Buenos amigos
Aphrodita (Hessefan)
Disclaimer: SS es de Kurumada.
Notas nuevas: Me faltan muchos fics de Saint Seiya por traer. Espero que me tengan paciencia. Iré subiendo de dos a cinco por día, para no agobiar a los fanfickers nuevos. ¡Gracias por su comprensión!
TWO SHOT
Desde hacía varios días que el mayor de los Kido había notado un inusual comportamiento entre los habitantes de la enorme mansión, y lo que le preocupaba era que, por donde mirase el asunto, de alguna u otra forma, su hermanito estaba involucrado.
Por Zeus... ¿pero era culpa de Shun ser endiabladamente bello? No, desde ya que no, sin embargo Ikki, como buen hermano mayor que creía ser, había decidido tomar cartas en el asunto.
Fue por eso que un buen día, por la tarde, interceptó a su amigo Shiryu llevándoselo del grupo con un brazo sobre el hombro. El Dragón se descolocó por el inusual comportamiento del Phoenix, tanto que se quedó mirando aquella mano con extrañeza y hasta quizás con un poco de temor.
¿Se había dado cuenta el Phoenix de aquellos sentimientos que guardaba con tanto recelo?
—¿Q-Qué pasa, Ikki? —Se aventuró a indagar sin poder escapar de Ikki quien se las había ingeniado para llevárselo por las escaleras rumbo a los pasillos que conectaban las habitaciones.
—Nada. ¿No puedo hablar unos minutos con un muy querido amigo? —El Phoenix intentó ser sutil, no era cuestión de avasallar a Shiryu, pero se le estaba yendo la mano y nunca había sido buen actor— ¿Sabes, Shiryu…? —continuó hablando sin soltar el agarre y sin dejar de alejarlo cada vez más del resto.
—¿Q-Qué?
—De todos eres el que mejor me cae. ¿Los motivos? —En parte estaba siendo sincero, no piensen lo contrario— Porque eres inteligente, educado, correcto. Tienes planes, proyectos, tienes un futuro brillante por delante.
—Discúlpame, Ikki —dijo el Dragón interrumpiendo las palabras del otro y escapando por abajo del agarre— no entiendo a dónde quieres llegar.
—A ningún lado —negó con un tono de voz que hizo desconfiar aún más al otro. El pelilargo arqueó una ceja y se cruzó de brazos; nadie se lo creería, no al Ikki del Phoenix.
—¿Por qué motivo, Ikki Kido, me tiraría flores y me alabaría de una forma tan... dramática? — Shiryu se cansó de todo ese teatro absurdo— ¡Ya Ikki!
—¡Ah! ¡Maldición! —exclamó Ikki al verse descubierto— ¡Carajo! Me agradas como cuñado, eso es todo.
En ese momento el alma al Dragón se le fue del cuerpo, pálido, a punto de desmayarse. Fue peor cuando el Phoenix echó un vistazo al pasillo para asegurarse de que no había ningún curioso cerca, y de un empujón lo encerró en su cuarto.
Ahí sí que Shiryu se las vio negras. Nunca imaginó que su partida del mundo, a los Elíseos, fuera de una manera tan dolorosa y de la mano de Ikki; pero lejos de querer asesinar al Dragón, el Phoenix buscó privacidad para hablar del asunto.
Se había resignado hacía mucho tiempo y, aunque siempre lo negó, en el presente tenía que aceptar la cruda realidad: a su pequeño y querido hermano le gustaban los hombres. El problema residía en que ese hombre era Hyoga, y por nada del mundo permitiría que su hermanito saliera lastimado por culpa de ese ganso pecho frío, sin contar, obvio que el mencionado Cisne era cien por cien heterosexual (aunque nunca hay que decir de esta agua no he de beber).
El Phoenix volteó encontrándose con el rostro de pavor de su amigo y no pudo evitar echarse a reír.
—Tranquilo. No es el fin del mundo. —El otro bajó la vista algo avergonzado e Ikki lo notó, por eso naturalizó la situación—. No es tan terrible tenerme como cuñado —bromeó.
—¿Desde hace cuánto que lo sabes? —Se animó a seguir indagando Shiryu sin levantar la vista.
