Prólogo

Aquel día frío de enero, dos mujeres de cabellos rojizos daban a luz a su primer bebé. Una de esas mujeres apretaba la mano de su esposo con fuerza a medida que hacía todo lo posible por seguir pujando hasta que por fin el llanto de un bebé resonó fuertemente.

—Felicidades señora Ishida, es una niña fuerte y sana —logró escuchar a la doctora que le atendía.

Sonrió débilmente, dejando que su esposo le peinara los cabellos de su frente, los cuales se pegaban a estar debido al sudor del esfuerzo. Sus rojizos ojos seguían llenos de lágrimas, aquel dolor había valido la pena, ansiaba tener a su niña en brazos.

—Gracias mi amor, muchas gracias —Yamato le dio varios besos en la frente, sintiendo tanta emoción por haber presenciado aquel momento y cuando pudo ver a su hija, se sintió el hombre más feliz del mundo.

—Hola preciosa, mi niña —le fue difícil no sollozar al tenerla por fin en brazos. Era tan pequeña, tan bonita—. Me alegra tanto verte Ai-chan —le dio un suave beso a su niña antes de que un enfermero se la llevara para que terminaran de revisarla.

—Señor Ishida, su esposa necesita descansar —le dijo calmadamente la doctora y a regañadientes, Yamato tuvo que dejar a su esposa para que ella pudiera dormir bien, habían pasado algunas horas desde que entró en labor.

Se apresuró a sacar su Smartphone para marcarle a su hermano. No tenía idea de que hora podía ser en Francia, pero debía avisarle que su hija ya había nacido. Y ciertamente, mientras en Japón eran las ocho de la noche y en el país galo ya era de madrugada, por lo que Takeru dormía plácidamente cuando su celular comenzó a resonar.

Allô? —Respondió con un somnoliento acento francés, apenas removiéndose en la cama.

—¿Takeru? ¡Takeru soy yo! —La voz de su hermano apenas le hizo reaccionar un poco, al menos sabía que no necesitaba seguir hablando en francés—¡Ya nació! ¡Mi hija ya nació!

Takaishi finalmente reaccionó al escuchar aquella noticia, por fin su sobrina había nacido. Estaba feliz por su hermano, por su cuñada, moría por ir a Japón para conocerla, aunque lo más probable es que solo pudiera hacerlo en un par de semanas.

—Me alegro mucho por ti hermano, de verdad, cuando pueda te haré una video llamada para verla —respondió con emoción—¿Mamá y papá ya saben?

—Aun no, con el ajetreo no pude avisarles, quería darte la noticia primero. Dale un beso a mi sobrino de mi parte ¿sí? Debo dejarte, hablamos después.

Tras cortar la llamada, Yamato procedió a llamar a sus padres y a sus suegros para avisarles del nacimiento de su hija, ya después le haría saber a sus amigos. No cabía en su propia emoción aun, incluso si tendría que esperar un par de horas para poder ver a su bebita, su pequeña Aiko.

—Gabumon y Piyomon se pondrán muy felices con la noticia también. —dijo para sí mismo con una sonrisa más amplia.

La segunda mujer que daba a luz ese día lo hacía en su hogar, acompañada de su madre y su abuela. Estaba cansada, pero aun así lo daba todo por seguir pujando hasta que por fin aquel llanto le indicó que todo había terminado. Abrió sus ojos solo para encontrarse con el rostro de su madre, la cual le observaba con una dulce sonrisa, pasando sus dedos por sus cabellos.

—Lo hiciste muy bien Ruki —Rumiko le felicitó con suavidad antes de fijarse en su madre, la cual había recibido al bebé y se encargaba de limpiarlo.

—Por primera vez en cuatro generaciones ha nacido un varón en nuestra familia —comentó Seiko mientras admiraba a su bisnieto con mucho amor, envolviéndolo en una manta tras haber terminado de asearlo—. Oh eres una cosita preciosa, tal como tu madre cuando vino al mundo —le habló cariñosamente al bebé antes de acercarlo a la más joven de las mujeres.

Ruki apenas pudo girar su rostro para fijarse en su hijo, este seguía llorando, pero eso no le importó, simplemente sonrió con emoción, estirando su mano hacia su pequeño rostro, deslizando su dedo suavemente por su mejilla.

—Hola bebé —le habló con debilidad, le gustaba poder verlo y hubiera querido cargarlo de no ser por lo agotada que se sentía en esos momentos.

