Epifanía.
Por: Vampisan86.
Capítulo I.
El Príncipe.
Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, todo es propiedad del mangaka Akira Toriyama y compañía. Lo único mío es la trama.
Advertencia: No sé si la historia entra como un "What if?" O "Au", pero las personalidades pueden no estar apegadas a las originales (tampoco exageraré al ponerlos ridículos).
Muy en el fondo sabía que su corazón había intuido lo que estaba sucediendo. Apenas estaba anocheciendo en el planeta, no había luna en esa ocasión, como si se tratara de una simbólica señal. El lugar estaba en un silencio desolador, desde su posición no podía percibir a los guardias que debían vigilar los pasillos del palacio.
Las lágrimas brotaban de sus ojos cerúleos, caían silenciosamente sobre sus mejillas y dejaban su rastro impregnado en su infantil rostro. Su respiración era errática pero luchaba por mantenerse en total mutismo. Su pequeña mano se aferraba a su capa roja mientras su cuerpo se pegaba contra la pared a un lado de la gran puerta de roble para escuchar mejor la conversación proveniente de los aposentos de su padre.
—Finalmente lo hizo —dijo una voz gruesa, demasiado estupefacta. —Era cuestión de tiempo, debí vigilarlo mejor.
El Rey Vegeta se calló, en su rostro se apreciaba molestia, cualquiera diría que estaba furioso pero solo un ojo entrenado podía percibir que tras esa máscara de ira se escondía un hombre herido, abatido. La incredulidad y el dolor eran dos sensaciones que pasaban por sus ojos carbón.
En la extensa habitación pulcramente ordenada, sobre la gran cama de seda un cuerpo totalmente inmóvil reposaba. Parecía que la persona dormía profundamente emanando pura tranquilidad, sin signos de preocupación, sin embargo; el pecho permanecía sin movimiento. No respiraba. Era una clara señal de lo obvio. Sobre la cómoda se hallaba un frasco de hierro, un material resistente como si el contenido no pudiese ser transportado por otro objeto.
Todos sabían la humillante verdad, pero nadie se atrevía a verbalizarlo. Simplemente la denshorosa escena hablaba por sí misma. Para una gran raza de guerreros obtener aquel final no era digno y menos si provenía de la realeza.
Suicidio.
No se molestaron en averiguar la razón por la que el hombre había llegado a tomar aquella decisión, era notorio el porqué. Como se había mencionado, era cuestión de tiempo, la irresponsabilidad recaía en la familia real o al menos eso querían creer pues la culpa se palpaba en el ambiente. El hombre en cuestión tenía treinta y nueve años, era lo suficientemente adulto para comprender el significado de lo que ejecutaba, claro, una persona con depresión no era racional.
—Quiero que se informe que el Príncipe Vegeta se sacrificó por las tropas en batalla —pronunció el Rey con un hilo de voz.
Nappa, que era uno de los que se encontraba en compañía del Rey junto a Tarble, asintió en total acuerdo ante la orden.
—Que empiecen los preparativos para el funeral. Vegetasei entrará en luto por una semana —terminó el monarca, se notaba que luchaba por decir las palabras.
Los tres hombres cayeron en un profundo silencio, aún anonadados por los hechos. Se compartía el dolor en aquella habitación, cada uno lidiando con ello como mejor podían. Su Príncipe heredero se había suicidado.
Afuera de la alcoba real, el niño de cabello lavanda se limpió furiosamente las lágrimas y se echó a correr tratando de no hacer ruido y llamar la atención. No podía dejarse ver por ninguno de los adultos pues ya era muy pasada la noche y se suponía que debía estar durmiendo en lugar de escabullirse por los pasillos del gran palacio.
Con un objetivo en mente se dirigió a su escondite en busca de las siete esferas que había recolectado con anterioridad.
Hace un año cuando se encontraba en una visita por el pueblo en compañía de su tío Tarble había conocido e interactuado con esclavos originarios del planeta Namek. Eran seres verdes que se parecían mucho.
A su comprensión no llegaba la razón de su inmensa curiosidad, pues sabía que la realeza no se distinguía por aquel rasgo y nadie se había tomado la molestia de explicárselo. Por ello, cuando observó una pequeña bola naranja con una estrella su mente simplemente le indicó que debía obtenerla como si aquel objeto estuviera conectado a él de alguna manera.
El namekiano que fungía como vendedor en aquel mercadito le miró con terror, la insignia en su traje dejaba entredicho que era perteneciente al linaje real saiyajin, por lo que le regaló la esfera sin chistar y le contó una popular leyenda que había oído de un planeta lejano llamado Tierra. Todo eso para que el pequeño Príncipe se alejara lo más pronto posible pues no quería ser punto de atención de aquella familia que se dedicaba a erradicar planetas y esclavizar razas.
