ADVERTENCIA:

El siguiente fic es irreal y grosero, los personajes célebres son pobres imitaciones y debido a su contenido nadie lo debe leer.


MADE IN ARGENTINA
Autores: Señor Garrison (Paramashiva) y Señor Sombrero (Aphrodita/Hessefan)


Pareja: Shun x Albiore x Argentina (¿?).
Tasado: Inocentemente absurdo.
Sinopsis: Shun tiene un duro y largo entrenamiento con su maestro.


Los días de entrenamiento en la Isla de Andrómeda fueron duros. Shun por momentos sentía desfallecer y pensaba que jamás llegaría a Santo; pero si algo lo motivaba a seguir, además del recuerdo de su hermano y el apoyo incondicional de su compañera de entrenamiento June, era la gran admiración y respeto que le inspiraba su maestro Albiore.

Albiore era exigente, pero a la ves sabio y compasivo. Era dueño de un gran poder, pero al igual que Shun prefería evitar los enfrentamientos. Debido a esto el joven aprendiz de Santo se transformó en su alumno predilecto.

Aunque el Santo de Plata no lo demostraba, estaba convencido que si alguien era capaz de llevar la armadura de Andrómeda ese era Shun, ya que su cosmos era compasivo y cálido, y en él habitaba un espíritu de amor y sacrificio como el de su constelación protectora.

Shun amaba a su maestro, fue por eso que la noticia de su muerte le causó un profundo pesar y dolor, logrando despertar en su interior un sentimiento de furia como nunca antes, provocando la muerte de Aphrodite.

Al hoy Santo de Andrómeda, solo le quedaban los recuerdos y enseñanzas de su maestro. No eran muchas las oportunidades en las que el joven se encontraba solo, siempre estaba Ikki preocupándose por él, Seiya con sus ocurrencias, Shiryu con sus consejos siempre bien dados o Hyoga buscando distraerlo con alguna salida; pero en aquellos momentos que sus amigos y hermano no estaban con él, una profunda angustia invadía todo su ser.

Miraba su fría habitación y de vez en cuando se le escapaba una sonrisa melancólica al ver algunos objetos que le recordaban los momentos bajo la tutela de su maestro. Nunca olvidaría ese día en el que luego de un arduo entrenamiento se acercó a su maestro acongojado.

—Maestro, siento que las fuerzas me abandonan, tengo fe en Athena y sé que usted confía en mí, pero no me siento capaz de llevar la sagrada armadura de Andrómeda.
—¿Qué es lo que te perturba, Shun? —Le preguntó paternalmente Albiore.
—Mi debilidad es no poder levantar mis puños contra Reda, Spika y los demás... sé que eso puede costarme la vida... pero no puedo... por más que lo intente no puedo.
—Te confundes, bondad no es sinónimo de debilidad; lo que tu llamas debilidad es tu fortaleza.
—Ser "bueno" no me va a llevar junto a mi hermano.
—¿Y ser malo, sí lo hará?
—A veces pienso que sí... que es necesario ser injusto con mis compañeros; que tengo que cumplir la promesa que le hice a mi hermano a toda costa. —El joven dijo esto mientras un imperceptible destello rojo apareció en sus ojos—. Y eso me asusta.

Albiore notó en Shun el extraño cosmos que secretamente en su interior luchaba por salir, pero aún era temprano para hablar de ello, no le correspondía interferir en los planes del destino. Lo único que podía hacer era aconsejarle para que ese cosmos siguiera dormido.

—No hagas el mal y no te dominará, apártate de la injusticia y ella se alejará de ti, no pretendas ser juez si no tienes las fuerzas suficientes para reprimir la injusticia, no te acobardes frente al poderoso, no pongas en peligro tu rectitud. Yo te enseño el camino de la sabiduría, te encamino por las sendas de la rectitud. Si caminas, tus pasos no serán impedidos; si corres, no tropezarás; retén la disciplina, no la dejes, guárdala, porque ella es tu guía; no sigas la senda de los impíos; no vayas por el camino de los malos, porque ellos no duermen en paz, porque ellos comen el pan del crimen; la senda de los justos es como la luz del alba.

