Ruta de la Humildad

"La humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades…"


ARCO I: Reinventando la Vida desde Cero


Cruel Humildad

Dos Meses desde la Última Muerte (Tres Muertes)

¿Qué es la muerte? El fin de la vida. La regla que mide a todos los seres, sin importar especie, estatus o edad, por igual. Puedes escapar del dolor, puedes escapar de las consecuencias de tus acciones, incluso puedes escapar de cualquier tipo de problema que puede aparecer a lo largo de tu vida, pero jamás podrás escapar de la muerte. Esa es una ley universal, que aplica incluso a los cuerpos celestes y al universo mismo. Todo lo que tiene un comienzo, tiene un fin. Todo, excepto Natsuki Subaru.

Y no te equivoques, no es que Subaru sea incapaz de sufrir, de cambiar o de morir. Subaru es un humano como cualquier otro, sin ninguna cualidad que lo haga destacar por sobre los demás. No es muy inteligente y tampoco posee una excelente condición física; es mediocre en todos los sentidos. Excepto por un detalle, y es que cada ocasión en que su vida se ve extinta, el tiempo es rebobinado a su favor, hasta colocarlo en una posición favorable, en la que podrá escapar de cualquier peligro próximo que pueda acabar con su vida.

Esa no es una habilidad con la que haya nacido. De hecho, Subaru es originario de un mundo diferente a aquel en el que se encuentra en el presente. Él mismo desconoce por qué o el cómo terminó en el mundo fantástico en el que se encuentra, lo mismo aplica a su peculiar habilidad: Retorno por Muerte. También desconoce si el regresar a su mundo es una opción. Incluso se podría afirmar que, dentro de sí, es consciente de que hacerlo es imposible, o al menos no es una opción que se le haya presentado.

Desconociendo las razones del porqué se encuentra en donde se encuentra, y desconociendo la existencia de otras personas que se encuentren en su situación, Subaru decidió tomar al toro por los cuernos, por así decirlo, y comenzó un emprendimiento. La idea pasó por su cabeza poco después de comprender su situación, pero en el momento en que se le ocurrió, tenía pendiente solucionar un problema que, de dejarse sin resolver, llevaría a la muerte de tres personas, entre ellas una chica de gran corazón que no merecía tal destino…

"¡Subaru! ¡Subaru!"

"¿¡Qué-!? ¡Ouch!"

Subaru se levantó sobresaltado, cayendo de su cama en el proceso. Aún con su conciencia sumergida en las aguas de un profundo y tormentoso sueño, Subaru parpadeó un par de veces. A través de la cortina de su habitación, se estaban filtrando los rayos del Sol mañanero, por su intensidad, no podía ser más tarde las nueve de la mañana; aunque claro, ese horario no aplica en el lugar donde se encuentra ahora. Frotando sus ojos con el fin de terminar de despertarse, Subaru se libró de la sábana que estaba atando su cuerpo. Mientras se ponía de nuevo en pie, escuchó como una voz volvía a llamarlo, a la vez que la puerta que daba a su habitación era golpeada con molesta insistencia.

"¡Subaru! ¡Despierta de una vez! ¡Tengo un recado que realmente necesitas tomar de inmediato!"

Comprendiendo la urgencia que cargaba la voz, Subaru decidió no perder tiempo cambiando su ropa de dormir y se acercó a la puerta. La puerta en sí no tenía nada que pudiera llamar la atención, era café, de una madera que no podría sobresalir por ningún detalle, y estaba sostenida por dos bisagras bastante gruesas. Lo que sobresalía, era el conjunto de candados y cerrojos que mantenían a cualquier persona fuera de la habitación.

Uno podría relacionar la exagerada cantidad de seguridad en la puerta con el hecho de que Subaru tuviera dos meses de haber llegado a ese mundo, pero esa sería una idea errónea. Fue debido a las tres muertes sufridas el primer día que llegó a ese mundo, que Subaru comenzó a temer volverse a ver envuelto en una situación similar. ¿Y si la terrorífica mujer amante de las entrañas volvía? ¿Y si el trío de tontos regresaba junto a un grupo de matones para vengarse? Esas preguntas no le permitirían a Subaru dormir tranquilamente, sin tomar varias consideraciones antes de acostarse en su cama; y, aun así, el temor jamás desaparecería por completo.

"¿Qué sucede, Leith? Sabes muy bien que nunca se me ha dado bien el madrugar." Quitando el último cerrojo, Subaru dijo eso a la persona que se encontraba tras la puerta, mientras la abría.

