Hola amigos quise escribir algo nuevo. Esta vez me decidí escribir sobre una de mis parejas no canónicas de Yu-Gi-Oh. El mischiefshipping: Estoy hablando de Mana y Bakura, Rey de los Ladrones. Se que ellos dos no tienen mayor interacción en el anime y manga. A pesar de eso es una de las parejas más queridas que tengo en este fandom. ¿Porqué? Llámenme loca pero desde que vi el arco de las memorias del Faraón por primera vez, tendría como 7 años hace tantos años ya pues no pude evitar emparejarlos. Honestamente esta pequeña historia llevaba años en mi cabeza así que ha llegado el momento de redactarla.
A pesar de ser una de mis favoritas me he dado cuenta que no tiene muchos seguidores. A penas hay como 15 fanfics en inglés en Fanfiction y en Wattpad a penas encontré dos historias que lo enlazaban sutilmente porque la pareja principal es el vaseshipping. Fanart tendrá como cinco nada más y no hay nada en español. Así que por eso decidí ser la primera en escribirles algo en español que es directamente sobre la pareja que forman ellos dos.
Esperando que les agrade los dejo con la historia.
Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.
Advertencia 1: Lenguaje vulgar.
Advertencia 2: Lemon en la trama.
Advertencia 3: Triángulo amoroso en la trama, no correspondido. Referencia a mi fanfic "El Conjuro Secreto" ya publicado en esta plataforma.
Advertencia 4: Mischiefshipping pareja principal, parejas secundarias: Oasisshipping, Vaseshipping, Sandshipping y Raceshipping explícito.
Al final explicaré porque se llaman así las parejas que yo inventé.
Deseo: Capítulo Único: No Soy Ella.
Los gemidos llenaban aquella pequeña habitación donde sus cuerpos reposaban, ella estaba acostada en aquel camastro de madera sus piernas estaban abiertas mientras el hombre sobre ella la embestía con fuerza. La besaba mientras callaba sus gemidos de placer. Él siempre hacía lo mismo, desde que la verdadera dueña de su corazón se fue. Ambos buscaban en la piel del otro el consuelo, deseo por saciar sus instintos carnales. Habían ocasiones en las cuales el le pedía que cambiara el color de sus ojos, de cabello y hasta el color de la piel. Cuando la lujuria llenaba su mente, el gemía llamándola por aquel nombre que estaba grabado como fuego candente en su corazón.
Quién diría que el aclamado, famoso ladrón de tumbas, el enemigo principal del Faraón estaría enamorado, porque lo estaba realmente. Era una lástima que ya no era correspondido.
-¡Ah! ¡Estoy a punto de…! ¡Ah Yuriko! ¡Mi amor! Bakura olvidaba por completo que era a la castaña a quien tenía debajo de él. Llenó su cuerpo con su esencia blanca, aunque tenían el acuerdo de que terminaría fuera de la aún aprendiz de magia, cuando su mente le traicionaba frente a sus ojos a quien tenía desnuda, pidiendo más de su cuerpo, suplicando que entrara en ella una y otra vez hasta hacer que sus ganas se saciaran era a aquella mujer llamada Yuriko.
La mujer que todos conocían por ser la reina póstuma de Egipto. La culpa le carcomía porque sabía que era su culpa que ella ya no estuviera presente en la vida de todos los que la amaban.
A pesar de haber eyaculado dentro de Mana, Bakura no se detuvo siguió moviéndose dentro de ella, sacando y metiendo su duro miembro dentro de su sexo húmedo, caliente, que le apretaba con fuerza.
Ambos se hacían daño lo tenía que reconocer, pero Mana era el escape de su dolor, cuando tenían sexo podía por un momento olvidar sus culpas. Hasta que ella volvía a aparecer como un fantasma que no lo dejaría en paz hasta su muerte. Y aún así muerto el no podría olvidar su recuerdo ni sacarlo de su mente, de su corazón.
-¡Yuriko! ¡Yuriko! ¡Ah Yuriko! Bakura la volvió a llamar mientras acariciaba los pechos de Mana quien se mordía los labios hinchados de tanto placer.
Observó el rostro de Bakura mientras silenciosas lágrimas recorrían sus mejillas, pasando por la cicatriz que marcaba la parte izquierda de su cara. Sabía que la culpa no lo dejaba en paz día y noche.
