Disclaimer: Black Clover y sus personajes pertenecen a Yūki Tabata.


-Contigo-


Noelle miró hacia arriba. El altar en el que Asta estaba era enorme, la habitación en la que todos los invitados se encontraban aún lo era más y ella, mientras tanto, se sentía completamente diminuta.

Por supuesto, estaba feliz por ver a su compañero y al amor de su vida cumpliendo con su sueño de convertirse en Rey Mago, pero eso significaba que el tiempo pasaba a una velocidad vertiginosa, que ellos eran adultos y que no podrían seguir compartiendo tanto tiempo juntos.

Ciertamente, ni Asta ni Noelle eran ya dos chicos adolescentes que vivían múltiples aventuras sirviendo en la misma orden. Asta era el nuevo Rey Mago y Noelle había sido nombrada Capitana de las Águilas Plateadas hacía tan solo dos semanas. Se sentía… realmente extraño. En primer lugar, porque ocupar el puesto de su hermano Nozel le producía algo de angustia y también porque le recordaba que cada vez crecía y maduraba más, pero no era capaz de declarar los sentimientos que llevaba albergando en su pecho durante muchos años.

Aplaudió entre la multitud mientras veía al antiguo Rey Mago coronando al chico. Después, Asta sonrió y le pareció que el tiempo se congelaba. Siempre había sido demasiado débil cuando presenciaba ese gesto, porque era demasiado puro. Era bello, era brillante y, sobre todo, le hacía recordar todas las veces en las que había sido dirigido hacia ella.

Noelle había sufrido mucho durante su infancia. Su madre murió cuando ella apenas era un bebé, sus hermanos nunca le dieron amor ni atención y su padre siempre estuvo ausente. Esa fue la principal fuente de su soberbia injustificada y de su inseguridad, además de producir el descontrol de su magia.

Sin embargo, hubo alguien que cambió todo su mundo, que la elogió por primera vez e hizo que tuviera confianza en sí misma y en sus habilidades. Todavía recordaba el día en el que lo conoció. Un hechizo suyo se descontroló y él tuvo que ir a rescatarla. Y, cuando pensaba que se iba a burlar de ella o que le iba a dedicar una mirada de desprecio, ocurrió todo lo contrario. Simplemente, la reconoció, la halagó e hizo que todo en su vida se transformara y que la verdadera Noelle, por fin, naciera.

Ahora ese chico se estaba convirtiendo en Rey Mago ante sus ojos.

Cuando el acto de la coronación finalizó, Asta dio un breve discurso bastante protocolario y recibió otro aplauso multitudinario. Noelle no podía parar de mirarlo. Se le veía algo incómodo y supuso que era porque no le gustaba demasiado la atención excesiva que estaba recibiendo aquel día. Sonrió con nostalgia y, cuando sus ojos se conectaron por primera vez en toda la ceremonia, él le sonrió con alivio. La cara le cambió, incluso se veía más calmado de repente. Ella le saludó tímidamente con la mano.

A continuación, hubo una gran recepción con muchos invitados. Noelle quería acercarse a hablar con Asta, pero se le veía demasiado ocupado e incluso agobiado, así que esperó a que los demás se fueran.

Al terminar la celebración, Noelle acompañó a las chicas de los Toros Negros hasta la puerta del palacio, prometiéndose a sí misma que volvería para hablar con Asta.

—Es increíble, ¿verdad? —dijo Vanessa mientras sonreía—. Al final, lo ha conseguido. Un miembro de los Toros Negros es ahora Rey Mago.

—Sí… se lo merece. Se merece todo lo bueno que le pase.

Las chicas se detuvieron, produciendo que Noelle lo hiciera también. Las miró y después se sonrojó ligeramente. Había pensado en voz alta y, aunque para ninguna de ellas era un secreto que Noelle estaba enamorada de Asta, le daba algo de vergüenza ser tan clara con sus sentimientos.

Vanessa les indicó a Grey, Charmy y Nero que siguieran sin ella porque quería hablar con Noelle y así lo hicieron. Al quedarse solas, la mujer de cabellos rosados la miró seria. Tras algunos segundos, la abrazó de forma fraternal y, aunque al principio Noelle no supo cómo responder por recibir aquel gesto tan repentino, le correspondió rápidamente.

—Noelle —dijo Vanessa una vez que se separaron—, esta es tu oportunidad. Por favor, no la eches a perder. Tú también te mereces todo lo bueno que te pase y sabes cuál es el camino para llegar a eso.

