Hace mucho tiempo que quiero escribir esta historia. No será muy larga, solo un par de capítulos, pero le dará un final más romántico y feliz a esta historia que fue genial, pero muy triste cuando terminamos de verla. Y como hoy es mi cumpleaños, aprovecho la oportunidad y me autodedico esta otra locura, porque Azize (en especial), Cevdet y su amor son mi debilidad... espero que les guste...
Vatanim Sensin The Other Ending...
Azize se sentó donde acostumbraba, en un banco solitario a orillas del río Arno y cerró los ojos, dejando que la brisa de la tarde acariciara su piel. Esta vez había tardado menos en sanar, sus heridas físicas, claro… porque su cabeza había quedado muy afectada… y seguiría estándolo mientras no pudiera ver a su familia…
Tanteó el bolsillo de su abrigo y sacó con dedos temblorosos la última carta que su ahora yerno, Yakup, le había enviado…
"Mi estimada señora A.:
Me alegra saber que todo salió como lo planeamos. Que usted se encuentra en buenas condiciones y seguramente, viajando hacia su destino final. Estoy haciendo lo posible por ubicar el paradero del pequeño M y descarto que muy pronto podrá reunirse con su marido. No se preocupe por el resto de su familia, están bien cuidados. Espero noticias suyas a esta dirección cuando sea oportuno.
Con cariño y respeto.
Yakup."
"Su destino final…" pensó y suspiró. Al menos Firenze sería su destino hasta que las cosas se acomodaran definitivamente y pudiera volver a su patria, una patria que se encaminaba hacia la libertad… aunque lo que siempre le había importado a ella, además de ver a su patria libre, había sido su familia… esa familia que había quedado algo relegada esos últimos años, pero que ahora, al menos en lo inmediato, se volvería a reunir…
Algunas lágrimas se le escaparon al recordar la última vez que había podido hablar con Cevdet, sus ojos llenos de angustia, de sufrimiento y de furia por todo lo que le habían hecho a ella antes y durante el encarcelamiento…
Ese último abrazo, y la promesa… aquel objetivo de caminar juntos por la calle tomados de la mano como cuando estaban orgullosos de ser quienes eran y no había nada que ocultar… eran felices y ahora merecían volver a serlo… se lo debían uno al otro…
Lanzó un suspiro y se acomodó en el asiento, miró hacia un costado... Sus ojos se enfocaron en un negocio que vendía relojes. Se imaginó comprando uno para él. En otro momento, pensó…
Volvió a cerrar los ojos y sintió un nudo en la garganta…
"- Es una posibilidad muy remota, mi vida… pero es la única que tenemos… necesito que sigas las instrucciones que te haré llegar… te necesito sana y salva para que pueda cumplir esa promesa que te hice el día en que nos casamos…- le dijo él en voz bajísima.
-Tú quieres convencerme y si te matan, Cevdet…- le dijo ella llorando- entonces yo también quiero morirme…
-Debes confiar en mí… es algo difícil, pero podemos lograrlo… yo ya hice todo lo que podía por mi patria, ahora es el momento de hacerme a un lado y dejarle esta tarea a los demás…
-¿Lo prometes? ¿no me dejarás una carta diciendo que te has convertido en mártir?
-Te prometo que no, mi vida…- dijo y vio que un guardia se acercaba, así que aprovechó para apretarla entre sus brazos y luego hundió la nariz en su cuello, tenía la impresión de que, si se quedaba un momento allí, guardaría el aroma de su esencia en sus fosas nasales, y no la echaría tanto de menos hasta que volvieran a encontrarse…"
Azize secó sus lágrimas y se puso de pie, debía volver a la que ahora era su casa, seguir esperándolo allí, mientras no hubiera novedades de él, era mejor… porque la realidad era que ella tenía pánico de recibir esa carta en la que él le confesaba que no acudiría a sus brazos… porque había decidido inmolarse para salvarla… pero Azize no necesitaba ser salvada… necesitaba al amor de su vida…
Comenzó a perderse entre la gente que parecía no darse cuenta de su estado melancólico. Era curioso como en solo un par de semanas, había aprendido bastante el idioma y se comunicaba con los alegres pobladores de la ciudad…
Cruzó el Ponte Vecchio y cuando dejaba pasar un auto que venía algo más rápido de lo que se acostumbraba a circular por la zona, se encaminó a su casa, que quedaba muy cerca de allí y al llegar a la puerta, se quedó inmóvil cuando a sus espaldas, escuchó su nombre y supo de inmediato quién la llamaba…
-Azize…- escuchó y sintió que su piel se erizaba en anticipación. Giró muy despacio, los ojos casi empañados por las repentinas lágrimas y entonces lo vio.
-Cevdet…- dijo cuando encontró la voz y sonrió tanto, que él se quedó mirándola desde donde estaba, a unos metros de ella y fue ella quien corrió a sus brazos…
Cevdet la tomó entre sus brazos y ella lo escuchó llorar mientras también lo hacía, emocionada, dejando escapar esa angustia que venía arrastrando el último tiempo, esa incertidumbre de no saber si la vida les daría la oportunidad de volver a verse, a reunirse para siempre…
Él entrelazó sus dedos entre sus cabellos, como otras veces, Azize ya no llevaba el velo, había tomado la decisión de no usarlo para mezclarse mejor entre la gente, porque la religión era importante, pero en ese momento, también lo era su seguridad…
-Mi vida… mi vida…- dijo él en su oído y continuó estrechándola.
