Mi mejor amigo

Hessefan


Disclaimer: BNHA no me pertenece, de serlo no estaría aquí escribiendo un fanfiction. Todo de Kōhei Horikoshi.

Betas: Moni y Evaan.

Notas: Siento que este fic es un drama de telenovela xD Pero me divertí mucho escribiéndolo, tanto que lo hice en un día (12k). Si les gusta, pueden pedirme fics de cualquier pareja o temática yendo a mi Facebook. Aclaro algo, hay MUCHO Todoroki/Bakugo, pero la pareja estelar es Bakugo/Kirishima. Me gusta el poliamor, pero esta vez no lo metí. Le tuve que inventar una familia a Eijiro. Por último, me baso en el anime, porque el manga está en una etapa muy dark y medio que no sé qué va a pasar con los personajes (este fic está ubicado en el último año escolar). ¡Muchas gracias por leer! Si es que alguien lo hace.

Tatemae: Es una expresión japonesa. Es lo que en la cultura es lo correcto, lo que debes hacer y decir según normas sociales. No es obligatorio usarlo, pero muchos japoneses se basan en eso para relaciones que no son estrechas. El tatemae solo es para guiar una interacción social, pero no todos la usan. Por ejemplo, los japoneses no expresan sus emociones en público, no se besan, aunque pueden tomarse de la mano si son pareja. La homosexualidad no está mal vista en Japón, al menos no tienen la misma visión que nosotros. No obstante, se le reprime mucho a la comunidad.

Aviso parroquial (?: Hasta ahora a Bakugou lo menciono como es su nombre en realidad (en japonés la "u" después de un "o" suena "o" alargada), pero me di cuenta de que a Eijirou lo escribía como Eijiro, o sea, tenía que aclararme. Así que en este empecé a escribir Bakugo, para que sea coherente. De ahora en más, lo escribiré Bakugo. No es nada relevante, lo sé, pero quería mencionarlo.


TWO SHOT


—Amigo, vamos a terminar el colegio y todavía no perdimos la virginidad. —Kirishima se echó hacia atrás para desplomarse de espaldas en la cama de Bakugo. Este se encontraba con un libro abierto, al que no le prestaba atención desde que su mejor amigo le interrumpió la lectura.

—¿Por qué estás tan obsesionado con eso? —Lo miró con el ceño fruncido— El sexo está sobrevalorado.

—¿Y tú qué sabes si tampoco la metiste? —Se incorporó y suspiró— Estoy cansado de ver porno y matarme a pajas.

—¿Y Ashido?

—Para empezar, Mina es mi amiga, y para terminar… es como Rouge de los X-Men.

—¿A qué te refieres? —Cerró el libro y estiró los brazos para desperezarse. Leer siempre le daba sueño.

—Ella segrega ácido, así que me dijo que su vagina podría llegar a ser mortal para cualquiera.

—Oh, es triste pensarlo, porque nunca va a poder tener novio.

—No hace falta de penetración, según ella. Pero su Quirk es muy problemático —suspiró, mirando el piso del cuarto—. En fin…

—¿No intestaste invitar a salir a alguna chica de nuestro curso?

—A Uraraka solo le interesa Midoriya, se le nota a kilómetros de distancia.

—Increíble que el nerd tenga más chances de ponerla antes que nosotros.

—¡¿Verdad?! —exclamó Eijiro tomándolo de los hombros para sacudirlo—. Yaoyorozu es bonita, pero inalcanzable. Creo que no se fijaría en tipos como yo.

—¿Por qué piensas eso?

—¡Pues, hombre! ¡Ella es de clase alta, es una idol en nuestro curso! La veo saliendo solo con uno de los tres grandes. O sea, tú, Midoriya o Todoroki.

Escuchar ese último apellido en boca de su amigo le produjo un leve malestar. Miró a Kirishima, quien estaba perdido en sus lamentaciones y se preguntó cómo se lo tomaría. Una vez habían hablado de la confianza y de no tener secretos entre ellos. No obstante, Katsuki tenía uno, uno que le pesaba demasiado.

—¿Crees que Yaoyorozu y Todoroki hacen una buena pareja? —acabó por preguntar, con la voz muy baja, jugando con las puntas del libro que aún tenía entre las manos.

—Pues sí. —Lo miró, su amigo lucía raro, como alicaído—. ¿Te pasa algo? De pronto te pusiste raro. ¡No me digas que te gusta Yaoyorozu! —exclamó picándolo con el dedo en la costilla.

—No es eso, imbécil. —Se incorporó del todo hasta quedar sentado junto a su amigo—. No es eso, es que… No me gusta ella.

—¿Y quién te gusta de nuestra clase?

—No… no me animo a decírtelo —confesó, agachando la cabeza—. Tengo miedo de que… me juzgues. Y eres mi amigo, si tú me vieras como un rarito, ¿qué me queda esperar de las otras personas?

—Hermano, puedes confiar en mí. Así me digas que te gusta Mineta, no me voy a reír en tu cara ni te voy a rechazar —bromeó un poco, porque el ambiente se había vuelto tenso de golpe.