La castaña suspiró tanto de placer como de dolor, cerró los ojos con fuerza recordando los acontecimientos de los últimos años.
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Mana siempre fue conocida como la aprendiz del Sacerdote Mahad. Hubo un tiempo donde fue la prometida del Faraón, casi fue la reina de Egipto, ella fue el primer beso de Atem, la primera vez.
Hasta que llegó al palacio, aquella niña preciosa que venía de un país lejano, los rumores decían que ella había venido del otro lado del mundo "El Océano del Oeste" un lugar donde las personas de piel blanca predominaban. La niña tenía un nombre muy extraño: Yuriko.
La primera vez que se vieron la castaña observó desde la distancia que Atem la tenía abrazada, estaban celebrando una fiesta en honor de aquella chiquilla de cabello negro, con reflejos fucsia en las puntas, fleco de color amarillo y ojos verdes cual esmeralda, además los rumores que se escuchaban en la reunión le indicaban que la niñita era caprichosa, tal parecía que había "movido las pestañas" embrujando al Monarca de Egipto, quien le cumplía cada demanda a ella. O al menos eso le dijeron a la castaña.
El tiempo le demostraría lo equivocada que estaba con aquella joven Doncella.
Atem había roto su compromiso con Mana un año y medio atrás, cuando aún era el príncipe de Egipto. Su padre el Faraón Aknamkanon le ofreció una compensación a ella y a su familia. La cual su padre rechazó mientras amenazaba al que era el príncipe en aquel tiempo. No había nada que pudiera hacerse, el príncipe había roto su compromiso con ella porque Mana había cambiado sus actitudes desde que ellos habían tenido relaciones sexuales. La castaña se había vuelto altanera, orgullosa, humillaba a todo aquel que consideraba que estaba debajo de ella por ser la futura reina, ella creía que Atem le soportaría todo. Pero no fue así.
Poco después murió el Faraón Aknamkanon y Atem pasó a ser el nuevo gobernante. Quiso reconquistarlo con su cuerpo, trató de volverlo a enamorar pero no pudo conseguirlo. El tricolor estaba demasiado deprimido por la muerte de su padre, se encerró por seis meses en los confines de su palacio, hasta que se recuperó tratando de tomar las riendas de lo que le pertenecía.
Mana hizo un viaje de tres meses para mejorar no solo en su desempeño mágico, también lo había hecho con la intención de que al volver tenia la esperanza de que Atem la extrañara, pero no contaba que en su regreso hubiese alguien más que se ganó el corazón de su Faraón en tan poco tiempo.
Desde su primer acercamiento no se llevaron bien. Mana quiso atacarla con su báculo, en su afán de humillarla lo único que provocó fue que la chica de ojos verdes la amenazara por hacer sentir mal a Kisara, incluso recibió varios regaños de su maestro Mahad.
Los siguientes días la castaña se dedicó a tratar de desprestigiar a la chica tricolor. Todas las mañanas tenían riñas que para la más joven era una molestia matutina. La gota que derramó el vaso fue la ocasión donde Mana insultó a los padres de la extranjera, los señores Yugi y Rebecca.
Fue la primera vez en la cual temió por su vida. Yuriko la abofeteó de tal manera que le dejó el rostro marcado, la lanzó contra el suelo y comenzó a golpearla en la cara, mientras le exigía respeto para sus padres. Ella no se detendría hasta que la aprendiz de magia aprendiera que con su familia no se debía de meter. Mana no supo controlar su magia en esa ocasión, lanzó hacia las aguas del Río Nilo a la joven. Casi la asesinó aquella vez.
Yuriko no la acusó con el Faraón, pero todos en aquel palacio sabían que algo le había pasado después de esa travesía en el Nilo.
Lo confirmaron después, resultó que a la niña la había salvado precisamente el hombre que en estos momentos penetraba a Mana con desesperación. Bakura o Bak como le llamaba ella la había rescatado de aquella corriente de agua. Evitando así que se ahogara, aquella casualidad dio inicio a una amistad que se fue convirtiendo en algo más con el tiempo.
Yuriko y Mana tardaron mucho en hacerse amigas, las acciones de la segunda hicieron que con el tiempo se enemistaran otra vez.