Era evidente que su querido amigo lo había adivinado, ya que nadie se lo pudo haber contado, pues aquellos sentimientos eran algo que el Dragón se lo llevaría a su tumba. Nunca jamás se lo había contado a alguien y nunca jamás había manifestado de alguna forma esos sentimientos abrazadores hacia la alegría de la casa: Shun Kido.
—No hay que ser muy lúcido para notar las miradas y los gestos, Shiryu— respondió llevando las manos a la cintura—. Te conozco y te desvives por mi hermano. Y es mi culpa por pedirte cada vez que partía de la mansión que cuidaras de él como si fuera yo.
—Lo siento. Sinceramente no sé qué decirte. —Tragó saliva y levantó la vista dispuesto a soportar el enojo de su amigo—. No busco hacerle daño a Shun. Y por eso mismo no tienes de qué preocuparte, jamás intentaré nada con él.
—Serás idiota, renacuajo —reprochó Ikki y con efusividad remarcó—: ¡¿Te has olvidado de todo lo que te dije antes?!
—Qué cosa… —murmuró y con una extraña sonrisa el otro volvió a repetir lo dicho.
—Te prefiero a ti como cuñado... antes que a ese ganso con sangre de pato —finalizó con algo de desprecio, sin comprender aún por qué el Cisne era tan frío con todos, incluyendo con el dulce de Shun que se desvivía por él.
Eso siempre había sido lo que perturbaba al Phoenix, pero ¿qué no lo perturbaba? Porque no le importaba que el ruso fuera más frío que el mar Siberiano. ¡Qué lo fuera! Solo le molestaba ver cómo eso afectaba de sobremanera a su querido hermano menor.
—Igual —habló Shiryu reponiéndose de la sorpresa—, lo sé. A Hyoga no le gustan los hombres.
—¡¿No me digas?! No me había dado cuenta —dijo con sarcasmo.
Era más que evidente: evadiendo siempre a Andrómeda de manera sutil; detalle que le agradecía, que por lo menos fuera delicado con él y no lo echara a patadas de buenas a primeras.
—De todos modos, Ikki... Agradezco tus palabras —pronunció el Dragón con algo de duda— nunca esperé esto de ti.
—Que tampoco soy Shrek —se quejó Ikki frunciendo la frente—. No soy un ogro.
El pelilargo esbozó una tímida y nerviosa sonrisa, nerviosa por la extraña situación de tenerlo a un cínico Phoenix actuando como un loco, pero sí... había cambiado con el tiempo y no mataría a nadie por ser homosexual, aunque sus motivos iban justamente entrelazados a esa condición. La duda lo había carcomido por dentro toda la vida.
—No quise decir eso —se disculpó Shiryu—, solo que siempre temí... que al enterarte de esto que me pasa con Shun, te enojaras conmigo. —Fue sincero, ya que ese siempre ese había sido su mayor temor, perder la amistad que había labrado con el hombre que tenía enfrente.
—No hables así —se quejó Ikki golpeándole con sutileza el hombro, aunque no fue tan sutil como él creyó. El Dragón se tomó de ese brazo algo adolorido y la expresión de su rostro habló por él—. Eres mi amigo... de hecho, siento que nunca tuve reales amigos. O sea sí... —reconoció asintiendo de manera exagerada.
—¿A qué te refieres?
—Ustedes lo son, pero contigo siempre ha sido distinto. Te he contado cosas, muy personales, que creí que jamás, nunca, se las contaría a alguien.
—Ikki… —Cuando el pelilargo sonrió variando su rostro de dolor a uno de pura ternura, maravillado con las sinceras palabras de su amigo y sintiéndose bendecido con su amistad, Ikki cortó el clima de un solo golpe demostrando que, aunque había cambiado bastante, no dejaba de ser el mismo.
—Bueno ya, esto se está poniendo muy meloso. Dejémonos de cursilerías y pasemos a lo importante: mi hermano.
—¿Qué sucede con él? —preguntó Shiryu sin comprender todavía los motivos del Phoenix.
—¡¿Cómo qué sucede?! —se indignó— Sucede mucho. A ti te gustan los hombres, a Shun también. A ti te gusta Shun...
—A Shun le gusta Hyoga —continuó el Dragón con un deje de tristeza.
—Eso no tiene nada que ver —dijo Ikki con firmeza acercándose a su amigo para rodearle el cuello con un brazo otra vez.
