Este fanfic concursaba en el reto de terror II, de la página ShikaTema: Hojas de Arena, pero no tuve cabeza para hacerlo, y eso que las imágenes que me tocaron estaban buenísimas. Sin embargo, cuando lo tuve ya listo, ya no me quedó tiempo, faltaba exactamente un minuto para cerrar la entrega y mi celular viejo no se puso a la labor jejejk sabiendo las deficiencias que tengo, no me puse a trabajar jejejk
Igual quise publicarlo, aunque he arreglado algunas líneas y aumenté algunos parrafos por lo que me pareció perfecto publicar en el día de Halloween. Aunque me hubiera gustado cumplir con mi palabra, en fin, esto me enseñará a no meterme en muchos retos con el poco tiempo que tengo.
Perdón por mis errores ortográficos o algunas fallas, después de tanto borrones, esto me salió. Espero que los disfrutéis leyendo.
Los personajes no me pertenecen, la historia sí me pertenece.
Sus ojos estaban desorbitados, llenos de lágrimas que se caían con abundancia surcando por sus mejillas. Solo podía mirar, sin poder parpadear ni moverse, incrédula por el miedo y el terror como la desolación que le había embargado. Y es que ver a alguien tan cercano morir enfrente tuyo con la impotencia de no poder hacer nada, la estaba matando.
-Matsuri.- Solo podía escuchar sus gritos, sus súplicas y percibir el olor a carne chamuscada que se iba mezclando con el aire. - ¡Matsuri! - Gritó con fuerza, las palabras raspan su garganta.
La joven morena se encontraba amarrada sobre una fogata que estaba consumiendo su cuerpo sin permiso, el fuego rojo que fue en un principio se transformó en uno negro cuando arrojaron una cruz, provocando que las llagas por el calor reviente y carcoma su piel.
-¡Aaahhh! - Gritó por el dolor.
-¡No! - Desesperada quiso liberarse de sus cadenas pero era imposible.- Por favor, detén esto.- Suplicó con la cabeza agachada, rendida.
-Debiste pensarlo antes de traicionar mi confianza.- La voz la escuchó a su lado.- ¡Creíste que no lo iba a saber! ¡Malditas brujas! Creen que pueden morder la mano del dueño que les da de comer.- Furioso la sostuvo del mentón y la obligó a verlo. La furia se apagócuando la vio destruida.- Esto lo hago para que aprendas, lástima que tu amiga no entrará a la colección.- indicó con una sonrisa maquiavélica que solo provocó que más lágrimas se derramen.- Observa.- Ordenó mientras le hacía mirar como la otra bruja estaba siendo consumida por el fuego negro.
La piel desaparecía dejando ver su carne que se calcinaba con lentitud, las venas se reventaban salpicando la sangre que se escurría hasta evaporarse, otra parte del cuerpo se fueron carcomiendo hasta convertirse en ceniza dejando ver algunos órganos que pronto fueron decorados por el fuego que lo cocinaba con lentitud, dejando ver como la tela del órgano se adornaba de llagas que se reventaba y el líquido se escurría. Los ojos de la morena miraron por última vez a la otra bruja que estaba encadenada. Ambas se disculparon con la mirada, una por provocar este horrible castigo, y la otra por no poder guardar el secreto que condenó a las dos.
-Ahora es tu turno.- Escuchó la voz de su verdugo, pero no podía dejar ver el cuerpo sin vida de lo que fue su único familiar vivo.
-¡¡Aaahhh!! - No pudo evitar gritar cuando sintió escocer su piel por el fuerte calor de un hierro caliente al rojo vivo que quemó su piel, no, el hierro estaba tan caliente que su piel no lo resistió y dejó que traspase hasta su carne y omóplato que le hizo tensar la mandíbula y los ojos se abrieron casi apunto de caerse.
Cuando retiraron el hierro de marca, se llevó un buen pedazo de su carne, el olor a carne chamuscado provocó hambre para los que estaban presenciando la tortura.
Su verdugo también olfatea el olor a carne cocida.
