Tyson esperaba de pie recargado en uno de los columpios del parque. Los nervios lo mantenían meciéndose a medias y recuperando la postura cada pocos minutos.
Puntas, talón, puntas.
Sus ojos castaños recorrieron el lugar solo para volver la mirada al piso de nuevo. Apretó los labios y volvió a jugar con su postura en el columpio. No sabía muy bien qué estaba esperando. Claro, sabía bien a quién vería en ese lugar, pero ¿y después qué?
Se detuvo un momento, alisó su camisa y echó un vistazo al resto de su ropa. Su camisa roja remangada hasta el antebrazo, sus guantes cafés con el ajuste correcto, su camiseta amarilla holgada sin una sola arruga y sus shorts mezclilla en el lugar correcto sin que el columpio los hubiera subido. No era consciente de ello, pero era la primera vez que realmente se preocupaba por lucir bien. De pronto sintió algo en su bolsillo, sacó su blade y lo observó. Una sonrisa invadió sus labios mientras que a su mente volaban los recuerdos de todo lo que había sucedido los últimos meses.
Era extraño como todo había empezado cuando era un niño al que su hermano le enseñaba a lanzar un beyblade, y ahora los Blade Breakers eran campeones mundiales.
Campeones mundiales…
–Creo que es el inicio de algo importante, ¿no crees, amigo?
–Sí, solo no dejes que se te suba a la cabeza –le respondió con sarcasmo una voz que le hizo cosquillear los dedos. Frente a él encontró a su ex capitán de equipo. Llevaba su camisa negra de bordes rojos, su bufanda larga que colgaba desde su nuca y sus protectores de brazos rojos que terminaban con sus coderas de pico.
–Kai – Dijo antes de verlo tomar la mano que sostenía a Dragoon y examinar el blade
. Tyson no dijo nada ante su agarre. Kai era un chico extraño, pero le agradaban sus modos de hacer las cosas.
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–Tyson, Tyson…
–¿Eh? –Fue consciente de que alguien lo agitaba por el hombro.
–Tierra a Tyson. ¿En qué mundo estás, amigo? –cuestionó divertido Ray detrás suyo. Tyson se sorprendió ya que no lo había escuchado en lo absoluto. Se dio cuenta que detrás de él estaba el resto de sus amigos. Kenny y Max reían al verlo en ese estado, Hilary un poco molesta por su falta de atención lo reprendía con los ojos y Kai sereno solo lo observaba.
–Ah, ¿chicos? –Aun con la cobija sobre los hombros y su taza sobre sus manos, se levantó del engawa. No sabía cuánto tiempo había estado divagando en sus recuerdos pero ya sentía el cuerpo frío y entumido–. ¿Qué hacen aquí? No es que no me alegre de verlos, pero verlos a todos juntos me hace pensar que me olvidé de algo.
–No, Tyson. Nos encontramos por casualidad en el parque y te llamamos para que te unieras, solo que cómo no respondiste decidimos venir –explicó Kenny sonriéndole. Tyson se llevó una mano a la cabeza y le devolvió la sonrisa con pena.
–Con razón el teléfono no paraba de sonar. No tenía idea que fueran ustedes. Hubiera contestado, lo juro –terminó riendo solo logrando hacer que Hilary se molestara más y comenzara a darle un discurso sobre estar en contacto y la seguridad en el hogar.
Pasaron el resto de la tarde en su sala comiendo pizza y jugando juegos de mesa. Al lado de ellos la televisión daba las noticias sin que realmente le prestaran atención. Luego de un rato se habían quedado sin ideas y habían cedido a un juego de preguntas y respuestas en cartas llevado por Hilary, juego que al final había resultado entretenido.
Tyson estaba feliz de tenerlos ahí, se estaba divirtiendo realmente pero aún no podía sacar de su mente la memoria que había intentado hundir hacía un par de años. No estaba seguro el por qué había comenzado a resurgir. Creía haber olvidado el absurdo crush que tuvo en su amigo hacía tiempo, y si bien su atención se había vuelto hacía él desde el momento en que había decidido unirse a los Blitzkreig Boys, lo atribuyó a la necesidad de mantenerlo a su lado y a la preocupación constante sobre las formas de sobre exigirse de Kai.
Pero pensó mal, porque las cosas solo empeoraban. De pronto la presencia de Kai sobresalía de nuevo y era consciente de su cercanía todo el tiempo que estaban en la misma habitación. Era como si recordara que sus sentimientos habían estado guardados en un cajón y los notara cuando comenzaban a desbordar casualmente, siempre al lado de Kai.
Kai, Kai, Kai, siempre había sido Kai de un modo u otro. Su amigo, su compañero, su rival, pero ahora que la vieja etiqueta volvía no podía evitar sentirse juzgado por él, como si de solo pensarlo él fuera consiente de cómo se sentía. Claro, era una idea absurda, pero el sentimiento empeoraba y lo frustraba más día con día. Tanto era así, que ahí estaba lidiando con las consecuencias.