Leith era el nombre del chico que estaba allí. Su pelo estaba peinado hacia un lado, similar a la típica imagen de "nerd" existente en su mundo. Vestía un saco café sobre una camisa de tela blanca, intentado imitar los ropajes de aquellos nobles de la clase alta, aunque era obvio a simple vista que la calidad de sus ropajes era paupérrima. Aun así, Leith era un chico de excelentes modales, al menos la mayoría del tiempo, que se esforzaba por salir de la clase social en la que le tocó nacer.

"Toma." Leith, ignorando el comentario de Subaru, le entregó la hoja que llevaba en sus manos.

Subaru entrecerró los ojos al notar el cuidado con el que el chico trataba dicha hoja. Al tomarla, notó que no era una simple hoja, de hecho, era un sobre. El sobre era un envoltorio de papel blanco completamente pulcro, a un nivel nunca visto por Subaru en ese mundo. Considerando que la imprenta allí no estaba tan desarrollada como en su mundo, no era de extrañarse que las hojas tuvieran un color ligeramente oscuro y fueran toscas al tacto, pero ese no era el caso del sobre que le había entregado Leith.

"¿Quién lo envía?" Preguntó Subaru, elevando la mirada para encontrarse cara a cara con su compañero. Considerando la calidad del sobre, debía de ser alguien importante.

"Mira detrás." Indicó él.

Subaru volvió a bajar la mirada hacia el sobre, pero antes de hacer como Leith le había dicho, pasó su dedo sobre el sello de cera que mantenía cerrado el sobre. No había mucho que señalar, pues la marca que estaba dibujada sobre la cera era irreconocible para él.

En el tiempo que tuvo desde que llegó a ese mundo, Subaru dedicó parte de éste a estudiar la escritura de ese lugar, la cual difería mucho de su hogar natal; curiosamente, ambos lugares compartían el idioma hablado, con la única diferencia de algunos acentos.

En ese mundo, la escritura se divide en tres tipos de glifos, los i-glifos, los ro-glifos y los ha-glifos, siendo el primero el más básico y los otros dos de un nivel más avanzado. Hasta ahora, Subaru apenas ha logrado alcanzar un nivel medio de comprensión de los i-glifos, aunque eso no es muy lejano a lo que un niño de ese mundo puede llegar a leer.

Teniendo eso en cuenta, el carácter que se encontraba marcado en el sello del sobre no era más que un dibujo carente de significado para Subaru. Comprendiendo que no obtendría información del sello, volteó finalmente la carta y vio que había información escrita allí. Al verla, no pudo evitar fruncir el entrecejo. Esa información también estaba escrita en glifos que no era capaz de leer, y Leith sabía que Subaru solo podía leer i-glifos. ¿Así que por qué insistió que volteara el sobre?

Cuando Subaru estaba por señalar ese error por parte de Leith, su mirada captó algo que, de hecho, sí poseía sentido para él. Justo al costado izquierdo del sobre, en la parte más baja de éste. Era un nombre, o al menos eso parecía. Subaru acercó el sobre a su cara para poder leer mejor las únicas palabras escritas en i-glifo de todo el sobre.

"Anastasia… Hoshin… Anastasia Hoshin." Subaru repitió el nombre, como esperando así comprender lo que, aparentemente, Leith esperaba que él pudiera comprender. Pero después de un momento se rindió y miró de vuelta al chico. "¿Acaso se supone que deba saber que significa ese nombre?"

Leith suspiró ante el comentario de Subaru. "En verdad no entiendo como has hecho para sobrevivir todo este tiempo".

"Ya te dije que llegué aquí desde después de la Gran Cascada, que no me creas no va a cambiar que soy alguien nuevo en este mundo." Contestó Subaru, levantando los hombros como si ese fuera un detalle desgastado.

Subaru al principio pensó en mentir sobre su lugar de procedencia, pero después de que muchas personas comenzaron a dudar de las ideas que estaba intentando venderles, decidió optar por decir la verdad. Esa tal vez no fue la mejor solución al problema, pues la gente comenzó a dudar más de su cordura, pero al menos solucionó la molesta insistencia que algunas personas tenían con averiguar de dónde procedía.

"En fin, dejando eso de lado… Puedo entender que desconozcas muchas cosas. Aun así… ¿en serio no sabes quién es Anastasia Hoshin? ¿Acaso no saliste ayer del taller en todo el día?"

"Bueno, estuve trabajando en un nuevo diseño, así que no… De todas formas, deja ya de hacerte el misterioso y dime quien esa tal Anastasia Hoshin." Ante la respuesta exasperada de Subaru, Leith volvió a suspirar.