-Hueles tan bien.- Se acercó a ella, invadiendo su espacio personal. La bruja tan solo podía temblar por el dolor.- Me recuerda al olor de tu madre.- Soltó una risa cuando la rubia levantó la cara, tenía los dientes apretados, intentando controlar el dolor que sentía, su respiración era sonora y sus ojos lo estaban fulminando por la ira. Se carcajea por el sufrimiento de la mujer.- Y esa mirada, es la misma que tu padre me dedicó.- Ríe a sus anchas.-Porque no vemos cómo los lobos se alimentan.- Sus ojos verde azulados le pidieron en silencio que no lo hiciera.- ¿Qué sucede? - Burlón la mira.- Acaso esta no era la parte que te gustaba ver, el cómo los perros mugrientos se comían hasta no dejar nada de esos inmundos mortales.- Su sonrisa victoriosa cambió a una de furia que provoca que le de una fuerte cachetada que le hizo volcar la cara con un grito de dolor, volvió a agarrarla esta vez de su rubio cabello para que lo mire.- ¡¿No que odiaban a esos inmundos mortales?! ¡Y me engañaste con uno de ellos!- Le grita en la cara.- ¡Maldita zorra! ¡Me juraste lealtad! ¡Yo salvé a tu maldita familia de los mortales que querían matarlos! ¡Y es así como me lo pagas!- El puño que aún agarraba su cabello se volvió más fuerte, provocando un dolor insoportable en su cuero cabelludo. El pelirrojo ríe fríamente, aún molesto y con la respiración encolerizada.- Aunque tu castigo no acaba, por lo pronto no hagamos perder a los hombres lobos que están hambrientos de probar a tu querida amiga.
Un chasquido resonó con fuerza, Temari sintió un vacío frío dentro de su cuerpo y la profunda tristeza de no poder darle un entierro adecuado como los mortales hacían con sus seres queridos.
Los hombres que estaban presenciando el castigo, al escuchar el chasquido corrieron hacia el cuerpo chamuscado que el fuego había dejado, ya no quedaba ni una llama oscura, había desaparecido junto con el chasquido. Los hombres que corrían desesperados se transformaron en su verdadera forma, lobos enormes que se abalanzaron hacia el cuerpo sin vida, que se partió por la fuerza. Los enormes licántropo peleaban entre ellos por la pequeña porción de carne, tirando del cuerpo, uno de ellos hincó sus dientes filosos en lo que quedaba del cráneo que se partió con un sordo sonido, otro aplastó con su enorme pezuña el pecho mientras que sus dientes mordieron el brazo y lo jalo, desprendiendo del cuerpo, uno de ellos agarró el otro extremo del pequeño brazo, ambos tiran con fuerza mientras sueltan gruñidos molestos hasta que el brazos se partió por las mitad. El resto de lobos se peleaban entre sí para quedarse con un pedazo de carne.
Temari sentía repulsión por primera vez al ver esta desgarradora imagen, antes no, antes le encantaba ver como esos licántropos se peleaban por un pedazo de carne de un incauto que entraba al castillo de su amo, o que engatusado por su belleza la seguía hasta la trampa. Ahora no, porque aquel cuerpo le pertenecía a su amiga, y sabía que ni sus huesos quedarían.
-Esto solo es un aperitivo.- Pudo escucharlo.- Pronto vendrá ese patán y sufrirá más que tu amiga.
Aquello le hizo sentir una desesperación, una urgencia por salvarlo.
-¡No, por favor! ¡Te lo pido! - Suplicó con las lágrimas escurriendo de sus ojos.- Castígame a mí, no a él, yo tengo la culpa no él ni ella.- Con la voz ferviente.
-Oh.- ríe y pasa su lengua por sus labios.- Tu también sufrirás las consecuencias de tus actos, amor mío. - Burló.
La rubia sintió un escalofrío horrible recorrer su cuerpo, los ojos de su amo no le presagiaba nada bueno.
…..
Lee nuevamente la carta, estaba algo curioso y algo preocupado. Recordaba muy bien que su novia siempre le había dicho que no fuera a su pueblo, ya que vivía muy lejos de la ciudad y además no había nada que hacer. No era como la ciudad ruidosa y abastecida de luces hasta en las noches.