—Pero, yo…

—Tú, más que nadie, te mereces ser feliz.

Noelle volvió a abrazarla. Sabía bien lo que quería decir con aquellas palabras, pero no estaba segura de si sería capaz de confesarse al fin. Solo le quedaba comprobarlo, así que decidió ir a buscar a Asta, no sin antes agradecer ese intento de Vanessa de darle el coraje que necesitaba.


Asta miraba el trono sin cesar. Todavía no podía creerse que había cumplido la principal meta de su vida. Le había costado y mucho, porque los prejuicios en una sociedad que se rige por clases sociales y por niveles mágicos aún estaban muy presentes, pero al fin lo había logrado. A partir de ese día, sería el Rey Mago del Reino del Trébol.

Su situación era paradójica: estaba increíblemente feliz, pero también se sentía vacío.

Sus compañeros ahora serían sus subordinados, sus días de Caballero Mágico, aventuras y acción habían acabado y, lo más preocupante para él sin duda alguna; se tendría que alejar de Noelle de forma irremediable.

Hacía algunos años que desistió de la idea de conquistar a la Hermana Lily y que comprendió por fin que el amor que le profesaba no eran sentimientos románticos, sino que la había idolatrado durante toda la vida por haber sido una de las personas que lo había cuidado cuando era pequeño.

En esa época, que fue cuando tenía unos veinte años, empezó a darse cuenta de las mujeres que le rodeaban. Hasta ese entonces, Asta no había tenido ojos para nadie más que para Lily, así que ni se había fijado en las chicas de su orden. Todas eran bellas y tenían su encanto a su modo propio, pero ninguna era como Noelle. Ella siempre estaba junto a él, entrenaban juntos, habían compartido luchas decisivas y se habían apoyado desde siempre el uno al otro.

Sabía que Noelle confiaba en él mucho, pero cuando se encontró a sí mismo pensando en ella más tiempo de la cuenta, se desesperó. No quería sentirse así con respecto a Noelle, porque ella estaba demasiado alto, no la merecería nunca y además no podrían continuar siendo amigos si intentaba algo y salía todo mal.

Así fueron pasando algunos años. Asta se centró en su meta de ser el Rey Mago y en olvidarse de esos sentimientos que lo perseguían de forma continua, pero su segundo objetivo jamás lo logró. Y ya no sentía que tuviera demasiado sentido estropear una amistad que les había durado media vida.

Sintió de repente un breve carraspeo. Se giró y la vio allí. Le sonreía ligeramente y a Asta eso le produjo un sentimiento de calidez inconmensurable en el pecho. Estaba preciosa. Noelle se peinaba ahora con una sola coleta y llevaba ropa blanca, que le quedaba además muy bien. No podía dejar de mirarla de arriba abajo y ella se percató, así que, de forma algo nerviosa, se acercó más hacia él.

—Enhorabuena.

—Muchas gracias, Noelle.

—Esto es… un poco raro, ¿verdad?

Asta sonrió y se colocó a su lado. Los dos miraron entonces el trono.

—Lo es… Cuento contigo, ¿vale?

Noelle asintió de forma enérgica. Como ahora ella era capitana, tendría que actuar bajo sus órdenes, pero estaba segura de que no le resultaría incómodo en absoluto.

Ambos se quedaron callados. Lo más curioso era que los dos querían decir lo mismo; que se amaban, que no podían vivir sin el otro y que querían que su relación no se quedara en una simple camaradería o relación de trabajo. Ninguno pudo hacerlo. No porque no quisieran o porque no tuvieran el valor para decirlo, sino porque simplemente creían que chocarían contra un muro construido a base de rechazo y ninguno quería arruinar aquel momento.

—Todo será muy distinto a partir de ahora.

—Sí… —susurró Noelle—, quedan atrás los días en los que vivíamos en la sede juntos.

—Y los que entrenábamos en el patio.

—También cuando Charmy nos preparaba comida para todos.

—O cuando Gordon hacía muñecos un tanto… macabros.

Los dos rieron al unísono. Tenían tantos recuerdos compartidos que les era imposible contarlos todos. Los mejores años de sus vidas habían sido al lado el uno del otro y se les hacía horriblemente difícil dejarlo todo atrás de un momento a otro.

—Voy a echar todo eso de menos.

—Yo también…

Asta y Noelle se miraron. Estaban bastante cerca y a Asta se le ocurrieron miles de cosas que hacer en ese instante, pero se contuvo. En cambio, le hizo una pregunta antes de actuar.

—¿Puedo darte un abrazo?

