Disclaimer: Pucca le pertenece a su respectivo autor. El escrito me pertenece.

Palabras: 1425.


—Entonces, Garu…

El aludido miró de soslayo a su atolondrado amigo y compañero de entrenamiento. Alzó una ceja al ver que se quedaba en silencio, estaba intrigado en lo que quería decir, pues llevaba ya un rato pensativo y parecía debatirse en si hablar o no.

—Tengo una pregunta que hacerte…

Asintió, dando pauta a que siguiese. Tanta expectación lo estaba carcomiendo de la curiosidad, aunque su rostro inexpresivo dijese lo contrario.

—¿Te gustan las galletas? —soltó de pronto.

¿Ah?

¿En serio?

Si no hubiese tenido autocontrol en su cuerpo, y porque en el fondo —no tan fondo—, se esperaba que Abyo saliese con una estupidez así, a la que solo él se le ocurría poner expectación, se habría palmado la cara. No era la pregunta del estado, vamos.

Aun así, lo pensó. No era especialmente fan de lo dulce, es decir, comía, pero decir que desvivía por el azúcar era engañar a una piedra. Prefería lo salado. Pero si tuviese que comer algo dulce, si, las galletas estarían encabezando la escasa lista.

—Mph —hizo el sonido de afirmación, para que al fin Abyo le dejase de mirar tan fijamente.

—¡Vaya! Al fin, pensé que no responderías. Pero te entiendo, las galletas en definitiva son uno de los mejores postres que hay en el mundo ¡Y lo mejor es que hay diversos sabores, formas, tamaños y colores! Hay algunas de miel, avena, chocolate, fresa, vainilla, coco, otras decoradas con chispas de chocolates, o glaseadas con alguna crema de mantequilla ¡En navidad o San Valentín tienen forma de árboles y corazones! Viejo, las galletas son lo máximo, y… —siguió con su perorata, la cual Garu consideraba innecesaria. Le había quedado claro que a él le encantaban las galletas—… ¿Cuáles son tus favoritas?

Quedó en blanco. Nunca se había puesto a pensar en cuales les gustaban más. Es decir, no comía mucho dulce ya que era de conocimiento que eso aumentaba tu energía durante un tiempo, y aunque sonase beneficioso, en realidad era como si acumulase la energía de todo en un día en un corto período de tiempo, y luego de que acabase el efecto, parecerías atropellado por quinientos caballos de carreras.

Evitaba comer azúcar por lo mismo.

Pero de vez en cuando se daba sus gustos. Rememoró las pocas veces que pasó por alguna tienda y compró las galletas que vendían. En realidad tenían de muchos sabores, colores, formas, tamaños, pero solía pedir lo mismo sin darse cuenta: Galletas de vainilla, con nueces encima. No era muy dulce, pero al parecer era lo que le gustaba más.

Era lo que su cerebro decía.

—Hay galletas de chocolate con glaseado de fresa encima, o miel, hay otros de vainilla con chispas de chocolate… Pero supongo que eso es muy dulce para ti… ¿Qué tal galletas de vainilla con nueces? —Abyo acertaba sin querer las cosas, así que el señaló que si le gustaban.

Y él siguió hablando del mundo de la repostería por varios minutos más. Si Garu no le conociera, pensaría que quería ser repostero.

Lo que él si no sabía, es que detrás de unos arbustos había una joven muy peculiar, que anotaba todo lo que veía y oía. Y eso le dio una idea.

Apresurada, se levantó de su lugar y salió corriendo hacia la aldea. Claro que, no esperó que eso hiciera un poco de ruido que ella no escuchó, pero que los otros dos varones sí.

—¿Qué fue eso?

No sabía, pero juró haber escuchado una risa. Sintió un escalofrío.

Pucca yacía en la cocina personal de su hogar. ¿Qué? ¿Pensaron que usaban la cocina del restaurante? A veces, pero debido a que la mayoría del tiempo estaba siendo ocupada por sus tíos, y por temas de privacidad, había una aparte no muy lejos de la ya mencionada. Era más sencilla, pero tenía todos los artilugios necesarios para la cocina.

Frente a ella, un libro viejo de recetas de dulces se abría frente a ella. Leía con detenimiento cada línea, quería hacerlo bien, y no admitiría errores. No era la primera vez que hacía galletas, pero normalmente las hacía para sus tíos. Nunca pensó en darlas a otros ¡Como no se le había ocurrido eso! Estaba emocionada, prepararía galletas caseras para su amado, le pondría todo el amor del mundo ¡Claro que sí!

Sacó todos los ingredientes que pedía una receta bastante sencilla de galletas de vainilla con nueces. Pronto, en el mesón había harina, levadura, huevos, azúcar, mantequilla, esencia de vainilla y nueces. Manos a la obra.