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Bakura jadeó hasta que su espesa semilla terminó dentro de Mana otra vez. Sus rondas de sexo solían ser salvajes, llenas de lujuria. Hasta que él la veía a ella. Quería a la castaña se había encariñado con su persona, pero jamás la amaría como a Yuriko. La primera mujer por la cual el sentía algo más que solo pasión, la única que había curado aquel corazón herido, había tratado de ayudarlo tantas veces, que dolía recordar con solo respirar.
La mujer que le robaba el sueño, aquella que entregó su vida por él. Como se arrepentía a cada momento que volvía a vivir aquella catástrofe que el mismo provocó con sus celos, su envidia, su odio.
El hombre de ojos lilas volteó a la castaña mientras la recostaba boca abajo besó su espalda acarició su trasero procedió a penetrarla en esa posición. Ante sus ojos volvía a aparecer la figura de la mujer de piel blanca. Cabe destacar que el muchacho jamás vio desnuda a su gran amor. Así que solo imaginaba como hubiese sido su cuerpo si el la hubiera tocado de esa manera tan erótica, tan pasional.
Recordó con dolor como fue que la perdió la primera vez, su ego no le permitió ver que aquella persona a la que el llamaba "enanita" por el simple placer de verla enojada con el poniéndole atención, se había enamorado de él.
Siempre se jactó que era un hombre libre sin ataduras ni compromisos únicamente le gustaba el sexo casual. Jugar con los cuerpos de las mujeres, procurar nunca preñarlas. Pero con Yuriko se enamoró como un quinceañero iluso, irónico la quinceañera era ella. Él tenía 21 años cuando la conoció.
La tricolor se había enamorado de él, del ladrón de tumbas, del único sobreviviente de Kul Elna, del más guapo de su ejercito de hombres pero siendo Bakura como era de vanidoso no se dio cuenta de la verdad hasta que fue demasiado tarde.
Su ego fue el que lo cegó. Bakura jamás se negó a los encantos de una mujer, ahora entendía porque Yuriko cuando iba a buscarlo al Pueblo se molestaba con él cuando coqueteaba con descaro con las chicas de la aldea, recordaba que hubo una ocasión donde le dio un puñetazo en la cara cuando el trató de subir la falda de una hermosa aldeana, ella dijo que lo había hecho porque estaba siendo abusivo pero la realidad fue otra. Ella lo había hecho por celos.
¿En qué momento se fue todo al demonio? ¡Ah sí! Cuando empezó a acostarse con Mana. Al principio lo de ellos era por venganza, la castaña le hizo creer que ella era lo que más amaba el Rey de Egipto, Bakura no desaprovechó la oportunidad, la sedujo hasta que ella se le entregó cerca del Río Nilo. El sabor de su piel la hacía adictiva para él. Al principio era una vez por semana, luego comenzaron a frecuentarse tres veces a la semana hasta que llegaron en un punto donde lo hacían diario y en cualquier lugar.
Así los pilló Yuriko, Mana fue la única que se dio cuenta. Si ella no se hubiese acostado con Bakura, quizás Yuriko y él se habrían ido juntos de Egipto, ella hubiera reconquistado a Atem, la historia sería otra.
Esa visión fue la que la lanzó directamente hacía los brazos del Faraón. Quién llevaba tanto tiempo amándola. Todos lo sabían menos ella y el padre de la tricolor. El Señor Yugi.
¿Cómo descubrió Bakura los sentimientos que alguna vez ella albergó por él? Por medio de una carta que le robó al Sacerdote imbécil llamado Mahad, creyendo que era un pergamino de gran valor para el mencionado decidió leerlo para poder usar su contenido a su favor. Grande fue su sorpresa al ver quién había escrito el mensaje. Era de una carta de Yuriko para él, misma que ella le solicitó al Hechicero que tirara muy lejos de su vista.
Bak, así te llamé por dos años sin saber tu verdadero nombre hasta ese día donde quedaste al descubierto. Bakura Rey de los Ladrones. Maldito nombre que te queda como anillo al dedo. Sabes jamás leerás está carta porque no la escribí con ese propósito, solo quería decir que hubo un tiempo donde estuve enamorada de ti. ¿Qué gracioso no? ¡La Princesa se ha enamorado del Ladrón! ¡Te burlarías de mi como siempre lo hiciste! Fuiste mi primer amor. En secreto en silencio. Quise decírtelo pero tú corazón ya tenía dueña… y no era yo la persona escogida…
Bakura no pudo seguir leyendo la carta, corrió tratando de poder ingresar al palacio. Y estrechar a la mujer que amaba en sus brazos. ¿Por qué hablaba en pasado en su escrito? ¿Acaso se había dado por vencida?
