Nueva Generación: Proyecto Cartago

Capítulo 11

Sábado, 5 de Octubre de 2030, Inverness, Escocia.

Aria Glenn estaba sentada en su mesa de la oficina, revisando unos papeles, cuando parpadeó un par de veces. Era contable en una empresa de la ciudad, de hecho estaba dedicándose a hacer las trimestrales del valor añadido cuando se dio cuenta que todo aquello ya lo había vivido. Y la sensación era muy intensa, porque se acordaba perfectamente de haber vivido ya no sólo ese día, también el Domingo en su casi totalidad. De hecho hacía tiempo que no vivía esa sensación, pero se acordaba perfectamente. Comenzó a ponerse nerviosa, con la respiración agitada y entre cortada, teniendo que levantarse como podía de su asiento, sonrojándose con fuerza. Sus compañeros de habitación se dieron cuenta, pero no les dio tiempo a comentar nada, pues salió a toda prisa de la habitación, dirigiéndose del tirón hacia el cuarto de baño.

Rescató su móvil del bolsillo, y se encontró con todo normal, nada parecía haber cambiado, ningún mensaje de sus antiguos amigos. Se comenzó a preguntar muchas cosas, de hecho se disponía a salir a toda prisa hasta su casa cuando apareció una de sus compañeras, Gaira. La rubia se le acercó, con cierta preocupación en el rostro.

-¿Estás bien? -le preguntó- Es como si hubieras visto un espectro o algo así…

Pero Aria negó suavemente.

-Sí, sí, es sólo que… -tragó saliva- Me he agobiado de pronto, ¿sabes? Por Vikani, está en esa etapa y…

-Y ser madre soltera es jodido, ya… -suspiró algo- ¿Sigue dando problemas?

La otra suspiró y asintió, despacio. En realidad era así, en cierta medida, a la adolescente acababan de expulsarla una semana por, según ella, defenderse de unos abusones. Lo que seguramente se traducía a que se había enfrentado, de nuevo, con algún compañero por algún motivo. Limitándose a tomar sus cosas, y tras disculparse, salió de la oficina un rato antes de lo habitual, y fue directa hacia su coche, tendría la tarde y el día siguiente al completo para poder investigar qué coño había pasado. Y seguro que Jeremy estaba metido en aquella situación…

-Dime que no es lo que creo, Einstein… -según entró a su coche, empezó a moverse por los chats hasta llegar al que tenía con el chico- Tío, dime que Xana no ha vuelto, que me da un puto ataque al corazón, tío, por dios…

Tras mandar la nota de voz, se limitó a acariciarse la nariz, y encendió el coche, tenía que llegar cuanto antes a casa y prepararse. Dejó sus cosas en el asiento derecho, se colocó el cinturón, y se preparó para conducir a toda prisa desde el centro de la ciudad hasta su casa, a media hora en coche. Al ser hora punta tardaría algo más, se dio cuenta de aquello según salió del garaje, donde se encontró con un monumental atasco, al que se tuvo que incorporar sin más posibilidad que aceptar que tardaría unos cuarenta minutos por culpa de un accidente cerca de un cruce.

-Necesito escuchar algo relajante…

Mientras avanzaba un par de metros, sin siquiera cambiar de marcha, empezó a teclear en la pantalla táctil del coche en busca del teléfono de su hija, la llamaría para avisarla, nuevamente, que ya iba a casa y por si tenía que buscarla, cosa que ya sabía que no era necesario, pero tenía que hacerlo.

-Vikani, hija -saludó, cuando escuchó que respondía-, ¿Por dónde andas?

Se escuchaba el suave sonido de la calle.

-Volviendo a casa, compré el pan ya, ma -le explicó-, hoy saliste pronto, ¿no?

-Si, bueno, tengo… ¿recuerdas que te dije que el jefe se casaba?

-Ah, sí, entiendo -la adolescente se rio un poco-, bueno, mejor para vosotros -se oyó unos perros ladrar de fondo-. Hice unos macarrones, ¿te valen?

Aria sonrió un poco.

-Claro, llegaré a y media.

Tras colgar, la mujer se puso algo de música en la radio, para calmarse un poco, esperando con eso bajar un poco las pulsaciones de su corazón. Desde donde estaba se veía bajar el Sol hacia el cercano mar del norte, con el río Ness serpenteando en torno a los grandes puentes de metal y madera, en una estampa bastante idílica de la ciudad. Cuando llegó apenas pasaba de los 50.000 habitantes, ahora superaba con creces los 80.000, gracias a muchas inversiones hechas a raíz de unas industrias y el aumento de servicios de todo tipo. De hecho la ciudad estaba en crecimiento constante, eso daba trabajo más que de sobra a gente como Aria, que se ganaba la vida en una de esas empresas de nueva creación.

Pensaba en ello según cambiaba de carril, anticipándose al accidente, y pudo salir por la vía más cercana, acelerando para poder pasar del semáforo antes de que cambiara a rojo, adelantándose un par de minutos. Mientras golpeaba suavemente el volante al ritmo de la música, intentando calmarse, sonó el teléfono del coche, y, cuando ella vio quien era, se le volvió a acelerar el pulso como si de un caballo se tratara.

-¿Jeremy? ¿Qué tal? -murmuró, nerviosa, incluso se paró en un lateral para poder hablar mejor con él- ¿Qué coño sucedió?

-Hola, Aria -el otro suspiró-, muchas cosas, ¿estás en casa o en un sitio calmado?

-Estoy en el coche en doble fila -respondió de inmediato-, por favor, dímelo.