"Como sea. ¿Recuerdas que ayer se reveló quienes son las cinco candidatas para la selección real?" Subaru asintió ante la pregunta. En el tiempo que estuvo en ese mundo, Subaru aprendió varias cosas de él.

Está conformado por un único y gran continente, el cual se encuentra rodeado por la Gran Cascada. Este continente está dividido en cuatro grandes países, el Reino Santo de Gusteko al norte, el Santo Imperio de Vollachia al sur, los Estados de la Ciudad Kararagi, al oeste y el Reino del Dragón de Lugunica al este. Subaru se encuentra en este último, específicamente, en la capital real, Lugunica. Además de esos cuatro países principales, hay otros mucho más pequeños y de menor importancia repartidos por el continente.

Con respecto a Lugunica, este se encuentra gobernado por la familia real, aunque recientemente esta fue erradicada por una enfermedad, por lo que se está por realizar una selección para decir a su próximo gobernante. La importancia de este hecho se debe no solo a un tema político, sino que además el futuro del país depende de ello. Su nombre, Reino del Dragón de Lugunica, viene de un pacto realizado centenas de años atrás, entre la familia real y el dragón llamado Volcanica. Este dragón es quien protege al país de toda catástrofe, por lo que mantener dicho pacto en verdad es algo de vida o muerte para el reino.

"¿Entonces esta Anastasia Hoshin es una de las candidatas?" Cuestionó Subaru. Leith asintió. "¿Y qué con eso? Sabes que no me interesa la política…"

"¡Por eso digo que tu ignorancia sobre la situación actual es tan peligrosa! Anastasia Hoshin no solo es una candidata al trono, sino que además es la dueña y presidenta de una de las empresas más importantes de Kararagi, la Empresa Comercial Hoshin. Es considerada un genio al lado del legendario comerciante Hoshin, de quien tomó el apellido y el nombre de su empresa. Que una persona como ella se interese en nosotros… en ti, es algo que no podemos dejar pasar."

"Está bien, está bien… Por lo que dices, entiendo que es una persona de la que debí de haber estado consciente desde que entré al mundo del comercio. En ese caso, abramos el sobre y veamos que dice." Subaru, comprendiendo que se trataba de una gran oportunidad para el negocio al que estaba comenzando a dar vida, rompió el sello y sacó una hoja del sobre. La carta era del mismo papel pulcro del sobre, y estaba totalmente escrita en glifos que desconocía. Sin decir palabra alguna, extendió el papel hacia Leith, que la tomó sin cuestionar su accionar.

"¡Ahem!" Leith se aclaró la garganta y procedió a leer el contenido de la carta.


Subaru contempló con horror el futuro que estaba por alcanzar a Satella, la chica bondadosa y poco sincera consigo misma, Felt, la chica ladrona, y el viejo Rom, el abuelo adoptivo de Felt. Subaru había considerado escapar, vender el teléfono celular que trajo consigo desde su mundo y comenzar a hacer negocio de su conocimiento del "nuevo mundo", pero la conciencia se lo había impedido.

La familia, la mujer con tomates, el tomate que cayó, el tomate que fue aplastado por un carruaje. Nada de ese espectáculo podía estar relacionado con lo que estaba por suceder, y aun así, bastó para recordarle el terrible destino que esas tres personas estaban por sufrir a manos de Elsa, la terrible mujer que se regocija de sacar las entrañas a sus víctimas.

Con ello en mente, Subaru entró a un callejón, donde más temprano que tarde se encontró con los tres ladrones insistentes. Sin importar cuantas veces había muerto hasta ahora, su presencia seguía siendo un hecho inevitable. Por ello, Subaru ya había llegado a concluir que estos hombres habían decidido asaltarlo desde antes de que Subaru conversara con el hombre de las manzanas.

Sin mucho tiempo para actuar, Subaru comenzó a pensar en cual sería el correcto curso de acción a tomar. Él era consciente de que si bien podría vencerlos si los atacaba en el orden correcto, aun así se arriesgaba a morir apuñalado; justo como su muerte anterior. Con ello en mente, Subaru decidió dejar su estúpido e injustificado orgullo atrás y comenzó a llamar a los guardas utilizando una voz femenina.