—No es Mineta, pero… sí es un chico. —Levantó la cabeza, con la cara crispada en una mueca que era mezcla de vergüenza con arrepentimiento—. No me gusta Yaoyorozu, de hecho ninguna mujer me atrae. Creo que soy gay.

—Vaya… —Estaba algo impactado por la revelación.

—Es la primera vez que se lo cuento a alguien, así que borra esa expresión de tu cara antes de que te la parta de una piña.

—¡Lo siento! Es que me tomó por sorpresa. —Le sonrió, para aligerarle la carga y de paso mostrar otro semblante—. No me molesta, y hasta te agradezco que confíes en mí, ¡por algo somos amigos! Y… ¿y desde cuando lo sabes?

—Creo que de toda la vida —reflexionó moviendo las piernas con ansiedad—, pero pensaba que era solo una etapa, que algún día conocería alguna chica especial y me olvidaría. La cosa es que conocí al chico especial y, bueno… mierda, esto es difícil de hablar.

—¿Puedo saber quién es el afortunado? —preguntó con una media sonrisa, Bakugo no lo miraba, pero él sí, tenía los ojos fijos en las expresiones de su rostro.

—No te rías cuando te lo diga.

—Ya te dije que no me voy a reír de ti, amigo —suspiró, algo fastidiado de darle vueltas al asunto.

—Es… Todoroki —dijo finalmente—. Ese maldito mitad y mitad, que dudo que sea un desviado como yo.

Kirishima se quedó unos cuantos segundos reflexionando al respecto. Que recordara nunca había visto a Shoto interesado en una chica. Era un muchacho atractivo que recibía mucha atención de las mujeres, pero él no parecía interesado en tener una relación con ninguna.

—¡Se me ocurrió una idea! —exclamó Eijiro.

—¿Qué idea? Metes miedo cuando sales con unas de tus ideas.

—Una carta. Porque, siendo sincero, creo que a Todoroki no le interesan las chicas. Las de otros cursos se le viven declarándose y él no ha salido con ninguna todavía.

—¿Dices que capaz es gay?

—¡Hay que poner manos a la obra para averiguarlo! —vociferó poniéndose de pie para ir hasta el escritorio, sentarse en la silla y tomar algunos útiles de su amigo.

—¿Qué haces? —cuestionó dejando el libro sobre la cama.

—La carta.

—¡No voy a hacer semejante ñoñería! —se negó en rotundo— Aparte ni loco le entregaría una carta de amor.

—No lo harás, solo se la dejarás en algún lugar para que la encuentre. —Pensó unos segundos al respecto—. Cuando tengamos entrenamiento. Todoroki siempre deja su bolso fuera de los casilleros. Podemos meter la carta ahí una vez que el lugar quede vacío.

—Estás loco. —Movió la cabeza de lado a lado.

—Tengo una letra horrible —reflexionó Kirishima—, aparte es mejor que la escribas tú.

—Pero nunca hice una carta de amor, no se me ocurre qué poner.

—Ven, siéntate. —Como no hacía caso, fue y lo tomó del brazo para jalarlo y sentarlo en la silla. Con pocos ánimos, Bakugo tomó la lapicera y se fijó en el blanco papel. Todo eso le parecía una estupidez.

—No se me ocurre qué poner. Esto no tiene sentido, Kirishima.

—¡Claro que la tiene, hermano! —Se apoyó en el hombro de él y le preguntó al oído— ¿Qué te gusta de él?

—Todo. Es… es hermoso —dijo con un ligero tartamudeo y con las mejillas algo sonrojadas.

—Sé más específico.

—Me gusta el color de su cabello, y sus ojos… son exóticos.

—¡Bien! —exclamó en la misma posición, casi dejando sordo al otro—. Entonces, ¿qué te parece?: «Me gusta todo de ti, Shoto. Desde los colores de tu pelo, pasando por tus hermosos y exóticos ojos que me tienen atrapado. Me gusta toda tu persona, es maravillosa».

—Oye, eso es bueno. ¿Ya habías escrito cartas de amor? —Trató de recordar lo dicho y lo escribió con su letra. Tenía una caligrafía muy limpia.

Eijiro no supo qué responder, le daba pena decir que sí. Sentía que admitirlo no era varonil. Además de que practicaba justamente con él, así que solo se limitó a callar y a pensar qué más podrían podían poner en la carta para confesar sus sentimientos.

Cuando la carta estuvo finalizada, Kirishima notó que ya era muy tarde. Al otro día tendrían entrenamiento, por lo que deberían descansar bien. En el fondo sabía que Bakugo no se animaría a dársela, así que la guardó él.

(…)

Estaban todos los chicos cambiándose para empezar el entrenamiento de rutina, pero Eijiro, quien siempre era el primero en estar listo, se distrajo a propósito con Katsuki, el cual le rogaba que no hiciera esa locura. Se había arrepentido totalmente de esa tontería.

—Tú ve yendo —lo apremió Kirishima—. Yo me encargo. Tranquilo.

—Espera, idiota —rogó desesperado.

—Vete. —Lo empujó y el otro no hizo más que encaminarse a la puerta y salir.