Aunque muy amistosa y sutil, sabía que esa reunión no era casualidad, y tampoco el hecho que sus amigos se hubieran encontrado en el parque en un día con tantas probabilidades de lluvia. Las últimas semanas había comenzado a sentir la necesidad de permanecer en calma y pensar, y no podía si resultaba que tenía a Kai cerca, si Kai se sentaba a su lado, si el espacio entre ellos se reducía unos centímetros más de lo usual, si decía su nombre más veces al día o su mente lo hacía pensarlo de ese modo. Así que poco a poco se había distanciado para encontrar silencio, aunque a estas alturas seguramente debía haber preocupado a sus amigos.
No es que no quisiera ver a los chicos, o a Kai, realmente disfrutaba la compañía de todos y para Tyson no era un problema estar a su lado, solo que había algo en su cabeza que necesitaba poner en orden, y los necesitaba lejos, ya que Kai y los chicos eran ruido en esos momentos, incluso él mismo era ruido pero dejar de verse no era una opción. Sabía que ese algo estaba ahí, pero no entendía bien, y hasta no entenderlo no había querido salir de su silencio.
–Bien, Ray –dijo Hilary sacando una nueva tarjeta de la baraja –¿Cuántas veces le has mentido a la persona en la derecha esta semana?
Como fuera, no iba a negar que esa pequeña reunión no le alegraba.
Ray giró su cabeza para ver a Max sonreírle sentado a su lado en el suelo. Sus labios se apretaron intentando hacer un recuento. Al cabo de un rato Max perdía su sonrisa conforme su amigo se tomaba más y más tiempo en responder.
–Oh, vamos –soltó molesto.
–¡Lo siento, Maxi! Fueron... solo un par de veces –dijo sobando su cabeza.
–Explícate, ¿quieres? –dijo cruzando sus brazos y separándose un poco de él.
–Bien, puedo decirte al menos cuatro con esto. No me gusta la mostaza en las comidas y sueles sugerirme que le ponga a todo. Incluso le pones sin preguntarme.
–Pudiste habérmelo dicho –dijo girándole el rostro.
–Oh, vamos. Sueles defenderlo más de lo necesario. Daichi me contó cómo terminaron bey–batallando porque le pusiste mostaza a su filete.
–¡Daichi fue muy grosero! Es diferente.
–¡Quizá, Maxi, pero tienes una fijación con esa cosa, y luego tu rostro se ilumina y es difícil decirte la verdad!
–¡Por favor!
El resto solo se reía de ellos. Kenny y Hilary habían ocupado el sofá doble frente al televisor, Ray y Max se sentaron el suelo, y Kai, quien sorpresivamente se había quedado a estas alturas de su reunión, estaba sentado de piernas cruzadas en el sofá individual detrás de sus amigos, quienes seguían discutiendo. Tyson por su parte se encontraba en el suelo contra el sofá individual gemelo al de Kai, así que lo tenía de frente a él, a Ray y a Max.
–Es solo un juego, chicos– intervino Kenny nervioso sacando rápidamente una tarjeta para cortar la tensión–. Kai, ¿cuál ha sido el peor recuerdo que tienes de la persona frente a ti?– Tyson por un momento temió que hablara de él, pero Kai abrió los ojos y lo primero que vio fue a Max prestándole atención.
–Sus almuerzos con mostaza.
–¡Genial, ahora todos están contra mí!
–No contra ti Max, contra la mostaza– intervino Tyson quien tomó su taza de té caliente de la mesita de centro.
–¡¿También tú?!
–No, yo comparto tus gustos enfermos, amigo.
–¿Qué significa eso?
–Que Tyson come cualquier cosa –evidenció Kenny haciéndole gracia a todos menos a Max.
Tyson tomó un sorbo de su bebida mientras escuchaba a Kenny responder nervioso una pregunta acerca de las chicas que le habían gustado a lo largo de su vida. El chico de cabello azul no pudo evitar pensar en sí mismo y cómo para él habían dejado de aparecer chicas cuando el nombre de Kai llegó a su lista.
Un poco perdido miró su té con los labios en una línea recta. Sin duda, más que solo un gusto aún tenía sentimientos por Kai, muchos sentimientos por Kai. Era una fortuna que todo ese tiempo a su lado lo hicieran verlo cómo un amigo más porque si no aquello se hubiera salido de control de una forma desagradable.
De nuevo, una memoria lo golpeó y no pudo más que perderse y sobre pensarla intentando entender. Se trataba de la misma tarde que se encontraron el parque, justo el día antes de que Kai se marchara de la ciudad para estudiar…
En el sofá, Kenny codeó a su amiga para hacerla ver el cambio de humor de su amigo de gorra, Hilary entendió y se aclaró la garganta para llamar su atención.
