ESTE ES UN RELATO DE FICCIÓN; LOS PERSONAJES Y NOMBRES PERTENECEN A SU RESPECTIVO AUTOR. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA.
Capítulo uno
Una noche triste
La música sonaba vibrante por todo el lugar y las personas bailaban con frenesí en la pista. Las luces parpadeaban a un ritmo desenfrenado y el aire caliente se respiraba, con un fuerte aroma a sudor, alcohol y tabaco. Sin embargo, una chica de cabellos azules aguamarina, estaba sentada en él, ajena a todo, concentrada solo, en unos ojos verdes que la miraban con intensidad al otro lado de la barra.
Sonrió, mientras bebía un sorbo de su copa, pretendiendo no darse cuenta de que aquella extraña a unos metros de ella, la devoraba con la mirada.
Era una noche triste, o eso suponían sus amigas, quienes la arrastraron a aquella discoteca. Porque su novio, la superestrella del J-pop, Seiya Kou, la mando al diablo, hacía tan solo unas horas, lo hizo frente a sus amistades, mientras anunciaba su gira por Estados Unidos, algo demasiado importante para llevar del brazo a una artista de segunda categoría, como había dicho él.
Eso le dolió, pero no por las razones que cualquier persona hubiera pensado. No le dolía el corazón, sino el orgullo, por lo que el tonto ese había dicho, y por qué se le acababa la fiesta. Ya que ser novia de una importante estrella era afrodisiaco, todos la deseaban, casi babeaban por ella. Había pasado de ser una artista reconocida en los círculos más sofisticados de la clase alta, a salir en las portadas de importantes revistas. Seiya la había puesto en el mapa, y a ella le encantaba jugar a ser el tesoro perdido.
Bebió otro sorbo, se volvió hacia la rubia de ojos verdes que aún seguía desvistiéndola con la mirada, sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y un golpe eléctrico remover la parte baja de su abdomen cuando sus miradas se encontraron. La vio sonreír triunfante, consiente a lo mejor, de lo que estaba provocándole a su cuerpo sin siquiera tocarla, por lo que la peliazul se giró de inmediato sintiéndose un poco expuesta.
Al otro lado de la barra. La rubia bebió un trago de su whisky, sin quitarle la feroz mirada a la preciosa mujer de cabello azul. Le parecía exótica e irreal, y ni en sus mejores sueños se la había imaginado así de bella. Su piel blanca como la nieve, lucia suave y tersa, su figura era esbelta, cubierta con un ajustado vestido rojo de seda, que no dejaba mucho a la imaginación. Pero sus ojos, Dios, eran hermosos. Esos dos zafiros azules brillaban con intensidad a través de la distancia, como un mar de deseo y ella quería hundirse en ellos. Bebió otro sorbo y se puso de pie. «Ya basta de juegos» se dijo, comenzando a caminar hacia su presa.
La chica del vestido rojo se acomodó en su asiento, sintiéndose nerviosa. De reojo podía ver a aquella impresionante rubia caminar hacia ella, de alguna forma sentía que la veía como si fuera su presa, y eso la excitaba. Se llevó la copa a los labios, pretendiendo estar calmada.
—Buenas noches— dijo galante la ojiverde tomando asiento a su lado sin quitarle la mirada.
—Buenas noches— contestó de lo más tranquila sin volverse.
—¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?
—Un poco gastada esa frase ¿No crees?
—Lo siento, pero tu belleza deja sin ideas a cualquiera.
La ojiazul sonrió, y le dio otro sorbo a su bebida.
—Me llamo Haruka Tenoh.
—Que bien, pero nadie te lo pregunto.
—Me parece un dato importante.
La rubia le hizo una señal al barman, quien de inmediato le sirvió un vaso de whisky.
—¿Y eso?
—Debes saber el nombre de la persona con la que pasarás el resto de tu vida.