Sin embargo, en el buzón de esta mañana le llegó una carta de ella, no era extraño que le llegase una carta, después de todo la última vez que llegó a visitarlo, perdió su celular.
Lo extraño fue su contenido, simplemente le pedía que venga a su pueblo, la dirección estaba específicamente anotada, no había cómo comprobar si algo le había ocurrido, sentía que el mensaje era corto porque era urgente. Fue así como se subió al primer tren que salió en dirección al pueblo.
No quería mostrarse intranquilo, pero una sensación de vacío acompañado de ansiedad le estaba inundando por dentro, si no lo sacaba era porque no quería llamar la atención de los pocos pasajeros que había, no quería mostrarse paranoico, suficiente había tenido con sus amigos que al notar su preocupación había intentado en acompañarlo, pero él negó e intentó verse despreocupado, hasta el punto que los engañó diciendo que partiría mañana, en la noche les enviaría un mensaje de disculpa por haber decidido viajar en esa misma tarde, pero de alguna forma, muy dentro suyo presagiaba algo muy malo. Y es que su novia era una mujer misteriosa, sabía que guardaba más de un secreto que no deseaba compartir y él no quería insistir, después de todo el amor era algo transitorio, nada era duradero.
Dejó caer un aliento pesado y con ello dejó de insistir en darle vuelta al asunto, una vez que llegue al pueblo, sabría de qué se trataba, por lo pronto decidió mejor ocupar el resto de la hora del viaje que le quedaba en seguir jugando shogi con él mismo.
Cuando la voz avisó la siguiente parada, nota por la ventana que faltaban un par de hora para que el sol se oculte, guardó con calma sus cosas y cargó su mochila, fue hasta la salida del vagón de pasajero en que estaba y espera que el tren se detenga en la estación que parecía estar deshabitada.
Bajó del tren, era el único que había bajado en aquella estación que parecía abandonada. Gira a ver al guardia que seguía en la puerta del tren.
-¿Realmente está es su parada? -Le pregunta.
El mayor miró por un largo minuto a la estación antigua, no había ni una sola alma.
-Si.- Ambos giraron hacia la voz encontrándose con un rostro varonil, moreno y con los pómulos marcados, los ojos tenían una sombra oscura que no dejaban que nadie pudiera notar el color de sus ojos.
El trabajador se inclinó más por protocolo y tocó la campana, entró y cerró la puerta de inmediato queriendo salir de aquel lugar tan pronto sea posible. El tren dio marcha para retirarse, y Shikamaru creía que él también debía irse.
-Temari me ha pedido recogerte.- Ese nombre le tranquilizó un poco.
-¿Le ha sucedido algo? - No pudo evitar preguntarle. El moreno le sonríe cálidamente.
-Sí, nos están esperando.- Concluye la conversación breve. Le hace una señal para que lo siga.
Shikamaru tan solo quería ver a su novia y saber porque su urgencia de verlo. Tener una relación a larga distancia era un tanto complicado y más cuando el celular de uno de ellos no servía o estaba perdido. Solo le quedaba esperar que sus preocupaciones solo fueran paranoias suyas.
En silencio lo llevó hasta un auto de un modelo viejo y que parecía que pronto iba a desbaratarse en algún momento del camino.
Dentro del auto, Shikamaru sintió un ambiente tenso o era él que se sentía algo inseguro, y más cuando el misterioso hombre preguntaba sobre su relación con Temari, aunque se reservaba en responder las preguntas que él le hacía. Eso le tenía intrigado.
Al llegar al pueblo que parecía un panorama fantasmagórico, el aspecto gris era gracia al clima que se nubló, de seguro que en la noche lloverá, lo que más le extrañó es que parecía ser un pueblo abandonado, solo algunas casas tenía una linterna afuera alumbrando la entrada, pero tanto la puerta como la ventana estaban cerradas.
Él condujo hasta una colina alta, donde se evidenciaba un enorme castillo, eso lo descolocó que giró a ver al conductor quien tan solo tenía una pequeña sonrisa y miraba al frente. La enorme rejilla se abrieron de forma automática, cuanto más se acercaba al enorme castillo que se evidenciaba que seguía activo, la tensión en él aumentaba, podría ser un hotel estilo barroco con modernas modificaciones, pero no había ni un cartel que le diera la razón.