Ignorante de la mala impresión del namek,Trunks guardó la bola y no se lo enseñó a su tío ni a nadie por temor a que lo tacharan de ser un bebé crédulo, además de no querer un regaño por rebajarse a hablar con los esclavos en plan de camarería. En los días posteriores visitó los laboratorios del palacio a escondidas, para crear un radar que rastreara las esferas restantes y fue así como emprendió su aventura por las noches a espaldas de todos, más específicamente de su padre.
A lo lejos escuchaba las trompetas marciales, era una melodía nueva para él pero por sus clases privadas sabía lo que significaba: Aviso de funeral real.
El niño sabía que era cuestión de tiempo para que su abuelo, el Rey, enviara a los soldados para buscarlo ya que él siendo hijo del Príncipe fallecido debía estar presente. Técnicamente todos los habitantes de las clases sociales debían hacer acto de presencia y mostrar el debido respeto.
Siempre supo que su padre no lo quería, todas las ocasiones en que casualmente coincidían era evidente el odio que su progenitor le guardaba. De hecho, jamás dejaban que él y su padre estuvieran juntos, siempre tenía a los guardias alrededor por si al Príncipe se le ocurría atacar al niño. Curiosamente, si el Príncipe exigía que los guardias se fueran y lo dejaran a solas con su heredero no le hacían caso, era la única orden que podían darse el lujo de desobedecer pues el Rey había anunciado públicamente que al Príncipe Vegeta se le había retirado el derecho para emanar órdenes, claro, en algunas circunstancias.
Trunks le tenía profundo temor a su padre y le dolía saber que el amor que él sentía por él no le era correspondido. Su abuelo siempre fue el encargado de educarlo junto a su tío ya que parecía que a su padre le importaba muy poco, por no decir que no le importaba en absoluto, su bienestar. De hecho, cada que el Príncipe Vegeta veía a Trunks en un descuido de los guardias o de su abuelo y tío, éste gruñía ferozmente y le miraba con profundo reproche, como culpándolo de su dolor y cuando parecía que estaba decidido a matarlo algo lo detenía abruptamente, se bebía todo el alcohol y se marchaba del palacio por varios días y nadie sabía de su paradero. Era muy conocido que su padre era el guerrero más poderoso y si él se disponía a eliminarlo no había nada que pudiera impedirlo, solo mera voluntad.
Recordar a su padre ahora muerto le provocó un llanto desgarrador. Para un niño de cinco años vivir con un padre que a cada rato le escupía a la cara que lo prefería muerto era doloroso. Por lo poco que sabía del Príncipe era que Vegeta había sido uno de los dos saiyajin en alcanzar el nivel legendario, era un excelente guerrero, el único súper saiyajin que quedaba pues el otro había muerto de una enfermedad.
Saber que su padre había fallecido en batalla era terrible, sobretodo porque todos en el planeta conocían que el Príncipe no entrenaba jamás, no estaba en forma para luchar, al menos eso recordaba. Él se la pasaba sumergido en la bebida y en las apuestas, salía del planeta a misiones suicidas y era más un estorbo para el ejército que un apoyo, al menos eso había escuchado decir a su abuelo y a algunos soldados. Últimamente se le había prohibido la salida del planeta y se la pasaba hundido en alcohol y en otros vicios que nadie le decía, así que se le hacía muy extraño que muriera en batalla… Tal vez el enemigo llegó a Vegetasei, dedujo Trunks.
El niño de cinco años calmó su llanto, se secó las lágrimas y miró las bolas esparcidas en el suelo rocoso. Imploraba que la leyenda fuera cierta y que aquel namekiano no le hubiese engañado.
— ¡Sal de ahí gran dragón y concédeme mi deseo! —Exclamó con júbilo, pues era la única esperanza que tenía.
Sorprendentemente las siete esferas brillaron, Trunks se alejó por instinto, no sabía lo que se suponía debía ocurrir a continuación. Como era de noche nadie notaría que alguien había invocado a una gran criatura mítica. Tampoco es que fuera de conocimiento público que existía la posibilidad para poder hacerlo, simplemente el pequeño había tenido la dicha de coincidir y conocer aquella leyenda.
Al instante, de las bolas emergió un gran dragón que se posó a lo ancho del cielo, la apariencia era irreal pues se mostraba con cuernos de ciervo, dientes afilados, piel escamosa verde, ojos rojos y un cuerpo serpentino sumamente largo. La verdad era que el pequeño no estaba seguro de qué esperar pero aún así no pudo evitar sorprenderse, se sintió diminuto frente al gran Dios Dragón.
—Has reunido las siete esferas, puedo concederte un deseo, mestizo.
Trunks se sobresaltó al escuchar la imponente voz del dragón. Aún no podía creer que realmente una deidad se hallara frente a él. Con temor miró al suelo, se sentía profundamente cohibido.