—¿Cómo que no tiene nada que ver? Tiene mucho que ver, no puedes obligar a alguien que quiera a otra persona —se alarmó Shiryu.
—No, eso es lo de menos. Lo que le pasa a mi hermano es una simple calentura —negó el Phoenix con efusividad y despreocupación, pero al notar lo que estaba diciendo se corrigió—quiero decir, es un apasionamiento fugaz. —No podía hablar con tan poca propiedad sobre su hermano pequeño y aun virgen, de seguro, porque de no serlo...
—Es cierto que Shun es muy enamoradizo, en todos los sentidos —reconoció el pelilargo asintiendo con lentitud. Andrómeda era una persona que se apasionaba con todo, todo le causaba una profunda admiración y curiosidad, claro, después de un tiempo se cansaba de ello y lo dejaba de lado, fue así que su querida oruga termino muriendo y su poroto jamás germinó.
—Por eso mismo —continuó Ikki— algo hay que hacer.
—¿Qué tienes en mente? —Shiryu palideció por un momento, era imposible descifrar lo que el Phoenix pensaba.
—Un plan —soltó con firmeza—. Un elaboradísimo, genial, maravilloso e infalible plan.
—Estás demente —rió.
—¿Cuándo no lo estuve? —preguntó Ikki con gracia.
—¿Y cuál es tu genial plan? —investigó el Dragón curioso.
—Una cita. Nunca falla.
—Pero, Ikki... —se quejó, risueño por lo absurdo del plan— una cita es para dos personas que no se conocen, para dos personas que nunca hablaron… no para dos amigos cercanos que conviven bajo el mismo techo.
—Te equivocas. Una cita tiene potencial. Mira... —se apresuró a decir el Phoenix al ver que el otro iba a objetar algo— lo que ustedes necesitan es un tiempo juntos y a solas. Si salen tendrán la oportunidad de dialogar y de conocerse mejor. Así Shun te verá con otros ojos y quizás...
—Quizás me saque a patadas de su vida —completó Shiryu.
—No seas tan cobarde, Dragón. —Una sonrisa de medio lado se instaló en los labios del Phoenix.
—Estás completamente loco.
—No —contradijo Ikki llevándose los nudillos, de sus cerradas manos en puño, hacia la boca en un gesto de terror—, estoy desesperado.
—Ay, Ikki —suspiró el Dragón.
—Eres mi única opción. No soporto verlo así; es mi hermano, compréndeme. Además… no vaya a ser cosa que Hyoga se te adelante.
—Pero nadie se hace gay de la noche a la mañana —dijo con una sonrisa.
—Dudo que el ganso no esté andando por ese camino. Últimamente tiene todos los patos volados en la cabeza. —Luego de decir eso, Ikki volvió a insistir—. Inténtalo, aunque sea por mí. Por nuestra amistad.
—Pero... —intentó rehusarse sin éxito.
—Es más, el ponny ese, salido del Averno, amigo de Cerberos, no ayudará...
—¿Seiya? —El Dragón arqueó una ceja, confuso y curioso— ¿Qué tiene que ver Seiya en todo esto?
—Mucho. Tiene mucho que ver —asintió el Phoenix—. No te olvides que es el mejor amigo de mi hermano, está siempre con él y se la pasan hablando. Seguro que el ponny debe de saber muchas cosas, secretos que ni siquiera yo conozco de mi hermano… confesiones de las que quizás no quisiera enterarme.
—¿Y si todo sale mal? —Se alarmó temiendo una separación brusca con su amigo Andrómeda; por lo menos siempre mantuvo una amistad con él y no fuera a ser que por las locuras del Phoenix todo acabara por la borda.
—Pero ¿qué puede salir mal? —pronunció Ikki con tono tranquilo— No te lo tirarás encima de buenas a primera. —Un gesto inquisitivo demostró que no dejaba de ser el mismo guardabosque de siempre.
—Entiendo, pero…
—Será solo una salida, Shiryu. Nada más. ¿Qué puede salir mal? —Volvió a preguntar y al ver el porte dudoso del otro continuó persuadiéndolo— Saldremos, la pasaremos bien...