Eso provocó una risa divertida en la ojiazul, quien se volvió hacía tan ocurrente mujer, encontrándose con esos ojos verdes. Le echó un buen vistazo, de pies a cabeza, desde sus rubios y cortos cabellos salvajes, pasando por su bien tonificado cuerpo, oculto bajo una camisa blanca de manga larga y un pantalón de tela azul ajustado. Se mordió un poco el labio, encontrando muy apetecible a aquella diosa griega, quien sonrió con picardía.
—¿Entonces te gusta la idea o… lo que ves? — le dio un sorbo a su trago sin quitarle la mirada.
—Tal vez lo segundo, de lo primero ni hablar, los compromisos no van conmigo.
—Ya veo. Por eso mantienes una relación con Seiya Kou, porque eso no es lo tuyo.
—¿Entonces sabes quién soy?
—Michiru Kaioh, la gran violinista y la mujer más bella que he tenido el placer de ver.
—En efecto, Srta. Tenoh.
La aludida sonrió complacida.
—Déjame decirte que eres mucho más hermosa en persona, que en mis sueños, y si me permites el atrevimiento, eres— se acercó a la peliazul—, endiabladamente sensual— casi lo susurró.
Un cosquilleo delicioso en el centro de su intimidad fue lo que sintió Michiru, aun así mantuvo la compostura.
—Supongo que no es tan atrevido como decirle a una mujer comprometida que pasaras el resto de su vida con ella— acortó más la distancia que tenía con la rubia—. ¿No lo crees?
—Bueno, ese no es problema mío— Dijo girando su cuerpo.
Colocó un brazo sobre el respaldar de la silla de su acompañante, y el otro lo dejó la barra, casi rodeando a la peliazul, se acercó a su rostro y le susurró al oído.
—Si yo fuera Kou, no te dejaría un segundo sola, mucho menos en un lugar como este, lleno de lobos listos para devorarte.
—Entonces… ¿Eres un lobo? — acarició el brazo de la rubia sobre la barra y la vio a los ojos.
—Yo soy un león cariño, y créeme te devoraría completa.
Michiru sintió que su respiración se aceleró, entreabrió la boca, dejando que el aire caliente saliera por ella. Esos ojos verdes que tenía enfrente estaban llenos de deseo y lujuria, oscurecidos y aun así brillaban con intensidad, como animal hambriento en la noche. Sentía pequeñas descargas eléctricas en su abdomen, y notó la humedad descender por su intimidad. Era irreal, estar tan excitada con tan poco, pero esa rubia frente a ella era alucinante. Todo le gustaba. El delicioso aroma que emanaba de su cuerpo la embriagaba, su voz ronca y suave era enloquecedora, y sentir su tibio aliento chocar con su mejilla, le había provocado un mini orgasmo.
La rubia por su parte sonrió confiada y segura. Esa mujer entre sus brazos estaba ardiendo de deseo, se le notaba en cada poro de su piel sonrojada, en el pecho que subía y bajaba agitado. Tomó un minuto para ver los labios de su presa, estaban entreabiertos, listos para recibir los suyos, o cualquier otra cosa que ella le ofreciera. Su intimidad palpitó con la idea de tan hermosos labios sobre su piel desnuda, aún más, cuando imaginó a su dueña sin ropa y arriba de su cuerpo. Estaba a punto de besarla, y sellar tan ansiado momento de éxtasis, cuando una voz demasiado familiar para ambas las interrumpió.
—¡Michiru! ¡Ven a bailar con nosotras!
Las dos se voltearon y la peliazul se separó de inmediato de su acompañante, girándose hacia la dueña de aquella dulce y jovial voz. Una chica pequeña y rubia con dos grandes coletas se acercaba a ellas, mientras seguía bailando de forma bastante descoordinada, pero muy adorable.
—Las chicas me enviaron por ti— dijo sin dejar de moverse, dirigiéndose solo a la peliazul.
Michiru sonrió nerviosa, no supo bien si por la situación en la que estaba o por los extravagantes pasos de baile de su amiga.