-No es Xana, no te preocupes -soltó una suave risa cuando ella suspiró pesadamente-, pero igualmente es un problema, Aria.

-No es gracioso, casi me da un ataque al corazón, tío -le espetó-. ¡Tú, no te rías, joder!

-¿Te acuerdas de Cartago?

Ella suspiró, y asintió un poco.

-Sí, el Proyecto, ¿no? Y el sector cinco y demás.

-Exacto, al parecer es más real de lo que pensábamos -le respondió él-. Nuestros hijos lo descubrieron, y se metieron en la boca del lobo sin saberlo -oyó que suspiraba-, por suerte podemos solucionarlo, con esta vuelta al pasado no se acuerdan de nada, salvo tres personas, y… la verdad, te voy a necesitar.

Aria se rascaba compulsivamente la espalda en ese momento, especialmente nerviosa, pero se logró contener, mientras respiraba profundamente.

-¿Qué quieres de mí?

Ella no lo sabía, pero el otro sonrió suavemente.

-Necesito que sigas unas instrucciones para volver a poner en funcionamiento uno de los súper ordenadores de Xana, el cercano a donde vives, las recibirás en unas horas -antes de que ella protestara, el otro le restó importancia-, sólo tendrás que ejecutar, todo lo tendré yo planeado, ¿vale?

-¿Qué tal todo?

-Bueno, salvo esto, bien la verdad… -murmuró- Hacía tiempo que no charlábamos, ¿os ha ido bien a tu niña y a ti desde el verano?

-Si, la verdad, aunque está algo más rebelde últimamente -respondió Aria, suspirando algo-, digna hija de su padre…

-¿Se lo presentarás? -preguntó Jeremy entonces-, a ella, digo, no conoce a su padre aún.

-Las veces que se lo he propuesto se ha negado, así que… -murmuró ella- Es complicado, no entiende la situación.

El otro suspiró pesadamente, se escuchó unas voces de fondo.

-En cierta medida es normal, piensa que os abandonó -dijo Jeremy-, en todo caso esta vez sería una oportunidad de oro. Dentro de poco podrá estar con él cara a cara, ¿cuándo fue la última vez?

Aria puso mala cara.

-Ni me lo recuerdes, me dio ese verano, fue en 2027 aquello…

Se oyeron unas conversaciones más, y entonces la voz de Jeremy volvió a sonar.

-En fin, te pasaré un PDF con toda la información necesaria, ¿recuerdas el súper ordenador de Xana en la zona de montaña que encontramos?

-Sí, perfectamente -comentó ella-, me sabía ese mapa de memoria, lo defendí con uñas y dientes…

-Ya, nos diste guerra -entendiendo lo que aquello significaba, el otro suspiró-, bueno, tendrás que volver, pero por suerte para nosotros está abandonado… eso si quieres participar de todo esto.

Por primera vez en todo ese rato, la mujer sonrió, confiada.

-Sois como una familia para mí, tío -le recordó-, si este último verano nos lo pasamos juntos, ¿recuerdas?

El otro se rio un poco, y sonrió algo.

-Muchas gracias, de verdad -le dijo-, te mandaré eso lo antes posible, ¡besos!

Tras colgar, ella procedió a seguir conduciendo hacia su casa. A Vikani le haría ilusión ese viaje a su pueblo, hasta que se enterara de lo que iba a suponer. En ello pensaba, imaginando diferentes escenarios con todo aquel jaleo, hasta que llegó a su casa. Estaba en una zona cercana más o menos al centro, pero lo suficientemente lejos para evitar los inconvenientes de esa zona, en un área con bastantes edificios altos. Vivía, junto a su hija, en un apartamento pequeño pero acogedor, con todo lo necesario y, como único lujo, una bañera para poder echarse largos baños de espuma. Dos cuartos, una cocina y salón era lo que ocupaba el inmueble, pero que les más que suficiente.

Una vez dejó el coche en su plaza de garaje del edificio, subió a toda prisa las escaleras hasta llegar al tercero, donde vivía. Una vez llegó a la planta, buscó entre sus cosas la llave, y abrió, llegándole el suave olor de macarrones, cortesía de Vikani, y que estaba en la cocina, escuchando música con los cascos. Se estaba moviendo al son de la música mientras su madre entraba, momento en que se quitó los cascos al sentir el movimiento.

-¡Ma! -saludó- Hice macarrones con queso, ¿te valen?

Era una chica de unos 18 años, de pelo negro como el carbón que le llegaba a los hombros, ojos pardos y un chándal a modo de ropa. Aria pensó que tenía que estar llevando lentillas, pues no llevaba sus gafas como solía hacer, al contrario que su madre, que siempre las llevaba. Se dieron un abrazo, y Aria puso los brazos en jarras.

-Bueno, ¿me explicarás hoy qué pasó el Viernes, señorita?

La aludida suspiró pesadamente, entonces.

-Ya te lo dije, la imbécil de Elisabeth pretendió tirarme escaleras abajo con su pandilla de brujas -le respondió-, y preferí que fuera ella la que cayera en vez de yo, ¿o preferías tener que llevarme a urgencias con una pierna rota?

Ante esa lógica, la otra dejó sus cosas en el sofá, y fue directa a la mesa, donde ya estaban los platos, cubiertos, vasos y una barra de pan, sólo quedaba la comida, y que Vikani llevaba en una olla, usando un trapo para no quemarse las manos.

-Bueno, al menos no te han expulsado… -comentó la mujer-, eso ya hubiera sido dramático, la verdad, sería el… ¿tercer centro?

Vikani suspiró.