—¡Ruki! —Renamon apareció finalmente en la casa. Su expresión usualmente taciturna cambió a una de sorpresa al ver al bebé de su mejor amiga por fin—Perdóname Ruki, no pude estar aquí a tiempo, me tomó más tiempo del que pensé encontrarlo.

—No pasa nada Renamon, me alegra mucho que ya estés aquí —sonrió aun con escasa fuerza. Las tres mujeres pasaron su mirada de la criatura digital a otras dos figuras que se unían a ellos, ambos respirando de forma agitada.

—Ruki, señora Makino, señora Hata, perdón por llegar tarde. —habló el hombre entre jadeos, aunque todo en su mente pasó a segundo plano cuando pudo ver al bebé, su bebé, su hijo—¿Puedo…? —Se dirigió despacio hacia donde se encontraba la anciana, recibiendo a su hijo en sus brazos.

—¿Dónde demonios estabas Ryo? ¡Estaba asustada! —Le cuestionó la agotada pelirroja, mucho menos comprensiva a como había sido con su compañera.

El de cabellos oscuros no supo si responderle, si mencionaba algo de sus investigaciones seguro la mujer se enfadaría, al menos la suerte estuvo de su lado ya que Ruki terminó por quedarse dormida pronto. Ryo suspiró silenciosamente, pasando la atención a su hijo, sus cabellos rojizos le causaban mucha ternura, deseaba que tuviera los mismos ojos de su esposa.

—Hola pequeño Ryu, soy tu papá —le habló con ternura antes de acercarse a Renamon y a Monodramon para que pudieran apreciarlo mejor—¿No es la cosita más linda que han visto?

—Es un humano muy pequeño —comentó el digimon morado, había tenido que subir a una mesa para poder ver mejor al bebé.

—Los humanos siguen siendo seres impresionantes —Renamon acercó una de sus manos al bebé, sujetando con delicadeza una de sus manitos, eran tan pequeñas. Con solo verlo estaba segura de que lo protegería a cualquier costo.

Una oscuridad se removió en el mundo digital, una que llevaba muchos años dormida y encerrada. Algo le había despertado y fue el nacimiento de un bebé humano. Con los años había llegado a recobrar algo de fuerza, pero necesitaba más si deseaba romper su prisión para poder vengarse de quien le había querido destruir en el pasado. Liberaría la oscuridad que hiciera falta en el mundo digital y rompería las puertas que conectaban los distintos mundos que se alineaban con este.

2 Años después

Aquel día de agosto se celebraba el aniversario de su primer viaje al mundo digital. Ese año la reunión se realizó en casa de los Yagami y la mayoría de los que alguna vez fueron niños elegidos estaban allí charlando y comiendo de la barbacoa que Taichi preparó orgullosamente.

—Sigo pensando que a la carne le faltó un poco más de condimentos —el comentario de Yamato hizo resoplar al castaño con fastidio, nunca podía estar satisfecho el señor, aunque nunca admitiría que, en cuanto a cuestiones culinarias, Ishida era mejor que él.

—Cállate Yamato, está perfecta —gruñó el diplomático.

—¿Crees que algún día dejen de pelearse esos dos? —Cuestionó Sora mientras solo les miraba discutir desde su asiento.

—Para nada, ya está en sus genes —respondió Hikari en un tono divertido—, espero que eso no se haya pasado a Yuu-chan y Ai-chan.

—Yo creo que serán muy buenos amigos —comentó la señora Yagami, viendo como su hijo jugaba con la pequeña rubia y otra niña pelirroja en una zona designada para los niños pequeños—, tal como tú y Taichi, Sora.

—Espero que sí, porque si Aiko termina siendo como Yamato solo escucharé discusiones absurdas por el resto de mi vida —la pelirroja dejó salir una risa al igual que sus dos amigas—. Me alegra que pudieras venir a Japón para este día, es una pena que Mimi no pudiera, su programa la tiene muy ocupada.

—Miyako es quien más lo lamenta, esperaba que pudiera venir para hacerle un montón de preguntas sobre Hollywood —la castaña giró su rostro hacia donde estaba su amiga de lentes charlando con Iori—. Daisuke-kun tampoco pudo venir esta vez, tener su propia cadena de restaurantes no es nada sencillo y todos los problemas que está pasando ¿Pueden creer que es segundo divorcio ya?

Pensar en los más jóvenes del grupo le producía algo de gracia, eran los que habían tenido hijos primero, así como otro tipo de experiencias grandes. Motomiya vivía en Estados Unidos, tenía su propia cadena de restaurantes y se había casado dos veces, aunque no había tenido la mejor de las suertes en ninguno de sus matrimonios. Habían esperado que con el segundo le fuese mejor, más considerando que tenía un hijo, pero no es como que los hijos pudieran rescatar relaciones destinadas al fracaso.