Cuando el cuarto quedó vacío, siendo Denki el último en irse, corrió con prisa y nerviosismo hacia el bolso de Todoroki. Lo abrió, dejó la carta dentro y lo cerró rápidamente. Con el corazón latiéndole rabioso se apresuró a cambiarse para ir al campo de entrenamiento antes de que lo retasen. Que igual lo hicieron.

Al volver, como siempre, había barullo. Todos charlaban sobre sus progresos y sus habilidades nuevas. No obstante, Kirishima y Bakugo estaban sentados en los bancos, frente al bolso de Todoroki, pero bastante alejados. Sus demás compañeros obstaculizaban su vista, pero pudieron ser testigos del momento más esperado.

Katsuki estaba que se lo comían los nervios, por completo arrepentido de las locuras de Eijiro. Sin embargo, no despegó la vista de encima de Shoto. Este se sorprendió al encontrar la carta en la sala de hombres; por lo general le escribía alguna que otra chica, pero veía raro que se metieran al vestidor de muchachos para dejársela.

«Me gusta todo de ti, Shoto. Desde los colores de tu pelo, pasando por tus hermosos y exóticos ojos que me tienen atrapado. Me gusta toda tu persona, es maravillosa. Tu forma de ser me mantiene encandilado. Pareces frío, pero yo creo conocerte lo suficiente para saber que solo es tu apariencia, solo un costado tuyo, tal como tu Quirk, el cual admiro. Me agrada que me consideres tu amigo, pero yo quiero ser más que eso. Solo soy demasiado cobarde para decírtelo a la cara, por eso opté por escribirte una carta. Sueño e imagino que correspondes mis sentimientos. Espero ese día con mucha ilusión.

Tu admirador secreto (sí, soy un chico)».

Y pasó lo que Bakugo esperaba que pasara. Todoroki sonrió mirando la carta, hasta que la dobló de nuevo cuidadosamente y la guardó en su bolso. Kirishima miró el suelo, pensando lo mismo que su amigo. La carta le había gustado.

—Por lo general tira de inmediato las cartas que las chicas le envían —le murmuró Katsuki con una sonrisa que lo partía al medio.

—Eso quiere decir que no le molestó recibir una de un chico —analizó Eijiro—. Felicitaciones, ya sabes que le gustan los chicos. O al menos la idea de que uno se le declare no le perturba. Es una buena señal.

—Gracias por ayudarme a escribir la carta.

—Para eso están los amigos, hermano —dijo Eijiro con cara seria.

Terminaron de cambiarse para ir a bañarse. Concluyeron con el día escolar y fueron a la sala común a pasar el rato. No obstante, Kirishima estaba demasiado callado para lo que acostumbraba. Parecía tener la mente puesta en otro lugar, en cualquiera, menos en la charla que mantenían sus compañeros.

(…)

«Bueno, ¿y ahora qué seguía? », se preguntaba Bakugo. Y su amigo, que parecía tener respuesta para todo, tenía claro que el siguiente paso era planear una salida para declararse. Pero Katsuki no se animaba a invitar a salir a Todoroki.

—Haremos una salida de a tres —propuso Kirishima sentado en el piso y con la nuca apoyada contra el saco de boxeo que estaba en el medio de su habitación. Frente a él estaba su amigo—. Y en algún momento, yo me desapareceré para dejarlos solos. Ahí aprovechas la oportunidad.

—Ok, ¿cuál es tu plan? —No podía mirarlo a la cara, seguía dándole algo de vergüenza hablar del tema de sus emociones— Me da pena invitarlo a salir, siento que se va a dar cuenta.

—Ir al cine, salir a comer —se encogió de hombros—. Es básicamente lo que hacemos nosotros, amigo. No lo va a ver raro si lo invitamos.

—No me animo a pedírselo —negó con la cabeza, mostrándose contrariado.

—Ok, lo haré yo —rodó los ojos—. Te pone idiota a ti el amor. —A cambio recibió un puñetazo en el hombro que le dolió.

Salieron para ir a cenar, pero a dicha cena todavía le faltaba preparación. Ayudaron en la misma, hasta que Eijiro se armó de valor y aprovechó la oportunidad de tener a Shoto al lado pelando papas.

—Ey, Todoroki, mañana vamos con Bakugo a ver una película de terror al cine, ¿quieres venir?

El mentado lo miró con algo de sorpresa, por lo general solo chicas interesadas en ser novias de él lo invitaban al cine. No es que nunca hubieran salido en grupo al cine, pero Kirishima solo lo estaba invitando a él. Incluso murmuraba como si buscara evitar que alguien más lo escuchara.

—¿Y el resto? —terminó por preguntar Todoroki— ¿Quiénes van?

—Solo nosotros tres, hermano —explicó Kirishima soltando lo primero que se le ocurrió para que el plan no fracasara—: Ya sabes cómo es Bakugo. No tolera mucha gente cerca. Vayamos los tres.

—Ok, voy —aceptó, tomando otra papa para seguir pelando. A él no lo dejaban cortar verduras, así que se limitaba a esa clase de tareas.