Por supuesto que sabía el deseo que quería pero en esos momentos simplemente no entendía bien lo que sucedía, su potencial mente brillante se quedó en blanco. Rememoró lo último y algo de lo que dijo el dragón retumbó en su conciencia ¿Mestizo? Mmm, ¿Por qué le habría dicho así? Él era un saiyajin, era el Príncipe heredero por derecho. Alzó su mirada para corregirlo pero se mantuvo en silencio al recordar que de hecho era el único saiyajin con el cabello y ojos de color diferente. Nunca nadie le había explicado el porqué y la verdad es que a nadie parecía importarle. Aquello entraba a su larga lista de extrañezas que nadie le explicaba porque, en las palabras de los adultos, aún no tenía la edad suficiente para comprender.
—Expresa tu deseo mestizo, no tengo el tiempo para esperar.
La voz interrumpió sus pensamientos. El niño saltó en su lugar en sorpresa, olvidándose de sus delirios. Para ser el Príncipe, la verdad es que no se comportaba como un saiyajin del todo, pues su conducta muchas veces difería a los comportamientos habituales, es decir, tenía una tendencia a la imprudencia, y era a todas luces transparente.
— ¡Oh Gran Dragón, deseo que mi padre el Príncipe Vegeta reviva! —Exclamó alzando ambas manos al cielo, como si aquel gesto le fuera a dar más vida al deseo.
El dragón no se inmutó tras escucharlo. —Lo siento mestizo, pero aquel deseo está fuera de mi alcance ya que la muerte fue natural.
Al niño se le aceleró el ritmo cardíaco, las lágrimas amenazaban por salir de sus ojos nuevamente. Oh no, se lamentó. Miró al suelo sin saber qué más hacer pues no tenía un plan b y tampoco sabía que el Dios Dragón tenía un límite en sus poderes, ¿Qué no se supone que los Dioses eran omnipotentes? Se cuestionó con irritación.
Su colita ondulaba a su alrededor en señal de tristeza, aquello era un mal hábito que había desarrollado y molestaba mucho a su abuelo pero en esos momentos no podía evitarlo. La esperanza se le escapaba de las manos. No quería aceptar el hecho de que posiblemente no existía solución para su desgracia.
Nunca había conocido a su madre, no sabía nada de ella excepto que se llamaba Bulma y se había ido del planeta dejándolo con su padre que a todas luces no lo quería. Desde que tenía uso de razón se cuestionó un sin fin de veces si su madre tampoco lo había querido pues no se explicaba porque jamás había vuelto para buscarlo. Su abuelo y tío le contaban que tanto su padre como su madre en su momento se amaron y fueron felices pero jamás le terminaban de decir algo más. Era como si el tema estuviera tácitamente prohibido. Nadie hablaba de aquello.
De repente una idea se le cruzó por la mente, sin pensar realmente lo que estaba haciendo alzó su mirada con decisión y le gritó con todas las fuerzas al Dios Dragón:
— ¡Deseo despertar con mi padre como cuando quería a mi madre!
Al instante los grandes ojos rojos del dragón se iluminaron. Tal vez las palabras escogidas por el pequeño no eran las adecuadas para pronunciar su anhelo, por desgracia era ignorante de que aquel dragón solía equivocarse a la hora de conceder los deseos tal cual.
—Tu deseo ha sido concedido, mestizo. Es momento de retirarme.
Con eso dicho, el dragón desapareció y las sietes bolas se convirtieron en piedra elevándose hacia el cielo para esparcirse alrededor del planeta a dirección de diferentes puntos.
Trunks esperó pacientemente unas horas sentado en una gran roca. Cuando se dió cuenta que nada había sucedido se echó a llorar con todo el dolor que su corazón expresaba.
La melodía fúnebre se seguía escuchando alrededor del planeta en clara señal de que había sido terriblemente estafado y el deseo no había sido concedido. Se sintió estúpido de repente, como se fue a creer que sucedían cosas mágicas, era ilógico.
Sacó de su armadura real el radar que había creado y lo estrujó en su mano con todo el odio que tenía pues esa pequeña máquina inservible había representado esperanza. Una esperanza que solo los débiles poseían. Su abuelo tenía razón al decir que tenía un corazón puro y eso significaba desventaja a la hora de las batallas. Curiosamente recordó que su padre había pedido en una ocasión cuando se encontraba ebrio que mantuvieran su corazón puro, en su momento le pareció extraño pero no podía preguntarle a su abuelo lo que quiso decir ya que se suponía que él no debía haber oído aquella plática, entonces el pequeño había concluido que era genuina preocupación de su progenitor y que muy en el fondo si lo quería. Su mente era muy inocente para darse cuenta que se equivocaba dolorosamente.
Un trueno lo sacó de sus pensamientos, decidió dirigirse al palacio para darle el último adiós a su padre y decirle que donde sea que estuviera lo quería.