-Las otras veces no fueron mi culpa, y lo sabes…

A eso, la otra debía asentir. La adolescente era demasiado buena, y temperamental. En cuanto hacía amigos les defendía a muerte, y si eso implicaba darle un puñetazo en la nariz a alguno, lo hacía sin medir demasiado las consecuencias… con lo que aquello suponía. Y es que ya había acabado fuera de otros institutos, y por poco no lo hacía de un tercero. Y eso hacía que hubiera repetido curso, dado que pasaba en pleno año escolar, con la correspondiente perdida del hilo de las clases, cambios de apuntes, de compañeros, de profesores, de formas de aprender… Le había pasado con tercero y cuarto de secundaria, de tal forma que aquel año tendría que estar entrando a la universidad, pero aún estaba en quinto. (1)

-Lo sé, cariño, pero ya no eres una niña, ¿sabes?

La otra asintió, despacio, mientras se echaba en su plato una buena cantidad de macarrones, el estómago le rugía bastante. Aria suspiró un poco, lo que tenía de inteligente lo tenía de noble, y de bruta también.

-No lo hago adrede, es que… -la otra frunció los labios- Si veo una persona pasarlo mal no puedo evitar meterme en medio, ya lo sabes…

-Saliste a tu padre, sí -Aria tomó un trozo de pan-, tengo… una noticia que darte.

Aria la miró a los ojos, mientras masticaba despacio, esperando a que su madre hablara, conteniendo las ganas de decir alguna burrada, no era el momento más indicado para aquello.

-Dime…

-Voy a necesitar tu ayuda, iremos de viaje a un asunto importante, aunque es algo complicado de explicar -le dijo, seria- tenemos que ir a las Highland, a Fort William, iremos a ver a tu abuela.

-¿Y esta decisión tan repentina? -preguntó- ¿Y por qué es complicado?

-¿Te acuerdas de mis amigos de Francia?

La adolescente asintió.

-Como para no, les vemos cada año en vacaciones -comentó, divertida-, no veas las de vaciladas que les meto a los colegas diciendo que conozco a Pinky Angel.

La adolescente se rio un poco, a lo que Aria sonrió ligeramente.

-¿Y te acuerdas de las historias que te contaba de pequeña? -le preguntó- La de aquellos guerreros de un videojuego, que soñaba con crear de joven.

La otra asintió, recordando. Siempre le había contado cómo aquellos héroes luchaban contra el mal en un videojuego, siempre se preguntó cómo nadie le había aceptado aquello, o por qué no escribía un libro al respecto. Claro que ella… a veces le daba demasiados problemas a su madre.

-Bueno… esto empezó hace… muchos años, la verdad.

La adulta comenzó a relatar su historia como Guerrera de Lyoko, obviando algunos detalles que no venían al caso, pero contando lo más importante: cómo se unió al grupo, su guerra contra Xana, su relación con el grupo, sus aventuras en Lyoko, y… cómo fue derrotada la IA más peligrosa hasta la fecha, todo mientras comían, con una Vikani primero realmente escéptica, llegando incluso a reírse a carcajada limpia cuando la otra comenzó, pero, a medida que contaba, comenzaba a dudar.

-¿Y por qué me cuentas todo esto ahora? -le espetó- No lo entiendo, es demasiado conveniente, ¿sabes?

-Entiendo que no me creas, yo tampoco lo haría -le dijo la adulta-, pero si no confías en mi palabra, imagino que en la de Jeremy si lo harás.

Incomodada, Vikani detuvo a su madre, tomándola de la mano cuando la otra ya tenía el móvil fuera, dispuesta a llamar al otro.

-¿Tienes que hacerlo, de verdad?

-Sí, son mi familia al final… -suspiró cuando la otra puso mala cara- Incluido tu… padre.

-El que dice serlo, mejor dicho -la corrigió de inmediato-, ni siquiera le importo, ese tipo no es mi padre ni es nada.

-No sabe ni que eres su hija, y…

-¡Joder ma, somos idénticos, coño! -saltó, de pronto, malhumorada- ¡¿Es puto ciego, o qué?!

Aria, de mala gana, se levantó y fue a recoger las cosas, enfadada también. Las dos tenían un genio potente cuando se quería, así que quitaron la mesa. La adulta se dirigió a su cuarto a hacer su equipaje, siendo la otra mayor de edad podía hacer lo que le diera en gana, no la podía obligar, pero seguía siendo su madre, y no pretendía dejarla sola una semana entera… o lo que fuera a durar aquella misión. Mientras estaba metiendo ropa en la maleta, su hija apareció por la puerta, aún con mala cara, con los brazos cruzados. Y, sin embargo, se acercó a ayudarla.

-¿Iremos a casa de la abuela realmente, o era para que entrara mejor?

La otra la miró con cierto orgullo, y asintió.

-Pensaba dejarte con tu abuela, si no querías venir -reconoció-, pero prefiero que vengas conmigo, aunque sea algo más duro, si me vas a ayudar de verdad.

-Alguien tiene que evitar que te metas en un lío -murmuró Vikani-, además, algo me da que, de tú intervenir, entraré yo al lío también, y prefiero hacerlo por voluntad propia y que no sean los putos hombres de negro los que me metan un tiro a la nuca.

-¡Dios, cómo eres, niña! -exclamó- ¿Desde cuándo hablas tan mal?

