No hay futuro sin pasado
Por Nochedeinvierno13
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en "Casa de Blanco y Negro 2.0" del Foro "Alas Negras, Palabras Negras".
I
Pasado
Sus pasos resonaron entre las paredes de piedra del castillo; él miró hacia ambos lados cuando llegó a la intersección de dos pasillos y siguió avanzando. La suela de sus zapatos repiqueteó en los peldaños de la escalera cuando la subió con rapidez.
Harry Potter se escondió detrás de una columna coronada por un trabajado capitel para que él no detectara su presencia. Cuando los pasos se alejaron en dirección a la izquierda, subió las escaleras sin hacer el mínimo ruido. No podía arriesgarse a ser descubierto cuando estaba tan cerca de saber qué se traía entre manos.
La sombra plateada se perdió en dirección al baño de chicos. «Perfecto», pensó Harry. Aquella era su oportunidad de acorralarlo y obligarlo a confesar lo que estaba tramando porque, después del ataque a Katie Bell con el collar maldito y a su amigo Ron con la hidromiel envenenada, no quedaba duda alguna de que él era el culpable. «Es un mortífago. Lo sé», llevaba con esa sospecha desde que lo había visto en la tienda de Borgin & Burke.
Pero, al llegar al baño, no se encontró con un Draco Malfoy altivo y desafiante sino con un rostro demacrado, surcado por la desesperación, que se reflejaba sobre la superficie del espejo. Sus ojos grises estaban ahogados en el mar de sus ojeras y su labio inferior temblaba. Harry Potter quedó petrificado cuando vislumbró las lágrimas rodando por sus mejillas, eran esquirlas transparentes que morían sobre el lavamanos.
Al verlo de ese modo, tan frágil y vulnerable, se sintió estúpido por los dedos aferrados a la varita. La capa de invisibilidad resbaló por sus hombros y cayó junto a sus pies, revelando su reflejo en la superficie del espejo.
—¡Potter! —dijo Malfoy cuando lo vio.
Antes de que Harry pudiera planear su siguiente movimiento, Draco Malfoy ya estaba sobre él, sacudiéndolo por el cuello de la camisa. El chico lo hizo retroceder hasta la pared más cercana; los huesos de su espalda crujieron cuando impactaron contra los azulejos y la varita resbaló de su mano y terminó en un charco de agua.
—Malfoy —respondió Harry—, suéltame.
El otro no lo soltó, sino que intensificó su agarre. Las manos viajaron desde las solapas de la camisa hasta su cuello y apretaron su yugular. Harry luchó para deshacer el agarre, pero Malfoy esquivó sus golpes y presionó con más fuerza. Sintió que el aire escapaba de sus pulmones.
—Te dije que no te metieras en mis asuntos, Potter —advirtió—. La próxima vez que te acerques a mí, te mataré.
Por más que su lengua estaba cargada de veneno, sus ojos emanaban toda la angustia que no era capaz de decir. Harry supuso que él no se había dado cuenta que seguía llorando. Cuando las lágrimas lo salpicaron, él retiró las manos de su cuello y se las limpió con el puño de la camisa.
—Puedo ayudarte.
—¡No quiero tu maldita ayuda, Potter!
Debería haberse quedado con esas palabras y volver sobre sus pasos, pero su necesidad de salvarlo fue mayor. La imagen que tenía frente a él de esos ojos apagados y esa boca temblorosa, borró de un plumazo todos los años de rivalidad que había entre ellos.
Pero sabía que no existían palabras que pudieran convencerlo de decirle la verdad o dejarse ayudar. Entonces hizo lo que Draco Malfoy —ni él— imaginaba.
Lo besó.
Cuando él retrocedió un paso, Harry se lanzó en su dirección como un animal salvaje y, tomándolo del cuello de la camisa como él había hecho con anterioridad, lo estrechó contra su cuerpo. Presionó su boca con fuerza contra la suya en un movimiento más torpe que certero y aguardó su respuesta.
Aquel beso se parecía mucho al que le había dado a Cho Chang en la Sala de los Menesteres el año anterior. Ella también estaba llorando y su mirada se perdía en el espejo donde reposaba la fotografía de un sonriente Cedric Diggory.
Los músculos de Draco Malfoy se pusieron rígidos bajo su tacto. «Si tan solo pudiera quitarle la camisa —pensó Harry sin separarse de sus labios—, podría ver si es un mortífago.» Pero también sabía que, si dirigía sus manos inmediatamente hacia su antebrazo, él lo detendría.
—Sabía que estabas obsesionado conmigo, Potter. Pero no pensé que te gustaran los chicos.
«No me gustan. O no me gustaban hasta este momento,»
Por más que ese beso era una maniobra de distracción, no podía negar que había despertado algo en él. No era indiferente a la calidez que desprendía su boca.
—¿Has tenido sexo alguna vez? —preguntó.
Sus ojos grises pasaron de estar acuosos a ser plata líquida, cargada de lujuria y desesperación.
Pensó que le diría que no, que lo mandaría a la mierda y que lo golpearía por atreverse a sugerirlo, pero Draco Malfoy lo empujó al cubículo más cercano y cerró la puerta detrás de sí. Un sonido gutural purgó de su garganta que tuvo el efecto de un látigo en su entrepierna.
—Apoya las manos contra la pared. Si te llevas a voltear, saldré de aquí y todo el colegio sabrá tus inclinaciones.
Harry tragó saliva con fuerza.
«¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar con tal de descubrir que es un mortífago?» se preguntó. Los dedos largos y pálido se pelearon con la hebilla de su pantalón. Antes de que pudiera darse cuenta, lo tenía sobre sus zapatos. Separó las piernas cuando sintió la mano de él entre sus muslos. Apoyó la frente contra la pared húmeda y contuvo la respiración.
A sus espaldas, Draco Malfoy se desprendió su propio pantalón y abrió su camisa. Le quitó los lentes y los dejó apoyado sobre el inodoro.
La vista de Harry se volvió una nebulosa. La pared del baño se volvió más lejana y las formas, menos definidas. La mano izquierda de Malfoy se cerró sobre la suya y la apretó con fuerza, mientras que la otra lo preparaba para su llegada.
Por el rabillo del ojo, Harry pudo ver una mancha de tinta negra irrumpiendo su pálida piel.
Era la Marca Tenebrosa.