—¿Tu vendrías con nosotros? —Abrió grande los ojos, incrédulo de lo que acababa de oír. ¡Lo único que faltaba, que papá Ikki fuera con ellos!
—Desde ya, pero no con ustedes dos. Tengo un plan, te lo dije. Muy elaborado. Y es ahí donde el ponny entra en juego. Tiene que ser algo natural y no forzado, porque si me hermano se ve forzado en algo se sentirá muy incómodo y no quiero eso para mi pequeño. —Luego de narrarle con detalles una y otra vez a un receloso Shiryu, Ikki soltó a su prisionero de su propio cuarto y fue en busca de Seiya.
El Dragón bajó las escaleras con una sensación extraña en la boca del estómago. El diálogo con el Phoenix lo había dejado perplejo, asustado y un poco preocupado. Aunque la idea de una cita era algo común, clásico y nada podía salir mal, el hecho de que el Phoenix estuviera detrás de todo ello le hacía desconfiar.
Ikki encontró al Pegasus jugando a la pelota con Shun, y eso representó un problema para el Phoenix. No quería levantar sospechas y desde ya que sería muy extraño que él intentara mantener una conversación con el más pequeño de los Kido, cuando por lo general se la pasaba todo el tiempo liando con él y sus caprichos de pendejo, en palabras del Phoenix.
Así que con paciencia Ikki esperó el momento oportuno para interceptar al Pegasus. Ese momento fue cuando Seiya, agitado por el ejercicio, entró por la puerta trasera de la cocina dispuesto a beberse la botella entera de agua, cosa que no pudo hacer pues unos brazos lo tomaron por el cuello y lo arrastraron rumbo al sótano.
El Pegasus se sacudió intentando librarse del agarre, pero recién lo logró cuando el mismo Phoenix se lo permitió.
—¡¿Qué pasa?! —inquirió el Pegasus algo enojado— ¡¿Qué hice ahora?!
—Nada —respondió asombrado por la reacción del otro—, solo quería hablar contigo —finalizó con naturalidad. ¿Había hecho algo raro en que quisiera hablar con un amigo en la oscuridad de un frío y lúgubre sótano?
—Ah —pronunció Seiya un poco más tranquilo, pero luego agregó con rapidez—: desde ya te digo que yo no rayé tu CD de Make Up.
—Solo —habló el Phoenix, pero enseguida, al escuchar la terrible noticia de su CD, cambió el rumbo de la conversación— ¡¿Qué mierda le pasó a mi CD?!
—¡No sé! Yo lo iba a escuchar y cuando lo puse...
—¡¿Quién carajo te dio permiso de tocar mis cosas?!
—¡Shun! —contestó el otro como si esa fuera una excusa valedera, pero le sirvió ya que Ikki recordó porque estaba allí en el sótano con ese tapón de alberca.
—¡Ah! Carajo... Tengo algo que proponerte —dijo el Phoenix más calmo—. ¡Y más te vale que aceptes o si no te mandaré al averno para que le hagas compañía a los Espectros, que tan contento los has dejado!
—¡Primero dime, déjame ver si acepto y después amenázame si te doy una negativa! —Se enojó el Pegasus comenzando a impacientarse. No era común que ese hombre hosco buscara cruzar más dos palabras con él.
—Tendremos una cita. Tú y yo. Shiryu y mi hermano por el otro lado. —Sin darle tiempo a nada, sin darle la oportunidad de analizar sus palabras, el Phoenix se impuso ante él. Seiya tragó saliva y abrió grande los ojos, los pelos de la nuca se le erizaron por completo. Comenzaba a ponerse azul ante la propuesta del otro, quien siguió con su perorata sin darle respiro—. Yo le diré a mi hermano que estoy enamorado de ti. Le pediré que salgamos los cuatro, así la lagartija se queda a solas con él. Luego iras tú y le dirás a Shun que sientes algo por mí, pero que no sabes qué hacer. De esa forma mi hermano accederá a la cita... porque lo hará por nosotros. ¿Entendido?
—No —respondió el Pegasus con un hilillo de voz
—Perfecto. Quedamos así. —Intentó subir las escaleras del sótano, pero Seiya se lo impidió.
—¡Espera! ¿Qué tengo que hacer?