Por otro lado, Miyako y Ken se habían casado incluso antes de terminar sus estudios. Su relación era casi tan antigua como la del matrimonio Ishida, pero fueron los primeros en contraer matrimonio, así como los primeros en tener dos hijos. Miyako había estudiado ingeniería informática y si bien trabajó un tiempo en ello, tras tener a su primera hija prefirió dedicarse más a su hogar, cumpliendo con su trabajo desde allí. Por el lado de Ken, este terminó la academia policial y ahora era un reconocido oficial.

—Al menos este año solo faltaron ellos dos, en anteriores si fue más difícil reunirnos todos. —Sora pasó una mano por sus cabellos, meditando un poco en como todo había cambiado con el pasar de los años.

—¿Todo bien preciosa? Puedo traerte algo más de comer.

La conversación de las tres mujeres se vio interrumpida por un hombre rubio, el cual abrazó a Hikari por la cintura y plantó un beso en su mejilla. Esta solo pudo emitir una leve risa, dejándose hacer por su compañero antes de negar.

—Estoy bien Wallace ¿Por qué no vas a ver al niño?

—Lo que mi señora ordene.

El blondo americano les dedicó una sonrisa a las dos mujeres antes de ir con su pequeño hijo de ya cuatro años, el cual jugaba con su primo bastante tranquilo, claro que al ser alzado por los brazos de su padre le hizo bastante feliz. A Sora aun le sorprendía mucho que Hikari no se hubiera casado con Takeru, siempre se había hecho la idea de su cuñado y la menor de los Yagami juntos, pero por una u otra cosa, ambos acabaron separados.

Takeru se había ido a Francia para mejorar en su trabajo de escritor, allí se había reencontrado con Catherine Deneuve y terminaron por casarse y tener un hijo. En cuanto a Hikari, había ocurrido algo similar, ella se había ido a Estados Unidos un tiempo para visitar a Mimi y a Daisuke, estando allí volvió a encontrarse con Wallace. No estaban casados, pero vivían juntos y él se había mudado a Japón tras que el niño naciera para que Hikari continuara con su trabajo de maestra. Aun recordaba lo enojado que Taichi estuvo al saber que su hermanita tendría un bebé, como si esta no fuera una adulta, hasta quiso matar a Wallace.

Sin embargo, los antiguos portadores de la luz y la esperanza mantenían una buena relación, eran amigos y a veces hasta se miraban con cierta nostalgia.

—Voy a ver a Yuuki también —la mujer de cabellos azulinos se levantó de su asiento para ir al área de niños a ver a su pequeño.

Taichi se había casado con Meiko Mochizuki poco después de terminar la universidad. Que ella volviera a formar parte de su vida tras la partida de Agumon fue algo que le ayudó mucho para seguir adelante y ahora eran padres de un niño que parecía el clon de Taichi. Mientras que el moreno se dedicaba a la diplomacia ahora entre el mundo humano y digital, Meiko trabajaba en el equipo de investigación de Koushiro junto a este, uno de los hermanos Kido y Haruhiko Takenouchi.

—Taichi me dijo que viajarás a Estados Unidos para navidad ¿Es algo definitivo? —Preguntó con tal de seguir haciendo algo de conversación con la portadora de la luz.

—Sí, pero es solo por vacaciones, visitaremos a la madre de Wallace, ella también quiere ver a Hikaru —respondió, mirando hacia donde estaba su pareja jugando con su hijo, vista que le hizo sonreír con ternura—. Ya veo a mis padres haciendo drama por eso, están muy apegados al niño, especialmente en esas fechas adoran tenerlo a él y a Yuuki.

—Te entiendo, mis padres también están demasiado apegados con Aiko, ni que decir de Hiroaki-san y Natsuko-san.

—Ya está todo listo.

Todos giraron su rostro al escuchar a Koushiro, el cual se acercaba con su portátil y lo colocaba sobre una de las mesas. Fue inevitable que sonrieran al ver como la puerta al mundo digital se abría. Habían pasado algunos años antes de que volviera a ser posible que la conexión con el mundo de los digimon, no se había perdido todo como llegaron a creer.

El pelirrojo del grupo había hecho todo lo posible por volver a encontrarse con sus preciados amigos. En esos años había tenido el apoyo de sus amigos, también el de todos los elegidos del mundo, entre ellos el de Mina, la compañera de Meramon. Ambos se habían hecho bastante unidos y terminaron por casarse tras que la puerta al mundo digital volviera a abrirse.