Kirishima sintió una pequeña punzada en el corazón. Le aliviaba que Shoto hubiera aceptado, porque imaginaba la cara de felicidad de Bakugo cuando se lo dijera, pero todo eso le estaba molestando demasiado.

(…)

Fue sumamente incómodo. Iban los tres en dirección al cine en un silencio tan embarazoso que Eijiro se veía obligado a hacer acotaciones banales sobre el clima y sandeces similares para que los otros dos hablaran un poco.

A Katsuki se lo notaba nervioso, pero su manera de expresar dicha incomodidad lo hacía sonar molesto y fastidioso. Shoto, en cambio, se preguntaba qué hacía ahí si al otro le importunaba tanto su presencia.

Por suerte llegaron al cine rápido y se sentaron a ver la única película de terror que había en cartelera. Una muy mala por cierto. Casi sobre el final, Kirishima supo que tenía que esfumarse, así que se levantó diciendo que iría al baño. Antes de salir, le levantó un pulgar a Bakugo. Por poco este no lo mata.

—Es mala la película —murmuró Katsuki tratando de hacer lo que su mejor amigo le aconsejó: ser amable y más sociable.

—A mí no me causó miedo en ningún momento.

Nuevo silencio. De esos que eran pesados e incómodos. Bakugo cruzó una pierna por encima de la otra y sin querer rozó a Todoroki. Eso se sintió bien, pero vertiginoso. Temía que cualquier actitud lo dejara en evidencia. Por fin tenía para él solo a quien más le gustaba, pero no era capaz de actuar como una persona normal.

—¿Y… Y cómo te va en la escuela? —preguntó Katsuki. Y quiso matarse. Era la pregunta más estúpida que se le había ocurrido hacerle después de estar como quince minutos en silencio pensando qué decir.

—Bien —fue la seca respuesta de Shoto. Lo miró un instante y le regaló una tímida sonrisa que derritió por completo al otro—. ¿No crees que Kirishima se está tardando mucho?

—Seguro debe estar paseando. La película es mala.

—Dijo que iba al baño —miró hacia la salida—. ¿Y si se siente mal? Será mejor buscarlo.

—Si es lo que quieres. —Se puso de pie al ver que el otro lo hacía.

Les daba algo de pena dejar la sala antes de que terminara la película. Seguro que más de uno los debió haber puteado por dentro cuando se pusieron de pie y caminaron por las butacas, pero la película tampoco valía la pena.

Cuando salieron, no necesitaron ir a los baños, encontraron a Kirishima sentado afuera, con la cara entre las piernas. Parecía que estaba llorando, aunque no lo hacía. No obstante, era una postura como de aflicción.

—¿Te sientes bien, Kirishima? —Todoroki se agachó y trató de asistirlo.

—Oh, chicos —se sorprendió y enseguida guardó la compostura, tratando de encontrar en su mente algo que le sirviera de excusa—. Creo que me bajó un poco la presión, ¿vamos a comer algo?

—Vamos. —Bakugo lo tomó de un brazo y lo ayudó a pararse.

Entraron al McDonald del centro comercial en el que estaban y pidieron sus respectivas cenas. Debían volver rápido al instituto dado que no los dejaban llegar tarde. Mientras que Katsuki y Shoto pidieron comida, Eijiro solo pidió un refresco.

—Ya vengo, amigos —dijo Kirishima buscando una excusa para escapar y dejarlos solos—. Vi una tienda de artículos deportivos y quiero preguntar algunos precios.

Se puso detrás de Todoroki cuando se paró y empezó a hacerle señas raras a Bakugo, en plan «¡Ya, hombre, declárate!». O al menos que se animara a decirle que la carta era de su parte. En ese momento Katsuki quería matarlo.

—¿Kirishima siempre es así cuando salen? —le preguntó Shoto, dándole un sorbo a su bebida.

—¿A qué te refieres?

—No sé, es la segunda vez que se va. Podría haber esperado a que termináramos de comer e ir los tres. —Se limpió las manos con una servilleta y continuó hablando—. Es inquieto, parece que no puede quedarse en un mismo lugar mucho tiempo.

—Debe ser.

—Ustedes son buenos amigos, pensé que lo conocías más, por eso preguntaba. —Y con la sinceridad inocente que lo caracterizaba agregó—: Parece como que quiere dejarnos solos o algo así.

Bakugo quiso que la tierra lo tragara en ese momento. Por suerte visualizó el pelo rojo de su amigo entre la multitud y escapó de ese momento incómodo llamándolo. Kirishima se acercó y, como habían terminado de comer y ya era tarde, volvieron a la institución.

Eijiro no pudo con su genio. Necesitaba, le urgía saber cómo le había ido a su mejor amigo, así que esa noche se colocó su piyama y fue al cuarto de Katsuki. Golpeó tres veces y la puerta se abrió.

—Dime que al menos le contaste que la carta se la enviaste tú.

—No pude decirle nada. —Dio la vuelta y lo dejó pasar, sentándose en la cama.

—¡Ah, Bakugo, hermano! —Se jaló del pelo, que ya no tenía gel porque se había bañado— La idea de la salida era que te declararas.