-Desde que soy más escocesa que William Wallace, ma -le replicó-, tú misma lo dijiste un día, cuando mordí a aquel perro -La otra rodó los ojos, mientras Vikani le daba un suave golpe en la espalda-. Que conste que no me creo nada, pero… supongo que es más fácil para ti así -suspiró algo-. Te acompañaré, mejor eso que quedarme aquí, muerta del asco…

Aria suspiró algo, pero asintió. Tras dejarlo todo bien preparado, una hora más tarde, agua, luz y gas desconectadas, persianas bajadas, y en general, todo cerrado; salieron por la puerta con las maletas en las manos, fecharon bien la puerta con llave, y bajaron hasta el garaje, donde Aria le tendió las llaves del coche a Vikani, que tragó saliva despacio.

-¿Tengo que conducir, de verdad?

-Claro, ¿cómo vas a aprender si no?

-Ma, me saqué el carnet hace una semana, yo…

-Tira, anda.

Entraron al vehículo, con la joven en el lado derecho y su madre en el izquierdo, dispuesta a ver las dotes al volante de la menor. Ya había llevado el coche al centro comercial o por la zona del trabajo de su madre, precisamente para que entrenara un poco, pero apenas había salido a la carretera. Esa vez, al parecer, lo haría con todas las de la ley. El viaje sería de algo más de hora y media, llegarían a eso de las seis más o menos, aunque la adolescente no sabía muy bien qué harían una vez llegaran.

-Llamaré a mamá, para avisarla -comentaba Aria-, dudo que nos de problemas, pero nunca está de más avisar.

-La abuela Bradana tiene más mala leche que tú -comentaba Vikani, mientras sacaba el coche-, seguro que nos grita por venir de improviso, y luego nos cocinará sus caldos caseros, nos tejerá unas mantas…

La otra sonrió, sí, seguramente hiciera eso. Miró a su hija de reojo, en el fondo creía que realmente estaba confiando en ella, aunque siguiera con cierto grado de incredulidad. Desde luego le había enseñado bien, se dijo. Era una niña valiente, aunque fuera algo atolondrada, pero, ¿quién no lo era a esa edad? Ella, desde luego, no podía decirlo sin tener que sonrojarse instantáneamente por su embarazo a los 22 años… Ese error ahora tenía 18 años y era toda una mujer, aún le quedaba mucho por madurar, pero todo se andaría. Acarició despacio el pelo de la menor, en silencio.

-Siempre pensé que te quedaba mejor el pelo rojo, es más hermoso.

-Prefiero el negro, la verdad… -murmuró ella- El viejo lo tiene así, ¿no?

-William, sí… -Aria suspiró- Tiene el pelo más negro que el carbón, aunque ahora empezará a tener canas seguro…

-Pues eso.

Aria sonrió algo, aunque no lo quisiera admitir ella claramente quería parecerse a su padre de alguna manera. Y si parara sólo en el pelo no diría nada, pero incluso en el temperamento se asemejaban, aunque ella lo desconociera. Pensaba en ello mientras se escribía con la abuela, y que, aunque estaba nerviosa porque venían sin demasiado plazo para prepararse, les tendría listos sus cuartos y una buena cena.

-¿Me explicarás entonces dónde tenemos que ir? -le preguntó entonces la más joven- Porque no creo que nos quedemos en el pueblo, la verdad…

Aria asintió, despacio, y guardó su teléfono. Se colocó el pelo un poco, y miró por la ventana, el Sol casi había desaparecido del cielo, desde que salieron del garaje habían tenido que encender los faros del vehículo, pero se podía ver bastante bien el cielo nocturno. Sonriendo, empezó a recordar.

-Tenemos que ir a la base del Ben Nevis, allí hay un complejo abandonado, construido por Xana -le dijo-, está a diez minutos de casa, así que podremos ir y volver fácilmente.

-¿Y Bradana no dirá nada? -le preguntó la menor- En plan, ¿qué hacéis saliendo tanto y sin pasar por casa?

Pero la mujer negó suavemente.

-Está demasiado entretenida con el club de galés y cosiendo faldas masculinas, desde luego no se aburre -le dijo-, de hecho seguramente pase menos rato en casa que nosotras, tranquila.

La menor asintió, acomodándose en el asiento, pensando en qué le diría a la mayor. Según pasara por la puerta le preguntaría si tenía novio, que cómo comía tan poco, que tenía que aprender a coser… esperaba que su madre le echara un capote con todo aquello. Pensaba en ello cuando su madre empezó a tocar los botones táctiles de la pantalla, vio que quería llamar a Jeremy, debía querer hablar con él algo relevante.

-Jeremy, soy Aria -saludó-, estoy con la niña ya de camino a Fort William, vi que me mandaste un archivo.

-Sí, me pillas con Herb de hecho, un momento -escucharon que hablaba con el aludido, unos segundos más tarde volvió a hablar-, ¿me oyes?

-Sí, perfectamente – Vikani sonreía un poco-, he recibido tu PDF, lo estoy viendo ahora, la niña está conduciendo.

-La niña tiene 18 años.

Escucharon las risas de los otros dos, pero sería Herb el que hablara.

-Aprovechemos ahora que no está Aelita aquí para contarte una cosa -le dijo, escucharon que charlaban un poco entre ellos, hasta que el hombre siguió-, tenemos una idea en mente, pero antes, junto a nosotros está trabajando un programa del súper ordenador, se llama Belona, es el sistema operativo del aparato.

La mujer suspiró un poco, rascándose la nuca un poco.

-¿Qué coño es el sistema operativo, tío?

-Es lo que hace funcionar el ordenador, digamos -le explicó Herb-, bien, con su ayuda estamos creando un programa para acabar con Cartago, en cuando esté creado, llevaremos una copia de ambos programas al ordenador cuántico que pondrás en marcha con nuestra ayuda.