—¡Por todos los dioses del Olimpo, ponny! Te compraré una enciclopedia para que entiendas las cosas. Tú solo tienes que ir con mi hermano después de que hable yo. Y le dirás algo así como que… estás enamorado de mí o que sientes algo... calentura o lo que sea... algo cursi y romántico.
El Pegasus no supo por qué acabó aceptado, aunque en realidad ni tiempo de pensarlo le había dado Ikki, pero de todos modos, las razones de Seiya iban mucho más allá que de una simple treta. No sería difícil para él confesarle a Shun un supuesto amor secreto y prohibido hacia el Phoenix. ¿Cuántas veces lo había hablado ya con Andrómeda?
El Phoenix se fue del sótano escapando de la presencia de ese chiquillo que siempre lograba sacarlo de sus casillas. Estar frente a él le activaba unos engranajes invisibles en el estómago y en todo el cuerpo haciendo funcionar un pequeño aparato de auto defensa, y siempre su mejor defensa había sido atacar primero. Así eran las discusiones con Seiya, las empezaba el Phoenix atacando a su amigo, pero claro, el Pegasus no era ningún cordero camino al cielo, bien merecido se tenía los regaños del mayor, ya que era un especialista en hacer lío, en destruir los objetos personales y arruinar otras.
Ikki, recordando que acababa de hablar con el mejor amigo de su hermano, volvió los pasos para tomarlo a Seiya por el cuello de la camiseta y amenazarlo.
—De más estar decir que si le cuentas algo a mi hermano de todo esto, te ahogo en el retrete.
—No le voy a contar nada —aseguró el Pegasus quitando esas manos con violencia y movió la cabeza para acomodarse un poco el cabello revuelto—. Yo también quiero lo mejor para Shun y no soporto verlo así por Hyoga.
—Ah... más te vale. Y ve a bañarte, tienes olor —dijo con rudeza, detalle que no le agradó al menor quien, con la frente fruncida se defendió indignado.
—Estaba jugando con la pelota, ¿quieres que huela a flores? —Sin más se fue a bañar, por supuesto, y no porque se lo impusiera Ikki, sino porque en verdad necesitaba un baño.
Ese fue el momento en el que el Phoenix aprovechó para ir en busca de su pequeño hermano, esa era la parte más difícil pues tendría que apelar a sus dotes de actor y fingir un enamoramiento hacia Seiya. Y todos ya sabían lo mal actor que era.
Shun había decidido ir a bañarse cuando de la nada su compañero de juerga desapareció, dejándolo solo en el jardín. No supuso el secuestro de Seiya por parte de su hermano mayor.
Estaba en su cuarto a medio vestir y secándose esa larga melena que había crecido con el tiempo, sus bucles, semejante a resortes y de un color verde esmeralda rebotaban una y otra vez. Dejó de lado la toalla con la que se estaba secando la cabeza cuando vio a su hermano entrar al cuarto.
—Hola, hermano.
—Hola, conejo —saludó Ikki ingresando con duda al cuarto de su hermano.
—Ven. Pasa —alentó Andrómeda y buscó una camiseta blanca para ponérsela. El Phoenix ingresó al cuarto y se sentó en la cama de su querido hermano, callado y muy pensativo, con un semblante triste que logró fingir a la perfección. ¿Conque era mal actor, eh? Merecía el Oscar. Luego de unos minutos de extraño silencio, Shun rompió el clima hablando con suavidad— ¿Qué te pasa, Ikki? —Era sabido que el Phoenix no se llevaba con las palabras, pero su mutismo y ese porte ensombrecido había terminado por alarmarlo.
—No lo sé... —respondió apretando con exagerada fuerza los labios. Se desplomó de espalda en la cama de su hermano en un gesto de infinita desesperación. Andrómeda caminó hacia él y se sentó preocupado a su lado, dispuesto a saber qué le ocurría.
—Dime, ¿qué sucede? ¿Pasó algo malo?
—No sé si es algo malo o algo bueno... solo sé que me está matando por dentro... —Con un brazo se tapó la cara, Ikki apeló a toda su pericia actoral para no largarse a reír, pero le era sumamente complicado fingir un enamoramientos hacia Seiya.
—¿Qué es, hermano? Te lo suplico —rogó intentando separar ese brazo que le entorpecía el camino para poder ver el rostro de su hermano. No pudo ya que el Phoenix no deshizo su postura.