Se estaba estresando.
Y es que no podía creer que su novia fuera adinerada, o mejor aún, le había mentido. Sin duda tendría una larga conversación con ella luego de saber qué era lo que ocurría. No podía con tanta responsabilidad, a duras penas podía pagar el alquiler de su pequeño departamento, ahora sabía porque no le había contado nada, posiblemente los padres de ella supieron sobre su clandestina relación, y estaba aquí para escuchar sus amenazas de dejar en paz a Temari.
El auto se detuvo enfrente de la puerta, bajó junto con el misterioso sujeto que sin palabra le señaló que lo acompañe. Mientras subía las escaleras, una voz detrás suyo le gritaba que se detuviera y diera marcha atrás, se detuvo de golpe y gira atrás, no encontró más que el auto estacionado y algunos árboles. El moreno se dio cuenta que el invitado no lo estaba siguiendo.
-Señor Shikamaru.- Lo llamó, el susodicho lo miró algo inquieto.- No le hagamos esperar más al amo.
Shikamaru no sabía cómo responder a eso, sin duda eso respondía a sus dudas. Tal vez si debería huir, luego podría contactar con Temari y explicar porque huyó como un cobarde, sin embargo, ya no tenía la edad para huir, era un hombre serio y por lo tanto no tenía por qué sentir temor de conocer a los estirados familiares de su novia. Temari era elegante sin duda alguna pero era de alguna manera humilde y agradable aunque la mayor parte del tiempo siempre lo estaba fastidiando de que moviera el trasero. Decidió continuar, ignorando aquel grito que lo relaciona con una voz interna que no quería enfrentar el problema.
La puerta se cerró de golpe detrás suyo, y de alguna forma se sintió como un cordero pequeño dentro de la cueva de los lobos. Nuevamente esa sensación, decidió distraerse mirando la decoración de la sala de recibidor.
-Tiene una decoración bastante lóbrega.- comentó al notar las paredes pintadas de un tono azul oscuro, las cortinas que cubrían las amplias ventanas de un tono rojizo, y el piso alfombradas del mismo tono.- Mi amiga podría darle un buen toque, es diseñadora de interiores.- No era hablador pero le estaba poniendo de los nervios el intenso silencio.
El moreno vuelve a mirarlo con aquella mirada que ya lo estaba fastidiando.
-Tal vez deseas comer algo, estás delgado.
-Sinceramente quiero ver a Temari.- Shikamaru lo miró adusto, ya no quería estar en ese ambiente de misterio.
-Pronto la verá, antes debe comer.- Indica un pelirrojo que dio una señal al moreno para que se retire, el cual lo hizo de inmediato.- Por favor, acompáñame.- Ordenó en un tono moderado.
Shikamaru hace una mueca de disgusto, parecía ser que aquel hombre que apareció de la nada era el señor de aquel castillo, no notaba ni un parecido con la rubia, pero se veía mucho más mayor a pesar que conservaba una piel sin arrugas en su pálido color. En su mente se vino muchas posibilidades que ninguna le agrado, ya no le estaba dando una buena espina.
-¿Dónde está Temari? - Vuelve a preguntar en un tono fuerte y demandante.
-Se encuentra descansando.- Responde en un tono tranquilo.-Ayer tuvo una noche agitada.
Aquello no le daba buena espina, sobre todo la forma fría que lo había dicho.
Al llegar a la sala, sobre la larga mesa ya se encontraba la comida servida. El olor de la exquisita comida le abrió el apetito.
-Por favor, puede comer con confianza.
-Sinceramente quiero abstenerme de comer, no me da mucha confianza todo este misterio.- confesó apartando la mirada de la comida.- Quiero ver a Temari.- Demandó. Hubiera deseado aceptar la invitación de que sus amigos le acompañen, parecía que todo esto era una clase de secuestro o riña matrimonial, o lo que sea. De algo estaba seguro, Temari estaba en peligro y él pronto.
En el rostro pálido de aquel hombre de porte elegante, se evidenció una sonrisa indescriptible.