Vikani se sorprendió, pero no perdió en ningún momento la vista de la carretera.

-¿No es esa mucha tralla para nosotras, Herb? -preguntó-, coño, que no tenemos ni zorra idea, no os paséis.

Su madre le miró de mala manera, pero se limitó a suspirar un poco, mientras los dos hombres se reían suavemente en la sala de la interfaz de la fábrica.

-El aparato está totalmente montado, sólo lo tenéis que poner en marcha- les indicó Herb-, de hecho lo difícil será encenderlo, pues debe permanecer dañado tras vuestra misión de aquel día, pero seguro que podremos restaurarlo.

Las dos mujeres se miraron, no podrían hacer otra cosa, a decir verdad. Contaban con ellas, así que tendrían que hacerlo sí o sí. Sería necesario apuntar muchas cuestiones, de hecho Aria no dejaba de modificar el PDF de ellos con cada información que Herb les daba, estaban previstas muchas cosas, pero seguro que otras muchas cuestiones no. Les estaban dando muchas claves, y, entre charla y charla, pasaron la hora y media que les separaba hasta llegar al pueblo de ellas, entrando al mismo tras cruzar un par de pasos de montaña. Desde la carretera se podía ver el pequeño montículo que escondía el súper ordenador que tenían que restaurar, pero apenas pudieron verlo un poco.

En cuanto entraron al centro urbano, Vikani condujo rápidamente hacia la casa familiar, mientras se despedían, temporalmente al menos, pues más tarde tendrían que seguir con la charla dadas las muchas dudas de las dos mujeres. En ello estaban mientras la menor aparcaba, como podía, en frente de su casa, en una cuesta abajo algo peligrosa para no llegar a chocarse con ninguna pared u otro de los coches. En la puerta de su casa esperaba la anciana Bradana, una mujer con el pelo grisáceo claro, ojos pardos, abrigada con un mantón negro, bajo el cual tenía un vestido negro que cubría bastante, desde el interior salía un agradable calor.

Mientras la mayor charlaba con su hija y nieta desde el portal, Vikani dejaba las cosas en la entradilla, dejando el hueco del conductor a Aria, que llevaría al garaje el coche cuando lo dejaran todo bajado.

-¡Qué guapa esta mi banringheran! -comentó la mujer, ¿para cuándo me traerás a un muchacho, Vikani? Pero que sea escocés, ¿eh? ¡En mi casa no entra un inglés! ¡Como mucho, un irlandés! (2)

La chica sonrió un poco.

-Abu, no te preocupes -la abrazó sonriendo-, un inglés no se me ocurriría, una inglesa es posible…

La anciana suspiró.

-Ay, Vikani, cómo tratas a tu abuela… -murmuró, y abrazó el brazo de la joven, con una sonrisa- ¿Es hermosa, la moza?

-Mucho, abu, mucho -Viakni tomó las maletas, cerrando tras de sí la puerta-, se llama Megan, pero no sé si decírselo…

Entraron a la casa. De madera y roca tallada, estaban decoradas las paredes con muchos aperos de labranza de acero, así como canastas y ollas bañadas en oro, con una cruz de madera en lo más alto. Era, como muchas casas de la zona, de muros amplios y pequeñas ventanas acristaladas, una gran hoguera en el salón, unos sofás, televisión, y varios cuartos para invitados, dos baños y un par de amplios patios interiores.

-Oh, si te valora te aceptará, querida -le dijo la mayor, sentándose en uno de los sofás-, anda, se buena y ve a ayudar a tu madre, os he hecho la cena ya, para que no tengáis que hacer más.

Asintiendo, la adolescente cruzó la casa hasta el lado derecho, donde tenían el garaje. Allí estaba el mini de su abuela, con el coche de su madre ya aparcado a la derecha del otro, en un espacio lo bastante grande para albergar, holgadamente, un tercer coche sin necesidad de mover los otros dos. En su día servía para guardar un tractor, pero en esos momentos estaban solo esos coches desde que la mayor se jubiló, junto al abuelo, Cromwell, que en breve volvería de estar en uno de los bares locales junto a sus amigos, tomando unos vinos. Mientras las dos más jóvenes se dedicaban a dejar sus cosas por la casa, el anciano llegó a la casa, falda masculina con calcetines largos blancos, camisa verde y roja con una blanca interior, una gorrita, y con su mostacho gris bien delineado.

-¡Buenas noches! ¡ARIA!

Sería un escocés de casi dos metros de alto, gordo como una foca y corpulento como ninguno, pero se volvía un oso de peluche en presencia de su hija, que le abrazó, sonriendo, según salía por la puerta. Vikani, algo cohibida, se quedó en la repisa de la puerta de su cuarto, mientras el adulto se acercaba y le acariciaba la cabeza suavemente.

-¿Qué tal, nieta? -le preguntó, colocándose a su altura- ¿Te estás portando mejor ya?

Ella, de metro setenta, tenía que ponerse de puntillas para poder besar a su abuelo en la mejilla, pero este últimamente se inclinaba para facilitarle la tarea. La adolescente lo hizo, mientras se dejaba abrazar por el mayor, que la levantó como si fuera un saco de patatas, mientras ella se reía con diversión. Aria observó aquello con cierta alegría, se acordaba aún del drama que fue su embarazo para su padre, que quería matar de una paliza a William, por suerte nunca llegó a conocerle o verle, de ser así no hubiera podido impedir aquello. Debido a esto, al inicio no sabía muy bien qué pensar de su nieta, así que era algo distante y frío con ella, lo que le acarreaba fuertes discusiones con Bradana, que el echaba en cara su estupidez habitualmente.