Es más probable que vengan a rescatarme si piensan que soy una mujer, concluyó él. Subaru sabía de la existencia de guardias, no solo porque durante sus recorridos anteriores por la ciudad vio a más de uno utilizando su armadura, sino porque, además, durante su muerte anterior, escuchó a los tres estúpidos asaltantes hablar de la posibilidad de ser arrestados por el crimen de haber asesinado a Subaru.

Y aunque por un momento temió que nadie fuera a llegar a su rescate, un hombre pelirrojo de intensa aura finalmente apareció en el lugar. Los asaltantes huyeron, no sin antes afirmar que se trataba del Santo de la Espada. Por su reacción, era obvio que no se trataba de un simple guardia, lo que sorprendió a Subaru, pues finalmente estaba comenzando a tener algo de suerte desde que llegó a ese mundo. El hombre, que al parecer se llamaba Reinhard, exudaba un aura de bondad y poder incomparable.

"Entonces… Subaru. ¿Hay algo más en lo que necesites mi ayuda?"

Subaru sonrió, emocionado, y comenzó a pedirle al caballero, que según sus palabras se encontraba fuera de servicio, que lo acompañara al bazar del viejo Rom y entonces… se detuvo. Reinhard lo miró extrañado, mientras él consideraba lo que estaba por decir. Subaru debía ser sincero, en su corazón pulsaban y se entremezclaban dos desagradables emociones; envidia y orgullo.

Claro que estaba agradecido con el caballero por haberlo salvado, y claro que deseaba pedir su ayuda. Ya lo había hecho venir hasta ese callejón, ¿por qué no ir un poco más allá y llevarlo al bazar? Es cierto que el peligro presentado por Elsa es enorme, pero esa no es razón para no pedir ayuda a Reinhard, todo lo contrario; pero Subaru era consciente de que no podría cumplir su promesa si lo llevaba con él.

Porque Subaru le dijo a Satella, en su lecho de muerte, que la salvaría. Si Reinhard lo acompañaba, Subaru sería relegado a un simple espectador, nada más. Con ello en mente, Subaru estuvo a punto de conformarse con decirle al pelirrojo que buscara a Emilia con el fin de advertirle que era mejor evitar el bazar, y que él se encargaría de devolverle a ella lo que le habían robado. Pero antes de hacerlo, Subaru recordó el dolor de sus anteriores tres muertes.

Ser apuñalado en la espalda puede ser considerado una desgracia para un caballero, pero aun así no se le compara al dolor de sentir como te abren el abdomen. Sentir como las entrañas se esparcen en el suelo, mientras litros de sangre fluyen fuera de su cuerpo, mientras la causante de semejante dolor se regocija con su muerte. No, Subaru no sería capaz de volver a lidiar con algo como eso.

Además, Subaru no podía permitirse ser tan egoísta. Le tomó tres muertes… no, menos. Con solo una muerte le bastó para comprender que tan débil es comparado a la gente de ese mundo, comparado con Elsa. Si él va en lugar de Reinhard, lo único que logrará será condenar al viejo Rom y a Felt. ¿Y qué ganará si Reinhard encuentra a Satella y le dice que no se acerque al bazar? Lo más probable es que eso solo la impulse a ir hasta ese lugar.

No, seguir ese camino, sería seguir el camino del orgullo, el camino de la envidia; la envidia que siente por seres como Elsa, con su poder y frialdad descomunal, o Reinhard, que con su sola presencia lidia con los ladrones que han matado ya una vez a Subaru. Así que, la única opción sería ser más humilde y aceptar sus limitaciones como el simple humano que es.

Pensándolo un poco, es hasta probable que la muerte de todos solo se debiera a su presencia. La primera vez él encontró el cadáver del viejo Rom, y eso causó que Elsa los matara a él y a Satella. La segunda vez, Elsa los asesinó por decir que le regresaría la insignia que robó Felt a Satella. Claro, Elsa en primer lugar fue quien contrató a Felt para robar la insignia.

Aunque, igualmente es muy posible que Elsa asesine a todos sin importar el resultado… Por lo mismo se encontró el cadáver del viejo Rom la primera vez que murió. Y nada va a impedir que Satella vaya por su insignia, eso está claro. Así que no hay forma en que él, Natsuki Subaru, puede impedir la muerte de Satella, Felt y el viejo Rom. Satella… la chica que salvó a Subaru antes de su primera muerte, la chica de buen corazón que no acepta que tiene la debilidad de necesitar ayudar a todo aquel en problemas que se cruza en su camino, sin importar que ella misma también necesite ayuda.