Shun sintió que las palabras de su maestro lo reconfortaban, esa lucha en su interior parecía llegar a una tregua.

—Gracias, maestro. Sus palabras en verdad me reconfortan... no sé qué sucederá cuando llegue el momento que tenga que enfrentar a mis compañeros, pero le prometo que daré lo mejor de mí.
—Sé que lo harás, Shun, sé que lo harás —dijo el Santo de Cefeo con una sonrisa en los labios. El joven pupilo se quedó callado un momento. Luego, de manera tímida se dirigió a su maestro.
—Disculpe...
—Sí, Shun, ¿qué sucede?
—Sé que esto le sonará extraño e inapropiado de mi parte, pero quisiera preguntarle algo...
—Pregunta sin temor.
—Hay algo que me intriga... yo sé que usted nunca habla de su pasado, pero me gustaría saber más sobre usted... dónde nació, dónde creció, cómo es su país, ¿es lindo?

El Santo de Plata esbozó una sonrisa pícara y comenzó a hablar.

—¡Oh! Sí, mi país es hermoso, tan hermoso como lo es aquí, cada lugar tiene su belleza. A ti te gustaría mucho.
—Lo único que sé de su país es por los libros. Me gustaría conocer aquel lugar que forjó al poderoso y justo Santo que es hoy.
—Tal vez algún día, joven aprendiz de santo, tal vez algún día. —Albiore dijo esto dándole una palmada en el hombro y se alejó de él.

Dos semanas después…

Shun se encontraba entrenando arduamente como todos los días cuando se acercó su maestro vestido de civil.

—¡Shun! ¿Recuerdas lo que estuvimos hablando hace un par de semanas?
—¿Sobre su país natal? —Le preguntó el joven que había pasado esas últimas semanas imaginándose como sería ese país donde su admirado sensei había tenido sus primeras vivencias.
—Sí, estuve pensando que para tu entrenamiento sería conveniente que lo conocieras, así que prepara tus cosas, nos iremos ya mismo.
—¡¿Ya?!
—¿Quieres ir?
—¡Por supuesto! —dijo el inocente joven lleno de emoción— ¡Enseguida voy por mis cosas! ¡Qué emoción, conoceré el país de mi maestro!

Shun parecía un niño al que iban a llevar a un parque de diversiones. No sabía lo que le esperaba. Preparó sus pertenencias mientras que June lo observaba guardar los objetos en una pequeña maleta.

—¿Te irás, Shun?
—Así es —contestó emocionado—. Me iré con el maestro a su tierra natal.
—¿Estás... seguro, Shun? —preguntó su amiga preocupada— Por lo que escuché no es un lugar para alguien como tú.
—¿Alguien como yo? ¿Qué quieres decir?
—Nada, que eres muy... inocente; ¡pero está bien, suerte con tu viaje!

Shun estaba demasiado emocionado para prestar atención, terminó de preparar sus pocas pertenencias y salió velozmente al encuentro de su sensei que lo esperaba con bastante equipaje.

—¿Maestro... porque lleva tantas cosas? ¿Nos iremos por mucho tiempo? —preguntó sorprendido.
—El tiempo que sea necesario, Shun, el tiempo que sea necesario.

La Isla de Andrómeda, al ser un lugar de entrenamiento para Santos, se encontraba apartado de la civilización. Para realizar viajes internacionales era necesario ir hasta Addis Abeba, capital de Etiopia ubicada en la provincia de Shoa, donde se encontraba el aeropuerto.

El viaje en avión duro más de un día y fue necesario hacer varias escalas. Shun notaba como el comportamiento de su admirado sensei iba mutando, comportándose de manera... extraña; aunque seguía siendo el de siempre. Todo transcurría normal, hasta que la voz de la azafata se escuchó por el parlante dando un anuncio.

—Señores pasajeros, le comunicamos que estamos ingresando en territorio argentino, en brevedad estaremos llegando al Aeropuerto Internacional Ezeiza, esperamos sigan disfrutando de nuestros servicios, Lapa les desea buen viaje.

Albiore se levantó y se dirigió apresuradamente al baño. Luego de unos minutos volvió a su asiento y le susurró al oído a su discípulo.