Cuando el pequeño Trunks ingresó al palacio se esperó encontrar a todos reunidos en el lugar, sin embargo, aún era ignorante del protocolo a seguir para aquellas ocasiones por lo que no sabía que era al día siguiente toda la ceremonia.
Con tristeza caminó por los pasillos, la noche era profundamente oscura y no se escuchaba nada alrededor, misteriosamente la música había cesado. Con sumo cuidado abrió las grandes puertas del dormitorio de su padre, aún albergaba miedo en su interior por la pequeña posibilidad de que él se levantara en cualquier instante, lo mirara con intenso odio para luego abalanzarse iracundo hacia él y golpearlo como lo estuvo a punto de hacer en una ocasión. En aquel momento no tenía la protección de nadie, era un blanco fácil para la furia de su padre y dudaba mucho poder tener la habilidad de huir de él aunque estuviera sumamente ebrio.
No sabía qué esperar una vez estuvo dentro, su padre no parecía haberse movido ni un poco. Armándose de valor caminó a la gran cama a un lado del guerrero, se subió a la misma y quedó de rodillas. Lo miró, él parecía serenamente dormido, como si nunca en su rostro se hubiera dibujado una expresión de dolor.
Miró alrededor y observó el frasco de hierro con etiqueta morada, supuso era alcohol por el pestilente olor que desprendía. Nunca le había encontrado la lógica al gusto de beber aquel líquido, para él era desagradable el mero olor, no se imaginaba el sabor ni quería hacerlo. Ignoró la botella y dirigió su mirada al cuerpo de su padre. Notó que no parecía que hubiera estado en batalla, se le veía limpio y sin heridas, muy extraño. A lo mejor ya lo han venido a arreglar, pensó el niño sin darle muchas vueltas al asunto. Al bajar la mirada al resto del cuerpo se percató que en la mano enguantada del guerrero se hallaba un extraño collar junto a lo que parecía una cápsula pequeña y blanca, no tuvo que pensar demasiado para cersiorarse que se trataba de la cápsula personal de Vegeta, esa que siempre tenía cuando estaba borracho en su habitación mientras lloraba. Sabía que aquel objeto contenía dos cuadernos de color negro y morado junto a unas cuantas fotografías y misivas pero jamás tuvo la oportunidad de leer de qué se trataban. Sin saber porqué, tuvo la inmensa necesidad de tomar ambos artilugios y guardarlos en su armadura antes de que alguien más lo hiciera. Algo le decía que debía quedárselo, pues sería lo único que tendría de su padre para recordarlo.
De repente se sintió abatido, pues la realidad le pegó en aquel momento, su padre no iba a despertar. Su mirada seguía triste y su rostro se encontraba empapado de lágrimas pero en aquel momento su ceño se frunció profundamente dándole todo el aspecto de ser el hijo de Vegeta, se parecían horrores. Se sintió furioso repentinamente y apretó los puños. Quería gritar pero no sabía bien porqué. Un dolor agudo se concentró en su pecho, la realidad lo abrumó. En aquel momento la torrencial lluvia inundó el planeta.
El llanto se apoderó del pequeño mientras la furia luchaba por dominarlo, un grito desgarrador cubrió aquella sección del palacio y una luz dorada iluminó la alcoba. No obstante, nadie pareció percatarse de la elevación de poder en la alcoba del Príncipe fallecido. Sin embargo, Trunks supo lo que le estaba sucediendo pero el cansancio fue mayor y lo sometió. Tan rápido como la transformación le alcanzó fue como se apagó, el niño cayó a lado de su padre en un profundo sueño. Ambos Príncipes se hallaban por primera vez juntos en total calma, uno por haber conseguido lo que desde hace años anhelaba y otro por haber huido de su miseria que desde hace cinco años perecía.
N/A: Holaaaaaaa. Esta idea se me ocurrió mientras veía la película "Los dos guerreros del futuro: Gohan y Trunks". Obviamente es muy diferente. No puedo explicar mucho porque estaría revelando el hilo que manejaré. Supongo que el summary debería ser suficiente para darse una idea.
Bueno, obviamente el suicido no es muerte natural (obviamente es natural morir si te suicidas pero me refiero a que no entra canónicamente como muerte natural o eso pienso) pero aquí supondremos que sí, por eso Vegeta muere, fin.
En el próximo capítulo veremos qué ocurre con Trunks y su deseo, es muy triste que el niño piense que Vegeta no lo quiere y nadie le explica porqué, obviamente el pequeño no sabe que Vegeta se suicidó, él escuchó que murió en batalla y como apenas tiene cinco años no es que sepa las causas de muerte.
No se vayan sin dejar un comentario por favor, se los ruego. GRACIAS.
¡Hasta la próxima!