-He querido presentarme más tarde, pero como está impaciente.- El pelirrojo levanta una de las copas ya servidas.- por favor.- Le pide. Shikamaru mira a la copa que señala con la vista. Dudoso lo sostiene entre sus dedos y lo alza.- Mi nombre es el Conde Sasori.- Se presentó.
Shikamaru no pudo evitar fruncir una de sus cejas, creía que era una broma pero al notar la seriedad con la que dijo, tuvo que llevar la copa a su boca para ocultar un par de risas discretas. Brindó junto con él pero no bebió del líquido, algo le decía que ese sujeto tenía un cable suelto. En sus ojos se podía notar y en esa sonrisa extraña.
El olor del líquido le pareció muy fuerte y su tono era muy rojizo, parecía ser una bebida espesa. Con las preguntas en su cabeza dejó la copa sobre la mesa y miró al único anfitrión que tenía presente, se espantó al notar que en la comisura de sus labios tenía un par de manchas espesas de color rojo, la cual limpió pasando su lengua morada.
-La sangre de una bruja es lo mejor.- La sonrisa se apagó al notar que él no bebió nada, la copa no estaba manchada, aunque volvió a sonreír. - Me basta con solo lo hayas olido.
-¿De qué estás hablando?- Retrocedió lentamente como si enfrente suyo tuviera un animal feroz hambriento.- ¿Quién eres?
-Creí que eras tan listo como ella había jurado.- Burló. Dio un paso adelante.- Me voy a divertir mucho con usted.- Afirmó con una sonrisa de oreja a oreja que le produjo un escalofrío a Shikamaru y la iniciativa de correr lejos de ese sujeto loco fue más fuerte esta vez.
Sin conocer el pasillo que tomó como escape, siguió corriendo, quería huir, salir de esa casa, estar lejos de ese sujeto.
-Tan pronto te irás.- Se detuvo de golpe al escucharlo, había pensado que lo dejó atrás, pero ahí delante suyo, obstruyendo la entrada de esa puerta, él salía con una tranquilidad transparente y la diversión en su rostro.- No querías saber dónde está esa mujerzuela del infierno. La cual debería de ser devota a mi persona por siempre, por la eternidad.- Sasori avanzó con paso calmado, acercándose lentamente a Shikamaru que retrocedía con lentitud, estaba estupefacto.- Y a cambio esa bruja ha preferido ser devota a un humano común y corriente.- molesto dijo arrojando a la pared la copa que aún tenía en mano, el ruido del cristal rompiéndose y el líquido derramarse con furia, despertó a Shikamaru que no comprendía de qué estaba hablando, tenía que alejarse de ese hombre para poder pensar con claridad, ahora su mente estaba más atento a los cambios corporales de su cuerpo, su mano temblaba, necesitaba un maldito cigarrillo para calmarse, y su corazón parecía que estaba latiendo en su cabeza. Su respiración era sonora. Tenía un mal presentimiento y eso le estaba provocando un miedo natural que le gritaba que debía huir para sobrevivir.
-Corre. Corre.- Pudo escuchar su burlona voz.- No importa donde te escondas, no puedes huir de mi castillo.- La carcajadas que suelta se escuchaba en todo el lugar, como un eco.- El tiempo está en tu contra.
Con la respiración agitada y el latir de su corazón insistente, siguió corriendo, abriendo puerta por puerta, ingresando a cada nuevo pasillo, creando un laberinto que lo estaba mareando.
Hasta que la vio, y su mundo se detuvo. Quedó paralizado al verla sostenida en los aires por dos cadenas gruesas que estaban tirando de sus brazos, tenía la cabeza baja, la ropa algo destruida, algunas manchas de sangre seca, y otra que recorría todo su cuerpo hasta llegar la punta de su pie donde caía en gota que se dispersan al momento de chocar contra el piso.
-Temari.- murmura con la voz trémula. La luz que entraba por la claraboya le confirmaba que era ella, aquel extraño peinado solo había visto en ella. Un peinado tan peculiar que ahora solo quedaba rastro de ello.- ¡Temari! - la llamó con más fuerza, con desesperación. De igual forma no reaccionó.