—¿Qué tenés en los bolsillos, Shun?

El joven se sorprendió un poco por la pregunta hecho en un idioma que le resulta infrecuente.

—¿Eh... n-nada, maestro... por qué?
—Guardame esto. —Y le entregó cuatro jabones pequeños, toallitas para las manos y dos botellitas de ron que había sustraído a la vuelta al pasar junto al carrito de la azafata. Shun obedeció sin preguntar, aunque estaba sorprendido del comportamiento de su maestro.
—¡Chhhchchchhc! —Llamó de manera extraña Albiore— ¡Chchchhchc... sssafata... un "wiscacho".
—¡¿Qué cosa...?!
—Un whisky, Shun, un whisky —dijo el maestro como si fuera lo más natural del mundo.
—¿Pero a usted le parece... tomar alcohol?
—Sssss... sí vos supieras. —Hizo una mueca pícara. Shun... sin palabras. Al llegar la azafata con el whisky, Albiore aprovecho para preguntarle.
—Disculpame preciosa, para comer, ¿qué hay?
—¿Pollo o pescado? —Le contestó la azafata con una amplia sonrisa.
—Pollo linda, traeme pollo. —Enseguida la azafata volvió con una bandeja.
—Se ve que sos bastante rapidita, ¿eh? ¿Sos así para todo? —dijo divertido Albiore tratando de ver a través del escote de la chica, quien no parecía molestarle, lo miró a Shun y le sonrió alejándose. El joven aprendiz se quedó sorprendido con la conversación.
—Maestro, ¿qué quiso decir…? —Pero fue interrumpido.
—¿Viste cómo te miró, Shun? —Le comentó con tono cómplice.
—No, ¿cómo?
—¡Ah, pero qué inocente, Shun! Está con vos, vamos, vamos que la agarramos entre los dos.
—¡¿Por qué le quiere pegar?!
—Shun... vos... ya... la... digamos... a ver, para que lo entiendas: vos y June, ya... —Shun se ruborizo entendiendo la pregunta de su sensei.
—Eh... pues, ella una vez lo intentó, pero estaba tan nervioso que...
—¡JUAJUAJUA! ¡¿ASÍ QUE SOS VIRGEN?! —dijo sin ningún disimulo, enterándose todo el avión de la condición sexual de Shun (que por cierto, si hacemos el fic fiel a la historia original, Shun tendría diez u once años, lo cual sería muy lógico, pero en este fic hagamos de cuenta que tiene quince aproximadamente… lo dejamos a su elección). Al observar la bandeja que le había traído la azafata, vio que no solo había pollo, sino también pescado.
—¡Y bueno! —Sacando una bolsita de su equipaje Albiore guardó el pescado— Para más tarde. No lo vamos a tirar, habiendo tanta gente muriéndose de hambre, ¿no te parece?
—Eh... s-supongo, maestro.

Luego de comer como cual oso a la miel (analogía bestial), Albiore se dispuso a hacer la digestión y para sorpresa de Shun se aflojó el cinturón. El joven no realizó ningún comentario al respecto, más allá de parecerle inapropiado. Luego se quitó los zapatos y Shun seguía callado, pero al ver como su maestro colocaba los pies sobre el respaldo del asiento de enfrente, no pudo contenerse más.

—Maestro, ¿le parece apropiado hacer eso? Digo, ¿no le molestará al señor? —Albiore lo ignoró.
—Mirá, Shun: Ahora vamos a llegar a la Argentina. Olvidate de todo lo que aprendiste hasta ahora. No te pienses que acá es como con los japonesitos que te van a saludar con reverencia ni nada de eso, acá se saluda con la mano, y a las mujeres con una palmada en la cola.
—¿A las mujeres eso no les molesta?
—Mirá, Shun, acá las mujeres son distintas, son más... abiertas, ¡je, je! Si a una mujer no la saludas así se te ofenden, son todas iguales, menos mi vieja y mi hermana.
—Si usted lo dice, maestro.
—Bueno, Shun, yo voy a... buscar... un escarbadientes, ya vuelvo —dijo Albiore comportándose de manera extraña, Shun observó cómo su sensei tenía una "calurosa" charla con la azafata, le hacía un gesto con la cabeza en dirección al WC (baño de avión).

