Bueeno, hacía mucho tiempo que no andaba por estos lares. Uff… aquellos tiempos… xD. Nah, no tanto. Me apetecía algo "larguito" de SasuNaruSasuNaru (no sé bien cómo debería de clasificarlo todavía), y tras ver unas imágenes por twitter y bromear con Lila, me pregunté: ¿Why not? Y pues… empecé. Y esto resultó.
Pido perdón de antemano porque… bueno, hace años que no navego en estos lares.
Advertencias: Relación Homosexual, tríos, lésbico también. Si eres de los que odias estas cosas, este NO es tu lugar.
Parejas: (Porque ff sólo me da 4 slots…) Naruto x Sasuke. Sakura x Hinata x Kakashi x Sakura. Entre otras secundarias posiblemente.
Género: Romance, humor, drama.
Advertencias: Contenido de lenguaje Soez, Lemon o lime.
Deseo oscuro
1
En el momento en que lo vio supo que quería que fuera suyo.
No se trataba sólo de su mirada intensa, tan azul que casi podía ver el cielo. Ni mucho menos la forma en que se mordía los labios cuando se esforzaba, concentrado en algo, a la par que fruncía su ceño remarcando la tensión de su rostro. No era porque deseara meter sus dedos entre sus rubios cabellos y tirar de ellos, disfrutar de su suavidad, mientras gritaba su nombre con esa voz que, cada vez que la escuchaba, estremecía sus anhelos más oscuros. Tampoco era porque estuviera como un queso, como descubrió en la zona de vestuarios a los pocos días de que entrara a trabajar.
No. Es que era justamente todo lo contrario a él.
Si tuviera que poner en dos balanzas sus diferencias, Naruto Uzumaki sería el típico chico que quieres que haga de angelito en la obra de teatro de la iglesia, y él, sería el diablo.
Oscuro, silencioso, directo y frío. Hasta sus formas físicas eran realmente lo contrario. Mientras Naruto Uzumaki era rubio, él poseía el cabello oscuro heredado de generación en generación en su familia. La piel pálida y la sensación de estar enfermo. Aunque su cuerpo estuviera ejercitado, Naruto parecía cubrirle con sus dimensiones naturales.
Además, su personalidad era arrolladora. No tenía tapujos. Era algo refrescante.
Le daban ganas de corromperlo.
No podía comprender por qué un hombre como él estaba trabajando en una oficina de asuntos sociales. Más bien, su personalidad era de las que uno esperaba ver en otro tipo de trabajos que no detrás de un escritorio. Tampoco le vio un anillo que lo marcara como casado. La intriga de tantas preguntas provocaba que su interés y deseo incrementaran.
También, pareciera que el destino deseara jugarle una mala pasada cuando se lo sentaron delante. Los escritorios de planta no estaban separados por pantallas oscuras. Más bien, eran cristales en los que todo el mundo pegaba pósit, hojas o anuncios. Nunca le había interesado reacomodar sus notas hasta que él apareció. Por supuesto, no lo tomaron como un acto sorprendente, pues, los demás ya conocían su pulcritud y organización desmesurada.
Le gustaba tener libertad de observarle mientras fingía revisar sus notas. Eso conllevaba que a veces debía fingir no verle sonreír o hacer muecas estúpidas hacia él, que más de una vez le habían sacado una vena en su cuello y los destructivos deseos de golpearlo.
Algo que era realmente ridículo, pues le había visto actuar serio y firme. Y cuando solía hacerlo, tenía un gesto arrollador, atractivo. Era un hombre de rasgos muy masculinos, de pestañas largas y rubias y una tez morena, que podía asegurar que era natural. Y sus manos eran grandes, de dedos largos.
Su deseo por él incrementaba de una forma particular, furiosa, hasta el punto de desear mover ficha.
Siempre estuvo acostumbrado a que otros movieran ficha por él. En que las mujeres tuvieran que confesar sus sentimientos, cosa que él rechazaba siempre, aunque no fuera de la forma más amable. Los hombres a veces dudaban en entrarle, pero cuando lo hacían, si le apetecía o se encontraba demasiado necesitado, accedía.
Por eso, Naruto Uzumaki era justo lo que no perseguiría, justo de lo que más quería llenarse y justo, el hombre que sabía que iba a derrumbar su mundo.
—Sasuke.
Levantó la cabeza del documento que llevaba estudiando por varios minutos en un vano intento de concentrarse. Los pensamientos hacia Naruto, su compañero, estaban desbordándose de sobremanera. Hasta el punto de que, horas antes, había tenido la sorpresa de descubrir que sus ingles estaban más tirantes de lo normal y que, eso, no era algo que pasara tan frecuentemente como parecía.
Sakura Haruno caminó hacia él con una radiante sonrisa y apoyó su mano en su hombro. Ella era la única mujer en la tierra que podía tocarle después de su madre. Sintió la caricia de sus dedos y después, cómo se alejó con educación, metiendo un rebelde mechón tras la oreja.
—¿Has terminado el trabajo del bloque seis? —le preguntó intrigada.
—Sí. Se lo di a Kiba esta mañana. ¿No lo ha entregado todavía?
Sakura chasqueó la lengua. Podía verse como un ángel rosado y dulce, pero cuando abría su boca, podía soltar las peores palabrotas del mundo. Además, podías pensar que era una mujer débil. Pero él la había visto levantar a hombres más grandes que él y tirarlos contra el suelo sin ningún tipo de esfuerzo. Maravillosa y aterradora a la par.
—No. Puedo imaginarme dónde está. —Bufó y bajó la carpeta que había sostenido entre su brazo y codo durante ese tiempo—. Iré yo misma a buscarlo. Pero antes de irme, quería decirte algo.
—¿Qué ocurre ahora?
