CREER EN LA MAGIA

«—¡Eso sí que no lo puedo creer! —exclamó Alicia.

—¿Que no lo puedes creer? —repitió la Reina con mucha pena— Prueba otra vez: respira hondo y cierra los ojos.

Alicia rió de buena gana:

—No vale la pena intentarlo—dijo—. Nadie puede creer cosas que son imposibles.»

Alicia a través del espejo - Lewis Carroll


Disclaimer: Personajes de J.K. Rowling.

Créditos: Fan art de hillyminne en Tumblr.


I.

Cuando Audrey tenía trece años, vio un coche volador que surcaba el cielo de Londres.

Esa mañana las calles se hallaban atiborradas de personas que parecían tener prisa por llegar a alguna parte, ya que comprobaban continuamente sus relojes de pulsera, pendientes del horario y cuales fueran las obligaciones diarias que les tocaba cumplir. Fue por ese motivo ninguno de ellos se percató del viejo Ford Anglia que apareció en las alturas, con excepción de la niña que se detuvo a mitad de la acera, boquiabierta.

A su alrededor se oía el familiar bullicio del tráfico de la ciudad y los murmullos de la gente que seguía su camino, completamente ajena a lo que acababa de ocurrir. Sin embargo, ella alcanzó a distinguir un coche de color turquesa sobrevolando el edificio de la oficina de correos, que luego se alejó rápidamente hasta desaparecer en el horizonte.

Por un segundo –solo por un segundo– consideró la posibilidad de que se tratara de un producto de su imaginación. La magia solo existía en los libros que atesoró toda su infancia. La magia no existía en la vida real. Había un límite entre la fantasía y realidad que no podía traspasarse.

Pero acababa de contemplarlo con sus propios ojos.

A pesar de ello, Audrey sabía con certeza que si llegaba a contar lo que vio nadie le creería jamás, de la misma manera que los hermanos de Lucy Pevensie tampoco lo hicieron cuando ella les reveló que había un mundo maravilloso escondido en el armario.

Embargada por una extraña sensación de irrealidad, se obligó a sí misma a mover los pies y mezclarse entre la multitud londinense. De alguna manera, aunque parecía el de siempre, el mundo ya no era el mismo. Ahora todo era posible.

Cuando regresó a casa, todavía en un estado de ensoñación, advirtió que un hombre desconocido que vestía una túnica y capa negra la estaba esperando en la entrada. Podría haberse asustado si no fuera porque la saludó con casi excesiva amabilidad. Lo que Audrey no sabía es que se trataba de un funcionario del Ministerio de la Magia, cuyo deber era hacerle preguntas y aplicarle un embrujo desmemorizante que haría que los eventos de esa mañana se esfumen por completo de su memoria.

Pocas horas después, la noticia de que el coche de Arthur Weasley fue avistado por varios muggles en su trayecto hacia Hogwarts apareció publicada en el diario El profeta.


Así doy inicio a esta serie de viñetas sobre Percy y Audrey. Admito que tengo debilidad por los personajes que, como él, al final se redimen. Además esta es una pareja completamente nueva para mí.