–Tyson, di la mejor cualidad de uno de tus amigos. Es más, puedes decirla de mí –soltó orgullosa cruzando una pierna y mirándolo arrogante. Para su sorpresa Tyson respondió rápido.
–Eres amiga del tres veces campeón mundial de beyblade, Hilary. Esa es tu mejor cualidad –dijo con la misma altanería que ella antes recibir un cojín directo a su cara.
Hilary hizo un mohín de desagrado, pero se controló. Bien, al menos Tyson seguía en el juego y prestaba atención.
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El día para los dos chicos había terminado e iban de regreso por el mismo camino. El dojo quedaba en dirección a donde sea que Kai se dirigiera, así que tenían un par de minutos más para charlar. Para Tyson, esa fue una de las verdaderas veces en que sintió que Kai podía ser un amigo cercano. Perdieron el tiempo por aquí y por allá, pero al menos el día había resultado bien. Hablaron de técnicas, de un par de planes, comieron helado y hasta vieron una película, por su puesto hubo críticas, insultos y peleas, pero todo se sentía encajar en ese momento y no cambiaría nada de esa tarde.
Entre la poca información que logró sacar acerca de la vida privada de Kai, estaba el hecho de que se marcharía de la ciudad a estudiar un par de meses. Esto vino a su mente justo después de despedirse fuera del dojo, así que animado, giró rápidamente para proponerle una última cosa antes de que se marchara.
–Oye, ¿qué hay de una batalla…? –Tyson se giró rápido y sintió chocar su cuerpo contra el de su amigo quien lo detuvo apenas a centímetros de él.
Los ojos amatistas lo miraron con curiosidad. Tyson se fijó en los labios entreabiertos de Kai y lo último que notó antes de perder el control era cómo lo que creía que era la mueca usual del chico en realidad era una curvatura natural en sus labios, una curva pequeña que descendía en sus extremos. Demasiado suave y demasiado cerca. Fue ahí que dejó de pensar, dónde su recuerdo se tornaba confuso. Luego de eso sus ojos se cerraban y solo se dejaba llevar.
Para el momento en que las manos de Kai se tensaron en sus antebrazos, Tyson no tenía idea de cómo se había cortado la distancia. Lo único que recordaba claro de ese instante fue la sensación tibia contra sus labios al acariciarse, el aroma de Kai, la tela de su camisa bajo sus dedos, el calor en sus mejillas y todo irse con una sensación fría al reaccionar y separarse echándose hacia atrás completamente asustado. Kai no soltó una palabra, tenía el ceño fruncido al contrario de él no parecía asustado sino algo sorprendido.
–¡Lo siento! –fue lo único que pudo decir entre la tensión y la vergüenza. Al cabo de unos segundos, Kai reaccionó metiendo las manos en sus bolsillos y caminó pasándole por un lado.
–Sí, cómo sea.
El calor en sus labios llegó a sus mejillas, su pecho se aceleró y su estómago comenzó a cosquillear. Tyson se llevó una mano a la frente intentando calmarse mientras veía al chico marcharse. Claramente le había gustado la sensación de sus labios contra los de Kai, quería besarlo de nuevo pero no tenía idea de qué había sucedido ahí, ni tenía idea de cómo llegaron a eso.
Era su primer beso y fue con Kai.
¡Con Kai!
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–Bien, ya que no puedes contestar con seriedad pasaremos a la siguiente –continuó Hilary sacando la siguiente carta tras recuperar el cojín que le acababa de lanzar al rostro –. ¿Alguna vez has besado a algún amigo?
Solo hubo dos personas en la sala a quienes no rieron ante la idea. Entre el alboroto, los ojos castaños se encontraron con las amatistas antes de que estos se cerraran con un gesto restándole importancia. Tyson supo lo que eso significaba y sonrió sintiendo más calma.
–Bueno, sí –soltó en voz baja pero fue suficiente para que las risas en la sala callaran. Ahora era Tyson quien quería comenzar a reír, después de todo aquello había sido una anécdota curiosa después de unos años, y pensar que había besado al más amargado de sus amigos, fuera de lo que sintiera o no por él, era de lo más divertido.
–Bien, ¿a quién? –cuestionó impaciente Ray, demasiado impresionado de no saber algo así de su amigo cómo para hacer burla. Tyson entonces lo dejó salir con un gesto entre vergüenza y nostalgia.
–Una… vez besé a Kai por accidente–
–¡¿Qué tú qué?! –gritó exaltada la chica tensándose en su asiento y alternando la mirada entre ambos chicos. La boca de Kenny se abrió lentamente, y la mirada de Ray viajó rápido hacia Kai, este, sereno, solo mantenía los ojos cerrados.