"Mmm... el maestro le debe estar pidiendo una almohada, por sus gestos, parece que le duele el cuello", pensó el joven oriental. Luego vio que la muchacha se sonrojaba, el santo de plata parecía insistir en su pedido, apoyó la mano en el marco de la puerta de la sección de las azafatas y gesticulaba mucho con la otra mano.
"Pobre... le debe estar contando de la terrible pelea que tuvo hace años". La joven le dio una violenta trompada en medio de la boca.
"¡Por Athena, ¿por qué le pegó?!", se preguntó Shun sin entender. Hasta que recordó las palabras de su maestro. "¡Ya sé, debe ser porque no le palmeó la cola!"
Albiore regresó a su asiento visiblemente de mal humor, por lo que Shun optó por no decirle nada, sin embargo el Santo de Plata balbuceaba.
—Son todas iguales, vienen se te hacen las lindas y después, nada...

Se escuchó por el alta voz: Señores pasajeros, les comunicamos que en la brevedad estaremos tocando tierra, por favor no olviden ajustarse los cinturones y rezar al Dios de turno, de acuerdo a su religión, y si son ateos jódansen.

—Bueno, Shun, empecemos: Athena, Dionisio, Jesus, Krishna, Buda, Ala, Jame Smith, Lao Tse, Saint Germain, Yoda, Seaman, Kurumada, etc. de los dioses que me esté olvidando ahora... los quiero a todos, protegenos de Lapa... menos a la puta de la azafata.

Al llegar vivos a tierra Albiore le susurró a Shun en el oído.

—Esperá, todavía no bajemos.
—¿Por qué, maestro?
—Esperá y vas a ver... esta es una de las tantas lecciones que tu maestro te ve a dar. Observá... Ahí se van todos. ¡Ahí, Shun, rápido! —Le dijo señalando uno de los asientos— Agarrá esa cartera antes de que se avive otro. —Shun obedeció no muy convencido.

Una vez abajo, el Santo de Plata revisó el contenido, poniéndose contento de encontrar entre pinzas de depilar, tampones, cosméticos: un espejo que de seguro algún uso útil le daría (¿?).

—Maestro ¿para qué quiere esas cosas? Mire ahí parecen estar los documentos. —Albiore se deshizo de ellos rápidamente. Bajando del avión, el maestro se detuvo en seco.
—Ah, por cierto, antes de que me olvide, cero comentario sobre los Santos, el Santuario, Athena y todo eso, y nada de maestro, llamame por mi nombre.
—Sí, maestro. ¿Albiore lo llamo?
—No, acá tengo otro nombre.
—¿Cuál es su nombre?
—Marcelo.
—¿Marcelo?
—¡Agachate y conocelo! ¡Juajuajua!
—¿Cómo, maestro?
—¡No, mentira, mentira! Me llamo José.
—¿José?
—Sí. ¡El que te la puso y se fue! ¡Juajuajua! ¡Qué fácil caés! ¡Era una jodita, no me mirés así! En realidad me llaman Arturo. —Shun, cansado, lo preguntó dudando.
—¿A-Arturo?
—¡TE ROMPO EL CULO! ¡JUAJUAJUA!
—¡Maestro! —dijo Shun con tono de desaprobación.
—Ah, perdón, perdón, Shun... Petea.
—¿Qué?
—Juan Carlos Petea.
—¿Juan Carlos Petea?
—Sí.
—¿Petea?
—Sí, ¿por?
—No, por nada...
—Ahora, Shun, tendrás que cumplir tu primera misión en sagrado suelo argentino —comenzó a explicarle Albiore—. Muchas personas han quedado varadas durante meses, ¡no! ¿Qué digo? ¡Años enteros para cumplir esta misión! Lo que tendrás que hacer es lo que nosotros en la Argentina llamamos: "Busquedeishon of cambeishon" o también conocido como: "buscar cambio para el bondi".
—¿Bondi?
—Bondi: Colectivo, autobús, transporte público, trenes sin vías, barcos que van por tierra, aviones terrosos, tansformers que se trasforman en autobuses, Evas con rueditas, valkyrians (¿?). Bueno, no... solo pensá en autobuses. ¿Sabés lo que es eso? Es como un coso cuadrado...
—Si maes... señor Juan Carlos Petea, ya entendí.
—Bueno, lo que tenés que hacer es ir hasta allá —dijo mientras le indicaba un quiosco— y pedirle al "quiosquero" que te cambie.
—¿Qué? ¿Me cagué otra vez? —exclamó preocupado el joven incontinente (porque era de otro continente, obvio).
—¡NO! ¿O sí? —Albiore olfateó con detenimiento— No, creo que no. A lo que me refería es a cambiar dinero. Buscar cambio. Por ejemplo, este billete de veinte dólares... ponele.
—¡Sí, maestro, cumpliré esta misión con creces!
—¡¿Con quién?!
—¡Que cumpliré esta misión!

