— Ray... ¿Tú crees en la magia? — le preguntó Emma, esa mañana al despertar y encontrarlo despierto leyendo un libro sentado en el porche de la casa de su abuelito.
Además, no había realmente alguien con quien hablar. Pues incluso su abuelito yacía durmiendo.
Ray, que estaba sentado en la madera del porche con una frazada sobre sus hombros mientras leía su libro, pasó la página de su libro, meditabundo hasta finalmente responder con un:
— Sí y a la vez no.
La pelirroja lo miró curiosa, tomando asiento a su lado. Ray memorizó el número de página donde se quedó, cerrando el libro para dejarlo en su regazo e instó a la chica a acercarse más para cubrirla con la frazada; terminando por compartirla.
Emma sintió está acción tan familiar que no pudo evitar sentirse acogida y a gusto ahí. Sólo no se acurrucó porque tal vez Ray se incomodaría, conformándose con el hecho de que le dejó estar cerca y compartió la frazada con ella.
(Al menos, por ahora).
— ¿Crees y no en la magia? ¿Por qué?
— Porque la magia no tiene lógica y simplemente es algo que no puede explicarse. Aunque... De donde vinimos, había algo que se asemejaba a la magia, a pesar de que la veía con mis propios ojos, no podía explicarme cómo funcionaba — rió ligeramente —. Y me frustraba bastante en ese entonces.
La mirada amatista oscura era nostálgica. Y bonita.
— Bueno, a ti te gusta que las cosas o hechos tengan una razón de ser, Ray — le respondió Emma con una pequeña sonrisa, mirándolo de reojo.
— Difiero... Hay algo que me gusta que no tiene mucha lógica y, también se siente como magia.
— ¿De verdad? ¿Y qué es?
Ray la miró un rato, para luego sonreír mostrando los dientes y colmillos, y travieso añadió —: ¿Estás segura de querer saber?
— Sí, porque es como magia, ¿No?
— Mmm, algo así — repuso él, mirando hacia otra parte mientras se encogía de hombros sin borrar su sonrisa —. Pero tal vez, si cierras los ojos, pueda ser magia.
— ¿De verdad? — preguntó ilusionada, vislumbrándose la emoción en sus esmeraldas. Haciendo sentir ligeramente culpable a Ray, siendo también esto una muestra de que no podía retroceder a su palabra y mucho menos, huir.
— Dije tal vez, así que no esperes demasiado.
— Bueno, entonces... ¿Cómo es esta magia?
Ray sonrió de medio lado.
— Es mucho más sencillo de lo que crees, antena. No te esperances demasiado.
— ¡Ya dime Ray! — rogó impaciente, alzando un poco la voz. Pues si gritaba seguramente despertaba a los demás, y siendo sincera, ella no quería espectadores ni compartir su tiempo con Ray.
El pelinegro volvió a reír ligeramente antes de hablar, tranquilo, sin siquiera inmutarse por la impaciencia de la pelirroja —. Bueno ya que tanto insistes, cierra los ojos primero — y antes de que la chica pronunciara palabra, habló de nuevo —. La magia no va a funcionar si tienes los ojos abiertos.
Resoplando y con una mueca impaciente así como también un ceño fruncido, cerró los ojos.
— No vale espiar — recibió un monosílabo como respuesta, haciéndolo sonreír divertido.
Emma se mantuvo tal y como Ray le había pedido, perdiendo un poco la impaciencia de antes pero sin dejar de sentirse ansiosa y a la expectativa.
Sorprendiéndose al sentir sus dedos entrelazándose con los suyos, amoldarse. Y como Ray le había dicho que mantuviera los ojos cerrados, permaneció así; disfrutando del calorcito que le era proporcionado.
¿...Esto de verdad era magia?
— Umm, Ray...
— ¿Sí...?
—... Esto, no se siente como magia.
Ray que también había cerrado los ojos, sonrió medianamente, melancólico.
—... Sí, tienes razón. Pero... Esta es toda la magia que sé.
(Y que tú anteriormente me dejaste).
—... Ya sé cómo podría ser magia, Ray — los dos seguían con los dedos entrelazados y los ojos cerrados, por lo que Ray no notó la sonrisa que Emma le dedicó. Le dio un apretón suave antes de volver a hablar —. Pero debes tener los ojos cerrados.
— Los tengo — respondió riéndose brevemente.
— De acuerdo... Aquí voy.
Emma abrió por un pequeño minuto los ojos, observando el rostro sereno de Ray. Sonrojándose y pidiendo disculpas a su abuelito y a Ray por lo que iba a hacer, y acercando su rostro al punto de rozar su nariz con la suya, volvió a cerrar sus ojos, acortando la distancia.
Uniendo sus labios en un beso.
Estaba nerviosa y tenía miedo, el corazón latiéndole como prueba de ello. Después de todo...
Ni siquiera le había pedido permiso para besarlo, y lo que estaba haciendo era como si estuviera aprovechándose de él.
Pero esto se sentía bien...
Terminó el beso, cubriéndose el rostro con ambas manos, volteándose al frente con la cabeza baja.
— L-L-Lo siento mucho Ray... Y-Y-Yo, no tengo excusa, perdón.
—... ¿Te digo algo?
—... ¿Sí?
— Eso, fue mejor que la magia que te enseñé... Oye, mírame.
Emma lentamente volteó a verlo, quitándose las manos del rostro y sin previo aviso, un beso le fue devuelto.
(Y en definitiva, fue magia. Aunque sólo se tratase de un beso).
Nota: Cursi pero lindo sí.