-En breve cenaremos, en una hora aproximadamente, así Vikani nos podrá contar una cosita muy interesante, ¿a que sí?

La aludida suspiró y asintió, mientras se sonrojaba ligeramente por esas palabras de su abuela, dirigiéndose a uno de los sofás con ella del brazo. Estuvieron allí sentados, charlando entre ellos animadamente con la tele de fondo viendo un concurso típico de su país, tras lo cual la abuela se dirigió a la cocina para traer la cena, y que se limitaron a tomar tranquilamente desde la mesita de la cocina. En todo ese rato, Aria estuvo al pendiente del móvil para los mensajes de Herb y Jeremy, de hecho empezarían con aquello esa misma noche, aprovechando que los dos ancianos se irían a dormir al poco de cenar. De hecho se quedaron a solas en cuanto terminaron, pues ellos se levantaron y fueron directos a su cuarto para dormir.

-Entonces, ¿iremos ya?

A esa pregunta de Vikani, la adulta asintió tranquilamente, levantándose. Eran algo pasadas las ocho, con noche cerrada total y un frío intenso, pero tenía que hacerse. Tomaron mantas, linternas, y calentadores eléctricos y de gasolina para no morirse congeladas. Tardaron media hora en preparase, metieron las cosas en el coche, con el ordenador portátil y el móvil de ellas, momento en que salieron hacia la carreterita que les llevaría hasta la antigua nave que alojaba el súper ordenador, y que Aria tan bien conocía. Durante el corto trayecto, en la que condujo la mayor, le explicó cómo había llegado a conocer tan bien aquello.

-Yo pasé mucho tiempo protegiendo esta zona, junto a William -le explicó ella-, era una de las bases de Xana, ¿te acuerdas que te dije que tuvo muchas a lo largo del mundo?

Vikani, en el asiento de su izquierda, asintió.

-Se supone que, siendo de Xana, vosotros tendríais que destruirla, ¿no?

La mayor dudó un poco entonces, pero asintió.

-Sí, pero necesitábamos un lugar seguro, por si acaso, y él y yo la teníamos protegiéndola constantemente, por si acaso Lyoko desaparecía, para conservarla, ¿me explico? -aquello le era más entendible a la menor, que asintió- Por eso la conocemos como la palma de nuestra mano, o la conocíamos, dudo que la hayan cambiado…

Llegaron a un camino de tierra, y que recorría un pequeño bosque en la base de la cadena montañosa cercana, en las inmediaciones de la autovía que las condujo hasta allí, pero lo bastante alejada del núcleo urbano como para poder ver claramente el cielo nocturno. El frío y húmedo viento del mar mecía las hojas, y el sonido de los animales le daba ambiente a la zona, que parecía un bosque mágico. Los árboles tenían algunos cortes aquí y allá de los jóvenes locales, que grababan sus nombres, incluida Aria en su juventud, y que miraba sus troncos con cierta añoranza, cosa que no pasó desapercibida a la menor, que incluso notó que unas lágrimas aparecían en el rostro de ella.

-Hemos llegado…

El camino, de unos trescientos metros, moría en un claro, y en el que había, efectivamente, una pequeña nave industrial abandonada, que apenas se elevaba cuatro metros sobre el suelo, así que se ocultaba perfectamente en el bosque. Estaba claramente fuera de circulación, pues la roña se extendía por todas partes, así como el óxido, que hacía peligrar en cierta medida la estructura. Pero Aria entró, valientemente, una vez recogió las cosas del coche, junto a su hija, y entraron al edificio. Estaba totalmente a oscuras, sorprendentemente sin ningún animal guareciéndose del frío exterior, pero con alguna que otra gotera aquí y allá. Aria se colocó la linterna en la boca, se acercó a un cuadro de luces cercano, y comenzó a toquetear los cables, elevando todos los interruptores uno por uno hasta terminar con el general, momento en que, poco a poco, las bombillas del techo se fueron iluminando.

-Guau…

Vikani estaba con la boca abierta y mirando aquí y allá, pues se veían cables por todas partes, recorriendo el suelo como si fueran las raíces de un árbol enorme, y que convergían en una única torre de unos tres metros de alto, junto a una gran pantalla, un teclado, ratón, y un cómodo sillón. Desde luego aquello estaba bastante bien montado, pero Aria no se quedó quieta, enchufando un alargador y colocando su extremo cerca del sofá, al que fue añadiendo los calentadores, mientras Vikani colocaba las mantas.

-¿Y qué buscaba Xana aquí? -preguntaba ella-. Dijiste que en cada una de sus replikas, creaba en torno suyo centros de investigación o creación de un ejército de robots para conquistar el mundo, pero, ¿y aquí?

-Esta, ya digo, era una base de seguridad -le dijo-, Xana era extraordinariamente inteligente, y se sabía mortal, por eso conservaba lugares como este, donde refugiarse en caso de algo ir mal… por suerte, le salió mal.

La adulta se sentó en el sofá, echándose la manta por encima tras limpiar un poco la zona de trabajo como mejor pudo, ayudada por su hija, y que se fijó en dos largos tubos en un lateral. Aria sonrió por su perspicacia.

-Son los escáneres, sirven para entrar al mundo virtual -le explicó-, lo usé muchas veces, a lo largo de mi juventud… -una sonrisa triste apareció en su cara entonces- ¿Abres el PDF y vamos trabajando, cariño?