Observó con satisfacción la bandeja de galletas recién horneadas. Habían salido veinticuatro, y otras veinticuatro que estaban en el horno aún. Tenía suficientes, ahora solo faltaba envolverlas.

Mientras hacía la bolsa de regalo, se dio cuenta que no había dejado de sonreír en todo ese rato. Sentía un calorcito en el pecho al pensar que Garu probase sus galletas, ¡y que de paso le gustasen! No cabría en sí de felicidad. Y sonrió, otra vez, tiernamente, con un sonrojo en sus mejillas. Momentos como ese, le hacían pensar cual era la profundidad de sus sentimientos.

Y con galletas empaquetadas en mano, respiró hondo, para luego correr hacia el bosque. Mentiría si dije que no estaba nerviosa, ¡Estaba enamorada! Ella también se daba ánimos, y tenía miedo de que rechazase las galletas. Pero estaba decidida, de que se las entregaba, ¡Se las entregaba!

Nuestro ninja favorito, por otro lado, presentía que algo iba a pasar. Sentado en la cima de aquel bambú, el aire movía sus coletas, sentía el viento chocar contra su rostro suavemente. Y podía sentir en la boca del estómago ese retorcijón que anunciaba que algo iba a ocurrir. Y cuando eso pasaba, normalmente tenía nombre y odangos.

Equivocado no estaba, cuando al abrir sus ojos, visualizó en el prado frente a él a la joven que lo atormentaba día y noche correr hacía él. Suspiró.

¿Debía correr?

Nah, igualmente lo alcanzaría. No estaba de ánimos, por esta vez se dejaría hacer.

Aunque para su sorpresa, aquella muchacha se detuvo a pocos metros del bambú donde estaba, guardando sus manos detrás de su espalda. Caminó suavemente, con una tierna sonrisa en su rostro, y un increíble sonrojo. Es decir, estaba enamorada de él, pero siempre sería una sorpresa el que sus mejillas se tiñesen de rojo, la hacían ver más tierna de lo que ya era.

Bofetada mental.

Un carraspeo suave, y nervioso, vino desde abajo. Pudo ver que Pucca le hacía ojitos y señalaba el suelo, como diciendo: "Baja".

Y como buen cordero, lo hizo. Bajó de un salto sin pensarlo mucho. Estando frente a ella, se dio cuenta de lo nerviosa que estaba. E intuyendo porque no había mostrado sus manos, supuso que le daría algo. Esperó, no era descortés.

La joven tenía el estómago revuelto, dentro de sí unas minis versiones suyas empujaban a la más grande para que diese aquel paso. Antes le había dado suéteres a mano, bufandas, unas tarjetas, entre otros, pero no sabía porque estaba tan nerviosa por darle unas galletas.

¡Basta, Pucca! Tú eres decidida, estás enamorada, esto no es nada. ¡Pelea, gana!

Y en un impulso de valor, extendió sus brazos al frente, con la bolsa en sus manos que mostraba el contenido. Con nerviosismo contempló el asombro pasar por los ojos oscuros del ninja, y pensó si de verdad lo iba a aceptar, porque ya llevaba un rato en esa posición, le dolían los brazos.

Movió un poco la bolsa, haciéndola sonar, y sacando de su estupor al ninja.

Estiró su mano, y finalmente tomó la bolsa. La abrió, con paciencia, tomó una galleta y mordió. Deliciosa. Pucca tenía mano para la repostería.

Para todo, en realidad.

La miró a los ojos, y como si estuvieran conectados, Pucca entendió. Le había gustado. ¡Le había gustado! Dio pequeños saltos, y se detuvo cuando vio una galleta frente a ella. Oh. Garu había desviado la vista, pero seguía extendiendo el brazo. Ella sonrió, y mordió la galleta sin tomarla.

Siguieron degustando aquellas galletas en silencio, sentados en la grama, ella completamente feliz por estar junto a su ninja; él, por el detalle.

Y es que, su mente no dejaba de pensar en la expresión de Pucca cuando extendió sus manos. Sus ojos brillosos, sus mejillas rojas, sus labios apretados y sin querer haciéndolos más rosas de lo que ya eran. Bellísima.

Rayos, si se iba a poner así solo porque hizo y le regalo galletas, que así sea.

De ahora en adelante, ama las galletas. Pero las que son de Pucca.


¡Sip, he vuelto perlapuccabf! Jeje, tardé bastante en volver. Gracias por tus palabras, realmente me alegran el corazón, y con respecto al one-shot, tardé me di cuenta que no había puesto que era un semi AU, porque realmente lo único que cambiaba eran los constantes viajes de Garu, y que Pucca era una sirena y no sobrina de los tíos, por lo demás todo seguía igual. Te adelanto algo, el próximo será largo ;) Me alegra que te haya gustado ¡Gracias por leer!

¡Muchas gracias, Guest! Me alegra que te haya cautivado, espero que este te guste ¡Gracias por leer!


¡Gracias por leer!