—No es nada fácil, ¿ok? —se quejó, viendo como el otro cerraba la puerta y se acercaba a él. Katsuki lucía algo triste— ¡Me gusta demasiado, maldición!

—Como hombre tienes que ser valiente. Y yo lo sé… —dijo Kirishima poniéndose a su lado para colocarle una mano en la espalda en son de consuelo—. Eres la persona más valiente que conozco. Ya encontrarás la oportunidad, pero algún día tendrás que decírselo.

—Voy a dormir —avisó, tirándose en la cama para abrazar la almohada.

—Que descanses. —Se puso de pie, pero al llegar a la puerta, escuchó algo muy bonito.

—Kirishima… —lo llamó—. Gracias.

—No es nada, hermano.

Le regaló una hermosa sonrisa falsa, que enseguida se esfumó cuando atravesó la puerta y la cerró. Eijiro se quedó unos cuantos segundos con la espalda apoyada contra la misma, reflexionando al respecto.

(…)

Debían lidiar con la escuela y con las misiones. Esa mañana la oficina de Endeavor había recibido muchos llamados. Desde que el héroe número uno había dejado de serlo, los villanos parecían haberse incrementado. Eran como una plaga.

Allí estaban los chicos, tras uno de poca monta, con un Quirk que desconocían, mientras Endeavor se hacía cargo del líder de la banda. Estaban persiguiéndolo con prudencia. Dado que no conocían su peculiaridad no podían ser imprudentes.

Shoto dobló en una intersección al pasar por un pasillo y recibió de lleno un rayo en el estómago. Deku se preocupó, pero al ver que Kacchan venía detrás, optó por seguirle el ritmo al maleante antes de que se les escapara.

Bakugo atajó el cuerpo de Todoroki y ambos cayeron al piso por la presión de ese disparo. Notó que Shoto tenía una herida significativa en el estómago y se preocupó mucho, a tal punto que temblaba, mientras trataba de parar la sangre con las manos.

—Es raro verte tan preocupado. —Todoroki levantó una mano y le acarició el rostro. Katsuki no pudo contra ese gesto, le tomó esa mano y le dejó un beso tímido en la misma.

—Supongo que estoy preocupado por ti porque… me gustas —confesó finalmente.

Solo cuando se experimenta el horror de una muerte inminente es cuando los sentimientos no tienen pena de existir. La idea de perderlo lo aterraba, pero más que se fuera de este mundo sin haberle dicho lo que sentía.

—Pensé que nunca ibas a decírmelo. —Shoto le dedicó una cálida sonrisa.

—¿Y cómo lo sabías?

—La carta. —Le costaba armar palabras sin que el dolor lo gobernara—. Conozco tu letra, eres el único que escribe tan perfecto los kanji.

—Deja de hablar, imbécil, estás perdiendo mucha sangre —le ordenó Bakugo de mala manera—. Pediré ayuda.

Sin embargo, pese a los temores de Katsuki, la herida del otro no era mortal. Recibió asistencia médica y enseguida se recuperó. Lo llevaron a la academia, para que Recovery Girl hiciera lo suyo y la sanación fuera más rápida. Esa noche, Todoroki se quedó en la enfermería, pero ya para el otro día podría salir de la misma.

Bakugo esperó a que todos se fueran para arrimar una silla y acercarse a él. Ahora que ya se le había confesado necesitaba saber si era correspondido. No obstante, sentía que no era el momento para hablar del tema, con el otro recuperándose. Así que al final terminaron hablando del maleante en cuestión.

Llegada la noche Recovery Girl lo sacó de la enfermería. Shoto no necesitaba de un enfermero personal y allí estaba ella para asistirlo en lo que necesitara. Al otro día, Katsuki se presentó en la habitación de Kirishima.

—Ey, me estoy cambiando, ¿a qué se debe tu entrada? Baja un decibel, amigo —reclamó un Eijiro vestido con ropa interior nada más.

—Se lo dije, pelos de mierda —contestó finalmente, y se formó en su cara una sonrisa que partió al medio a su amigo.

—¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¡Cuéntame todos los detalles!

Se sentaron en la cama y Bakugo se encargó de narrarle todos los pormenores. Hasta manifestó su preocupación por ser correspondido. A fin de cuentas Todoroki no le había dicho nada al respecto.

—Capaz que no quiere.

—Hombre —exclamó Kirishima—, sabía desde el principio que la carta era tuya y así y todo aceptó salir al cine con nosotros. Yo creo que sí.

—Es muy gay pedirle que sea mi novio.

—Bakugo —lo miró directamente a los ojos—, eres gay.

—Sí, pero…

—Ahora vas, lo buscas —lo tomó de los hombros y lo sacudió apenas— y le preguntas si quiere salir contigo.

—Gracias, Kirishima —dijo con sinceridad—. Eres un buen amigo. Nada de esto habría pasado si no te hubiera confesado que era gay.

Cuando Katsuki salió de la habitación, cerrando la puerta, Eijiro se tiró sobre la cama como peso muerto. De la nada comenzó a llorar. No podría ir a clases en ese estado. Cuando no apareció en el aula, Denki se preocupó y fue a buscarlo.