—¿Cómo estás cabeza de bombón?
Ambas se volvieron hacia la rubia. La pequeña chica dejó de bailar de golpe.
—¡Haruka! — se abalanzó sobre la ojiverde.
Ambas se abrazaron unos segundos, ante una muy confundida Michiru.
—No pensé que vendrías esta noche— Le dijo separándose de ella.
—¿Por qué?
—Pues, como te dije que estábamos en operación "Despecho", pensé que no querrías venir.
Haruka rio con el comentario de su joven amiga.
Michiru observaba incrédula a las dos chicas charlar, su amiga, Serena Tsukino conocía a aquella mujer, y no solo eso, ambas parecían tenerse mucha confianza.
—No digas tonterías. Siempre es un gusto verte.
La joven mujer sonrió con dulzura.
—Ahora dime, ¿Quién es la desafortunada?
—Michiru— soltó con simpleza su amiga.
La violinista pudo ver como la sonrisa de Haruka se ensanchaba aún más, parecía bastante satisfecha con aquella información.
—Así que la Srta. Kaioh está soltera hoy— se volvió hacia la violinista.
—Sip— guardó silencio unos segundos—. Espera ¿ustedes ya se conocieron?
—Bueno, esperé que me la presentaras, pero vi que ella estaba sola y tú no te aparecías, así que no pude evitarlo— se encogió de hombros—. Tú sabes, soy la fan número uno de la señorita Kaioh.
Serena rodó los ojos.
—Lo sé, lo sé— dijo con hastío—. Ya sé que no hay nadie en este mundo que admire más a Michiru que tú.
Se volvió hacia su muy confundida amiga.
—Dime Michiru, ¿Ya te pidió tu autógrafo? Esta loca se ha pasado años insistiendo que quiere conocerte, preguntándome por ti, que esto y lo otro.
La aludida se limitó a negar con la cabeza, pasando su mirada de Serena a Haruka, sintiéndose desconcertada.
—Pues, Haru… me alegro de que al fin la conozcas— Terminó cruzándose de brazos.
—Cabeza de bombón, no estés celosa ¿sí?, tú siempre serás mi favorita— Dijo con voz seductora abrazándola por la cintura.
—¡¿Qué?!— Se separó nerviosa—. Yo no estoy celosa… yo… tengo a Darien sabes, él es un sueño, un príncipe, en fin, mejor lo llamo, si lo llamaré para que baile conmigo, si eso haré.
Haruka y Michiru vieron a Serena alejarse, y correr despavorida a algún lugar lejano.
—Así que estás soltera.
Michiru se volvió hacia la rubia, quien sonreía de oreja a oreja.
—Podrías fingir no estar tan feliz por eso.
—¿Por qué no? Te quedaste sin la única excusa que estaba dispuesta a aceptarte.
Haruka se volvió hacia Michiru, esta tembló, al ver el fuego que había en la mirada de la rubia.
—Aunque claro, no estabas muy renuente hace un rato— sonrió con picardía—. Me sorprende no haberme enterado antes.
—Bueno, no es como si fuese la noticia más importante de Japón.
—En lo personal, lo encuentro relevante.
Michiru se volteó hacia la barra y tomó de golpe todo el contenido de su copa. Haruka volvió a sentarse a su lado, y le pidió al barman que les sirviera más bebida.
—Tal vez para las fans de Seiya lo sea.
—Y para los tuyos también.
La violinista bebió de nuevo.
—Claro, los señores de cincuenta años harán fila en mi puerta para pedir mi mano.
La rubia no pudo evitar reír con fuerza ante ese comentario, pero se detuvo cuando su acompañante la fulminó con la mirada.
—Lo siento, pero ¿no crees que personas más jóvenes se interesen en tu trabajo?
—No conozco a nadie.
—Bueno, eso me ofende un poco. Como dije, soy tu mayor admiradora. ¿Te parece que tengo más de cincuenta?