Angustiado busca la manera de bajarla de ese lugar, quería tenerla en sus brazos, saber si aún seguía con vida. Limpiar sus heridas y protegerla como diera lugar.
Encontró una palanca sobre la pared, las cadenas que estaban en el otro extremo le indicó que estaban conectados, desesperado tiró abajo. La habitación sombría fue inundada por el ruido de las cadenas, Shikamaru corrió hasta situarse debajo del cuerpo de Temari que cayó como si fuese una muñeca sin vida.
Al tenerla en sus brazos, apartó su cabello del rostro, y algunas manchas seca de sangre que obstruía su angelical rostro que tenía algunos hematomas aun así besó su frente, mejilla y labios partidos. Agobiado busca una leve señal de que aún seguía con vida.
-Por favor Temari.- Acercó su oído a la nariz femenina. El silencio del lugar le permitió escuchar el sutil ruido de su respiración. Feliz la abraza a pegando a su pecho, besando la coronilla.- Mujer no me asuste de esta manera.- Le susurra al oído.- saldremos de aquí, te lo prometo.
Pudo percibir el eco de un par de zapatos acercándose, sabía que era ese lunático que se había atrevido a maltratar a su mujer.
Cargó a Temari en su espalda como pudo, y corrió a encontrar una salida, la luz del atardecer le ayudó alumbrando aquella habitación oscura que tenía muchos instrumentos de tortura que había visto en los libros de la Santa Inquisición. Siguió corriendo hasta aquella puerta que algo le decía que era la única salida.
Sentía el calor de un cuerpo cercano y percibía un olor familiar, en su mente se le vino la imagen del moreno de cabello oscuro sujeto en una cola alta, sonríe al imaginar su sonrisa de lado y el guiño coqueto que a veces le daba. Envuelve su brazos agarrotado en el cuello de esa persona que la estaba cargando, sus ojos se abrieron con lentitud, aun cansado por todo lo que había tenido que soportar y seguiría soportando, aunque el sacudir suave y el calor de otro cuerpo le indicaba que algo había pasado.
Cuando abrió los ojos, la luz del atardecer le dio en la cara, las nubes pintadas en un tono rojizo le daban un aspecto sobrenatural y encantador. Las lápidas que estaban adornando la capilla de aquella iglesia abandonada le avisaba que seguía estando en el terreno de ese condenado vampiro, de seguro que quería quemarla frente de la iglesia como había hecho con su hermana. Con tristeza agacha la cabeza y aprieta con más fuerza a la persona que la estaba cargando.
-Temari, al fin despierta.
Levantó la cabeza que cruje por el movimiento repentino pero poco le importó, el escuchar su voz le invadió una felicidad pero a la vez fue un desasosiego, el plan de él había funcionado.
-Shikamaru.- Aspira su olor.- no debiste de venir.- Soltó con angustia.
-Temari, saldremos de esto.- Prometió con voz ferviente.
Temari deseo creerle pero estaba dudando si ella podría sobrevivir. Sentía todo su cuerpo adolorido, ya que él no le había dado descanso, la había llevado a la habitación de tortura, era un milagro que seguía estando viva.
Shikamaru siguió corriendo, esquivando las laudes y los enormes crucifijos que se alzaban en alto, necesitaba correr hasta aquel bosque que había detrás de esa iglesia ostentosa que parecía estar abandonada, porque ni una luz ni siquiera un alma había dentro de ella.
-Tan pronto te quieres ir.- Tensó la mandíbula al escuchar su voz. Se detuvo de golpe cuando apareció frente de él.- Temari de seguro antes de irse quiere ver a sus familias por última vez.- Antes de que la pregunta salte en su cabeza a qué se refería, fue rodeado por un par de muñecos a tamaño real, pero cuando la nube dejaron de pasar sobre la escasa luz del todavía sol, con horror pudo notar que eran humanos de verdad, algunos gusanos moviéndose por debajo de la piel pálida casi moradas, las moscas dando vueltas por la carne putrefacta que se notaba por la piel suelta que colgaba y que lograba desprender un nauseabundo olor.- ¿por qué no te unes a la familia, Temari? ¿No extrañas a tus hermanos? - pregunta en un tono divertido.