—Ey, me mandó el profesor Aizawa, ¿qué haces en ropa interior? Ponte el uniforme y ven. La clase empezó hace quince minutos.

—Diles que no me siento bien —pidió con la voz apagada y la cara hundida en la almohada.

—¿Qué te ocurre? Deberías ir a la enfermería si te sientes mal. —Denki se acercó a él y tironeó de uno de sus brazos—. Te acompañaré hasta allí y luego iré a clases.

Kirishima se puso de pie con desgano, se colocó un pantalón deportivo y una camiseta de mangas cortas de color verde. No tenía ganas de ponerse gel en el pelo así que solo se lo ató con una coleta alta y una vez listo fue arrastrado por Denki hasta la enfermería. Este lo dejó allí y partió a clases.

En la enfermería Recovery Girl no le encontró nada. Y no lo iba a encontrar, salvo que fuera capaz de sanar corazones heridos. Le aconsejó que descansara en la enfermería esa mañana, para tenerlo controlado. Cuando Eijiro fue a ocupar una cama se encontró con Todoroki.

—¿Qué te pasa, Kirishima?

—No me siento bien.

—Eso es muy amplio, ¿qué te duele?

—El… El pecho —respondió con bastante sinceridad—, y siento una presión molesta en el estómago.

No obstante, aunque Shoto era algo distraído para algunas cuestiones, pudo ver que también lucía alicaído. No sabía las razones ni le parecía oportuno involucrarse en las emociones del otro, así que se guardó su apreciación.

—Katsuki me confesó que le ayudaste a escribir la carta —le regaló una pequeña sonrisa—. Gracias, fueron palabras bonitas —dijo, y Eijiro notó que ya comenzaba a llamarlo por el nombre, tal como si fueran una pareja.

—¿Te interesa de verdad Bakugo? —cuestionó con el ceño fruncido— Porque él va en serio contigo. Está muy coladito. Ya estoy harto de escucharlo hablar de ti.

—Supongo —confesó con sinceridad—. Hasta que no recibí la carta no lo había pensado, pero cuando salimos los tres me di cuenta de que me gustaba estar con él.

—Él no se anima a pedirte que seas su novio, pero se muere de ganas. —Lo mandó al frente, acostándose boca arriba en la cama y poniéndose un brazo en la cara.

Fue un momento incómodo para Kirishima quedarse a solas con Todoroki, pero, por suerte, este era un chico bastante reservado, así que no le buscó charla. Recovery Girl les dio el alta al mismo tiempo, a la hora del almuerzo.

(…)

Aunque ya estaba oscureciendo Kirishima los podía ver a través de los ventanales, estaban esos dos sentados en los escalones, disfrutando de la brisa primaveral, charlando animadamente. Nunca había visto a Bakugo sonreír así y conversar tan sueltamente con alguien. Se veía que le gustaba mucho Todoroki.

—Entonces… —dijo Shoto divertido, pero con cara seria— ¿somos novios?

—Si tú quieres. —Hizo un gesto como restándole importancia, pero por dentro sentía miles de fuegos artificiales explotando.

Todoroki se arrimó más a él y le buscó la cara. Con cierta timidez le rozó los labios con los suyos. No se animaba a ser osado, pero miró hacia atrás para asegurarse que no había nadie. El siguiente beso que le robó fue uno ruidoso.

—¿Qué pasa? —preguntó cuando el otro se acomodó, escapando a los besos.

—Nos puede ver alguien, idiota. —Sí, de hecho Eijiro estaba muy atento a ese par.

—¿Te importa lo que piensen los demás? —Shoto estaba un poco decepcionado.

—Pues sí. —Para él era obvio, no tardarían en juzgarlos. Aunque no de forma explícita—. Ven a mi cuarto cuando terminemos de comer.

Katsuki se puso de pie y se metió dentro del establecimiento. Ya era hora de comenzar con la cena. Vio a Kirishima parado frente al ventanal y como este le levantaba los pulgares. Quería matarlo, pero al mismo tiempo abrazarlo para darle las gracias por ser la razón de que él hubiera logrado un objetivo que parecía inalcanzable.

—Hoy tuve que llevar a Kirishima a la enfermería. —Denki se le paró enfrente.

—¿Qué te pasa, extra? ¿Eso a qué viene? —Katsuki lo miró con el ceño fruncido y muy molesto de que un ser vivo le hablara, y más con ese tono que sonaba a reproche.

—Nada. Como es tu mejor amigo me llamó la atención que no fueras a verlo. ¿Acaso te diste cuenta de que no estuvo en clases toda la mañana?

Dejó a Denki allí y caminó hasta donde estaba Kirishima. Le preguntó si sentía bien, a lo que este respondió que no era nada para preocuparse. No obstante, la cara de Eijiro no tenía esa hermosa sonrisa que siempre portaba.

Por la noche solían juntarse en el cuarto de uno o del otro para escuchar música, leer algún libro, ver alguna película o perder el tiempo de cualquier otra forma. Siempre juntos. Sin embargo esa noche Kirishima recibió un mensaje de texto que le hizo darse cuenta de que ciertas cosas cambiarían.