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De esta manera, fueron pasando los días entre trabajo arreglando y poniendo a punto aquel aparato, en constante conexión con el grupo de París, con el que acababan charlando de todo menos de su labor, pues no siempre se podía estar programando o poniendo a punto programas, y que ellas únicamente transcribían, sin entender demasiado bien de qué servía aquello. Vikani se sorprendía de cómo podían tener piezas de repuesto para un aparato que ni se vendía y que superaba con creces lo que uno se podía encontrar en el mercado, era evidente que aquel grupo era realmente previsor, aún conservaban las piezas que, en su día, adquirieron por si las necesitaban.

Estas se encontraban en el piso inferior, bajando unas escaleras laterales, donde estaban igualmente los generadores de uranio que hacían funcionar todo el complejo. Sin duda, una tecnología espectacular. La joven se reñía a sí misma por no haber creído a su madre cuando, de primeras, le había contado todo aquel jaleo. Le había costado, pero claramente decía la verdad, y ese día, el Domingo 13 de Octubre, era la jornada en la que toda la carne iría al asador.

-Hoy irán hasta Cartago ellos, nosotras tenemos que servir de respaldo en caso necesario -comentaba Aria, mientras tecleaba un poco en la interfaz-, ¿preparaste al final el programa del submarino digital?

-El Skid está listo, sí, pero me gustaría poder pilotarlo, la verdad…

La mujer sonrió un poco, y le movió un poco el pelo a su hija, que se estiró algo. Eran las once de la mañana, en breve irían a comer con los abuelos y descansar un poco, mientras ellos estaban con aquello ellas comerían, en cuanto terminaran podrían volver a la nave donde trabajaban, si todo el horario se cumplía, como hasta ahora, a la tarde estarían ya de misión: se derrumbaría la fábrica de París, mientras los demás usaban el Skidbladnir para atacar Cartago, lo derrotarían, e irían hacia las coordenadas de su mundo virtual, desde donde podrían salir sin demasiados problemas usando los escáneres. Era un plan, pensaban ellos, sin fisura, aunque, si funcionaba apropiadamente, ni necesitarían ir hasta allí, volverían usando los escáneres de la fábrica, que estarían intactos, usando una salida lateral.

-¿Crees que ganarán, ma? -preguntó Vikani, con interés- Porque lo veo complicado…

La aludida se encogió de hombros, tranquilamente, y se recostó, pensativa.

-Si Jeremy piensa que pueden hacerlo, es porque debe ser así, pero… sólo el tiempo lo dirá, cariño -le respondió-, lo has hecho genial todos estos días, Vika.

La aludida sonrió algo, ligeramente sonrojada, pero orgullosa de sí misma. Le gustaba ser reconocida por su madre de esa manera, esos días con su madre los había pasado con bastante trabajo, pero sirvió para unirse bastante. Lo que no sabía es cómo pudo la mayor compaginar su trabajo de oficina con su objetivo de poner en marcha el súper ordenador, ni tampoco cómo logró que sus abuelos no dijeran nada de sus constantes salidas. Aunque habían conectado por internet los diferentes aparatos, seguían teniendo que ir a menudo para trabajar in situ… y ninguno de los dos ancianos había dicho absolutamente nada sobre aquello.

-¿Crees… que saldrá bien esto? -preguntó entonces- Si mataron a la madre de Aelita, y estuvieron durante años tras Waldo, ¿qué les impediría hacer lo mismo con nosotros?

-Nada, pero estamos dentro ya -respondió ella-, y te aseguro que ganaremos, cariño.

La chica asintió, pensativa, mientras se incorporaba un poco y se estiraba, con una suave sonrisa. Fue entonces que revisó su móvil, bostezando un poco.

-¿Mandaste el justificante para mis próximas faltas, por cierto?

La adulta asintió, viendo como la menor se levantaba de su silla, junto a las mantas que usaba para refugiarse del frío.

-Les puse que estabas bastante enferma, le pedí a Jeremy que falsificara una baja médica para las dos y a correr -le respondió-, no es la primera vez que lo hace, es bastante bueno con eso.

La otra sonrió un poco, comprendiendo de dónde habían salido ciertas cosas. Siempre decía su madre que había salido a su padre, claramente Aria tenía bastante que ver también, pensó.

-¿Y ahora qué? -preguntó- ¿A esperar como pasmarotes?

-Básicamente, sí -reconoció Aria, divertida-. Espero tener que aburrirnos bastante, eso significaría que a los demás les está yendo bien…

Comprendiendo, Vikani se dedicó a inspeccionar la zona. Habían trabajado una semana entera en tener aquello montado, ahora era plenamente funcional, incluso se habían usado a modo de conejillos de indias para comprobar que los escáneres funcionaban, siempre bajo la supervisión de Herb o Jeremy para entrar al mundo virtual, que bautizaron como Unmei, una replica mucho mayor del sector de las montañas original de Lyoko, y que ocupaba un espacio igual que este último. (3)

-Podríamos entrenar, la verdad… -comentó la menor- Quiero decir, no me gustaría ser un lastre, y ya que los demás lo han hecho…

La mujer miró con diversión a su hija, debía reconocer que la idea le era interesante. Salvo el día que usaron los escáneres para probarlos, no había vuelto a usar uno, así que estaba, cuanto menos, oxidada. Sonriendo, se levantó, y programó un par de virtualizaciones retardadas, entrando cada una en uno de los escáneres, con la amplia sonrisa de Vikani adornando su rostro como última cosa que vio en la Tierra.