Temari miró con congoja a los cuerpos inertes que pertenecía a sus hermanos y padres, no quedaba nada del brillo ni el calor que alguna vez tuvieron, un quejido salió de sus labios, intentando que el sollozo no se salga, pero sus ojos habían cedido ante el sufrimiento de saber que había perdido a sus padres, a sus hermanos y hermana. Y pronto al hombre que amaba. No debió de seguir su corazón, no debió aparecer en su camino o nada de esto pasaría.
Shikamaru sentía repulsión, el olor era intenso que no dejaba que pudiese respirar, las náuseas de vomitar le estaba ganando, pero el suave quejido y la humedad que sintió en su hombro, supo que debía hacer algo, no podía creer que eso antes habían sido personas. ¡Con qué clase de enfermo estaba tratando!
-¿Qué clase de enfermo eres? - Pregunta con asco y rabia. Ajusta su agarre en Temari mucho mejor.
-La clase que le gusta experimentar, conservar la felicidad.- Contesta con diversión.- alguien que deba vivir por la eternidad, debería buscar formas para divertirse.- Inclina su cabeza a un lado y con una sonrisa maquiavélica, en un tronar de dedos, las marionetas humanas se mueven.
Todos ellos en vez de manos tenían cuchillas largas y filosas, Shikamaru tuvo que esquivar a cada una de ellas, sin embargo, una le dio en el hombro. Se quejó por el dolor. Otra pasó casi cerca de su rostro, cortando la piel de su mejilla por el aire cortante que fue creado por la velocidad del movimiento.
Temari no tenía ganas de destrozar el único recuerdo que tenía de su familia, pero sabía que si no hacía algo, lo perdería. Murmuró en silencio un hechizo.
-Oh.- Sasori pudo notar como la brisa del atardecer cambió repentinamente a una ventisca más fuerte convirtiéndose en un tornado que arrasó a las marionetas, el fuerte viento destruyó los frágiles cuerpos, desmembrando cada extremidades, la piel de algunos se desprendió de la carne, un ojo se desprendió de su cuenca que cayó al suelo, algunas lápidas también fueron destrozada.- Veo que aún te quedaba algo de poder.- Dijo mientras alza el ojo que tenía pintado el color turquesa que antes pertenecía al hermano menor de Temari, lo apretó con fuerza provocando que reviente.- Lástima que lo usaste contra ellos y no contra mi.- Enojado por sus destruidas marionetas, patea con fuerza a Shikamaru que sale disparado del lugar, aunque Temari recibió el golpe en su espalda cuando chocó contra un árbol que se sacudió y cruje levemente.
-Esto no hubiera sucedido si no hubieras mirado a otra persona que no fuera yo.- Su voz apacible se convirtió en un tono iracundo, pateó en la cara a Shikamaru que acabó rodando en el suelo hasta estrecharse con una lápida. Sasori iba ir tras él para seguir golpeando hasta que muera. Pero una mano lo detuvo.
-Detente.- En sus ojos verdes azulados no había súplica, su tono de voz ya no era trémula. La sumisa bruja que había criado a base de traumas, ya no estaba en esa mujer que apretaba con fuerza su muñeca, que lo miraba con rabia.
Él suelta una risa socarrona.
-Crees poder luchar contra mi, tu fuerza y energía están menguando.- Le patea el mentón provocando que por el fuerte golpe lo suelte, y un sonido sordo le avisa que fracturó su mandíbula. Ríe.- Descuida querida, nada que una tuerca pueda arreglar.- Su mirada maniática gira a ver al mortal que desorientado intentó levantarse pero un peso en su espalda le hizo volver a besar el suelo, la presión provocó que los huesos de su columna resuene, apretó la quijada con fuerza, no estaban rotas, lo sabía, pero dolía con un demonio.- Tú, maldito.- Agarró uno de los brazo de él, aún tenía un pie en su espalda, por lo que la postura incómoda le estaba haciendo que arrugue el ceño del dolor, se deleitó por el dolor ajeno.- pensaste que podías profanar la mujer de otro.- Jaló con fuerza el brazo hasta que esté resonó en un fuerte sonido, Shikamaru soltó un grito de dolor al sentir que su hombro se disloca, cuando lo soltó, este cayó al suelo. Tenía un sudor frío recorriendo su frente.- Temari ha podido soportar más castigo que tú, tu especie son débiles en todo sentido.- Sasori pisó la cabeza del hombre, hundiendo su cara en la tierra negra. Poniendo más presión.