–No –dijo Max mirándolos ambos–. No te creo, Tyson.
–No lo hagas, Max –dijo encogiéndose de hombros.
–¿Kai? –Kai no negó nada y esa fue toda la respuesta que necesitó Max para ahogar un grito y cubrir su boca abierta con sus manos.
–¡Tienen que explicarlo! ¡Viene en la tarjeta! –dijo Ray arrebatando la tarjeta de la mano de Hilary y apuntándola frente a uno y a otro. Realmente no venía nada ahí.
La atención de todos lo taladraba mientras intentaba encontrar la mejor forma de comenzar, pero no fue hasta que súbitamente los ojos de Kai se abrieron mostrando interés en su versión de la historia que Tyson enrojeció.
–Uh… Bueno… –dijo rascando su cabeza –. Fue… después de haber ganado el campeonato en Rusia, ya saben nuestro primer mundial. Por alguna razón nos vimos en el parque, caminamos un poco, y al final del día... bueno, creo que… chocamos y… nos besamos por error– terminó con un mohín en sus labios. Decirlo en voz alta no resultó tan terrible pero ahora que había salido de algún modo le quitaba lo especial al momento en sus recuerdos.
Nadie dijo nada, lo único que hicieron fue verse las caras los unos a otros intentando acordar que un accidente tenía sentido, a pesar de que la idea que de hubieran besado le daba una sensación a toda su amistad debido a tanto interés y peleas que habían tenido a lo largo de los años. Intentando disimular, Tyson había girado sus ojos a la pantalla de la televisión donde silenciosa mostraba el estado del tiempo. Al menos compartirlo podría ayudarlo a dejarlo ir todo de una vez por…
–Fue una cita.
–¿Uh? –Sus ojos volvieron hacia su antiguo capitán quien fruncía el ceño y parecía ofendido.
–Te llevé al cine, te compré un helado y te agarré la mano. Fue una cita, genio –soltó Kai con reclamo viéndolo con los brazos cruzados.
–Oh –fue lo único que salió de sus labios mientras sus ojos analizaban la mirada de Kai.
Ante la expectativa de algo el silencio se hizo en la sala. Max, con los ojos bien abiertos y los labios apretados, miró a Ray intentando confirmar que no imaginaba cosas, el chico tenía la boca abierta y parecía perdido. Max solo pudo apretar más sus labios y volver su atención a Tyson.
Tyson no se movía, incluso parecía que había dejado de respirar. Por un momento Max se preguntó si los chicos podrían hablar con solo verse pues el contacto no se había roto siquiera por un pestañeo.
El silencio continuo, y en un instante, inhalando profundo y con una mirada de pánico, Tyson lo procesó por completo. Súbitamente se puso de pie tirando su taza con té al suelo y salió con prisa de la habitación. Sus amigos sorprendidos reaccionaron llamándolo, pero Tyson para entonces ya había hecho sonar la puerta principal de su casa.
–¡Tyson!–. Ray se alzó en su espacio inseguro sobre qué hacer. No solo él, ninguno sabía cómo tomarse aquello. Primero días de actitud extraña, luego evadirlos y ahora salir huyendo luego de que Kai le dijera abiertamente que había intentado algo con él.
Ray se decidió y estaba por ponerse en pie cuando sintió un fugaz roce en su hombro solo para ver frente a él el desliz de la bufanda blanca de su amigo. Con prisa Kai salió por la misma puerta que el chico.
–¿Amigos, qué fue eso?
–No lo sé, Max –respondió Hilary igualmente preocupada –. ¿Deberíamos ir?
–¡No! –dijo súbitamente Ray –. No lo creo, chicos.
–¿Qué dices, Ray? –soltó Kenny poniéndose en pie –. ¡Tyson ha estado aislándose por días! ¡Creo que este es el momento de intervenir!
–Sí, sin duda lo es, pero no nos corresponde a nosotros.
–¿Cómo dices? –preguntó Max.
–Déjenselo a Kai –respondió viéndolo a los ojos.
–Kai fue quien hizo huir a Tyson, Ray –recalcó la chica alzando su tono y señalando la puerta con la palma extendida.
–Sí, lo sé, pero creo que sabrá manejarlo.
–¡¿Cómo qué crees?! –insistió Hilary. Ray miró la taza rota en el suelo y el té esparcido. Todo lo que había necesitado para saber que era asunto de Kai había sido el pequeño roce de su mano en su hombro, no podía darles más explicaciones.
–Confíen en mí.
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Kai salió de la residencia Kinomiya y no vio señales del chico por ningún lado. El cielo ya se había oscurecido, y tal como habían anunciado esa mañana en las noticias, lentamente comenzaba a llover.
–Genial –dijo comenzando a avanzar hacia donde sentía podría encontrarlo.
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