Noelle se sonrojó ligeramente. No se esperaba algo así, pero la idea le agradó, así que asintió de inmediato.

—Claro que sí.

Se abrazaron en medio del gigantesco salón del trono durante varios minutos llenos de luz y consuelo. Llenos de ganas, de momentos, de recuerdos y de esperanzas que nunca se cumplieron. Llenos de todo lo que habían sido y de todo lo que no se atrevían a ser.

—Bueno… yo debería irme ya… —musitó Noelle cuando se separaron.

Dio dos pasos hacia atrás y se giró para encaminarse hacia la puerta del gran salón. Sin embargo, la voz de Asta la detuvo.

—Noelle…

Quería decirlo. Eran palabras claras y concisas las que tenía en la mente. No era tan difícil, no era algo complejo, solo tenía que ser sincero. Él era una persona muy directa, así que no entendía que aquello le costara tanto. No era tan difícil, no lo era para nada, pero se arrepintió y al final no hizo nada; solo siguió escondiéndose.

—Muchas gracias por haber venido.

—No podría haber faltado —dijo ella mientras le sonreía—. Nos vemos.

Noelle se fue y Asta suspiró con cansancio. Se arrepintió de la manera en la que había actuado, pero ya no había marcha atrás, así que también abandonó la estancia sin poder dejar de pensar ni un segundo que se le había escapado la oportunidad de su vida.


Justo ese día se cumplía un año de la coronación de Asta como Rey Mago, pero a él le daba igual. Había sido un año duro. No todo lo que reluce es oro y ser Rey Mago no era tan divertido ni emocionante como una vez se imaginó. En realidad, sabía bien que se estaba poniendo excusas y que había perdido interés en todo porque aquello que anhelaba estaba fuera de su alcance.

La relación con Noelle se había enfriado mucho. Sus interacciones se limitaban a temas del trabajo y a conversaciones completamente carentes de significado y eso a Asta le resultaba muy doloroso.

Así que había decidido cambiarlo. Celebraría su primer aniversario como Rey Mago con Noelle. Los dos solos. Para ello, tal vez tendría que contarle una mentira piadosa —porque sabía que ella era demasiado responsable y no querría que pasaran el día juntos y además solos, abandonando sus quehaceres de capitana como consecuencia—, pero lo haría sin dudarlo.

Alguien tocó a la puerta de la sala de reuniones en ese momento. Seguramente era ella, así que Asta fue a abrirle.

—Pasa —le dijo, haciéndose a un lado para que entrara.

Se sentaron alrededor de la mesa y Noelle miró hacia ambos lados. No había nadie.

—Su Majestad, ¿dónde están los otros capitanes?

—No me llames así, por favor, y mucho menos cuando estamos solos.

—Asta —lo llamó la chica de forma desafiante—, ¿qué es lo que pasa?

Asta se rascó la nuca de forma nerviosa mientras sonreía y Noelle se quedó observándolo intensamente. Algunas cosas nunca cambian al fin y al cabo.

—Quiero que me acompañes a una misión.

—¿Una misión? —preguntó confundida.

Algo muy grave debía estar sucediendo como para que el mismísimo Rey Mago y la Capitana de las Águilas Plateadas tuviese que encargarse de ello. Noelle adoptó, después de hacer esa reflexión, un gesto bastante serio.

—¿Qué es lo que sucede?

—Nada, nada —se apresuró a aclarar Asta mientras movía las manos de forma nerviosa—. No hay nadie más que pueda encargarse.

—Oh… vale.

—Bien, nos iremos ahora mismo.

—¿Ya?

—Sí, claro. Finral nos está esperando en la puerta, de hecho.

Asta se levantó e inmediatamente Noelle lo acompañó. Salieron de la habitación y, efectivamente, el mago espacial los esperaba en el pasillo. Intercambiaron algunas palabras escuetas y después les abrió el portal para que lo cruzaran.

Noelle se quedó muy sorprendida cuando llegaron a su destino, pues el portal los llevó a una casa. La recorrió despacio, analizándola minuciosamente, y miró por la ventana. Estaban en una especie de montaña. Había nevado incluso y parecía que había un pueblo pequeño a poca distancia.

Se giró para mirar a Asta, cuyos ojos verdes estaban llenos de arrepentimiento. No por haberla llevado allí, sino más bien por las formas en las que lo había hecho.

—Noelle… lo siento. Te he mentido.

—¿Qué?