«No vengas. Viene Shoto a mi cuarto».

Eijiro se quedó con el celular en el pecho luego de contestarle un escueto «ok». Suspiró y trató de dormirse, pero era muy temprano. Decidió perder el tiempo con redes sociales y distraerse. No quería pensar en lo que podría estar ocurriendo en el cuarto de al lado.

(…)

Era la primera vez que Todoroki estaba en esa habitación, así que era normal que estuviera revisando cada recoveco con la mirada, tratando, al mismo tiempo, de ocultar el nerviosismo que le daba estar en un lugar tan privado con su nuevo novio.

—Te gusta leer, por lo que veo.

—¿A ti no? —preguntó Bakugo desde la cama.

—Sí, tengo algunos libros.

—Ven —rio un poco—, no voy a comerte. —Se puso de pie y lo arrastró a la cama hasta sentarlo a su lado.

—Ok, no vine a tener sexo —se apresuró a aclarar, cerrando y abriendo sus exóticos ojos con nerviosismo.

—Tranquilo. Solo quiero besarte. Tampoco pretendo que pase algo ahora.

Dicho eso, Katsuki lo tomó del mentón y lo miró. Oh, ese rostro parecía tallado por los mismos dioses. Ni siquiera la cicatriz podía eclipsar tanta belleza. Sin poder resistirlo, lo besó con pasión, hundiendo la lengua y siendo correspondido.

Poco a poco, Shoto fue recostándose sobre el cuerpo del otro, hasta quedar entre sus piernas, sobre su pecho. No dejaba de besarlo, incluso se atrevió a ser un poco más atrevido y, más allá de besarle la cara, lo hizo con su cuello, sintiendo el olor a nitroglicerina como un perfume natural. Sin preverlo, esos besos en zona tan erógena le produjeron una erección.

—N-No te preocupes —dijo Todoroki cuando el otro lo apartó como si hubiera activado su Quirk de fuego—. Yo también estoy duro.

—No quiero asustarte.

—Es normal que pase si estamos besándonos así. —Lo tomó de la nuca y le robó otro beso. Volvieron a recostarse para seguir acariciándose. La temperatura cada vez subía más, pero ninguno de los dos se atrevía a ir más allá.

—¿Quieres ir al cine mañana?

—Pero por favor que sea una buena película. La que vimos con Kirishima era pésima.

—Es que él no tiene buenos gustos para ver películas. Cuando lo dejo elegir siempre termina siendo un bodrio. Por eso tiene prohibido elegir películas cuando vemos alguna.

—Son buenos amigos, ¿verdad?

—No sé cómo me soporta con mi carácter —rio apenas, para después dejarle un cálido beso en la mejilla—. Ya es tarde.

—Sí, será mejor que me vaya a mi cuarto.

Se regaron la cara a besos cortos y rápidos a modo de despedida. Esa noche Bakugo se quedó dormido con una sonrisa. Estar saliendo con Todoroki era como haber hecho real un sueño inalcanzable. Sabía que un chico tan atractivo como él podría estar con quien quisiera, hombre o mujer, pero lo había escogido a él.

(…)

Todos comenzaron a notar, con el correr de los días, que Shoto y Katsuki pasaban juntos mucho tiempo. Almorzaban juntos, estudiaban juntos, hasta salían juntos. Eijiro parecía haber sido relegado de la vida de su mejor amigo. Era extraño para más de uno, pero en especial para Denki.

Por eso agarró a Kirishima en el salón principal. Bakugo y Todoroki habían salido del establecimiento. Se sentó a su lado en el sillón y lo miró de una manera muy penetrante; pero Eijiro no abría la boca.

—Ya, a mí me vas a decir qué te pasa —lo casi amenazó Denki—. ¿Están peleados o algo con Bakugo?

—No, no nos peleamos. —Miró el piso, incapaz de hablar del tema.

—Entonces, ¿por qué no pasan el tiempo como antes? Ahora está pegado a Todoroki.

—Bakugo puede tener otros amigos. No es mala persona como más de uno cree; de hecho, es una persona a la que le cuesta hablar de sus sentimientos, pero los tiene. —Ni loco iba a contar que esos dos estaban de novios, sentía que era una traición hacia su amigo.

—Sí, pero te afecta. Hoy fueron a cenar afuera, ¿por qué no nos invitaron? Ya sé que para Bakugo solo somos extras.

—Es que pasa mucho tiempo junto a Todoroki en la agencia de Endeavor, era lógico que se hicieran cercanos. —No sabía cómo escapar de ese momento incómodo.

—Ya, pero hombre… de ahí a ignorarte. ¿Es que solo puede tener un amigo a la vez?

—No quiero hablar de esto, hermano.

—Te afecta ¿verdad?

—Un poco. Supongo que no pasar tanto tiempo con Bakugo me afecta.

—Me molesta bastante que te haga sentir así.

—No hagas nada, ¿ok? —rogó, se puso de pie y lo dejó solo para encerrarse en su cuarto.

Pronto tendrían la salida permitida para visitar a sus familias. Sin embargo, la noche previa a ese acontecimiento Mina fue a verlo a su cuarto. Se sentó en el piso y trató de sonsacarle algo. Ella había hablado bastante con Denki al respecto.