—Podrías tener una rara enfermedad genética— jugó un poco con su copa.
—Haruka Button— replicó divertida la rubia— que historia sería esa.
Michiru no dijo nada, así que Haruka guardó silencio también y se dedicó a observarla, lucia triste, y eso la desconcertó un poco.
—Siento que tu relación haya terminado, se nota que era muy importante para ti.
—No lo era, es solo que— suspiro—, Seiya, me hizo alguien, sabes, antes era una chica que tocaba música que nadie escucha y que a nadie le importa. Pero cuando comencé a salir con él, fue como si el mundo se diera cuenta quien soy, y ahora todo eso va a desaparecer.
—Bueno, eso me sorprende.
—¿Te parezco frívola verdad?
—No, claro que no. Me sorprende que opines de esa forma, sobre tu trabajo, es triste, ya que considero que tu música es— inspiro profundo—, lo más increíble que he escuchado.
—Gracias, pero eso no te hace ser alguien.
—Bueno, la fama no lo es todo.
—Aun asi, todos quieren ser famosos.
—Bueno, no es mi caso.
—No lo entiendes, alguien como tú no lo entendería.
—¿Alguien como yo?
—Si, una persona ya sabes, común.
Haruka frunció el ceño.
—Lo siento.
—Tranquila, me ofende un poco, pero no pasa nada— dijo riéndose—. Verás, yo no soy tan famosa como Seiya Kou, pero, si lo soy en mi profesión.
—Vale, pero eso es diferente.
—Bueno, se siente igual. Hay muchos fotógrafos y cámaras por todos lados, y salgo en los periódicos, solo que bueno, aquí en Japón no tengo la misma notoriedad, por lo de ser una butch de manual.
Haruka bebió un poco de su whisky. Ambas se vieron unos segundos, sin saber qué decir. Michiru intentaba procesar bien lo que la rubia le había dicho. ¿Entonces ella era famosa? Pero Serena nunca la había mencionado, aunque parecían bastante cercanas, y ¿a qué se dedicaba la rubia? ¿Dónde vivía? Y ¿Qué era una butch de manual?
—¿A qué te dedicas?
—Soy piloto de carreras. NASCAR, por los momentos.
—Oh ya veo.
—Pareces decepcionada.
—No, solo que pensé en otra cosa.
—¿En qué?
—No lo sé, te ves muy… Ya sabes, elegante.
La rubia rio con fuerza.
—¿Y es que los pilotos de por aquí son andrajosos?
—No conozco a ninguno.
—Bueno.
—Igual juré que eras dueña de alguna compañía.
—Lo soy, de varias de hecho, pero lo que amo es competir.
—Ya veo— guardó silencio un segundo—. ¿Y dónde vives?
—En América, por los momentos.
—¿Viajas mucho?
—Si, por todo el mundo, pero muy poco a Japón.
—Entonces, ¿de dónde conoces a Serena?
—Su familia hace negocios con la mía, la conozco desde hace mucho tiempo.
Eso la sorprendió un poco.
—Nunca me dijo nada sobre ti.
—Bueno, eso me lastima— se puso una mano en el pecho— Supongo que como siempre he estado enamorada de ti, no ha querido que nos conociéramos.
Michiru abrió los ojos sorprendida por tal declaración, pero lo que más la impresionó, fue la forma en que lo dijo, como si fuese lo más normal y obvio del mundo.
—¿Disculpa? ¿Qué acabas de decir?
—Que no quería que nos conociéramos.
—Antes de eso.
Haruka le mantuvo la mirada y le sonrió con mucha dulzura.
—Que estoy enamorada de ti.
Nada, ni un atisbo de mentira, broma, u otra cosa en la declaración, el rostro o los ojos de la rubia. Michiru parpadeo perpleja.
—No hablas en serio ¿Verdad?
—Es cien por ciento real.
