Nada de esto es mío, exceptuando la prota. Todo es de GRR Martin.
Warning por drama intenso y temas de salud mental. Lo siento si hay cosas que no son precisas del canon, hace tiempo que no escribía de Canción. Esto participa del Certamen de los Originales, del foro Alas Negras, Palabras Negras.
Entierra la aguja sobre la tela. Tira hasta que siente que el hilo se ajusta por el revés. Vuelve a meter la aguja en la tela, dejando una marca rojo sangre sobre el blanco. Va de nuevo, ajustando la aguja un poco a la izquierda de la vuelta anterior. Hay algo bueno y relajante sobre los movimientos repetitivos. Tienen esa capacidad de alejarte un poco de la realidad, de hacer que tus pensamientos se ordenen como libros en una pared. El hilo se sigue moviendo entre sus manos y un paisaje de guerra se va pintando. Bordarlo es como inmovilizarlo, convertirlo en algo lejano, que le pasa a alguien más pero no a ella. No a su hermano. Al hermano bordado de alguien más, en una tierra lejana. Visualiza a su hermano, intentando salvar a Robb Stark de la trampa mortal que ahora llaman Boda Roja. Su hermano, con un hacha pendiendo sobre la cabeza, hablándole a los Antiguos Dioses quien sabe sobre qué. Sobre lo que sea que hablen los condenados a muerte.
Le tiemblan las manos y equivoca el punto sin querer. Su corazón late desbocado y siente que todo se derrumba a su alrededor. Los brazos se le entumecen, la realidad se desdibuja. Gotas de sudor caen sobre su frente. Respira por la nariz y exhala por la boca, intentando seguir el consejo que le dio el Maestre hace un par de días. Dioses, se va a morir ella también. Se morirán todos y ella no podrá evitarlo. Su respiración se acelera, se hace más pesada. El corazón le galopa en el pecho en el pecho. Por los Dioses, ¿así es como se siente morir? Se recuesta en la cama como puede y se pone en posición fetal, a esperar lo que sea.
—Alys, por los Dioses, te está sucediendo de nuevo — su madre entra como un torbellino a la pieza, observando frenéticamente a su alrededor. Coge una manta y arropa a la joven, pasándole el brazo por detrás de los hombros—. Recuerda lo que te dijo el maestre, respira por la nariz y bota el aire por la boca.
Desde otro lugar, Alys puede escuchar a su madre hablar sobre la respiración. Intenta seguirle, incluso con el poco control que siente sobre su cuerpo ahora mismo. Además, el contacto de su mano sobre la espalda se siente cálido y reconfortante. De a poco siente que vuelve a la realidad, a su pieza, su casa, sus bordados. Sin darse cuenta, se duerme y despierta horas después, solo para ir a cenar. La doncella le arregla el vestido con delicadeza, su madre tiene que haberle dicho algo sobre sus ataques. Baja las escaleras a paso lento. En la mesa, su madre y sus hermanas y hermanos menores la miran con expectación y no saben que decirle.
—Siento por la demora —tartamudea.
Su madre rompe la tensión e insta a todos a comer algo. Alys se sienta junto a su madre, intentando calmarse y se echa un poco de col a la boca. Pasan un rato largo en silencio, solo con los sonidos extraños que hace su hermana Lya al comer.
—Alys querida, no quiero que te tomes esto a mal. He estado hablando con tus tíos y todos creemos que lo mejor es que te alejes de Ultimo Hogar, que te distraigas de todo este desastre de guerra. Mors le ha enviado una carta al Viejo Halcón para ofrecer tu mano en compromiso. Ya sabes que Vorian Fowler aún está soltero. Es un gran partido, porque heredará el Paso del Príncipe y además el clima de Dorne es tan maravilloso. Ya veras como dejas de tener esos ataques en un santiamén.
El clima de Dorne, repite Alys para si misma. Por todos los dioses. Por todos los dioses. Se abraza a si misma e intenta respirar normalmente. Se dice a si misma que todo estará bien. Sin embargo, cuando vuelve a estar sola en su habitación, se echa a llorar. Porque todo tiene que ser difícil. Ella no quería que su familia se involucrase en la guerra. No quería que su hermano muriera. No era tanto pedir que las cosas siguieran como estaban. Todo estaba perfecto para ella.
Siguiendo un arrebato, se envuelve en su gruesa bata de cuero forrado y baja corriendo hacia el jardín del arciano. Afuera corre un viento de nieve, los copos se enredan y le bailan entre los rizos colorines. Sus mejillas pálidas se enrojecen, contrastando con el oscuro de la noche. Se arrodilla frente al arciano y murmura una oración rápida. Le pregunta que debe hacer. Pero nada le responde de vuelta, excepto el vacío de la noche.