Shun, que siempre había sido un alumno muy aplicado, se dispuso a cumplir esa misión con todo su empeño: Se ató los cordones, se acomodó los calzoncillos, se ajustó los tiradores, se acomodó el pelo, se "rascó uno" a lo Michael Jackson, aprovechó que no había nadie y "se tiró uno". (¡¿Qué?! Se lo venía aguantando desde Etiopía y por respeto no se lo tiró), se pintó los labios, elevó su cosmoenergía y salió corriendo al grito de: "¡Yo no fui!".

Llegó a destino y miró al quiosquero que estaba leyendo una revista de la farándula. De mal humor el comerciante le devolvió la mirada, Shun lo miró, el quiosquero lo miró, se miraron... Fue todo una confusión.

—¡¿Qué?! —preguntó el vendedor de mala gana, con cara de "he perdido la pasión por mi trabajo". (¿?)
—¿Tiene cambio? —preguntó Shun penetrándolo con la mirada.
—¿Qué, qué querés?
—¿Tiene cambio de veinte?
—¿Vas a comprar algo? —Le preguntó el quiosquero sin mirarlo si quiera.
—Eh... no.
—Entonces no tengo cambio.
—Digo... sí. —A Shun no le quedaban más opción.
—¿Qué, ahora qué querés?
—¿Cuánto está esa tableta de chicles?
—Cinco —bufo el comerciante.
—Está bien, deme también un refresco.
—¿De qué?
—De... —dudó el joven oriental.
—Dale, pibe, no tengo todo el día. —El vendedor se mostraba visiblemente molesto con la presencia del joven.
—Cola, deme cola. —El hombre arrojó la revista y fue hasta la pequeña heladera a buscar el dichoso refresco.
—¿Cuánto es? —pregunto Shun.
—Siete.
—Sería un total de...
—Trece.
—Disculpe, ¿no sería…?
—Dale, pibe, ¿vas a pagar o no? —El joven aprendiz no tuvo más opción, pagó lo que tenía que pagar y se alejó rápidamente del lugar para encontrarse con su maestro.
—¿Y, Shun...? —Albiore levantó los pulgares— ¿Misión cumplida?
—Sí, maes... Juan Carlos Petea —dijo orgulloso Shun.
—Bueno, dame la plata y vamos a tomar el colectivo. —Andrómeda le entregó el dinero con una sonrisa en los labios.
—¡¿PERO QUÉ, SOS ESTUPIDO?! —El Santo gritó, pero luego trató de calmarse, no era cuestión de andar comportándose como un Ikki cualquiera—. No trajiste monedas... ¿qué te dije, Shun? Monedas, Shun, monedas.

Shun no recordaba que su maestro le hubiera pedido monedas, pero bueno, seguramente sí se las había pedido y él se había olvidado. Ya llegaría su castigo por el error cometido: autoflagelación con una cadena... mil cadenazos.