—¡Taichi! —Agumon fue el primero en aparecer para ir a abrazar a su compañero, el cual le recibió con mucho cariño y emoción.

—¡Sora! ¡Sora! —Piyomon fue la siguiente en aparecer y luego todos los demás, reuniéndose pronto con sus amigos humanos. La pelirroja recibió a su amiga rosada en sus brazos, bastante feliz de verla—Que alegría verte Sora, moría de ganas de verte.

—Tranquila solo han sido algunas semanas, aunque yo también te extrañé —le respondió con aquel tono maternal que siempre le caracterizó.

—¿Dónde está la pequeña Ai-chan? ¡Muero de ganas de verla!

La ex portadora del amor sonrió solo para llevarle a donde estaba su hija, sosteniéndola en sus brazos para que pudiera saludar a Piyomon. Yamato y Gabumon no tardaron mucho en unirse a ellos. Aquella reunión era bastante agradable y dulce, era una pena que su mejor amiga, humana, no estuviera allí. Extrañaba a Mimi, ella se había ido nuevamente a Estados Unidos, tenía su propio programa de cocina, estaba casado con Michael Barton Jr. Quien era un reconocido productor de televisión.

—Palmon fue a un portal que le llevara a Estados Unidos junto a Betamon y Veemon para reunirse con Mimi —le comentó la digimon ave como si hubiera adivinado sus pensamientos.

—Espero que la estén pasando bien juntas.

—Seguro irán a comprar un montón de cosas que no usarán —dijo Yamato en un gesto burlón, pasando a sostener a su pequeña risa. Sora simplemente rió al igual que los dos digimon.

—Yamato por favor, no seas así —le regañó.

Estaba por decir algo más cuando una extraña sensación le hizo sentir incómoda. Se llevó una mano al estómago y otra a la boca, estaba sintiendo náuseas, era un poco extraño. Incluso a llegó a sentirse mareada por un instante, había sido muy extraño.

—¿Sora estas bien? —Le preguntó Yamato con preocupación, notando a su esposa un poco más pálida.

—S-Si, solo me sentí mal por un momento. —respondió, pasando a tomar asiento aún bajo la angustiada mirada de su esposo y los dos digimon.

—¿Está todo bien? —Joe se había acercado a ellos al notar que la pelirroja parecía haberse sentido algo mal—Sora te ves algo pálida, déjame revisar tu pulso.

Joe se había graduado de medicina y había ejercido como doctor un par de años, al menos hasta que la puerta al mundo digital se abrió de nuevo y les permitió regresar. Desde entonces, se había dedicado más que nada a curar y atender a digimon heridos. Kido se había casado con la misteriosa novia que tenía desde la preparatoria, la que por un tiempo sus amigos creyeron era una mentira. Sin embargo, Koharu era real y se habían casado tras que ambos terminaran la carrera de medicina.

—Tranquilos, no necesitan preocuparse tanto, quizás algo de la comida me cayó mal —trató de restarle un poco de importancia al asunto.

—Le dije a Taichi que cocinara mejor la carne —no pudo evitar gruñir el blondo, si no tuviera a su hija en brazos ya hubiera ido a confrontar al moreno.

—No digas eso, no fue su culpa, no podemos asegurar nada.

Sora decidió simplemente sostener a su hija, sonriéndole con cariño y ternura. Al menos aquel mareo había pasado ya, suponía que no era nada del otro mundo y prefería seguir pasando el tiempo con sus amigos, humanos y digimon. Aquella fecha seguía siendo muy especial para todos, ya no solo se sumaban los primeros elegidos o los de la siguiente generación, sino todos aquellos que con los años habían llegado a tener un compañero digital, actualmente era casi todo el mundo.

Era nostálgico pensar en todo lo que atravesaron para llegar hasta allí, solo bastaba ver a Noriko para recordar muchas cosas. Iori y ella llevaban juntos algunos años, no había perdido contacto con ninguno de los niños que fueron manipulados por Archnimon y Mummymon, pero su relación con ella había sido mucho más profunda, convirtiéndose en un amor puro y dulce. Ahora él era un reconocido abogado mientras que ella era maestra y trabajaba en la misma escuela que Hikari.

