Cuando tienes dos mejores amigos que no se separan de tu lado es difícil guardar un secreto. Pero cuándo este involucra a uno de sus peores enemigos se hace necesario guardarlo, confinarlo, esconderlo, a pesar de que no puedas borrarlo de tu mente, ni dejar de sentir como ha dejado huellas en tu vida.
- ¿Estás bien?
El chico sentado contra la pared de piedra sonrío, fue una sonrisa llena de cinismo, enmarcada en su lívida cara por las marcas de varias decenas de lágrimas que habían recorrido desde sus ojos hasta su mentón para aterrizar en su camisa, sus ojos grises estaban rojos e hinchados, su cabello casi albino desordenado y descuidado, aún así su sonrisa fue de aquella escena lo que más le removió.
- No le preguntas a alguien que llora escondido en un estúpido pasillo si está bien.
- Yo… No, supongo que no.
- ¿Qué diablos haces en este lado del castillo, Granger?
- Mi ronda de prefecta, se me ocurrió que nadie revisaba este lugar.
- Pues felicidades, acabas de arruinar el mejor escondite de todo Hogwarts, seguro llenas de orgullo a la jefa de tu casa – ironizó él.
- Deja de dar la lata Malfoy, ¿qué fue lo qué pasó?
- ¿Lo qué pasó? – el chico soltó algo que pareció una risa y se miró las manos antes de responder - ¿Sabes lo qué es tener una vida de mierda?
- No, aunque creo que gran parte de Slytherin querría que lo hiciera.
- No. Esto no se lo desearía ni a mi peor enemigo, Granger.
Con dificultad Draco Malfoy se puso de pie, le sacaba buenos centímetros a Hermione, pero ella no se intimidó ante su presencia, demacrado como se vía a la luz de su varita sólo podría intimidar a alguien que lo confundiera con un loco.
- No le diré a nadie que estabas aquí – prometió buscando un pañuelo en el bolsillo de su túnica y tendiéndoselo con cierta reticencia.
- Gracias – dijo él aceptando el pañuelo y la promesa.
Sí que debía estar mal si le estaba agradeciendo a una sangre sucia, pensó ella, pero lo cierto es que había algo en el aura que emanaba Malfoy que le hizo empatizar con su infelicidad, parecía desesperado, como si tuviese muchísimo miedo, o estuviese sintiendo muchísimo dolor.
- ¿Malfoy? – preguntó cuando vio que se movía para alejarse de vuelta a su sala común.
- ¿Sí?
- Toma las otras escaleras, hay otros prefectos haciendo guardia.
El chico asintió sin decirle nada y se dirigió a las escaleras que ella le había indicado. Esa fue la primera vez que creyó ver al verdadero heredero de los Malfoy.
- Sigo sin aceptar que aún estén aceptando de vuelta a hijos de mortífagos… Y mortífagos – se quejó Ron con una amargura tal que hasta Harry se removió en su asiento de manera incómoda.
- Muchos no accedieron por su voluntad, Ron – le recordó Hermione removiendo lo que quedaba de comida en su plato con el tenedor – no todos tuvieron la posibilidad de elegir.
- Pudieron haber muerto, haberse arriesgado, sacrificado, haber peleado por lo que realmente querían – siguió quejándose el pelirrojo.
- No puedes esperar que todos actúen como lo haría un Gryffindor – dijo Ginny a su vez, también algo incómoda con la situación.
- Escuché de Hagrid que todos los prefectos tendrán un par de ellos asignados para vigilar cómo se comportan, ¿aún no les han hablado de eso? – preguntó Harry a sus amigos.
- No acepté el puesto este año – resumió Ron metiéndose otro trozo de pollo a la boca – ni siquiera quería venir, el departamento de aurores nos ofrecía un puesto inmediato, ha sido cosa de Hermione.
- Vaya Ron, no sabía que tenías tan poco carácter – bromeó Neville desde el otro lado de la mesa, Hermione le celebró la broma en lugar de molestarse con el comentario del pelirrojo.
- Ya nos han sido asignados, sí, pero apenas son dos por prefecto – respondió Hermione.
- ¿Y a ti qué par de psicópatas te han asignado? – preguntó Ron.
- De querer saberlo hubieras tomado el puesto – lo pinchó de vuelta ella – ahora me retiro, tengo mucho que hacer con mi horario y hay unos libros que quiero reservar de la biblioteca con algo de tiempo.
- Estamos a inicios de año, ¿no vas a dejar nada al azar verdad? – Harry la miró con paciencia y diversión.
- Si es mi último año he de sacarle todo el provecho posible, y ustedes… Bueno, les diría que hicieran lo mismo, pero me huele a qué lo único que ha logrado convencerlos de volver aquí es el Quidditch.
- Este año por fin podremos jugar todos los partidos tranquilos sin interrupciones o fuerzas oscuras – apuntó Ginny.
- Me muero de ganas de verlo – respondió con humor Hermione y abandonó el gran comedor con una sonrisa tranquila.
Hogwarts era su hogar, un poco maltrecho y diferente en algunos pasillos, con recuerdos dolorosos en otros, pero seguía siendo su casa, conocía cada camino y pasillo, cada escalera, y por supuesto… El camino de memoria hasta la biblioteca, pero aún tenía algo que hacer antes de ir hacia allí, un movimiento de la mesa de slytherin que había captado por el rabillo del ojo la había incitado a moverse antes, y es que tenía alguien a quién interceptar.
- ¿Theodore Nott? – llamó con cautela al chico moreno que caminaba lentamente con las manos en los bolsillos en dirección a la biblioteca.
- ¿Sí?
El chico había respondido por inercia antes de girarse a verla, Hermione tampoco le había puesto antes mucha atención pero ahora lo hizo, Nott tenía el pelo castaño ligeramente largo sin ser demasiado, vestía impecablemente el uniforme de su casa pero llevaba las manos en los bolsillos lo que le hacia parecer relajado, sus ojos eran vivos aunque por la luz no supo distinguir si eran más azules o verdes y estaban enmarcados por un par de ojeras que sólo se consiguen en un año entero de mal sueño.
- Oh, tú debes ser Granger. Me dijeron que mi evaluadora de comportamiento sería de gryffindor.
- Sí, bueno, no es que esté aquí para evaluarte sólo…
- Sólo vigilar que no haga cosas malas como lanzarle un avada a un estudiante inocente – el chico se lo estaba tomando con humor, pero a su costa.
- Prefiero creer que soy la persona a la que puedes recurrir si necesitas algo de apoyo, el qué pasó fue un año suficientemente difícil para todos.
Mientras hablaba Nott la observó, la prefecta perfecta de gryffindor había cambiado más de lo que esperaba, aunque no es que se hubiera fijado mucho en ella en los últimos años, pero hubo un rasgo en particular que le llamó la atención, la venda que podía ver sobresaliendo de su túnica, envolviendo su brazo hasta la muñeca, eso no podía ser una herida reciente, como alguien experto en ocultar cosas supo enseguida qué es lo que estaba ocultando, y un nuevo respeto por ella tomó lugar en su mente.
- Una amiga entonces – decidió él.
- Bueno… yo…
- ¿O no quieres ser mi amiga, Granger? – por alguna razón más que una petición de boca de Nott se escuchó como una pregunta peligrosa.
- No veo porque no podría – se encogió de hombros.
- Estupendo, yo también soy un ratón de biblioteca, tal vez así la señora Prince deje de fastidiarme por sentarme a leer solo y poner esa voz de "qué lástima me da".
- Oh, ¿a ti te pone esa voz también? Creí que era la única.
- No eres tan especial.