—Tengo... vergüenza... —fingió un sollozo no propio de él. Menos mal que lo frenó, porque si no se delataría solo— Temo que... yo te dé vergüenza... que te avergüences de mí...
—Pero, hermano —dijo Shun con extrema dulzura—, nunca me avergonzaría de ti. Nunca, por nada en el mundo.
—¿Me lo prometes? —preguntó Ikki espiando, apenas revelando los ojos por encima del brazo con el que se cubría la cara— ¿Prometes que no te enojarás conmigo? ¿Qué podré seguir siendo tu hermano, a pesar de este secreto oscuro y prohibido? —dramatizó.
—Sí, Ikki, pero… —se asustó— por favor, dímelo ya.
—¡Estoy enamorado! —soltó el Phoenix conteniendo la risa, con un tono de voz muy novelesco, por suerte ese brazo aún sobre el rostro ocultó la sonrisa.
—¡Pero eso es muy lindo, hermano! —Andrómeda rompió a reír, enternecido con las palabras y los gestos del otro, pero dejó de hacerlo cuando acertadamente el otro siguió hablando.
—De un hombre...
—Oh —exhaló el aire impávido, anonadado. No había palabra que describiera lo que sintió Shun en ese momento y frente a la confesión de su hermano.
Por un lado, Andrómeda sentía que un gran peso se desprendía de sus hombros, y por el otro no podía evitar descolocarse frente a lo absurdo que era todo. ¿Su hermano contándole algo así, a él? En parte se sintió halagado, era hora de que su hermano mayor confiara más en él y dejara de verlo como a un niño de jardín de infantes. Aun así, algo no le cerraba y le olía muy mal.
—¡¿Lo ves?! ¡Te enojaste! Yo lo supe —sollozó Ikki intentando incorporarse en la cama, pero el otro lo frenó.
—No, Ikki. Lo siento, hermano, es que me quedé... pensando, eso es todo... pero no estoy enojado. —Una sonrisa dulce se instaló en su rostro, una sonrisa tranquilizadora—. No me parece que haya nada de malo en ello. Es muy lindo que estés enamorado, y no importa si es un hombre.
—De Seiya... —remató el Phoenix, y un pequeño duende negro en su interior se destornilló de risa en ese instante, mas su rostro permaneció serio y firme, con una fingida congoja.
—Oh. —Había sido duro para Shun escuchar tremenda locura, pero otra vez esa sonrisa que se había esfumado, volvía con más fuerza, y asintiendo con la cabeza continuó—: ¡Es perfecto! Sabes que yo adoro a Seiya, me encantaría tenerlo como cuñado.
—Es una locura —continuó el Phoenix con el teatro, masajeándose el cuello.
—¡No! No lo es —negó Shun dando pequeños brincos de felicidad sobre la cama y se puso de pie radiante de felicidad, parecía una colegiala— No tienes tiempo que perder, hermano.
—¿A qué te refieres? —se descolocó Ikki, esa vez de verdad y no por ser parte del guión de su obra barata de teatro.
—Seiya me mata si te lo digo —confesó Andrómeda con una maquiavélica sonrisa—, ¡pero que más da! No tienes que perder el tiempo. ¡Seiya siente lo mismo por ti, bobo!
—¿Seiya? —Un momento... Analizó el Phoenix.
¡Él le había dejado bien en claro que fuera a hablar con Shun DESPUÉS de él y no ANTES! Pero ¿en qué momento Seiya lo había hablado con Shun? Si este se estaba bañando y luego el Pegasus entró detrás para ocupar el baño y... "Uno, dos, tres, planeta Tierra llamando a un perdido Phoenix". "Houston, tenemos un problema, nos quedamos sin combustible y no sube agua al tanque".
—¡Hermano! —gritó Andrómeda con todo el aire de los pulmones. Su hermano se había quedado con cara de idiota mirando la nada.
—¡Ah! ¡¿Qué?!
—Se nota que estás enamorado —sonrió con picardía.
—No. No puedo… —se apresuró a decir Ikki notando la situación.
—¿Qué no puedes?
—No puedo confesarme así como así... —previó ese pequeño problema y tuvo la excusa perfecta, se lo hizo saber a Andrómeda—. No es fácil todo esto para mí... —Volvió a la cama para sentarse con un supuesto semblante desconsolado.