-Cevdet… mi héroe…- jadeó ella casi sin poder respirar y él la separó para mirarla a los ojos.
-Ya no seré más un héroe, mi Azize… ya no más… estoy lejos de todo eso, porque esta vez elegí a mi familia, a ti, a mis hijos… a nuestro amor…
-Has sido mi héroe desde que te conocí… eso no cambiará… podrías haberte convertido en mártir, pero tu acto más heroico fue renunciar a ese gran regalo para que pudiéramos ser un poco felices… y yo te agradezco que hayas puesto por una vez a tu familia por encima de tu patria…
-Una jovencita preciosa, con el cabello oscuro como la noche y largo, larguísimo, me confesó una vez…- le dijo con una sonrisa- que yo era su patria… ahora tú eres mi patria… tú eres mi todo, Azize…- dijo y ella asintió recordando...
-Nuestra patria está en buenas manos…- dijo ella y él miró sus labios.
Azize tomó conciencia de dónde estaban y entrelazó sus dedos con los de él para entrar a su casa.
En penumbras, ella sintió los brazos de él atrapándola por detrás y siguiéndola hacia el living.
Ella lanzó una carcajada cargada de felicidad y giró en sus brazos para besarlo como había deseado desde que se habían encontrado…
Cevdet suspiró en el beso y ella pudo sentir cuánto la deseaba. El beso se interrumpió y él la miró con necesidad…
-Ven… te prepararé un baño…- dijo y él protestó un poco y la siguió.
Se posicionaron frente a frente en el baño y se quitaron la ropa. Cevdet hizo el intento de tomarla entre sus brazos, pero ella insistió y lo hizo tomar asiento para poder asistirlo con el baño…
-Tengo un dato para poder encontrar a Mehmet…- le dijo él mientras entrecerraba los ojos cuando ella echó un poco de agua sobre su cabeza para enjuagarlo.
-¿De verdad? - le preguntó.
-Así es… sus padres adoptivos viven en una ciudad cerca de aquí… llamada Verona…
-La ciudad de Romeo y Julieta…- dijo Azize y sonrió.
-Así es… nuestro hijo será un poeta…
-Hilal es muy buena escribiendo…- dijo Azize con orgullo- y Yildiz… es una mujer increíble… también…
-Estoy muy orgulloso por el trabajo que has hecho…
-El trabajo de ambos… pero lo bueno es que a Mehmet podremos criarlo entre los dos…- dijo y se inclinó para besar sus labios- bueno, creo que ya estás listo…- agregó dejando la esponja a un costado y él negó con la cabeza y tomó la esponja en sus manos.
-Tu turno…- dijo y ella se perdió en sus ojos.
-Cevdet…- protestó y él colocó un dedo sobre sus labios para hacerla callar.
-Azize… si queremos salir de todo esto… aspirar a ser felices… o al menos intentarlo, debemos hacer las paces con el pasado… me desgarra el corazón todo lo que has pasado… necesito acariciar y besar tus cicatrices…- Azize bajó la vista y tomó asiento a su lado.
Cevdet humedeció la esponja y cerró los ojos con fuerza cuando tuvo el primer contacto visual con las cicatrices en la espalda de Azize. Los abrió de vuelta, estiró sus dedos y la acarició con suavidad. Algunas lágrimas bañaron sus mejillas, pero en silencio y ella se fue relajando de a poco, segura y complacida con sus cuidados.
Pronto, las manos de él se deslizaron por sus hombros y luego de volver a la espalda se dirigieron a su cintura y su cadera.
La sintió temblar y se detuvo, pero no la soltó. Acercó su cuerpo al de ella hasta casi rozarla y le habló al oído…
-Esperaré todo lo que sea necesario… te amo mas que a mi vida…- le dijo y ella cerró los ojos y recordó aquella noche en que ambos se habían dejado llevar, aunque ella lo creyera un traidor, esa noche en que la pasión había ganado la batalla… y habían engendrado a su pequeño hijo…
-Lo se… pero no es necesario…- se dijo a si misma y también a él.
-¿Estás segura?
-Eres el hombre de mi vida… el padre de mis hijos… ¿qué podría ser mejor que sentirme otra vez en tus brazos, amada y respetada?
Cevdet la hizo girar y besó sus labios con pasión mientras sus manos se encargaban de acariciar su piel con tanta suavidad como su necesidad por ella le permitieron.
Se tomaron su tiempo y volvieron a reunirse en cuerpo y alma, casi olvidando todo lo malo que habían vivido en los últimos tiempos, solo ellos, otra vez cómplices, como nunca debió haber dejado de suceder…
Bueno, por supuesto habrá otro capítulo y un par de cosas más se aclararán, confíen en mí. Espero que les haya gustado. Gracias por leer mis historias!
