-- Profesor Lupin, ¿por qué Sirius y tú habéis estado tan raros entre vosotros últimamente?
El castaño miró al chico que estaba sentado enfrente suyo, y suspiró. Era cierto que Sirius y él habian estado tensos; era difícil estar quedándose en el Cuartel General de la Orden, volviendo a convivir con él como en Hogwarts.
El animago seguía siendo igual que entonces; tenía las mismas manías, los mismos gestos inconscientes, el mismo caótico desorden, el mismo modo de pasarse la mano por la cabeza para apartarse el pelo de la cara cada dos por tres. Todo era igual, y tras todo lo que habían pasado, eso era difícil de llevar.
No sabía si debía contárselo a Harry pero, a fin de cuentas, ellos le importaban, eran lo único que le quedaba de sus padres; merecía saberlo.
-- Es complicado --comenzó el hombre--. Sirius y yo tenemos una historia, Harry.
-- Sí, lo sé, fuisteis bueno amigos de jóvenes y tras lo de mis padres lo encerraron y todo eso.
Harry no lo estaba entendiendo, pensó el licántropo; tendría que explicarse mejor.
-- No es eso, Harry, él y yo teníamos una relación.
-- Érais amigo, ya lo he... --haciendo honor a la conocida lentitud cerebral de los Potter, fue entonces cuando el pelinegro comprendió lo que su antiguo profesor trataba de decirle-- Espera ¿ese tipo de relación? ¿Estábais juntos como pareja?
Remus asintió con la cabeza.
-- Wow, esto es muy... --el chico agitó las manos en el aire, buscando una palabra lo suficientemente amplia para expresar su sorpresa-- impactante.
El licántropo sonrió con amabilidad.
-- No soy el tipo de persona que habías imaginado como pareja de Sirius, ¿me equivoco?
-- Oh, no, no es eso --lo contradijo Harry con sinceridad--, realmente nunca había imaginado a Sirius de ese modo con alguien, él es tan... tan Sirius, no se me ocurre otro modo de definirlo; pero en parte sí me sorprende que haya tan tenido buen gusto a la hora de enamorarse. Sois muy diferentes, pero pegáis de una forma sorprendente; hacéis muy buena pareja. ¿Cómo es que...? Ya sabes, ¿cómo comenzasteis a salir?
El hombre sonrió con indulgencia.
-- Esa sí que es una historia muy larga, demasiado para contártela hoy pero, a grandes rasgos, empezamos durante nuestro sexto curso de Hogwarts, salimos juntos durante años, y aún éramos pareja cuando sucedió lo de James y Lily. Lo demás lo conoces; lo llevaron a Azkaban, creí que nos había traicionado... Estar como estamos ahora es duro, ¿sabes? No es lo mismo reencontrarnos durante un rato que volver a convivir; esto trae recuerdos de lo que teníamos, y duele saber que hemos perdido eso para siempre.
-- ¿No habéis intentado retomarlo?
-- No. Han pasado muchos años, Harry, la gente cambia, los sentimientos cambian. Yo aún lo amo como siempre lo amé, pero él no a a mí; ya no me ve de ese modo.
-- ¿Te lo ha dicho? --preguntó el joven Potter con suavidad, temiendo estar abordando un tema delicado.
El profesor suspiró.
-- No ha hecho falta. Él siempre ha sido muy directo y sin filtros a la hora de hablar y decir lo que piensa; si aún me amase, habría dicho algo, hubiese tratado de intentarlo. En todo el tiempo que ha pasado desde que se escapó de Azkaban no ha dicho una sola palabra sobre el tema; Sirius ya no me ve de ese modo.
La puerta del salón se abrió de golpe, un Sirius más serio de lo normal entró como un huracán a la habitación; antes de que el chico y el profesor hubiesen llegado a asimilar su repentina aparición, el animago había llegado ante Remus y, sin dudarlo un instante, le dió un intenso beso en la boca.
Aprovechando que el castaño estaba petrificado por la sorpresa, y que Sirius lo miraba como si no existiese nada más en el mundo, Harry se levantó con discreción.
-- Os dejo solos --susurró, y se apresuró a salir de la sala.
-- He escuchado la mayoría de vuestra conversación --explicó Sirius cuando el chico se hubo ido--. Cariño, ¿cómo puedes pensar que he dejado de amarte? No podría ni aunque quisiese, y prefería morir antes que desear dejar de quererte.
-- Entonces ¿por qué no has dicho nada durante todo este tiempo? Actuabas como si nada hubiese pasado; como si nunca hubiésemos sido más que amigos.
-- Creí que eso era lo que tú querías --contestó Sirius con la desesperación tiñendo su voz--. He pasado doce años en una maldita celda, Rem, estoy hecho una mierda; pensé que eso me había cambiado tanto que no era ya para tí el chico al que amaste en su día.
Remus le acarició suavemente la mejilla.
-- Siempre serás ese chico, Sirius; siempre serás el chico al que amo.