—Sabes, no estoy para bromas.
—No bromeo— se encogió de hombros—. De hecho, la única razón por la que vine aquí es porque sabía que tú vendrías.
—¿Qué?
—Necesitaba conocerte.
—¿Por qué?
—Porque estoy enamorada de ti.
Lo decía con una certeza que asustaba a la violinista.
—Estás loca— dijo riendo nerviosa.
—¿Por qué lo dices?
—No nos conocemos.
—Tu, no me conoces, yo llevo enamorada de ti desde hace años.
—¡¿Años?!
—Así es. Déjame explicártelo.
—¿Explicármelo? Debes estar bromeando.
Michiru se puso de pie y solo pudo dar un par de pasos, porque Haruka la tomó por la muñeca.
—Suéltame— jaló su mano, apartándola de la rubia— Estás demente, ¿Qué es lo que te pasa?
—Esto es lo que me pasa— dijo feroz Haruka con voz ronca.
La besó.
Michiru se quedó inmóvil ante tal gesto, sorprendida por el atrevimiento de la rubia, quería zafarse y empujarla, pero, de un momento a otro, fue consciente de aquellos labios calientes sobre los suyos, notó las manos fuertes de la rubia contra su cintura, y sus dedos presionando la piel bajo la seda. Algo en eso la hizo arder en deseo, y correspondió el beso. Rozó con su lengua los labios de la piloto, y esta gimió contra su boca, y no fue un gemido suave o sutil, fue bastante claro y ronco, eso la sorprendió mucho, mientras sentía como la rubia aflojaba su agarre.
Haruka se sintió mareada, y casi se conmociona cuando la violinista toco sus labios con la lengua, no se lo esperaba, y no pudo suprimir el orgasmo que aquello le había provocado, era casi una fantasía hecha realidad, y tuvo que concentrar todas sus fuerzas en no caer desmayada.
Se separaron, dejando sus rostros a escasos centímetros. Michiru la vio a los ojos, esas bellas esmeraldas estaban empañadas de placer y deseo, era una mirada que nunca había visto. La vio respirar agitada, con la boca entreabierta, casi era una invitación, y ella estaba más que excitada. Tomó a la rubia por el cuello, y la acercó, le dio otro beso, más apasionado que el anterior, esta vez introdujo su lengua y exploró con ella la boca de su amante, la sintió estremecerse entre sus brazos, y se separó para verla.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo. No sabía si esa mujer entre sus brazos estaba loca, o si hablaba en serio cuando le decía que estaba enamorada, pero, si estaba segura de que ardía de deseo por ella, se le notaba, y había algo muy excitante en eso. Así que la beso de nuevo con igual de intensidad, poseyéndola, sabiendo que era una locura ceder.
«La noche será muy corta» se dijo así misma la peliazul, y no estaba segura de que durara lo suficiente para apagar el volcán que hacía erupción dentro de su cuerpo.
Continuara...
Hola! Bien hoy vengo con esta pequeña historia, espero que les agrade y que la disfruten.
Como saben, estoy continuando un antiguo fic, Canon, pues verán, no he tenido mi computadora personal en estos dias, por problemas de mantenimiento (ya mañana me la entregan) asi que, como ando super inspirada últimamente, inicie este pequeño fic en la computadora de mi trabajo, y pues me gusto mucho y decidí compartirla.
Acá las cosas son muy diferentes al otro fic, donde exploro otras facetas de ambas, la verdad estoy con otras dos historias aparte de Canon, y ni cuento uno que abandone por razones ejecutivas, del cual ya tenia mas de 60,000 palabras (mas que canon XD) pero que no creo que fuese a tener mucha aceptación, ahí las outers están medias locas y creo que me matarían si lo publico. Ando bastante inspirada.
Sin mas, espero que este les guste, es pequeño, hecho con todo el corazón y enserio espero me acompañen en este viajecito.
Bueno, es todo por ahora, nos leemos luego.