Volvió a fijarse en su esposo e hija, sonriendo feliz por la familia que ahora tenía, una más grande si incluía a su cuñado y sobrino. Estaba orgullosa de su esposo, Yamato era un hombre impresionante, tras graduarse como ingeniero aeroespacial pasó a trabajar varios años en la NASA y hasta había viajado al espacio junto a Gabumon. Por su parte, ella se había dedicado al diseño de modas, entender que los arreglos florales no eran tanto lo suyo le hizo sentirse un poco más libre, comprender para lo que verdaderamente tenía talento le hacía muy feliz.

Amaba la paz con la que ahora todos vivían, después de luchar tanto, después de cargar con tanto, ahora todos podían disfrutar de sus familias, de su tranquilidad, de sus amigos. Todo era perfecto y deseaba que todo se mantuviera así por el mayor tiempo posible.

Ruki miraba desde la comodidad de una banca en el parque como Ryo jugaba con su hijo de dos años, era una imagen encantadora. Monodramon estaba junto a ellos, haciendo reír al pequeño de cabellos rojizos mientras que Renamon simplemente vigilaba desde lo alto de un árbol.

—Hola Ruki. —Un saludo le distrajo por un momento, abriendo sus ojos con algo de sorpresa al ver de quien se trataba.

—¿Takato? —Apenas pudo reaccionar antes de levantarse y abrazar al que consideró su mejor amigo por largos años—¿Qué haces aquí? ¿No te habías mudado?

—Me alegra mucho verte —dijo correspondiendo el abrazo con cariño—. Pues decidí volver a Tokio, no me fue tan bien en los negocios que tenía en Osaka así que preferí volver e intentar con algo más.

—¿De verdad te quedarás? Aun me cuesta creerlo, ha pasado mucho, casi no sé de ti —se distanció del abrazo para admirar mejor al castaño—¿Cómo está Juri-chan?

—Ella está muy bien. Lamento mucho solo desaparecer así, han pasado bastantes cosas desde, bueno, desde que nos mudamos —se pasó una mano por la nuca antes de ver hacia el hombre que jugaba con el niño y el pequeño digimon—¿Ese es…?

—Entiendo, me gustaría mucho verla —respondió sonriente al pensar en su amiga de la infancia. Giró su rostro hacia su esposo quien no tardó mucho en verles por lo que decidió acercarse con el niño en brazos—Si, es Ryo…

—¿Matsuda? Vaya, ha pasado mucho tiempo —el hombre de cabellos más oscuros sonrió a su viejo compañero tamer con emoción—¿Y Guilmon?

—Lo sé, ha pasado mucho. Está en casa, no le gusta mucho separarse de mi hijo, son como uña y mugre —bromeó llegando a soltar una leve risita.

—Mami, mami —el pequeño pelirrojo estiró sus manos hacia Ruki por lo que ella no dudó en sujetarle con cuidado.

—No tenía idea que ustedes…

Tanto Ryo como Ruki emitieron una pequeña risa, al menos desde que los tamers se habían distanciado ellos aún no eran parejas, eran buenos amigos. Era bueno reunirse después de un tiempo, saber un poco más de que había sido en sí de sus vidas. Tras que los digimon regresaran, pudieron compartir otras aventuras más, pero tras llegar a la adultez, fue inevitable que todos siguieran su propio camino.

—¿Has sabido algo de Jenrya? —Le preguntó Takato tras haber estado charlando un rato sobre sus trabajos y sus respectivas familias.

—Sigue viviendo en Europa por lo que sé, solo he visto a Shiuchon. Ella, Airi y Makoto no se distanciaron tanto como nosotros.

Quizás sonaba un poco mal que los tamer se hubieran separado de esa manera, pero a veces era parte de la vida hacerlo. Takato no podía dejar de pensar que, a pesar de volver a tener a los Digimon en su vida, extrañaba aquella época donde estaban todos juntos.

—Deberíamos reunirnos todos de nuevo, en el mundo digital. Contactaré a Jenrya, a Hirokazu y Kenta, será como en los viejos tiempos.

El matrimonio Makino, por mutuo acuerdo decidieron llevar el apellido de Ruki, miró con sorpresa a su amigo y luego se vieron entre ellos como si consultaran la idea. Y sonaba como algo bueno, volver a verse todos luego de tantos años sonaba como una idea estupenda, así que ambos asintieron, incluso podrían llevar a Ryu para que conociera el mundo digital por primera vez.

Continuará…

¡Hola! ¿Cómo están? La verdad es que llevaba rato queriendo escribir algo con el epílogo de Adventure así como mezclar esta con Tamers, finalmente me decidí a hacerlo. Espero que les haya gustado el prólogo, si hay alguna duda o comentario que gusten hacer sean bienvenidos, trataré de aclararlo en el siguiente capítulo. Nos leemos pronto.