—¿Pelearon con Bakugo?

—¿Por qué todo el mundo piensa que estamos peleados? —Se mostró un poco molesto.

—Casi ni te habla —apuntó ella—. Ey, Eijiro, sabes que conmigo puedes ser sincero.

—En este caso no puedo. —Los ojos se le llenaron de lágrimas—. Lo siento, Mina.

—Ok, no te presionaré —suspiró derrotada y se puso de pie, pero sintió como Kirishima la tomaba de la muñeca impidiendo su partida.

—Tengo que ser sincero o voy a explotar —comenzó a hablar y a llorar al mismo tiempo—, eres a la única a la que le puedo contar esto. Siéntate.

—Me preocupas —se sentó a su lado, en la cama y lo abrazó al verlo en ese estado. Allí Eijiro se pudo descargar—. ¿Por qué estás tan triste últimamente?

—Estoy enamorado desde hace mucho tiempo de alguien que no me corresponde.

—¿Puedo saber quién es?

—¿No es obvio? —cuestionó él deshaciendo el abrazo para mirarla a la cara— No me parecía varonil y traté de ocultarlo. Y ahora él… él tiene novio.

—¿Él? —Mina trató de que su cerebro no hiciera cortocircuito— ¿Eres gay, Eijiro? ¿Es Bakugo?

—Sí —suspiró, sintiendo que parte de ese peso que cargaba sobre los hombros, desaparecía—. Me gustan las chicas también, pero… Bakugo es alguien especial para mí. Es el único chico por el que me haría gay. Por favor, Mina, no me mires así —suplicó sintiendo que las lágrimas ganaban de nuevo la partida.

—Perdón, es que me tomó por sorpresa —le masajeó un hombro—, pero no me molesta. No voy a dejar de ser tu amiga por saber que eres gay. Tranquilo. —Trató de sonreírle, pero no le salió natural, todavía estaba algo sorprendida.

—No se lo cuentes a nadie.

—No lo haré, pero tienes que ser sincero contigo mismo. Como tú dirías, un hombre debe ser valiente.

—Eso es verdad, pero ahora que él tiene novio ni loco le diría lo que siento.

—Imagino que ese novio es Todoroki —miró a la nada, reflexionando—, por eso ahora están pegados todo el día. Yo pensé que ustedes se habían peleado, pero claro… le dedica más tiempo a su novio.

—No digas nada, o Bakugo me mata. No quiere blanquear su relación.

—Ok, no te preocupes por nada, seré una tumba.

Mina le dejó un tierno beso en la mejilla y se puso de pie para irse. Cuando su amiga se fue, Kirishima se quedó reflexionando al respecto, sobre lo que sentía y sobre lo que se suponía que debía hacer.

(…)

Cuando llegó a su casa, su madre lo recibió prácticamente con un banquete. Allí estaban sus hermanas, incluso las que vivían fuera de la ciudad. Toda su familia, dispuesta a mimar al integrante favorito. Al niño de la casa. Se sentaron a la mesa a comer y la charla obligada de siempre dio comienzo.

—¿Cuándo vas a traerme una novia a casa, hijo? —preguntó la madre alcanzándole un cuenco.

—Es joven para pensar en novias, tiene que concentrarse en los estudios —dijo el padre de familia.

—De hecho… —interrumpió Eijiro la inminente discusión al respecto—. Ya conocí a alguien que me gusta.

—¡Oh, qué emoción! ¡¿Y cómo se llama la afortunada?! —Su madre estaba realmente feliz, así que Eijiro se sintió culpable de borrarle la sonrisa.

—No es una chica, es un chico. —Se produjo un silencio pesado y perturbador. Kirishima podía sentir las miradas de sus hermanas y de sus padres perforándolo—. Digan algo, por favor.

—Mejor comamos antes de que se enfríe —apremió la madre, como disimulando lo que había escuchado.

—Seguro solo es una etapa. Ya vas a conocer a la chica ideal.

—No es una etapa, papá —contradijo Eijiro.

Dejó los palillos de malos modos sobre el cuenco de arroz, arrojó la servilleta sobre la mesa y se puso de pie para ir hasta su cuarto y encerrarse en él. Agradeció que su hermana mayor fuera a consolarlo.

Tranquilo, lo entenderán. Con el tiempo —le había dicho.

Esa noche Kirishima lloró y golpeó su almohada hasta quedarse dormido. ¿De qué servía confesar que le gustaba un chico si este no reparaba en él? Ya ni siquiera como mejor amigo, porque poco y nada hablaban. Bakugo estaba muy metido en su rol de Romeo, o Julieta, no lo sabía.

No obstante, a la mañana siguiente, su madre le preparó un delicioso desayuno y le dejó en claro con palabras sencillas que lo quería igual, tomara las decisiones que tomara. Era todo lo que Eijiro necesitaba oír. Haber cometido el atropello de declararse gay ante su familia le había sacado otro peso de encima. Se sentía sereno por dentro admitiendo quién era en realidad y lo que le pasaba.