Esto solía ser un Fictober, ahora solo es un reto de 31 historias cortas.
Día 11: Partners in crime
Fandom: Naruto / Naruto Shippuden
Personajes: Hidan, Kakuzu
Compañeros
A veces se preguntaba cómo es que había terminado trabajando con alguien como Hidan. Era absurdo, era un completo idiota, no lo soportaba ni un poco, pero de algún modo era necesario para el golpe que planeó tan meticulosamente. Y todo se debía a que el albino no exigía tanto del dinero como otros compañeros, que acabaron muertos por querer pasarse de listos.
Kakuzu sabía bien que necesitaba de un compañero, era muy complicado hacer todo por sí solo, necesitaba a un idiota que hiciera bien de distractor y que no cobrara tanto, cosa que había encontrado en Hidan. El problema estaba en que era más ruidoso y tardío de lo que necesitaba, sobre todo con sus ridículos rituales religiosos ¿Es que no podía tardarse más? Le irritaba mucho ya tener todo listo y que ese imbécil no se diera prisa.
Muchas veces sintió ganas de asesinarlo por lo mismo, pero ya había tardado lo suficiente con su planeación, así que debía poner en marcha su plan lo más pronto posible. Ya con todo listo, solo quedaba la ejecución y vaya que se la había repetido como cien veces al hombre de cabellos blancos para que se la aprendiera y todo saliera bien.
Nada podía salir mal, nada debía salir mal ¿Entonces cómo es que ahora iban en un camión policial en dirección a una penitenciaría? Su expresión era claramente la de un hombre que ansioso de un homicidio, uno contra su imbécil compañero. Era entrar y salir, se repetía como mil veces en su cabeza y quizás eso era lo que más coraje le daba, era algo tan simple, solo debía tomar el dinero y huir en el auto.
¿Qué demonios había salido tan mal para acabar siendo atrapados por la policía? Oh si, lo sabía: Hidan, eso fue todo lo que salió mal. Todo porque ese inútil bueno para nada decidió que era el momento perfecto para rezar. Sí, esa fue la razón por la que todo se descuadró, por la que todo se fue al demonio. Fue por eso que la policía pudo llegar y capturarlos, incluso si intentó marcharse él solo después.
Maldito Hidan, no dejaba de repetirse mentalmente. Era por él que ahora debía cumplir con múltiples cargos, era por él que pasaría años en prisión, era por él que estaba en ese camión esposado y vistiendo ese ridículo uniforme naranja. Había tratado de estrangularlo algunas veces tras que fueran apresados y planeaba hacerlo una vez llegaran.
…
—¡Oye Kakuzu! ¡Kakuzu te estoy hablando! ¿Cuánto tiempo vas a seguir enojado conmigo? —Hidan no dejaba de hablarle, para su desgracia, en ningún momento. Que hubieran sido socios no le daba razones para que siguiera ahí atormentando su existencia.
—Largo —gruñó, al menos ahora solo quería concentrarse en su comida, no ese idiota que tenía en frente.
—Oh vamos, no seas así, somos compañeros, debemos apoyarnos aquí —insistía el albino, tomando asiento junto a él en la mesa. El moreno frunció el ceño, apenas levantando la mirada para ver al otro con el más profundo desprecio en sus ojos verdes—. No tienes que ser tan amargado, maldito Kakuzu ¿Qué ganas con eso?
—Tenerte lejos de mí —respondió de manera tajante, no es como que quisiera ver el motivo de su fracaso de forma constante.
Y es que siempre que veía aquellos ojos rosáceos, recordaba el día del robo en el banco y como Hidan solo decidió acostarse en medio del suelo porque, según sus palabras, era hora de rezar. Había sido tan ridículo y humillante, ni siquiera supo cómo reaccionar más que sujetarle para zarandearlo, reprochándole como se le ocurría hacer algo tan estúpido en medio de un momento tan importante donde el tiempo era valioso.
Fue así como la policía logró apresarles, todo por culpa de Hidan. Lo barato sale caro, bien decían por ahí y lo podía comprobar de primera mano. Y ahora, era una terrible tortura no solo tener que estar en la misma prisión, sino también ser compañeros de celda.
—¿Cuándo olvidarás lo que pasó? Debemos seguir adelante. Escucha, sé que esto es una mierda y que lo jodí un poco —comenzó a decir mientras jugaba un poco con el puré que había en su bandeja, o al menos pensaba que eso era—, pero tengo una idea para que consigas aquí todo el dinero que quieras.
—¿Por qué harías algo así? ¿En qué te beneficia? —Cuestionó arqueando una ceja, extrañado.
—En que pueda conseguir seguidores a la religión de Jashin-sama o algunos sacrificios para él —respondió con simpleza. No estaba seguro porque, pero el de cabello negros decidió escuchar lo que el otro le decía.
Hidan solía sonar como un estúpido malhablado todo el tiempo, cosa que sí era, pero debía admitir que su idea no se escuchaba tan mal. Podía tomar algo de poder en esa prisión y tener lo necesario de su lado. No era lo mismo, pero era lo mínimo que podía aceptar de ese imbécil. Era un desquiciado, bueno, ambos lo eran y no tardaron en hacerse lo bastante temidos como para tener el control de todo lo que allí dentro ocurría, tal vez no estaba tan mal tener a Hidan de compañero.
—Empiezo a creer que no te odio tanto —comentó mientras contaba algunos billetes en su no tan cómoda cama. Ignoraba lo que sea que hiciera el albino en el suelo, ya se había acostumbrado a sus tontos rituales de rezos, al menos asustaban lo suficiente a los guardias como para que no estuvieran jodiendo—. Consideraré esto como tu pago por haberla cagado tan terriblemente.
—Oh no digas eso, trabajamos bien juntos, somos buenos compañeros, si tan solo te unieras a mi religión…
—Ni en un millón de años me uniría a esa basura.
—¡Kakuzu de mierda, Jashin-sama te castigará!
Definitivamente no estaban tan mal siendo compañeros.
FIN
¡Holas! ¿Cómo están? No sé qué he hecho en esta historia, es bastante simple y algo sosa, pero espero que les haya gustado, nos vemos en el próximo.
