Fandom inexistente de un kdrama llamado Cinderella man.

En lo personal a mí me gustó la pareja principal, pero el otro rival amoroso del protagonista también tenía mucha química con él. Por eso, heme aquí.

Algunas aclaraciones antes de leer. Las historias serán de diferentes fandoms, parejas, personajes. La mayoría son cortas. Aunque la temática es romance, no todas son muy románticas.


Sae Eun llegó exhausta a su casa. Toda la noche terminando los diseños y buscando las telas perfectas para crearlos, organizando los vestidos, supervisando a los pocos empleados que quedaban; adoraba su trabajo, pero en momentos como este deseaba comprar un boleto e irse de vuelta a Francia. Suspiró al recordar las tantas que representaban aquel lugar.

Colocó la llave en la cerradura de su apartamento dispuesta a entrar cuando un ruido entre los basureros la alertó. De inmediato miró hacia el origen del sonido, buscando en su bolso su celular para llamar a la policía. Se acercó temerosa hacia el lugar, tomando una piedra que había encontrado en su camino. Al llegar al bote sus ojos no podía creen a quién tenía frente suyo.

–¿Dae San?

–Shhh, ¡vete! Estoy esperando a Sae Eun.

–¡Idiota! ¡Yo soy Sae Eun!

–¿No te habías pintado el cabello?

–¿Qué? ¿De qué estás…? ¡Por el amor de Dios estás borracho!

–No, solo fueron un par de copas.

El hombre intentó levantarse, se tambaleó y volvió al suelo, provocando más ruidos entre los basureros.

–Despierta, por favor, vete a tu casa.

–No tengo casa, me echaron del departamento.

–¿Otra vez?

–¿Cuántas veces lo ha hecho?

–Es la tercera vez que vienes a mi casa este mes.

–Genial, ¿quieres hacer el amor? Apuesto que lo hemos hecho antes, si no, no viniera aquí.

–¿Pero qué rayos hablas? Ya me tienes harta que siempre pidas lo mismo.

No solo era molestoso, sino que era doloroso. Desde que Yoo Jin falleció, el chico se había ido en picada. Tuvo que renunciar a sus acciones de la empresa porque empezó a administrar mal el dinero de esta. Perdió la propiedad que consiguió cona su esposa y cada tres meses lo echaban de los hogares porque no podía pagar el alquiler. Y cada que eso ocurría él aparecía completamente intoxicado de alcohol en las afueras de su puerta.

La primera vez que él apareció en ese estado frente a su casa, le creyó. Cuando le pidió que durmieran juntos, ella no dudó ni un segundo en aceptarlo. Había sido una tonta. Al día siguiente Dae San se marchó sin decir una sola palabra y no respondió sus llamadas o mensajes. Le dolía entender que la única manera en la que él podía fijarse en ella era si estaba inconsciente de su alrededor. Por mucho tiempo mantuvo en secreto los sentimientos que jamás la abandonaron. Cuanto deseó ser ella quien lo acompañase al altar, pero la indiferencia que recibió de su parte los días posteriores a lo sucedido le recordaron que él jamás sentiría algo más que amistad por ella.

La segunda vez que se mostró en esa forma le propuso lo mismo, ella lo golpeó. Le dijo que era un imbécil, aprovechado y mentiroso. Juró en ese momento jamás dejarlo entrar a su propiedad y le pidió alejarse de ella para siempre. Bastaron solo tres palabras para que cambiara de opinión y terminaran acostados una vez más. Y todo volvió a ser igual que la anterior ocasión, él ignorándola y ella cayendo en la misma trampa.

Esta vez sería diferente.

O eso creyó. Miraba el reflejo de la luz de la luna que se asomaba tras su ventana. La habitación estaba silenciosa, a excepción de los ligeros ronquidos de su amante. Cayó con la misma burda confesión de la última vez, y una vana promesa de que la trataría de otra manera cuando despertara a la mañana siguiente. Una lágrima rodó por su mejilla porque estaba consciente que era un engaño. Esos "te amo" que le juraba en el éxtasis de momento eran ilusiones obsoletas y ella se dejaba manipular por los sentimientos de un hombre roto que le ofrecía solo un cariño momentáneo.

Había leído y visto tantas historias que cuando uno de los dos protagonistas confesaba su amor al otro en estado de embriaguez, era señal de que su amor era real. A ella no le tocó vivir eso. Su realidad era que las confesiones de alguien borracho le traían dolor. ¿Lo más triste? Ella seguiría creyéndolas, porque seguía amándolo y en su fantasía las palabras de aquel hombre eran ciertas. Después de todo, ella también era una mujer rota.