar, pero le era imposible no pensar lo que le deparaba el futuro. Pensó en la muerte que le aguardaba a ella y a los miles y desanimados soldados que iban de aquí para allá subiendo y bajando los escalones de las murallas, algunos cayendo del dolor provocado por sus heridas, otros cargando heridos en un vano intento de salvarles la vida, pero a pesar de todo, todos ellos solo tenían un único fin, salvar la vida de la reina, así es, ¡su vida! no la de ellos. Se preguntaran ¿por qué? ¿lealtad? no. Tal vez solo querían una muerte digna y honorable, ella no lo sabía, solo escuchaba a sus soldados discutiendo por encontrar una ruta de escape, se oía claramente que trataban de buscar una salida, miraban encima de las murallas arriesgando su vida en el intento, todo para salvar a la reina de Mewni, "Ja, que gran reina" pensó, dentro de poco tal vez no sería ni reina ni estaría viva... "¿Cómo moriré?" Se preguntó mentalmente, tal vez moriría de forma rápida, río un poco—. No, mínimo seré torturada— dijo para luego sacudir la cabeza en forma de negación, él nunca le haría eso, él se aseguraría de que su muerte sea rápida e indolora, ya había demostrado bien claro que su muerte no sería dramática "tal vez una ejecución a la antigua" pensó –. Una guillotina talvez... no, eso es arcaico para él— se dijo. Él no le negaría una muerte digna y eso damas y caballeros era más de lo que ella merecía.
En tan solo 3 meses se dio cuenta que todo cuanto había echo hace tan solo unos años, todo, absolutamente todo fue incorrecto, si, incorrecto, por no decir ruin, tiránico, desalmado y en el caso de los humanos inhumano. En realidad ella sabía lo que hacía, pero pensaba que era por el bien de todos, por el bien del reino ¡POR MEWNI!—. El fin justifica los medios— se dijo alzando la vista para luego volver a la realidad... la realidad, la cruda y cruel y maldita realidad era que ella había condenado a todos y cada uno de los que estaban allí, ella había usado esa lealtad inquebrantable para obligarlos a hacer...
—No, nunca los obligue— otra vez agachó la mirada. "Si" pensó, nunca. Ella les mintió pero no los obligó... pero eso era peor, todos sus soldados que creyeron en ella, que mataron por ella, que se condenaron la vida por ella, todo por creer en sus viles mentiras. Perdió las fuerzas por un momento y lloró, lloró tanto como se lo pudo permitir, solo unos segundos y unas cuantas lágrimas derramadas—. No es momento para llorar—se dijo, alzo su mano y con ella se secó rápidamente sus lágrimas, levantó su mirada al frente, ¿había recobrado el valor? No... no del todo. Las rocas dejaron de caer en el mismo instante en el que estaba dispuesta a hablar, era un indicio del destino, un indicio de que tal vez su final no llegaría hoy. Ella aprovechó ese momento de "paz" que estaba pasando.
—parad— dijo con una voz suave y tosca mientras se levantaba del montón de rocas. Presionó fuerte su arma con su mano, contuvo su llanto y tomó fuerza de lo más profundo de su ser, inhalo fuerte antes de gritar, demasiado, se levantó con la vista al frente.
—PARADDDD—gritó tan fuerte como pudo, pero nadie oyó, todos seguían dando vueltas de aquí por allá, era obvio que necesitaría más de un grito para llamar su atención, Sabiendo que su grito no sería suficiente, alzó su brazo hacia al cielo y con ello su poderosa arma–.¡¡ASESINO!!—un destello de luz se disparó de su arma, una poderosa ráfaga de energía capaz de carbonizar a cualquier cosa con vida que este en su camino, no tardó más de unos segundos cuando la ráfaga de energía explotó en el cielo creando una explosión muy vigorosa.
Todos sin excepción voltearon sus rostros hacia arriba e inmediatamente buscaron a la causante de la misma, la encontraron en una mujer con el brazo apuntando hacia arriba. Su reina apenas se sostenía pero en su rostro tenía la expresión más seria que jamás habían visto o que verían en sus vidas. En sus ojos se desprendía un aura que emanaba valor puro, ella los miraba a todos, cada soldado dentro del castillo, sin excepción, escucharon atentamente.