—Nadie dice que estas cosas son fáciles, hermano... pero debes hacerlo, serás feliz si lo haces.
—Lo haré... pero todo a su tiempo...
—A ver, ¿dime? —Shun, más serio, se sentó junto a él dispuesto a saber qué motivos lo acobardaban. ¡Si Seiya estaba servido en bandeja de plata!— ¿Qué hay que hacer para que logres hablarlo con él?
—Una cita... —¡Perfecto! Pensó el Phoenix revolcándose ya en su triunfo— Solo así... Ya sabes, aquí en la mansión no se puede hablar y pensé que quizás... más relajados las cosas fluyeran solas de forma natural...
—¡Me parece genial! —apoyó la idea.
—El único problema —retrucó— es que no me animo a ir y encararlo así, de una... Solo me atrevería a salir con él si... No sé, si...
—Dilo de una vez.
—Si tú vinieras con nosotros... ¡Como amigos! Una salida de amigos, solo que desde otra perspectiva.
—Pero, hermano —Andrómeda comenzaba a sospechar algo raro porque Ikki era todo menos cobarde, sin embargo nunca lo había visto enamorado y quizás era esa forma en la que su hermano manifestaba temores—. No puedo ir con ustedes. Estaré ahí, metido en el medio...
—Eso también lo estoy pensando... —Tomó coraje y lo propuso— Y creo que si Shiryu viene con nosotros... las cosas quedarían perfectas.
Shun guardó silencio analizando las palabras de su hermano. El Phoenix temió a una negativa, aunque eso era estúpido, ya que Shun jamás podía decirle que no a un pedido de un ser querido, fue por eso que con un rostro serio y muy pensativo asintió.
—Me parece bien. Será una salida de dos en dos. Ustedes por su lado y nosotros por el otro. Sin que Seiya sienta que está a solas contigo en una cita...
—Exactamente —exclamó Ikki con efusividad y satisfecho con el resultado. Poniendo ojos de ternero degollado agregó—: ¿Me ayudarás?
—Por supuesto, hermano —afirmó Andrómeda con la voz temblorosa—, pero deja de comportarte así que me estás asustando.
—Es el amor, hermanito. Es el amor... —dijo Ikki alegre sin dejar la actuación de lado.
Se fue del cuarto de su hermano menor antes de terminar delatándose, pero aun así pensando con seriedad en seguir la carrera de actor. Shun salió de su cuarto con prisa para alcanzarlo en las escaleras; aún no habían decidido qué harían o a dónde irían: gran detalle. Aun más preocupante, como harían para invitarlos, pero eso fue más fácil ya que el Phoenix se encargaría de Shiryu (cosa que no era necesaria) y Andrómeda de Seiya (cosa que tampoco era necesaria). Ambos invitarían a los mencionados en son de amistad, sin levantar sospechas.
Ikki buscó a su amigo Dragón para comentarle que todo marchaba sobre ruedas, sin embargo, esa extraña sensación en la boca del estómago no abandonaba por completo (y no era hambre); comenzaba a arrepentirse de tremenda locura y estupidez, pero de nuevo el Phoenix lo tranquilizo recordándole que era solo una cita y que, como mucho, en el peor de los casos, la pasarían solamente bien, charlando como buenos amigos; pero lo que a Shiryu no le gustaba era engañar a Shun de esa forma, porque todos estaban al tanto de la treta, menos Shun, y eso no le parecía bien al Dragón.
Por suerte nadie necesitó hacerle entender a Hyoga que no podría ir con ellos en la salida, ya que el mismo Cisne hasta pareció emocionado con la propuesta. ¿El ruso expresando alegría? Pues sí, y comentó que tenía mucho para estudiar, mucho... A lo que todos se preguntaron ¿Qué? ¿Qué tenía que estudiar? ¿Desde cuándo había comenzado algún curso? Si no estudiaba. En fin, fue mejor así.
Shun supuestamente convenció a Seiya de acompañarlos a los tres a una salida común entre amigos, desde ya que el Pegasus intentó escapar a como dé lugar, sin poder evitarlo, ya que Andrómeda se lo rogó y el Pegasus nunca podía contra eso. Shun mantuvo la promesa hecha a su hermano y no le dijo a su mejor amigo las intenciones para dejar todo como era: una salida más, sin Hyoga. Esta vez sin el Cisne porque tenía mucho por estudiar, claro.