—Bueno, no importa, ahora dame el resto de la plata.
—¿Su armadura?
—No, Shun... la plata: de monei, el dinero. —Shun sonreía.
—¿Qué dinero maestro?
—¿Qué-carajo-compraste?
—Unos chicles y este refresco.
—Te cagaron.
—¿Qué? ¿Me cagué de nuevo?
—No, Shun... el vendedor te estafó. Digamos... te cagó. —Albiore se encaminó al quiosco escoltado por el joven aprendiz de cadena, al llegar increpó al quiosquero con el pulgar en el mostrador:
—Escuchame, ¿yo te mando al pibe y vos me lo estafás?
—No, fue un malentendido (¡qué buen fic!) Señor... ¡¿cómo puede pensar eso?!
—Soy argentino y pienso lo que se me da la gana.
—Es que este coreanito no me entendió bien, se fue sin esperar el resto del cambio.
—¡Mentira! —exclamó Shun.
—Shhh... vos dejame esto a mí —le dijo su maestro—. Por empezar, esto que ve acá, así como lo ve, no es coreanito. Segundo, hablale lento, porque le cuesta, no entiende muy bien.
—¿Qué, es retrasado? —preguntó el vendedor.
—No, es "ponja".
—¡Ah!
—Sí, soy un anime —agregó Shun con una sonrisa.
—¡Ah! ¡Con razón! Se nota. Tiene ojos demasiado grandes para ser japonés.

Shun decidió dejar conversando a su maestro con su nuevo amigo y buscó desesperado un baño que, dicho sea de paso, buscar un baño en el aeropuerto de Ezeiza es como buscar agua en el desierto del Sahara... Connor.

Al regresar Shun se encontró con el susodicho quiosco... ausente. En su lugar había solo escombros; como un pueblo devastado por un tornado.

—Shun, ¿dónde te habías metido? Dale, apurate que se pudrió todo, nos tenemos que ir.
—¿Que pasó, maestro Juan Carlos Petea?
—No me vas a creer... Shun, no voy a mentirte. —Albiore se quedó callado—. Vamos.
—¿Pero qué fue? ¿Un Toonami?
—Sí. Algo así, una porquería... sacaron Saint Seiya del aire.
—¿Qué?
—Menos averigua Dios y más perdona. —Ambos, discípulo y maestro, escaparon al grito de—: ¡Vuelvan a poner Saint Seiya!

Llegaron a la parada del autobús y esperaron pacientemente... una, dos, tres horas el dichoso transporte. Shun vio cómo se acercaba un ómnibus Mercedes Benz del año jurásico, que todavía traía estalactitas de la última glaciación (ponele).

—¿Cuánto? —dijo el colectivero con cara de haber estado trabajando desde la última glaciación.
—Dos del mínimo.
—¿Hasta dónde van?
—Hasta acá nomás. —Al llegar a los asientos Albiore le susurró al oído al joven aprendiz—: Bien, Shun, comencemos a rezar a nuestros dioses... comenzando por Kurumada, nuestro creador, seguido por Dionisio. ¿Y quién? Me estoy olvidando de... de alguien.
—Athena, maestro Juan Carlos Petea.
—¡Ah, cierto! Athena... para que el chancho no suba.
—No, que ahí está Athena, mire... ¡Mentira! ¿Los animales pueden viajar en autobús?—preguntó curioso Shun. Albiore en un principio no entendió, pero luego descubrió a qué se refería.
—Ah, no... chancho se le dice al guarda, el inspector de este vehículo. El tipo que pica los boletos. Y antes que me preguntes... acá no hay baños.
—¡Oh!
—Es el agua, ¿viste?
—¿Eh?
—Siempre cuando cambias de regiones el agua te pone... flojito.
—Ah.
—Esperá a probar los mates.
—¡Uh!
Albiore seguía con sus explicaciones cuando repentinamente subió el "chancho". ¡Chanchanchan!
—¡Shun!
—¡Ah! ¡¿Qué?!
—Nada… ¡hay vino, hay vino!
—No, no hay vino.

El "chancho ya había visualizado a esto dos personajes... de anime por supuesto, desde que Albiore comenzara a gritar, sin dejar de lado la caballera verde del joven aprendiz.

—¡Hay vino el chancho!
—Esa marca de vino no la conozco.
—¡Que ahí subió el chancho!