Sintió un empujón fuerte que lo hizo trastabillar, cayó al suelo al estar desprevenido, no esperaba que la bruja despierte tan pronto. Al mirarla se encontró que tenía la mandíbula suelta y con la mirada fervorosa de seguir luchando.
Suelta una risa maniática, no podía creer que lucharía por ese bastardo mortal.
- Ambos morirán al anochecer.- Le confiesa.- En vano luchan por sus vida, ambos formarán parte de mis marionetas.
Temari niega con la cabeza, no creyendo en sus palabras, miró a Shikamaru.
-Ese veneno que usaste la otra vez es muy efectivo, mataste casi a todos mis súbditos, un simple olfatear a la bebida y caían muertos.- Se levantó y caminó hasta ella, pisando la espalda de Shikamaru que soltó un quejido. Su mano fría rodea el cuello femenino y siguió caminando, arrastrando a Temari que intentó librarse, su espalda golpea con rudeza contra un árbol.- Astuta bruja, quisiste matarme para quedar en libertad.- Le apretó con más fuerza, Temari sentía que el aire ya no podía entrar, la fuerte presión en su cuello le estaba cortando la respiración.- ¡Creíste que no me daría cuenta que te veías a ocultas con ese humano! - Le gritó en la cara.- Veo que nunca aprendes la lección, tus padres y hermanos murieron en vano, ni hablar de la pequeña hermanita que adoptaste, ella murió por tu culpa, ¡murió por tu culpa!- Alterado quedaba poco, busca calmarse, intenta calmarse. Volvió a tener aquella sonrisa apacible que acentuaba muy bien en su rostro.
Temari tenía la cara en un tono casi morado, sus ojos estaban desorbitados, intentaba buscar la forma de huir de sus garras, pero sus pataleo y rasguño no servían, no podía pensar en un hechizo, aunque era en vano porque no podía ni siquiera hablar por la presión. Percibió una sombra moverse, miró por un segundo a un lado para luego volver a mirarlo a sus ojos.
Sasori llevó una mano para acariciar su mejilla lastimada, para luego jugar con su mentón lastimado, provocando un intenso dolor.
-Pero tú no tienes la culpa.- Su voz tenía un tono suave, tranquilo.- Se dice que las brujas están destinada a amar para siempre a una persona, me lastima saber que esa persona no soy yo.- Enreda con sutileza las hebras rubias que estaban sueltas.- pero pronto me serás fiel, será una de mis marionetas mejor cuidadas.- prometió.
Temari usó toda su fuerza y agilidad para hundir sus dedos en uno de los ojos de Sasori que gritó con fuerza mientras dejaba el cuello de ella para agarrar sus muñecas con el fin de alejarlo. Al ser liberada murmuró un hechizo de inmediato a pesar que tenía la garganta adolorida. Y antes que Sasori pudiese actuar, un afilado objeto penetró su pecho. Gritó de dolor y al girar se dio con la cara del humano que tenía una herida en la cabeza, su brazo colgaba y el otro presionaba una cruz que tenía una luz verde envolviendo todo el metal.
Sasori sintió que su cuerpo se incineraba por dentro, y al mirar sus manos notan que estos se hacían cenizas.
Miro a Temari que la miraba victoriosa.
Una brisa barrió las cenizas del Conde Sasori.
Shikamaru soltó la cruz y caminó hasta Temari que la envolvió en un abrazó, ella se dejó envolver, ambos se dejaron caer sentados en el suelo, exhaustos. Ahora solo les quedaba esperar su turno, al menos morirían en los brazos del otro, se consola.
-En la otra vida, no serás una mujer problemática, ¿de acuerdo? - Shikamaru miró el cielo que faltaba poco para que oscurezca.
"No te prometo nada." Pensó ella divertida.
Hunde su rostro adolorido entre el cuello y pecho de él, intentando tener un buen recuerdo antes de morir.