Satella… Por su reacción la última vez que se encontró con ella, quedó claro que ese era un alias. Pero, ¿por qué reaccionó tan mal ante ese nombre? La gente a su alrededor también lo hizo. Así que lo más probable es que Satella, o como dijo ella, el nombre de la Bruja de los Celos, fuera un alias que tenía el objetivo de alejar a Subaru. Si la Bruja de los Celos es capaz de causar tanto revuelo, al punto de ser considerado tabú, entonces no hay duda de que alejarlo era el objetivo de "Satella".

Así que, recapitulando. Subaru es débil, incapaz de influir en el combate contra Elsa. "Satella" no está interesada en que alguien la incordie, por eso está dispuesta a usar un tabú como alias; aunque claro, eso no es útil contra un ignorante como él. Si no hace nada, los más probable es que las tres personas involucradas mueran para el final del día. Y, finalmente, frente a él tiene a un hombre capaz de espantar criminales con solo su presencia, Reinhard. No hay duda…

"Es necesario que acepte mis falencias y sea más humilde... Lo siento, "Satella", pero no podré ser yo quien me encargue de cumplir la promesa."

"¿Dijiste algo, Subaru?" Cuestionó Reinhard, extrañado.

"No, no… No es nada." Subaru dijo, para entonces cerrar los ojos. Tras un momento, volvió a abrirlos, mientras volvía a cruzar miradas con Reinhard, que esperaba atentamente por lo que estuviera por decir. "Reinhard, puede que esto sea mal visto de mi parte, pero necesito pedirte otro favor."

"No hay problema, Subaru. Si es algo que se encuentra dentro de mi rango de capacidades, lo haré con gusto." Irradiando aún más aura que trasmitía confianza, Reinhard respondió con una sonrisa. Subaru, en sus adentros, maldijo su propia debilidad; maldijo no ser tan confiable como ese hombre.

"Voy a ser breve. Hay un bazar, ubicado en lo profundo del gueto, donde son almacenados bienes robados. Ahí se está por realizar la compra de una insignia robada, la compradora es una asesina obsesionada con las entrañas llamada Elsa." Subaru pudo notar que la expresión del pelirrojo cambió al escuchar el nombre de Elsa, su rostro tomó un tono serio. "¿El nombre te suena?"

"Sí. Es una persona muy peligrosa, que suele trabajar en el norte, conocida incluso en Lugunica. ¿Puedo confiar en la información que me acabas de dar?"

"Puedo entender si no me crees. Pero de que lo hagas, depende la vida de tres personas de buen corazón. ¡Así que te lo suplico, ve a ese lugar y detén a esa despreciable asesina!" Tragándose aún más su orgullo, Subaru agachó su cabeza, suplicando porque Reinhard aceptara su pedido.

"No me parece que estés mintiendo… Está bien, Subaru, confiaré en tu palabra. Déjalo en mis manos, detendré a Elsa."

Subaru, sin entender muy bien, sintió como sus mejillas comenzaban a humedecerse, mientras observaba al caballero de enorme temple abandonar el callejón. Pasados unos minutos, se dejó caer. Ya no había nada más que pudiera hacer el débil Subaru. Si Reinhard llegará a fallar contra Elsa, entonces Subaru realmente se habría quedado sin opciones.

"Lo dejo todo en tus manos… Salva a "Satella" por mí. Cumple la promesa que yo no pude cumplir… Reinhard."

Poco después, Subaru abandonó el callejón y comenzó a caminar sin rumbo alguno. Viendo el estado de Subaru, el hombre de las manzanas se compadeció de él y le ofreció una canasta de frutas con las que podría sobrevivir un tiempo. Subaru se negó, y en su lugar, decidió preguntarle si conocía algún comerciante al que pudiera venderle su celular, que en ese mundo era confundido con un costoso "Metia".

Con el dinero de la venta, exactamente veintiún monedas santas, Subaru logró costearse una habitación en una taberna. Tras una noche en la que fue incapaz de dormir debido al miedo constante de ser atacado, Subaru salió en busca de algún artesano interesado en dar vida a las ideas que traía de su mundo. Claro, Subaru desconocida el funcionamiento interno de la mayoría de ellas, así que tendría que conformarse con darle vida a las menos complejas de reproducir.

Tras varios días de negociaciones con múltiples artesanos, herreros, sastres y comerciantes, Subaru comenzó a perder la esperanza de que alguien estuviera dispuesto a trabajar con él. Fue entonces que conoció a Otto, un amable comerciante que conocía a un artesano que podría estar interesado en un negocio nuevo como el suyo; así conoció a Leith, con quien formó una alianza comercial para recrear objetos de su mundo.