El famoso: "chancho" o Babe como prefieran llamarlo, estaba parado al lado de ellos.

—¡Shun, hacete el dormido! —Albiore comenzó a roncar estrepitosamente y Shun lo imitaba.
—¡Boleto, porrr favorrr!
—No tenemos, señor chancho. —Shun cagaba el perfecto y elaboradísimo plan de su maestro.
—¡Vamo', bajensen!
—¡¿Cómo que no tenemos?! —preguntó Albiore.
—Los usé de papel higiénico.
—Pero acá no había baño.
—Pero ahora sí, maestro Juan Carlos Petea.

El señor chancho los bajó a los dos al grito de: ¡Bajensen chico bajensen! Emprendieron la caminata hacia la estación de trenes cantando y bailando cual puertorriqueño homosexual, "living la vida loca". Al llegar a la estación se detuvieron en la plaza que había enfrente.

—Buen, Shun, ahora te voy a enseñar una de las legendarias técnicas traída directamente por los inmigrantes italianos llamada: "Me colare en el trene".
—Lo escucho, maestro.
—Primero, Shun: Mirás hacia todos lados disimuladamente —dijo Albiore y comenzó a mover la cabeza acompañada del torso como cual marmota en su hábitat—. Observá el movimiento cinturil, con el disimulo del camaleón y la gracia del pingüino.
—¿Así está bien? —le preguntó el aplicado discípulo tratando de imitar los movimientos de su instructor.
—Excelente, Shun, mientras observamos al "chanchore", o sea el guarda, en nuestra mente repetimos el mantra "¿?" , seleccionamos una de las dos técnicas: La primera "Seme vane il trene, no tengo tempone para mostrarte il boletone", que en castellano significa "se meva el tren". Y la otra "No garpare, mejore me paso por el huraco... re", que significa "paso por el agujero que hay en el alambrado para no pagar".

Shun estaba asombrado por los consejos de su mentor, tratando de grabar en su memoria cada palabra. Maestro y discípulo seleccionaron la segunda técnica. Una vez en el tren, Shun se sentía como cual montaña rusa, o nunca mejor dicho -y no me baso en absolutamente en nada- en un viaje infernal con destino al Averno... ¡porque hacia un calorrr! ¡Y un olorrr! A base de puñetazos, patadas, pisadas, puntapiés y codazos se abrieron paso a los asientos.

—¿Querés chipá?
—¡¿Qué?!
—Chipá, pan con queso. —Casualmente pasaba un vendedor vendiendo "eso"—. Es una comida paraguaya, aunque también es argentina —comentó sin que ninguno de los dos se inmutara por eso.
—Bue... no
—¿Sí o no? —Shun, tímidamente aceptó—. Dame uno —pidió Albiore al vendedor. Shun, tímidamente agradeció—. Un peso, qué afano. —Shun, tímidamente engulló el extraño alimento—. Y... ¿te gusta? —Le preguntó. Shun, tímidamente negó—. Bueno, dame que yo tengo hambre. —Shun, tímidamente extendió su mano dando el chipá. El viaje siguió y al cabo de unos minutos Shun sintió que su tímido intestino comenzaba a rugir cual león en el fic de Gehiminis. Shun, tímidamente se sonrojó—. Shun, ¿estás bien? —Shun, tímidamente negó— ¿Qué pasa? —Shun, tímidamente se agarró el estómago— ¿Te duele la panza? —Shun, tímidamente comenzó a sudar frío—. Bueno, ya llegamos, falta poco, aguantá... ¡NO TE VAYAS! ¡NO ME DEJES, NO ME ABANDONES! —comenzó a gritar Albiore— ¡SE ME MUERE! —No sorpresivamente nadie prestaba atención.
—Lo siento... —Shun, tímidamente se disculpó.
—¿Qué, Shun?
—Lo siento. —Y Shun, tímidamente, se cagó.
—¡OH, POR DIOS! —exclamó como cual exclamación de Athena, Shun pudo haber devastado el universo todo con su enorme "big-bang" interior.

Cuando el tren se detuvo la mayoría ya se había escapado por las ventanas de la mortífera peste, cual arma biológica lanzada por a país tercermundista no cristiano. Por suerte las puertas se abrieron rápidamente y no hubo heridos de gravedad; recién ahí hubo suficientes asientos libres.