—¡Escuchad mi orden, porque tal vez sea la última que les daré!—dijo con voz fuerte y estridente, apuntó con su arma a la puerta—¡Esta no es una batalla, esta es una masacre, y no mentiré, todos los que están aquí...—giró unos grados y vio a todos sus soldados—. ¡Absolutamente ninguno saldrá vivo, nadie, ni siquiera yo!—por un breve instante se escuchó un ligero murmullo de molestia entre las filas de guerreros—¡Se que eso suena desalentador, pero no podemos escapar! —posando su vista de nuevo hacia adelante se podía ver la enorme puerta de acero Myhumano, que en cualquier momento se abrirían y por fin podrían arremeter contra sus carceleros. Volviendo la mirada al frente habló con voz fuerte.
—¡Pero si se una cosa que podemos hacer en vez de buscar una salida tratando de huir como cobardes! ¡podemos dar pelea! ¡Antes de morir podemos vengarnos de nuestros enemigos! ¡Ahora no somos civilizados, somos bestias encerradas, somos animales feroces acorralados, somos animales con mucha hambre y el que está más allá de esa puerta!—señaló la puerta con su arma... mejor dicho, su varita—. Es nuestra presa, y nosotros ya no huiremos de nuestra presa! ¡Ahora escúchenme bien!—miró hacia abajo y encontró su casco de acero que había perdido en medio de la batalla, que irónicamente apareció justo en el momento adecuado, lo alzó y se lo puso, miró hacia la puerta señalándola de nuevo –¡Abriremos esa puerta! ¡quiero una línea defensiva! ¡hoy ninguna bestia se queda sin su presa! ¡¿Están conmigo?!—se pudo escuchar un ligero "sii" de sus soldados—.¡Arremeteremos contra nuestros enemigos y moriremos con gloria!—el "sii" comenzó a tener más fuerza—.¡Seremos recordados por siempre como los grandes héroes que somos!,—"sii" se escuchó a una voz un pequeño grito de sus soldados pero que amenazaba con convertirse en un potente grito de guerra— ¡Él que no quiera unirse a mi que muera solo, él que quiera morir al lado de su reina y de sus hermanos de la guerra que alce su arma y muera con honor!—"Siiii"— ¡Pregunto por última vez valerosos héroes de Mewni ¿Quieren morir al lado de su reina?!.
—SIIIIII—se escuchó un fuerte grito de todos los soldados que alzaron sus armas en señal de apoyo.
—¡NO ESCUCHO! ¡¿QUIEREN MORIR A MI LADO?¡
—¡SIIIIIIII!— un increíble grito de guerra se escuchó, no solo en el castillo, sino que también pudo ser escuchado por los invasores a las afueras de la fortaleza.
A continuación cada uno de los soldados que estaban heridos o lastimados; o simplemente no tenían armas, levantaron un arma y escudo del suelo y se formaron en una línea. Se podía ver en sus ojos que el antes existente miedo fue remplazado por un ardor de batalla, el desgano y la debilidad en sus cuerpos fueron remplazados por unas enormes ganas de enfrentarse a sus enemigos y clavarles sus temples en sus corazones, todo provocado por ella, la fuerte y segura voz de la reina, la cual había tomado el miedo de todos ellos y lo convirtió en un espíritu de lucha. Estaban dispuestos a morir, con lanzas espadas y escudos al frente, estaban impacientes a la espera de la orden de su reina. Todos formaron una enorme fila defensiva muy bien armada y organizada.
—¡MUERTE A LOS ENEMIGOS DE MEWNI!—gritó la reina posicionándose al lado al frente de sus soldados. Repitiéndose la palabra con eminente fuerza por sus leales soldados, la reina disparó de su varita una explosión que destruyó la puerta principal dejándola en pedazos y trozos que volaron por todos lados. Todos avanzaron sin excepción hacia adelante en completo orden afuera de este gran castillo. Por fin sus ojos se topaban con los del enemigo, seguido de un disparo de una arma conocida como la A.A.M.
El inicio es el inicio y el final es el final...tal vez.
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