—Que no vamos a hacer ninguna misión —Asta continuó hablando rápidamente al ver su semblante cambiando a uno de enfado para poder calmarla—. Hoy se cumple un año desde mi coronación, así que quería celebrarlo… contigo.

Noelle iba a recriminarle por el engaño, pero después de escuchar aquellas palabras no pudo. Ese día era realmente especial y ella había sido la persona en la que había pensado para celebrarlo. Eso la hizo tremendamente feliz.

—Eres idiota, Asta. Si me hubieras dicho el motivo, habría venido igualmente.

Asta sonrió. Comenzaron a ver la casa juntos y después decidieron que irían al pueblo, donde estuvieron paseando, comiendo y charlando durante todo el día. Se les había hecho de noche cuando volvieron, así que no les quedó más remedio que quedarse allí a dormir porque no querían molestar a Finral a esas horas.

Hacía frío y todavía era temprano, así que decidieron encender la chimenea y quedarse allí un rato. Noelle se sentó enfrente del fuego y se echó una manta encima y Asta, cuando llegó allí después de haberse cambiado de ropa, la acompañó, sentándose a su lado y tapándose también con la manta.

—Es increíble lo rápido que pasa el tiempo…

—Sí. Echaba mucho de menos estar así contigo.

Noelle se sonrojó un poco. No se atrevía ni a mirarlo. Habían pasado un día muy especial juntos y ahora su cercanía la estaba poniendo muy nerviosa, pero no quería hacerse ilusiones para acabar decepcionada.

—La vida es muy diferente a como era cuando entramos en los Toros Negros. Hasta el Capitán Yami y Grey y Gauche tienen hijos. Supongo que nos estamos haciendo mayores…

—Sí, pero —dijo Asta mientras posaba su mano encima de la de Noelle, que la tenía apoyada en el suelo— yo no quiero que perdamos nuestro vínculo.

Noelle, en un movimiento involuntario, lo miró. Realmente, estaban demasiado cerca y él le estaba sujetando la mano con calidez. Estaba sucediendo de verdad, no era un espejismo ni una alucinación, pero no lo sentía real. Llevaba tantos años deseando que algo así se produjera que no sabía bien cómo debía reaccionar.

—Asta…

—Noelle, en realidad, yo te he traído aquí porque quiero decirte algo.

Sin embargo, en lugar de hablar, actuó. Se acercó a Noelle y le rozó los labios con los suyos muy despacio en varias ocasiones. Ella casi no se movió, pero la sintió temblando ligeramente. No parecía que lo estuviera rechazando, pero tampoco le había correspondido de forma contundente.

Se separó de ella para mirarla. Sus lágrimas se acumulaban en sus ojos, que brillaban, presa de la incomprensión.

—¿Qué haces…?

—Llevo enamorado de ti mucho tiempo.

—¿Por qué no lo has dicho antes?

Al decir aquello, Noelle se dio cuenta de que no era un reproche contra Asta, sino contra ella misma. Había tenido que esperar a que él se confesara y ni siquiera sabía de sus sentimientos. Se había rendido hacía mucho tiempo sin esperanza alguna y resultaba que sí era correspondida. Se sintió muy patética.

—No sabía cómo hacerlo, pero no puedo más. Te necesito. Quiero que formes parte de todo lo que tenga que ver conmigo y quiero estar en tu vida siempre. Puede que suene egoísta y… —Asta se calló cuando vio la mirada apagada de Noelle. Parecía que no tenía sentido seguir con ese discurso porque no se veía feliz, así que interpretó que ella no sentía lo mismo—. Lo siento… —dijo y después apartó su mano de la de Noelle, que sintió un agujero en el pecho al dejar de sentir su calor.

Asta decidió que lo mejor sería irse de allí y dejarla sola, pero Noelle, en un movimiento algo brusco, se abalanzó sobre él, haciendo que se tumbaran en el suelo una encima de otro. Se quedó mirándolo de una forma tan intensa que él comenzó a ponerse algo nervioso. Sin embargo, tras algunos segundos, sintió algunas lágrimas cayendo sobre su rostro. Noelle sonreía feliz.

—A partir de ahora no dejaré que te separes de mí, así que ni se te ocurra arrepentirte de esto.

—No lo haré —aseguró él sonriendo también.

Se volvieron a besar y Asta sujetó la cintura de Noelle delicadamente. Por fin, había cumplido su gran sueño. Y no, no tenía nada que ver con convertirse en Rey Mago.


FIN


Nota de la autora:

Una idea que me dieron dos seguidores en Wattpad. Espero que hayáis disfrutado de esta historia.

¡Nos leemos pronto!