Ya estaban a punto de llegar a destino: la estación Constitución. A Shun todavía le quedaba mucho. Albiore comenzó a preparar a su discípulo para lo que sería, tal vez, la prueba más dura desde que llegaron al país. Como cual general Patón antes del desembarco de Normandía comenzó a dar las recomendaciones pertinentes.

—A continuación, ni bien se abran las puertas, deberás abrirte paso entre la multitud. ¡Olvida todo lo que aprendiste hasta ahora, deja tu bondad de lado! Si es necesario: ¡empujá, pateá, golpeá, escupí! O si no podés esperar a que todos bajen primero y se maten entre ellos, pero debido a tu situación intestinal no puedes esperar. —Albiore tomó a su discípulo por los hombros— ¡Además, no lo olvidés!: No tenés boleto, no-tenés-boleto. Y hay seres malignos que pugnan porque esa condición no sea así, seres malignos de corazones podridos, llenos de caquita, también conocidos como guardas, que van a pedir tu boleto, que no tenés, cuando quieras pasar por donde debería haber molinetes, que no hay porque a la empresa le es más barato pagarle a un infeliz sin sueños ni futuro que poner una maquinita a la que uno la puede saltar. A todo esto, ¿en qué estaba?
—Estaba en que...
—¡Ya se! ¡No me interrumpas! Mezclate entre la gente, ¿ves? —señaló— Así como ese hombre con pasamontañas.
—Pero qué, maestro... ¿tengo que robar billeteras también?
—¡No! Un momento. ¡¿Qué?! ¡¿Está robando billeteras?!
—Sí, mire, maestro.
—¡Pero qué hijo de puta! Bueno, algo así, pero olvidate de la parte de las billeteras, mezclate entre la gente para pasar desapercibido y así evitar que el guarda te pida boleto, aunque va a ser difícil ya que sos un animé, tenés el pelo verde... y tu olor es insoportable; pero esto recién empieza: ahora, Shun, viene la parte más difícil, prestá atención... Una vez que pases la primera Casa, digo, prueba, te vas a encontrar del otro lado, lo que nosotros llamamos "the other side", deberás abrirte paso esquivando pungas, mendigos, vendedores que habrá a diestra y siniestra, que querrán despojarte de tu equipaje, tu dinero, tu dignidad... luego, observando a tu derecha, deberás encontrar, utilizando todos tus sentidos de Santo, aunque vos no sos Santo, en cambio, yo sí... por cierto uno de Plata y muy poderoso, casi el decimotercer Santo de Oro; pero bueno, no estábamos hablando de mí, sino de tu intestino generoso. Como te iba diciendo deberás usar tus sentidos, sobre todo el olfativo, para hallar el baño. Te encontrarás con tu primer obstáculo: una escalera, o lo que nosotros llamamos: "la escalera del baño", ¡pero cuidado, Shun! No es cualquier escalera... es... La escalera del baño. Solo puedo decirte una cosa... una cosa. Ah, no, eso no era... solo te diré una cosa: ¡no!... No es agua lo que está en el piso... ¡No preguntes, Shun!... No querrás saberlo. Cómo te explicaba, la escalera del baño se encuentra en un estado como si llevara miles de años ahí. ¡Pero te advierto Shun! Deberás tener equilibrio como una cabra en la montaña, y cuando llegues abajo, no te confundas, no es el infierno, las luces tal vez no funcionen y los hedores y ruidos parecerán propios del mismísimo Averno. Ve y haz todo lo que debas hacer. ¡Ah! Una cosa más: Olvidate de la respiración, yo sé lo que te digo, por más que la falta de oxígeno en tu cerebro te provoque el desmayo... ¡no respires! —Albiore levantó los pulgares en señal de apoyo—. Duro con ellos, Shun... ¡por Athena!

Shun prestaba especial atención a los consejos de su maestro.

—¿Has entendido, joven aprendiz?
—N-No.
—Bueno, en resumen: cuando salís de acá, a tu derecha está el baño.