Un par de fuertes fogonazos, un intenso viento, y el sonido de los motores de los escáneres precedieron a la virtualización de ambas mujeres, que aparecieron en el cielo virtual de Unmei, en lo alto de una gran cordillera. Estaba todo tal cual lo recordaba Aria, igual que el de Lyoko pero mucho más grande, con árboles, lagos y cascadas aquí y allá, en una versión incluso más hermosa que la original. De no conocer a Xana, hubiera dicho que tenía un gran sentido de la estética y del arte.

-¡Pareces un súper héroe!

Aria se rio un poco. Efectivamente, conservaba su traje de siempre, emplumado, con dos alas a la espalda, un casco de halcón que cubría parte de su rostro, decoraciones blancas en la parte interna de brazos y piernas, con una espada corta en el cinturón. Según le explicó su madre, esa espada le había librado de más de un aprieto, pues, en momentos puntuales, podía crear un viento cortante que arrasaba con lo que encontraba, sus enemigos caían habitualmente cuando hacía aquello.

-Y tu pareces una guerrera celta, guapa.

La aludida soltó una carcajda por aquello. En sus mejillas tenía dos franjas azules, con mallas, botas, una pechera marrón, y un colgante con forma de garra al cuello. Contaba con una lanza a la espalda, y que, según tomó entre sus manos, variaba de tamaño según sus necesidades.

-Debes tener un poder especial, en mi caso, por ejemplo, podía generar ese viento cortante con mis brazos, alas o espada -le indicó-, Odd juntaba sus brazos para formar u escudo, Aelita modificaba el ambiente…

-¿No revisaste cual era el mío? -preguntó, algo molesta la otra- ¿Y cómo descubriremos cual es, ma?

La aludida se rio, divertida.

-Lo descubriremos, no te preocupes -le señaló una colina a cierta distancia-, si te parece, iremos hasta allí, echando una carrera, ¿te parece?

Antes de que la otra pudiera decir nada, echó a volar en esa dirección. Cabreada, Vikani salió corriendo todo lo que pudo, encontrándose con que era bastante más veloz allí que en la Tierra. Seguramente sus demás habilidades hubieran aumentado, pues ni gafas necesitaba allí, y no se cansaba tampoco. Tan centrada estaba en no perder ante su madre, que ni se dio cuenta de que era rodeada de una neblina, y que esta la hacía aparecer justo en el punto al que ella quería llegar. Tuvo que ser sujetada por Aria para no caer al vacío del mar digital, que llegó justo para tomarla del hombro y evitar aquello. La adolescente la miró con cierto grado de ilusión.

-¡Te gané! -festejó, sonriendo- Pero con diferencia, ¿eh?

La adulta se rio con fuerza, y sacó su espada, invitando a la otra a que hiciera lo mismo con su lanza. En cuanto estuvieron listas, comenzaron a golpearse con los metales, que resonaban en el silencio absoluto del mundo virtual, mientras los golpes iban y venían en todo momento en ágiles y eficientes movimientos, si a una la acompañaba la experiencia, la habilidad y juventud de la otra compensaba la situación, en una danza que, a todas luces, una llevaba las de ganar.

-¡Te estoy ganando, niña! -le decía Aria, esquivando el golpe de la otra- ¡Esfuérzate más, anda!

El caso es que, de haber combatido a la misma edad, las tornas serían diferentes. Claramente había heredado la capacidad de combate de su padre, pues aunque ella le golpeaba con la espada, así como con las duras plumas de sus alas, la otra se protegía con el mango de la lanza, que hacía de metro y medio, para entonces, alargarlo hasta los dos de golpe, pretendiendo así ensartar a la mayor, que a su vez interponía sus alas a modo de escudo. Sería una batalla digna de ver, de no ser por una jugada algo rastrera por parte de Aria: dio un alto salto al aire, extendió sus alas, y se colocó de espaldas al Sol digital, haciendo que la otra, si quería seguir sus movimientos, acabara cegada. Aprovechando aquello, la mujer se escondió por debajo de la plataforma, y, volando a toda velocidad, apareció justo delante de la otra y atacó lanzando varias hojas de aire, que Vikani no pudo esquivar, quedando de esta forma desvirtualizada.

Tardó unos treinta segundos en escuchar la voz de la menor resonar por todas partes, algo molesta por la derrota, pero en el fondo orgullosa de lo gran guerrera que era su madre. Una suave sonrisa apareció en su rostro.

-Xana debía pasarlo fatal contigo -comentó-, ¿el viejo era igual de bueno?

La otra tardó unos segundos en responder, la pregunta había coincidido con el momento en que era desvirtualizada, teniendo que responder ya en tierra.

-Gracias, y sí, lo era… -murmuró- No nos podremos volver a virtualizar en un par de horas, ¿te duele mucho el cuerpo?

La otra asintió algo, precisamente en el punto de impacto del ataque de su madre, pero supuso que, simplemente, era un efecto secundario. En todo caso, y no teniendo demasiado más que hacer, tras cerrar la nave, ambas mujeres salieron de allí, a la espera de que el turno de su misión llegara cuanto antes, al día siguiente prácticamente. Todo, mientras en esos mismos instantes, saltaban las alarmas en la base de Nevada, y el grupo de Maya, JP, Hiroky y Ariadna salía a toda prisa de Cartago, habiendo llamado la atención de la IA y de Laura, que actuaría como que no sabía nada de aquello.

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(1) Los equivalentes a 3º y 4º de Secundaria, y 1º de Bachillerato, respectivamente. Ese quinto año es conocido como "High level".

(2) Reina en escocés.

(3) Unmei significa destino en japonés, etimología similar a la de Lyoko, que se traduce como viaje en ese mismo idioma.

Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.