Ella esbozó una escueta sonrisa.
—Algo que no te gusta nada hacer.
Sintió la irritación crecer en su vientre y salir de sus labios. Sakura le acarició la mejilla antes de darle la espalda.
—No le hagas esperar, anda. Sabes que luego lo paga conmigo y con Hinata.
Se detuvo cuando alguien más alto que ella entró en su campo de visión. Al instante, reconoció esa sonrisa sesgada y los rubios y rebeldes cabellos.
—¡Ey, Sakura! —saludó, tan ruidoso como siempre—. ¿No traes nada para mí?
Sakura se encogió de hombros.
—Sabes que es Hinata quien se encarga de tu puesto, no yo —le recordó—. Sólo venía por Sasuke.
Naruto dirigió su mirada hacia él, justo cuando se levantaba. Su boca se torció en una mueca de frustración.
—¿Cómo no ibas a ser tú?
Oh, sí. Una de las partes que más le intrigaba era el sentimiento que Naruto sentía hacia él: rivalidad.
Cuando enarcó una inquisitiva ceja, Naruto lo ignoró para centrarse en Sakura.
—¿Y dónde está ella?
Sakura esbozó una sonrisa misteriosa, de esas que las mujeres adoraban poner para tentar a los hombres y que no siempre ocultaban secretos en verdad. Aunque esa vez; sí.
—¿Quién sabrá? Seguro que no tarda en venir.
Naruto guiñó los ojos, confundido. Cuando pasó a su lado, Sasuke se encogió de hombros.
—Tu chica seguramente está recuperándose de algo, idiota.
Por supuesto, no pareció comprenderlo a la primera.
—Es muy fácil de tomarle el pelo, la verdad —bromeó Sakura entre risitas—. A ti no, pero Naruto, cae redondo en ello.
—Influencia de que sé la verdad.
Sakura lo sopesó.
—Porque yo te lo conté.
Sasuke miró a su alrededor, hacia las diferentes cabezas que podía ver sobresaliendo de los diferentes espacios de oficinas. Sí. Esos humanos eran como máquinas que preferían meterse en sus asuntos antes que fijarse en que su jefa de sección tenía secretos. Lo de Naruto era más bien por despistado.
Se detuvieron frente al despacho del jefe superior. Sakura dio unos golpecitos.
—Traigo a Sasuke Uchiha, señor —anunció.
Se escuchó un sonido extraño que sacó una sonrisita a Sakura y una mirada suspicaz que procuró ignorar. Poco después, la voz del hombre se escuchó.
—Pasad.
Kakashi Hatake los recibió abrochándose la corbata y Hinata Hyûga, educadamente, salió casi corriendo de la habitación. Sakura ignoró los claros detalles de qué habían estado haciendo esos dos y depositó la carpeta sobre la mesa, justo frente al hombre.
—Le he explicado por encima.
Kakashi sonrió y aceptó la carpeta.
—Como siempre, me dejas a mí las cargas más pesadas.
—Eres el jefe —le recordó echándose hacia atrás para permitirle a él avanzar y ocupar su puesto.
Kakashi la observó hasta que se detuvo y después, se volvió hacia él.
—Antes de que te niegues, déjame decirte que no puedes hacerlo.
Sasuke ni siquiera pudo abrir la boca. Kakashi sabía cuánto odiaba trabajar en equipo. Generalmente, le tocaba el tonto de turno, el vago o el que creía que las cosas se hacían por arte de magia. El último, creía fervientemente que las impresoras se recargaban solas de papel y de tinta sin una mano humana de por medio. No trajo sus informes a tiempo porque estaba esperando a que la impresora se recargara.
También, Sasuke era consciente de que si Kakashi decidía algo no había forma humana para hacerle cambiar de opinión.
—¿Con quién tengo que trabajar?
—Pues… —Kakashi miró a su alrededor—. Hinata ha ido a buscarle.
Un escalofrío de advertencia le recorrió el cuerpo.
Sakura se dio golpecitos en los labios distraídamente, mirando por la ventana, cuando la miró en busca de una negación.
Antes de que abriera la puerta, tanto Hinata como Naruto entraron en la sala.
—¡Buenos días! —saludó Naruto con la misma energía de siempre—. ¿Qué es lo que ocurre, Kakashi?
—Te tengo dicho que me hables con más respeto, Naruto —aseveró el hombre suspirando—. Voy a darte tu primer trabajo grupal. En este caso, trabajaras con Uchiha, quien será tu superior —presentó—. Sakura e Hinata también coordinarán con vosotros, pero todo lo tendréis que hacer vosotros. En esta carpeta —añadió extendiendo la carpeta que había sostenido hasta ahora—. Está todo lo relacionado a vuestro caso. No va a ser sencillo, así que más os vale ir poniéndoos las pilas.
Naruto se volvió hacia él, silencioso. Sasuke se mantuvo devolviéndole la mirada. Su cuerpo temblaba de impaciencia. De deseo acumulado.
Uzumaki caminó hasta él y extendió su mano. Sasuke tardó en captar ese detalle, concentrado en lo hermoso que se veía más de cerca el azul de sus ojos. Bajó la mirada hasta su mano y la estrechó. Un apretón fuerte, decidido, de mano grande y callosa.
—Encantado de trabajar contigo, Sasuke Uchiha. Estoy deseando hasta donde nos llevará esto.
Sasuke asintió soltándole.
Su mente había cavilado una idea maravillosa de ellos dos terminando entre sábanas, empapados de sudor y con otros fluidos resbalando por sus cuerpos.
Algo maravillosamente travieso en Naruto Uzumaki le hizo despertar las alertas. Pero le gustó. Le gustaba esa clase de sensación.
Le gustaba Naruto.
De una forma más oscura de la que podría mostrar.
Continuará…