La verdad de aquella confesión le rompió el corazón, le hizo caer en la más densa oscuridad. Bakura no podía creer lo que vio en aquel momento, cuando logró noquear a los guardias que custodiaban el trasero del Faraón.
Su enanita, la mujer que amaba con todo su corazón estaba besando al Rey de Egipto, su más grande enemigo, el hombre que más repugnancia le hacía sentir por haber destruido su vida. Ahora le quitaba lo único bueno, puro, hermoso que el destino le había otorgado.
-Eres la Reina de Egipto. Escuchó que ese maldito animal rastrero le decía mientras acariciaba su angelical rostro.
-Mientras estés a mi lado, seré lo que tú desees mi amado Faraón. Lo abrazó enterrando su rostro en el pecho del Monarca. No había ni una sola pizca de duda en su voz.
Yuriko sonreía mientras se ponía de puntillas tratando de besarlo una vez más, Bakura no lo soportó más y sin pensarlo atacó a la feliz pareja. El Faraón reaccionó a tiempo evitando que los hiriera con su ataque sorpresivo.
Esa fue la segunda vez que la perdió. Pudo ver su mirada triste por no entender porque quería lastimar a su amado.
Tomó a Mana de los cabellos castaños mientras sus embestidas eran más profundas. Ella gemía excitada. El solo trataba de olvidar lo que no podía ser olvidado. Le dio la vuelta quedando ella boca arriba, dejó que ella quedara encima de él, permitiendo que fuera la mujer quien controlara la penetración ahora. Ella se movía lentamente al inicio para finalmente moverse rápidamente.
De nuevo los gemidos de placer llenaban la habitación, y los recuerdos de la tragedia volvían a su ser.
La tercera vez que la perdió fue la definitiva, Bakura había destruido medio Egipto. Con la ayuda de Aknadin logró adueñarse de los siete artículos milenarios, su venganza podía ser consumada, invocó a aquel monstruo que se hacía llamar el "Gobernante de la Oscuridad" Zorc Necrophades. El mismo lo tomó como su nuevo contenedor humano. Fue una batalla fiera contra su nueva entidad, cuando parecía que todo estaba perdido que finalmente el maldito bastardo del Faraón pagaría lo que le había hecho a su pueblo, ella se interpuso en su camino.
A pesar de que ya era un recuerdo lejano, ella recitó un Conjuro Secreto muy poderoso, contenía magia ancestral, pudo separar su alma de aquella maligna entidad y purificarle. Reestableció la energía vital del Faraón, y le devolvió la esperanza al Reino que debía gobernar. Pero el pago de usar aquel Conjuro era su vida, ella lo sabía, aún así se sacrificó por el, por su querido Faraón, por el Reino de Egipto, hasta se atrevía a pensar que lo hacía por el mundo entero.
Le dedicó unas últimas palabras a él y a él bastardo de su prometido:
-Bakura, a pesar de todo lo que hiciste, eres mi amigo aunque seas un grosero y odioso. Solo hazme una promesa. Que vas a rehacer tu vida con una buena mujer. Yo no soy la persona indicada para ti. Te quiero, Bakura, mi Bak. Rompió a llorar mientras le dedicaba aquellas palabras llenas de nostalgia, de dolor, de resignación.
Ella se despidió de Atem mientras le dedicaba sus verdaderas intenciones, sus últimas palabras en esa vida:
- Te amo, mi Atem. Perdóname por dejarte de esta manera. No podremos gobernar juntos Egipto. Solo te pido que gobiernes con justicia lo que alguna vez fue. Por favor, Perdóname… Te amo. Mi Faraón.