Aún no habían decidido a dónde irían, pero eso lo verían sobre la marcha. Esa misma noche saldrían a recorrer la gran ciudad en busca de diversión y un poco de alcohol.
El primero en bañarse y prepararse fue Shun. Se vistió con un pantalón marrón muy clarito, una camisa con cuadros muy sutiles de color blanco y los zapatos de siempre que combinaban con el pantalón.
Andrómeda ayudó a un indeciso Seiya que andaba en busca de ropa revoleando las prendas de un lado al otro y dejándolas desperdigadas por todo el suelo. Terminaron eligiendo entre los dos un pantalón de jean algo suelto de color negro y arriba una camiseta piqué de color gris claro, zapatillas negras y finalmente el cinturón para sostener esos pantalones que últimamente usaba el Pegasus y se le caían.
Shiryu se tardó bastante, casi tanto como Ikki, aunque lo del Phoenix fue pereza, porque en cuanto subió a su cuarto no tardó ni medio segundo en bajar ya cambiado. Cuando el Dragón hizo acto de aparición en la sala, Andrómeda asintió con la cabeza pronunciando unas débiles, pero audibles palabras.
—Te ves estupendo, Shiryu.
El aludido se sintió acalorado y bajó la vista al suelo, pero era cierto, a pesar de que estaba vestido algo sobrio, se sentía cómodo y eso era lo más importante. Con un sencillo pantalón negro de vestir y una camiseta azul Francia bien ajustada al cuerpo y zapatos color negro.
El Phoenix, último en llegar, se coló detrás del pelilargo hablando con firmeza.
—Vamos.
—Hermano, tú también estás muy bonito.
"Tú también estás muy bonito". Analicemos la frase, por favor. ¿En qué momento Shun le había dicho eso a Shiryu? ¿Será que lo habrá pensado? ¿O será que fue eso lo que quiso decirle en realidad? Dejando el análisis de lado, su hermano también estaba para dejar sin aire a unos cuantos y a unas cuantas, pero Ikki era así, aunque se pusiera una sotana rosa no dejaba de ser un moreno exuberante. Aunque en esa ocasión parecía un ninja, al menos eso fue lo que pensó Seiya al ver a su compañero vestido con un pantalón negro, zapatillas del mismo color y una polera negra con el cuello hasta arriba. Para comérselo a besos.
Todos listos, el Phoenix apuró los tantos.
—Vamos de una vez, carajo. Son peor que las mujeres.
—Donde está Hyoga. Me quiero despedir —dijo Andrómeda buscando con la mirada a su amigo, pero fue suficiente cuando escucho su voz.
—¿Te vas a un entierro, Ikki? —inquirió el Cisne con burla desde el descanso de la escalera, cruzado de brazos.
—Al tuyo, ganso pecho frío. —Y le dedicó un gesto obsceno con la mano que Shun a su lado reprendió tomando ese dedo.
—Nos vemos, Hyoga —saludó Shun con alegría estrujando en la mano aquel indecoroso dedo.
En ese momento, junto a la puerta, el gran corazón de Shiryu, ese corazón libre de maldad y repleto de buenas intenciones y de sabiduría, se estrujó por completo. Por lo visto sería muy difícil quitar la imagen del Cisne de la cabeza y del corazón de Shun.
En cuanto sus cuatros amigos se fueron por la puerta echando llave, Hyoga bajó como tiro y se abalanzó sobre el teléfono, marcó un número y esperó a que lo atendieran.
—Hola… ¿Vienes? Estoy solo —dijo el Cisne hablando por el tubo— No, estoy solo... Se fueron... No vendrán por muchas horas... Saori está en el Santuario... ¡Listo! —exclamó con efusividad— ¡Te espero! No te tardes, por favor.
Colgó y subió las escaleras con el corazón repleto de emoción: ¡Tenía la enorme mansión para él solo! Puso música, se desnudó y muy campante, cantando la canción que sonaba en el equipo que retumbaba en la casa, buscó ropa adecuada para el encuentro y preparó una agradable cena: Pidió pizza para dentro de media hora.