Dolía mucho recordar como su cuerpo se disolvió como arena ante sus ojos quedando de ella solamente la ropa que vestía, su arma de guerra, la corona que la acreditaba como la Reina de Egipto. Así fue como murió la princesa. Llamada Reina Póstuma después de su muerte el Faraón juró jamás casarse ante su recuerdo. Nombró a Seth el primo del Monarca como su único sucesor. El castaño rechazó el título pero el Gobernante fue claro al informarle que no iba a tener descendencia porque la única mujer que amaba estaba muerta por culpa de ese miserable traidor.
Mientras Mana seguía encima de él, seguía recordando los días que le siguieron a la tragedia.
Se ganó el odio, el desprecio público de cada habitante de Egipto. A pesar de eso nadie se atrevió a golpearlo, el Faraón había sido claro, no podían matarlo porque sería despreciar el sacrificio que hizo su Reina por el bienestar de ese traidor. Ella le brindó una segunda oportunidad. Hasta Tadeo, Teana le dieron la espalda al moreno. Ambos le reclamaron por lo que hizo, Bakura sabía que no era el único enamorado de la extranjera.
Siguieron los reclamos y el odio del séquito de ella. Su Escolta personal Jono no tuvo contemplaciones con él, Mireya y Kisara solo lo veían con desprecio. Mahad lo odiaba, aquel hombre no conocía otra palabra que dirigirle a el hombre que le arrebató a quien consideraba su hermana. Seth era el más despiadado de todos, porque le recordaba a cada momento la estupidez que le costó la vida a ella. Sameh, el escriba real, no volvió a dirigirle la palabra, y el Faraón no podía escuchar que mencionaban su nombre porque lo amenazaba siempre con su espada.
Rechazado, escondido del mundo, la única que seguía buscándolo era Mana, lo suyo seguía siendo sexual como en este momento. Los dos se encerraban en aquella habitación, se besaban, se tocaban, hasta que sus carnes se saciaban de placer.
La castaña terminó encima de él, saciada le dio un beso en la frente. Se recostó a su lado. Sonrió con amargura mientras le susurraba al oído:
-Bakura, la llamaste entre gemidos.
-Mana, yo…
-No tienes que explicar nada. No soy ella, no puedo serlo.
De tantos encuentros ocasionales, un resultado tendría que haber. Mana quedó embarazada de aquel hombre que había comenzado a querer. Con ese pretexto el la desposó.
Cuando dio a luz a su hijo, lo sostuvo en sus brazos. El bebé era idéntico a Bakura, a excepción de su cabello que era castaño. Pero las ironías de la vida hizo que cuando el bebé abrió sus pequeños ojos, observando a sus progenitores, ambos padres jadearon al ver que su hijo había nacido con los ojos de color verde, como los de ella.
Mana por primera vez en años lloró en silencio porque su pequeño, su Akefia había heredado la mirada serena de la mujer que ella también amaba. Porque Mana estaba enamorada de Yuriko.
Y los dos estaban unidos por ese amor en común, se querían, se deseaban. Pero no se amaban.
Amaban a la misma mujer que de estar viva estaría en este momento en los brazos del Faraón.
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Amigos me sorprende haber escrito está pequeña historia. Es la primera vez que escribo algo con temática sexual. Me sorprende lo que pude escribir en una noche.
Prometí explicar porque se llamaban las parejas así aunque este One shot contiene spoilers de mi otra historia aunque vendría siendo un qué pasaría si de lo que estoy escribiendo. Porque en la otra historia voy por el capítulo 12 y lo que redacté aquí no quedará al 100% como lo tengo planeado en realidad.
Sandshipping: Nombre de la pareja formada por Bakura y Yuriko. Le puse ese nombre al shipp porqué Sand significa arena. El primer encuentro entre estos dos personajes fue en las arenas del Río Nilo.
Oasisshipping: Nombre de la pareja formada por Atem y Yuriko. Llamada así porque ellos viven muchas aventuras en un oasis que le pertenece a El Faraón en mi historia.
Raceshipping: Es implícito pero solo lo incluyo como algo que no te esperabas. Llamado así porque Mana juzgó a Yuriko por ser de raza blanca.
Espero hayan disfrutado la lectura.
Gracias por darme una oportunidad en este pequeño fragmento, no suelo escribir contenido erótico, es la primera vez en realidad que escribo un One shot, he leído muchos no lo negaré pero si es un nuevo panorama en el cual escribir.
Gracias,
Atentamente,
Sharlotte Soubirous.
